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Apuntes, tutoriales, ejercicios, reflexiones y recursos sobre escritura o el arte de contar historias

Ejercicios de escritura: el calcetín rojo

A veces, aún con la necesidad imperiosa de ponernos a escribir, puede darse el caso de que nos encontremos perdidos y sin tener ni idea de lo que queremos contar. Hace poco alguien me dijo que la solución para el síndrome del folio en blanco es escribir algo, lo que sea, porque así deja de estar en blanco. Pero como no siempre es tan sencillo, creo que es más eficaz intentarlo con otro tipo de técnicas. Los ejercicios de escritura pueden ser un gran punto de partida para soltar la imaginación y la palabra.

Precisamente por eso os traigo esta nueva sección del blog: ejercicios de escritura. Tanto para los que quieren evitar esa parálisis de la escritura como para los que buscan ejercicios que les ayuden a practicar y mejorar, iré publicando propuestas que puedan ser de utilidad.

Si quieres compartir los relatos que escribas a partir de estos ejercicios, hemos abierto un grupo en Goodreads donde, entre otras cosas, hay un espacio para ello. Así podremos leerlos y comentarlos entre todos: ejercicios de escritura en el grupo de Literautas en Goodreads.

Pero bueno, vamos con el ejercicio, que es de lo que trata esta entrada. Quiero comenzar la sección con un disparador creativo, un ejercicio cuya intención es desbloquear la mente y dejar que fluyan las ideas. Al final del post encontraréis la ficha descargable del ejercicio.

La premisa inicial es “Se pasó una hora buscando el calcetín rojo”. A partir de aquí, anota 5 motivos que expliquen esa frase y 5 posibles personajes para protagonizarla. No te preocupes porque tus respuestas sean disparatadas o sin sentido. Escríbelas sin preocuparte, déjate llevar.

Recuerda: “se pasó una hora buscando el calcetín rojo”. ¿Quién y por qué? 5 respuestas.

Cuando hayas terminado la lista, elige el personaje y el motivo que más te gusten. Con estos elementos, crea un texto de al menos 300 palabras. Si quieres, puedes comenzarlo con la frase “Se pasó una hora buscando el calcetín rojo”, pero no es obligatorio.

Lo que sí debe tener el texto es un inicio (presentación breve de la situación), un nudo (desarrollo de la situación o de la acción) y un desenlace (en el que se soluciona la situación).

¡Feliz escritura!

Descargas la ficha del ejercicio:

Ficha ejercicio 001: el calcetín rojo

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103 comentarios

    • 2. Literautas dice:

      Hola!
      Qué ilusión que te haya inspirado el ejercicio. Ahora mismo voy a leerlo ^^
      Un saludo y gracias por tu comentario! 🙂

      Escrito el 11 junio 2012 a las 12:38
  1. 3. Arveloky dice:

    Hola, yo también me he decidido por comenzar con los ejercicios que propones. He enviado el mío por e-mail. Espero que sea de tu agrado, aunque creo que me he emocionado y me he pasado un poco de las 300 palabras.

    Trataré de ponerme al día e ir realizando los ejercicios.

    Saludos.

    Escrito el 16 junio 2012 a las 20:30
    • 4. Literautas dice:

      He recibido tu mail ^^
      Lo leeré con cariño y detenimiento, y ya te contaré 🙂
      Un saludo y gracias por tu comentario.

      Escrito el 17 junio 2012 a las 19:06
  2. 5. Merche dice:

    Hola!
    He descubierto esta tarde tu página y reconozco que me encanta! Hasta me he animado con el ejercicio del “Calcetín Rojo”, jajajaja. Cuando ultime los detalles, te lo envío.
    Espero que sigas con tu proyecto, es genial!!
    Un saludo!

    Escrito el 29 julio 2012 a las 20:31
    • 6. Literautas dice:

      ¡Muchas gracias, Merche! Me alegra mucho que te guste y me quedo con ganas de leer lo que escribas.
      Un saludo y gracias por tu comentario 🙂

      Escrito el 30 julio 2012 a las 13:02
  3. 7. Otro del Sur dice:

    Un mm… Me has enganchado y nada más por eso cierro el iPad… No puede ser “joía”, eso sí, no sin antes dejarte las respuestas… No, no voy a escribir el resto 😛

    Se paso una hora buscando el calcetín rojo.
    Quién y por qué?
    1.-un padre, buscando el calcetín de bebé de su hija que ahora se va a la universidad. (de primeras era que había fallecido… pero mejor así)
    2.-el amante, que ha perdido el calcetín y debe recuperarlo antes de que “ruede” su cabeza.
    3.-el niño que tenía sus tesoros escondidos dentro del calcetín.
    4.-el piloto (de lo que quieras), que siempre corre con su calcetín de la suerte.
    5.- la enamorada. Es el calcetín que se dejó el novio en la primera cita y desde entonces guarda con ilusión y con el que acaba de discutir por una tontería.

    Un saludo.

    Escrito el 8 agosto 2012 a las 21:37
  4. Paolo estaba por casarse. Se encontraba feliz y enamorado. Faltaban 24 horas para que uniera su vida a la mujer que se había ganado su corazón. Tan sólo 24 horas, y justo en ese momento se estaba a muchos kilómetros de distancia de ella. Había tenido que viajar a Estados Unidos por cuestiones de negocios, y su novia, Esperanza, lo esperaba en Monterrey, Nuevo León. Su avión salía a las 6:00 p.m. Apenas eran las 11:00 a.m. y Elías ya estaba empacando. Doblaba la ropa con una increíble exactitud. La maleta no cerraba de todas formas, así que tuvo que subirse encima de ella y cerrarla a como de lugar. Se cepilló los dientes, llenó de gel su cabellera y se puso la loción nueva. Dejó el hotel a las 2:00 p.m. Pasó a una tienda cercana y se compró un sándwich. Llegó muy temprano al aeropuerto, compró un periódico y comenzó a leerlo. Después de un rato fue al baño, y al regresar tomó una siesta de 15 minutos. Ya estaba por ser hora de abordar el avión.Pasó al área de revisión de maletas, y todo iba viento en popa. Hasta que… le pidieron el boleto de avión. Buscó una y otra vez en cada bolsillo de su chaqueta, que le quedaba un poco ajustada. Abrió la maleta, y salieron desbordándose un par de playeras que llevaban entrelazadas un calzoncillo. Elías se sonrojó y contiuó buscando. Por más que intentó no pudo tomar el vuelo, y peor aún, ya no tenía dinero suficiente para comprar otro boleto de abordaje. Decidió regresr al cuarto de hotel, y entonces ahí recordó que había metido el boleto en su peculiar calctín rojo. ¿Pero dónde estaba el calcetín rojo? Buscó debajo de la cama, dentro del baño. En los cajones de la recámara y hasta en el armario. ¡Se pasó un poco más de una hora buscado el caprichoso calcetín! Tenía la esperanza de poder encontrarlo y poder cambiar la hora de su vuelvo. Estaba un poco desalentado cuando de repente al bajar por el elevador recordó que había bajado a la lavandería a lavar un par de prendas. y sí, sólo y abandonado estaba su calcetín rojo en la enorme lavadora. Justamente había guardado el boleto para no perderlo. Lo sacó y ya no quedaba nada de él. Tan sólo era un trozo de papel mojado y partido por la mitad. Tuvo que marcarle a su prometida y explicarle la situación. Tuvo que marcarle a sus padres para que le enviaran un poco de dinero. Y el próximo vuelo con un lugar disponible a México, salía dentro de dos días…

    Escrito el 14 octubre 2012 a las 06:51
    • 9. Literautas dice:

      Hola, ¡gracias por compartir tu texto!

      Si lo prefieres, también puedes enviármelo por correo a través de la ficha del ejercicio, y así puedo publicarlo con el resto de textos que me envían, de manera que otros lectores del blog podrán darte su opinión. 🙂

      Un saludo

      Escrito el 16 octubre 2012 a las 11:27
  5. 10. DIANA CAROLINA dice:

    Paolo estaba por casarse. Se encontraba feliz y enamorado. Faltaban 24 horas para que uniera su vida a la mujer que se había ganado su corazón. Tan sólo 24 horas, y justo en ese momento se estaba a muchos kilómetros de distancia de ella. Había tenido que viajar a Estados Unidos por cuestiones de negocios, y su novia, Esperanza, lo esperaba en Monterrey, Nuevo León. Su avión salía a las 6:00 p.m. Apenas eran las 11:00 a.m. y Paolo ya estaba empacando. Doblaba la ropa con una increíble exactitud. La maleta no cerraba de todas formas, así que tuvo que subirse encima de ella y cerrarla a como de lugar. Se cepilló los dientes, llenó de gel su cabellera y se puso la loción nueva. Dejó el hotel a las 2:00 p.m. Pasó a una tienda cercana y se compró un sándwich. Llegó muy temprano al aeropuerto, compró un periódico y comenzó a leerlo. Después de un rato fue al baño, y al regresar tomó una siesta de 15 minutos. Ya estaba por ser hora de abordar el avión.Pasó al área de revisión de maletas, y todo iba viento en popa. Hasta que… le pidieron el boleto de avión. Buscó una y otra vez en cada bolsillo de su chaqueta, que le quedaba un poco ajustada. Abrió la maleta, y salieron desbordándose un par de playeras que llevaban entrelazadas un calzoncillo. Paolo se sonrojó y continuó buscando. Por más que intentó no pudo tomar el vuelo, y peor aún, ya no tenía dinero suficiente para comprar otro boleto de abordaje. Decidió regresr al cuarto de hotel, y entonces ahí recordó que había metido el boleto en su peculiar calcetín rojo. ¿Pero dónde estaba el calcetín rojo? Buscó debajo de la cama, dentro del baño. En los cajones de la recámara y hasta en el armario. ¡Se pasó un poco más de una hora buscado el caprichoso calcetín! Tenía la esperanza de poder encontrarlo y poder cambiar la hora de su vuelvo. Estaba un poco desalentado cuando de repente al bajar por el elevador recordó que había bajado a la lavandería a lavar un par de prendas. y sí, sólo y abandonado estaba su calcetín rojo en la enorme lavadora. Justamente había guardado el boleto para no perderlo. Lo sacó y ya no quedaba nada de él. Tan sólo era un trozo de papel mojado y partido por la mitad. Tuvo que marcarle a su prometida y explicarle la situación. Tuvo que marcarle a sus padres para que le enviaran un poco de dinero. Y el próximo vuelo con un lugar disponible a México, salía dentro de dos días…

    Escrito el 14 octubre 2012 a las 06:52
  6. 11. Ismael dice:

    Diría que llego tarde para envial la ficha de “el calcetín rojo” así que copiaré aquí el resultado.
    ¿Quién y por qué? 5 respuestas.

    1. María Jimenez. Una adolescente que ha de realizar una actuación teatral en el instituto y el calcetín forma parte de su indumentaria.

    2. Pedro, padre de Juaquín, porque Juaquín no recuerda dónde soltó el calcetín rojo con el décimo, premiado con una cesta de vinos, embutidos y un jamón, que su tía le regaló al niño al visitarlos.

    3. María Toston, porque alguien misterioso la llamó al teléfono móvil dejando un mensaje de voz diciendo que tres años antes, colocó dentro del único calcetín rojo de la cómoda de su habitación, una carta de Raúl Toston, su hermano desaparecido hace 4 años.

    4. El conejo Quim, que a causa de un hechizo ha perdido parte de su memoria, y quien según la musaraña Petra, guardó la zanahoria mágica en el calcetín de la suerte, que es rojo, para que la bruja malvada no lo pueda encontrar.

    5. El brujo Pirujo, porque sin él no funciona su varita.

    Texto:

    María Toston salió del cine con Clara, su amiga de siempre, y miró su teléfono para comprobar si la habían llamado o escrito durante la película, y así fue. Tenía un nuevo mensaje de voz:

    -Hola María -decía la voz distorsionada del mensaje-, escucha con atención: Hace 3 años entré en tu habitación, y en la cómoda coloqué una carta escrita por tu hermano, Raúl Toston, dentro del único calcetín rojo que había. En ella relató la causa de su desaparición … Ha llegado tu momento -con unas profundas respiraciones terminó el mensaje.

    Al oír esto, María, muy alterada, caminó veloz a casa de sus padres, donde vivía en la fecha descrita por la voz misteriosa, y Clara, aturdida, preguntó qué pasaba y que dónde iba. No me pasa nada, dijo, y es mejor que quedemos otro día; ya te contaré. Y siguió caminando como si le fuera la vida dejando plantada a Clara preocupada por su conducta. Al llegar al lugar, sus padres le abrieron la puerta y ésta corrió a su antigua habitación. Vació por completo los cajones de la cómoda volcado en el suelo el contenido sin hallar rastro de carta o calcetín alguno. Abrió los armarios y arrancando la ropa del interior los dejó tan vacíos que parecían nuevos. Se percató de la falta de algunas muñecas que había dejado cuando la mudanza y preguntó a su madre si había movido algo. Dijo que sí, que había guardado en bolsas y maletas alguna que otra prenda de vestir y algunas muñecas por si algún día quería llevárselas al piso nuevo y le indicó que estaban en el armario que aprovecha el hueco de la escalera que conduce a la terraza. María corrió al armario y abrió todas las maletas. Se pasó una hora buscando el calcetín rojo, sino más, y por fin, en una bolsa de supermercado llena de calcetines sin pareja, vio el calcetín ansiado. Dentro del mismo había un sobre del tamaño de una tarjeta de crédito y dentro, ésta carta:

    Hola María.

    ¿Recuerdas que papá siempre nos dijo que el abuelo murió antes de nacer nosotros? Así lo cree él, pero no es la verdad. El año pasado me llevó con él y ahora tú también has de conocerlo. El próximo miércoles espera en los columpios del parque donde caíste aquella vez de cabeza. A las 16:30hr te recogerá un precioso coche blanco.

    Con cariño, tu hermano.

    Más o menos, habían pasado 3 años desde que debió encontrar la carta, y no sabía qué hacer. Ayudó a su madre a recoger todo el desastre causado en la búsqueda sin pronunciar una palabra y luego aprovechó para llevar algunas prendas a su piso. Al sentarse en su sofá, mucho más tranquila, sacó la carta del sobre para volver a leerla, pero no tuvo tiempo al ser interrumpida por una llamada al móvil. Sí, respondió. Soy Clara, ¿estás bien? Sí, lo estoy, no te preocupes. Es que, como te fuiste de aquella manera al salir del cine, estaba preocupada. Pues tranquila, era un malentendido. Menos mal, ¿quedamos mañana para un café en la plaza? No. Mejor te llamo cuando esté menos liada. De acuerdo, dijo Clara, y colgó. Llamaron al timbre del portal. María cogió el telefonillo algo asustada y preguntó quién era. Soy un enviado del señor Ignacio Fuensanta, su abuelo. ¿Puede bajar un momento o abrir la puerta para que suba? Tengo algo que decirle. Mucho más asustada ahora, María respondió que bajaba enseguida, pero quedó paralizada y aterrorizada al ser abordada por el pensamiento de si era verdad que sería un enviado de su abuelo, o, si era alguien interesado en deshacerse de ella por éste o aquél motivo. El timbre volvió a sonar. María abrió la puerta para salir del lugar y se apoyó en la pared del pasillo. No sabía si subir para tratar de huir, o bajar y hablar con quien fuera quien llamaba al timbre. De nuevo sonó. Estaba a punto del ataque de pánico cuando decidió cerrar los ojos y respirar. Al rato volvió a sonar, entró de nuevo en casa y respondió:

    -¿Oiga?
    -Estoy esperando señorita. Es importante. Lo ideal es que baje.
    -¿Dice que conoce a mi abuelo?
    -Sí señorita. Y a su hermano también.
    -¿Puede decirme cómo solía llamarme mi hermano de niña?
    -No señorita. Deje que lo llame un momento.
    -De acuerdo.
    Sonó el timbre al medio minuto.
    -¿Sí?
    -Señorita, dice que usted sigue siendo la llorona azul.
    -Así es -suspiró con una leve sonrisa-, ahora bajo.

    Al bajar, frente a su portal, un elegante coche blanco y un hombre trajeado que al verla salir abrió la puerta de atrás, la esperaban. Ella entró y el hombre cerró la puerta y se sentó en el lugar del piloto. Condujo varias horas, hasta una carretera que, adentrándose en un bosque espeso más de media hora, paró delante de una casa enorme con jardines y piscina. Debían ser la 01:30hr cuando bajó del coche y vio acercarse desde dentro de la casa, un hombre mayor en buena forma física. Al salir de la casa el hombre mayor la abrazó con tal ímpetu que la dejó sin respiración unos segundos pronunciando; nieta, que grande estás, nieta, qué grande estás. Entraron dentro y su hermano, a quien creía muerto y no veía desde hacía 4 años, estaba sentado en una butaca. Al verla, éste se levantó y la abrazó. Hola llorona azul, dijo. Ella comenzó a llorar sin dejar de abrazarlo y el abuelo dijo a un mayordomo que trajera té y alguna pasta. La invitó a sentarse en otra butaca y él también se sentó en una. Una mujer trajo 3 tazas de té que puso en una mesita donde el mayordomo soltó luego una bandeja de pastas y sirvió té en las tazas. Al terminar, el abuelo comenzó a hablar:

    -Qué alegría verte aquí, María.
    -También estoy contenta, aunque reconozco que he pasado algún calvario.
    -Lo siento -dijo el abuelo-, no era mi intención, aunque es cierto que tanto secretismo conlleva sobresaltos.
    -¿Porqué tanto secretismo?
    -Hija, si mis hijos supieran … Bueno, fui contratado para llevar a cabo una misión secreta, que acabó hace años, pero requería mi fallecimiento para su logro, de ahí mi seudónimo. Gracias a ella vivo del modo en que vivo, y ahora ha llegado el momento de que tú sepas quien eres y tomes las riendas de tu destino. Sé que llevas más de un año ahorrando para abrir una tienda.
    -Así es ¿Cómo lo sabes?
    -Sé bastante más. Te voy a ayudar invirtiendo en tu sueño. Buscaré el modo de ingresarte una suma de capital sin levantar sospechas.
    -Pero no quiero mentir a papá ni a mamá.
    -Lo sé, lo sé. No tendrás que hacerlo.
    -¿Y podré contratar a Clara?
    -Sí, claro. En tus negocios mandas tú.
    -Qué grande estás, María -Dijo Raúl-.
    -Y tú qué vivo estás -dijo clara haciéndolos reír.
    -Tenemos que dormir -dijo el abuelo-. María, Julio, el mayordomo, te acompañará a tu habitación. Es tarde y mañana será un gran día. Me alegra tanto que al fin podamos conocernos.
    -Gracias abuelo. Buenas noches a los dos.
    -Buenas noches Clara -dijeron en unísono Raúl y su abuelo.

    María se acostó en una cama grande y toda la noche mantuvo la agradable sensación que notaba de niña al quedarse dormida escuchando leer cuentos a su madre. Al despertar pasó toda la mañana con su hermano y el abuelo. Después de comer, al llegar la tarde, volvió a subir al coche blanco y la llevó de nuevo a su ciudad, donde comenzó una nueva vida abriendo una tienda de cafés, tés, chocolates y demás que triunfó por novedad y permanece abierta todavía. Jamás perdió contacto con sus familiares. Abuelo, padre, madre e hijos se reunieron cada año en fechas señaladas y todos fueron felices siempre.

    Escrito el 4 noviembre 2012 a las 20:53
  7. 12. Ismael dice:

    grgrgrgr.. el último María escribí Clara…

    Escrito el 4 noviembre 2012 a las 21:03
  8. 13. Ismael dice:

    Diana Carolina, he aprendido mucho de tu dialecto al leerte. Jiji.. al final consiguió un vuelo para otro día, como él quería.

    Escrito el 4 noviembre 2012 a las 21:12
  9. 14. Literautas dice:

    Hola, Ismael. ¡Gracias por compartir tu texto!

    Si lo prefieres, puedes enviármelo por correo a través de la ficha del ejercicio, y así puedo publicarlo con el resto de textos que me envían, de manera que otros lectores del blog podrán darte su opinión y aparezca luego en la lista de ejercicios enviados. 🙂

    un saludo y feliz día

    Escrito el 4 noviembre 2012 a las 21:16
  10. 15. Ismael dice:

    Hola Literauta.

    No lo haré, porque debería volver a corregir de nuevo. Me tiene descontento este relato por su final y algunos detalles como la voz distorsionada, ¿Porque leñe la voz está distorsionada si resultó ser todo la mar de sencillo y amigable al fin y al cabo? y bueno, tuve prisa por enviarlo y según he oído, la prisa nunca es buena (cosa discutible) Aunque me he propuesto realizar cada ejercicio con la esperanza de aprender (Y admito haber logrado aprendido algo en menos de 24hr) Nunca me gustaron los comentarios tipo “me encanta, es muy bonito…” en cambio, si me gusta cuando son puntualizadas las parte más disfrutada por del lector y todos los tropezones, enredos, descontentos y demás que haya sufrido al deslizar la mirada por mi relato. Cuantos más comentarios de ése tipo, mejor. Por supuesto, he mentido y me encanta leer que a todos gusta, el problema es mi incredulidad. Gracias Literauta por la creación de este espacio. Me hace sentir igual que cuando deseaba que terminase la hora del patio para comenzar una clase que esperaba con ansia.

    Escrito el 5 noviembre 2012 a las 03:15
  11. 16. Ismael dice:

    PD: dentro del paréntesi, después del haber y antes del aprendido, ignorad la palabra logrado (he de iniciarme en esto de no tener prisa)

    Escrito el 5 noviembre 2012 a las 03:18
  12. 17. Montse Bosch dice:

    Hola!he visto tu web y me ha encantado!ya hace tiempo que busco ejercicios para escribir y abrir mi imaginación!me gustaria realizar estos ejercicios y saber donde los tengo que mandar!si los cuelgo aquí o a otro sitio!infinitas gracias!

    Escrito el 30 noviembre 2012 a las 19:10
    • 18. Literautas dice:

      Hola, Montse

      Bienvenida. Me alegra que te gusten los ejercicios 🙂
      Para enviarlos, tienes que hacerlo por correo mandándonos la ficha del ejercicio cubierta a info@literautas.com ^^

      Un saludo y gracias por tu comentario

      Escrito el 1 diciembre 2012 a las 10:41
  13. 19. Elena dice:

    Hola,¿qué tal?. ¡Buenas noches!. He descubierto esta web gracias a Facebook. Estaba buscando talleres para aprender a escribir o para escritores principiantes,y os he encontrado a vosotros. Ante todo felicitaros por la labor que haceis y espero participar en vuestros talleres de relatos que me parecen de lo más interesantes.

    Escrito el 4 febrero 2013 a las 23:48
    • 20. Literautas dice:

      Hola, Elena

      ¡Bienvenida! Me alegra mucho que nos hayas encontrado y esperamos tus relatos en el taller para poder leerte 😀

      Un abrazo y gracias por tu comentario

      Escrito el 6 febrero 2013 a las 12:20
  14. 21. Flavia dice:

    Hola, acabo de encontrar este blog y estoy fascinada. Hace años que quiero empezar taller literario y no arranco nunca. Soy una lectora compulsiva, de toda la vida, ahora necesito escribir, creo que esto me va a ayudar. Seguro. Voy a participar, de hecho, ya arranqué con el calcetín rojo, no me pude contener! Pienso seguir, y que bueno esto que hacen!

    Escrito el 15 febrero 2013 a las 04:03
    • 22. Literautas dice:

      Hola, Flavia

      ¡Bienvenida! Me alegra mucho que te guste y esperamos poder leerte 🙂

      Un abrazo

      Escrito el 18 febrero 2013 a las 13:39
  15. 23. Alan dice:

    Hola! encontré este blog y me llamo la atención, tanto que me puse hacer el primer ejercicio, lo termine pero no se donde subirlo, espero y me puedan ayudar! saludos y felicitaciones ! (y)

    Escrito el 20 febrero 2013 a las 05:09
    • 24. Literautas dice:

      Hola, Alan

      Bienvenido! Me alegra que nos hayas encontrado y que te gusten los ejercicios. Puedes enviárnoslo por correo 🙂

      Un saludo y gracias por tu comentario

      Escrito el 20 febrero 2013 a las 09:53
  16. 25. Karla dice:

    Hola! Me encanta este blog, me preguntaba si aún reciben ejercicios. De ser así enviaría el mío, espero poder improvisar con esto en la escritura ya que esta genial. Felicitaciones por tan excelente sitio. 🙂

    Escrito el 5 marzo 2013 a las 22:18
    • 26. Literautas dice:

      Hola, Karla

      ¡Por supuesto! Los ejercicios del blog se pueden enviar en cualquier momento del año, y no importa el orden tampoco. Lo único para lo que tenemos plazos es para el taller de escritura.

      Un abrazo y gracias por tu comentario! 🙂

      Escrito el 8 marzo 2013 a las 13:28
  17. 27. Catalina dice:

    Hola! Descubrí esta página porque buscaba un taller para aprender a escribir y hace unos días me encontré con el Taller “Móntame una Escena”, en el que participé por primera vez.
    Desde niña escribo cosas (pasando obviamente por etapas larguísimas de sequía absoluta), ya que me siento muy atraída por esto de la escritura en sus distintas formas. Lo mío eran los cuentos cuando niña, luego pasé por algo de poesía (a mi manera, no me gusta mucho la rima tradicional jeje) y ahora estoy entre pensamientos varios (tipo columnas a lo Carrie Bradshow jajaj) y bueno, gracias al Taller he comenzado otra vez con las historias.
    Muchas gracias por esta oportunidad de compartir experiencias y conocimiento, espero aprovechar todo lo que se publique (tarea larga…) he comenzado ahora con el primer ejercicio y de a poco voy leyendo las diferentes entradas de la página. Me queda un laargo camino, pero al menos ya comencé y eso me tiene contenta.
    Donde debo enviar el ejercicio para recibir los comentarios?
    Saludos!!

    Escrito el 27 marzo 2013 a las 23:17
    • 28. Literautas dice:

      ¡Hola, Catalina!

      Antes de nada, disculpa que no he visto tu comentario hasta ahora. Se quedó enterrado al fondo de un montón de comentarios y me pasó completamente desapercibido. ¡Qué rabia! Pero bueno, más vale tarde…

      Muchas gracias por participar en el taller. Espero que disfrutases de la experiencia y me alegra que te haya devuelto a la fase de contar historias, aunque las otras etapas que comentas suenan igual de interesantes. 🙂

      Sobre los ejercicios de escritura como este del calcetín rojo, si quieres que se publique en el blog para compartirlo con el resto de lectores y que puedan comentarlo, lo que tienes que hacer es enviárnoslo por correo a la dirección info[arroba]literautas.com.

      Una vez al mes, más o menos, publicamos una recopilación con los textos que nos van llegando.

      Espero haber solucionado tu duda y disculpa la tardanza en contestar.

      ¡Un abrazo y muchas gracias por tu comentario!

      Escrito el 12 abril 2013 a las 19:38
  18. 29. Elena Lescano dice:

    Hola, Literautas. Estoy encantada de haber encontrado este taller. Gracias por crear algo tan bueno. Voy a empezar por los ejercicios. Ya hice el primero. Lo mando luego por mail. ¿O se puede publicar en un comentario? Ubicarme en las páginas web siempre me cuesta un poco. Saludos desde Mendoza, Argentina

    Escrito el 11 abril 2013 a las 01:12
    • 30. Literautas dice:

      Hola, Elena

      Lo mejor para los ejercicios es que nos los mandéis por mail porque así los podemos publicar en una entrada del post y es más fácil que otros lectores puedan verlos y comentarlos. Como comentario en esta entrada es posible que pase desapercibido.

      Un abrazo y gracias por tu comentario

      Escrito el 12 abril 2013 a las 19:39
  19. 31. Dinora Hernandez dice:

    Recién descubrir este sitio y estoy emocionada con los ejercicios que propones, los haré todo 😀

    Y tal vez cuando halla terminado pueda unirme al los talles, soy escritora de closed XD pero iré mejorando para participar con ustedes.

    Escrito el 18 abril 2013 a las 21:43
  20. 32. F. Rosal dice:

    Acabo de enviaros el texto del calcetín rojo. Espero que os guste 😉

    Escrito el 5 mayo 2013 a las 19:15
    • 33. Literautas dice:

      Uy, pues no nos ha llegado. :S ¿Nos la has enviado por correo?

      Escrito el 7 mayo 2013 a las 12:11
  21. 34. F. Rosal dice:

    Ups, pues voy a intentarlo de nuevo, a ver si hay suerte esta vez…

    Escrito el 7 mayo 2013 a las 22:22
  22. 35. teresa dice:

    Me encantó Literautas, buen proyecto! Interesante y divertido ! Y muy útil para los que estamos intentando incursionar el el mundo de las letras. Me cuesta opinar sobre los textos ajenos, no tengo autoridad para hacerlo.
    Solo puedo decir si me gustó o no, y eso es tan subjetivo.
    Felicitaciones y gracias!

    Escrito el 9 mayo 2013 a las 19:40
  23. 36. Celeste dice:

    Hola
    Mil gracias por esta página, por los ejercicios y las claves. Espero pronto poder enviar algo, iniciando con estos ejercicios y atreviéndome de pronto con las escenas mensuales.Gracias de nuevo, es emocionante encontrar esto e intentar desarrollar el gusto por escribir.

    Escrito el 20 junio 2013 a las 02:22
  24. 37. Andrea dice:

    Hola me gusto mucho el ejercicio te mande mi ejercicio por correo estoy apenas empezando en este mundo de la escritura pero me encantaría que me ayudaras a mejorar muchas gracias

    Escrito el 20 junio 2013 a las 20:33
  25. 38. Lups dice:

    Que buena actividad! mi imaginación voló! .. ¿todavía podemos mandar nuestra historia?

    Escrito el 3 julio 2013 a las 03:24
    • 39. Literautas dice:

      Claro. Si quieres compartirlo, hemos abierto un grupo en Goodreads donde, además de compartir todo tipo de pensamientos sobre literatura y escritura, hay un espacio para publicar estos ejercicios y comentarlos entre todos.

      Este es el enlace al grupo:

      Y este el enlace a la sección donde publicamos los ejercicios:

      Te esperamos! 😉

      Un abrazo

      Escrito el 3 julio 2013 a las 10:47
  26. 40. Felipe Orejuela Gonzalez dice:

    Hey !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Buenas lunas literauta; hace poco encontré este blog, siempre quize encontrar una pagina web así, donde sea colectiva este verbo de escribir y es mas, no solo es eso, también entablas ejercicios para crecer la pluma que nación con nosotros, cinceras y cálidas gracias.

    Dentro de poco mis letras estarán danzando en sus ojos.

    Ubuntu

    Escrito el 10 julio 2013 a las 02:38
  27. 41. Cesar dice:

    Hola, me uno al club!
    Ya hacía falta un blog así!!!
    De verdad que si!
    Me has inspirado mucho amigo. Espero estar listo para participar en el siguiente “montame una escena”

    Escrito el 15 julio 2013 a las 06:04
  28. 42. Judith dice:

    Hola! Acabo de descubrir tu blog! Está increible!!

    Escrito el 9 agosto 2013 a las 19:48
  29. 43. Literautas dice:

    Gracias a todos!! Nos alegra mucho que os guste 😀

    Un abrazo

    Escrito el 13 agosto 2013 a las 18:31
  30. 44. javier dice:

    literauta
    que alegría encontrar este sitio. Tengo muchos deseos de escribir pero también muchos temores pues pocas veces me he atrevido a hacerlo. Espero sumarme pronto al grupo y su dinámica.
    Una inquietud, en los datos a llenar, en la parte de Web, no lo llené porque no se a qué corresponde. No soy muy experto en esto de internet.
    Gracias desde Medellín, Colombia

    Escrito el 14 agosto 2013 a las 04:45
  31. 45. Alicia Carballude dice:

    Estupendo, ya me anoté y empezaré a hacer los ejercicios. Gracias, gracias, GRACIAS.

    Escrito el 22 agosto 2013 a las 03:13
    • 46. Literautas dice:

      Gracias a ti por tu comentario, Alicia. 😀

      Un abrazo y feliz escritura!

      Escrito el 22 agosto 2013 a las 10:55
  32. 47. Nancy Eliana Gomez Quispe dice:

    Me encantó, pronto empiezo los ejercicios. Gracias, que bueno encontrarlos.

    Escrito el 24 agosto 2013 a las 00:37
  33. 48. SANDRA dice:

    Hola. Me apetece muchísimo empezar con este taller. Me hace mucha ilusión. Espero estar a la altura. Gracias por hacerlo posible. Un abrazo

    Escrito el 30 agosto 2013 a las 18:07
  34. 49. Marian dice:

    Alto , fuerte y lejos como decimos los profes de Ed Fisica…utilisimo blog…para mi, teatrera y actriz y para mi hijo(14 años)…que le gusta escribir pero no siempre sabe como hacer…el calcetin rojo encontro otro pie….

    Escrito el 18 septiembre 2013 a las 10:19
  35. 50. ELVIA MENDOZA MARTINEZ dice:

    MUY INTERESANTE TU ESTRATEGIA DE ESCRITURA QUE LA PONDRÉ EN PRACTICA, MUCHAS GRACIAS.ESPERO QUE RESULTEN BUENOS TEXTOS

    Escrito el 26 septiembre 2013 a las 02:51
  36. 51. Sonia dice:

    Yo no puedo enviar nada desde la ficha del ejercicio!porque será??

    Escrito el 29 octubre 2013 a las 13:00
    • 52. Literautas dice:

      Hola, Sonia

      Las fichas del ejercicio son solamente para que podáis guardarlas y trabajar con ellas. No sirven para enviar los ejercicios. 🙂

      Un abrazo y feliz escritura

      Escrito el 29 octubre 2013 a las 13:51
  37. 53. teresa dice:

    No sabes cuanta ilusión me hizo este blog, soy de La Paz Bolivia y vivo en Montreal Canada. Quiero algún día publicar cuentos de emigrantes, y el calcetín rojo me dio un buen pretexto….. Realizare todos los ejercicios que propones, eso si persiguiendo mi objetivo, que espero algún día se haga realidad. Muchas gracias por este lugar de placer para aquellos que nos gusta la lectura y los cuentos. Aquí va el mío.

    Teresa se paso una hora buscando el calcetín rojo, ansiosa, abrió y cerro el cajón del único armario desvencijado, de ese dormitorio triste. Una y otra vez, desordeno y ordeno todo de nuevo, las manos torpes y cansadas buscaron en sobres viejos, cajas vacías y polvorientas , la prenda añorada.

    -¡ Eso me pasa por vieja y por bruta!- dijo, pasando las manos por la escasa cabellera de plata – ¡ todos los días vivo con el cuento de que aquí lo puse y no lo encuentro! -, ¿como pudo esfumarse así ? si año tras año cada diciembre aquí lo dejo y aquí lo recojo del mismísimo lugar de siempre?.

    Con esa memoria languidecida, con ese cansancio eterno, pidió un ultimo esfuerzo a la memoria, abrió su biblia que la acompaña desde tiempos eternos y de ella cayo por fin al suelo, el calcetín de sus recuerdos.

    Teresa levanto el pequeño tesoro con toda delicadeza, lo paseo lentamente por sus mejillas e inspiro con todas las fuerzas posibles esa fragancia familiar que penetro sus pulmones llenándola de salud, alborotando su corazón como cuando tenia 20 anos, ese aroma de humo y canela la transporto a otras épocas a otros mundos, le devolvió por un instante la alegría de vivir.

    Observo largamente la prenda con ojos vivaces, paso los dedos a cada hebra a cada doblez y detalle del calcetín rojo, lo dobló en cuatro y lo escondió entre el sostén y el seno izquierdo, así estaría protegido, cuidado, amado por siempre.

    Es diciembre Teresa experimenta con profunda alegría la metamorfosis de una mariposa en primavera, el cuerpo se le pone ágil, la mirada clara, la frente en alto. Da largas caminatas por ese barrio desolado sonriendo al que pase cerca, ha dejado en casa su viejo abrigo y sus malos humores, viste un traje con grandes rosas amarillas que la acompañará en sus juegos infantiles.

    Antes de comenzar los rituales se sienta a descansar en el único banco de la plaza, habla despacito, en ese idioma que solo ella entiende, cierra los ojos y ve en blanco y negro, una patria pobre, una casa pequeña, un hombre amado, una felicidad amarilla – roja –amarrilla que se ha vuelto gris con el tiempo.

    La gente que apenas la conoce asegura que esta loca, que su senilidad se acentúa justo antes de las fiestas de fin de ano, A ella nada le importa esta sumida en sus sueños, en danzas y cantos, que cumple con tanto afán.

    –Arroz con leche me quiero casar con una señorita de Portugal, con esta si con esta no, con esta pequeñita me caso yo –

    – En el puente de Aviñón todos cantan todos bailan, en el puente de Aviñón todos cantan y nosotras también, hacen así, así las princesitas hacen así, así me gusta a mi -. Teresa danza frenética, con las manos extendidas haciendo círculos hasta caer de bruces riendo a carcajadas como si le hicieran cosquillas.

    Se levanta con una agilidad desconocida, observa una flor, persigue una ardilla, arrebata la pelota a un niño que la había descuidado, bote tras bote se aleja rumbo a casa con ese pesado cuerpo que mece al ritmo de los vientos del norte.

    Esa noche Teresa, tiene el semblante fresco, ha pasado un precioso día en compañía del pequeño calcetín rojo que acuna muy cerca de su corazón. Es el único tesoro con el que llego de las tierras del sur, perteneció a su niña buena que murió de fiebres altas, un 20 de diciembre, hace 40 anos.

    Escrito el 6 noviembre 2013 a las 22:54
  38. 54. hector dice:

    Se paso una hora buscando el calcetín rojo, generalmente pierde los dos calcetines y cuando despierta no están muy lejos el uno del otro. Pero esta mañana, tenía solo uno puesto, el otro no debía estar muy lejos, tom no necesitaba el calcetín rojo pues tenía otros pares en su cajón de calcetines. bien podía abandonar el único calcetín rojo de su pie derecho y ponerse una pareja del cajón… pero no. busco debajo de la cama varias veces, cada una mirando diferente, la primera miro invertido, echado en la cama, estiro la cabeza un poco hacia abajo y vio todo al revés pero ni pista … volvió a revisar entre las sabanas y al no encontrarla se arrodillo junto a la cama y miro por segunda vez casi con un cachete en el piso… y nada, no hay rastro… empezó a pensar, “es imposible, no puede desaparecer!” volvió a separar prolijamente las sabanas y al no encontrarla miro por tercera vez debajo de la cama, abrió los ojos más grandes que nunca, miro con los ojos desorbitados como si la media estuviera ahí y la voluntad de tom le haría desistir de su manía de esconderse. Se paso una hora buscando el calcetín rojo y en un descuido le llamo la atención un papel en la mesa de luz lo tomo y vio que era una nota, la abrió y leyó: “tom, te dejo, me canse de que no me tengas en cuenta. No me busques, no te quiero ver mas.” se rasco la cabeza mientras sostenía perplejo el papel, lo dejo en la mesa de luz. Abrió el placard y efectivamente las cosas de maría no estaban y se dio cuenta que maría tampoco estaba. Siguió con su imaginación a maría hasta la puerta… el calcetín rojo estaba apretado en la puerta de la habitación…

    Escrito el 11 noviembre 2013 a las 02:59
  39. 55. dama fantasia dice:

    Se paso una hora buscando una media roja.

    Se paso una hora buscando una media roja, busco por cada rincón de la casa, vació todo su placard, reviso adentro de las zapatillas, en la ropa sucia, en el baño, la cocina, hasta el diminuto lavadero/patio. Pensó que podría haberla tirado a la basura en un descuido pero estaba seguro que no era posible -¿en que momento? se preguntaba mientras volvía a meter sus manos en los bolsillos y se las llevaba a la cabeza -puta madre!, ¿en que momento?. Vivía en el 5to piso de un edificio y hacia dos semanas que el ascensor no funcionaba.
    Miro su reloj habían pasado ya tres horas -¿donde puede estar?, ansioso prendió un cigarrillo e intento calmarse, en el diminuto lavadero/patio había una ventanita donde podía ver como la noche se asomaba, mientras escupía el humo, una leve brisa lo dejo sin parpadeo e inmóvil con el mentón apoyado en un puño comenzó a recordar viejas épocas, la leve brisa se transformo en el viento que golpeaba su rostro cuando recorría las carreteras arriba de su amada Harley Davidson, armado de fuertes lentes oscuros, chaleco y casco abierto, las miradas de envidia, y las de deseo por parte de mujeres aturdidas ante el ruido indescriptible de una Harley… pudo recordar en pocos minutos años de satisfacción. Un parpadeo obligado lo devolvió a la realidad,miro el cigarrillo ya consumido, suspiro y bajo su vista a sus pies uno vestido de rojo el otro desnudo pero los dos inmóviles, podía sentir el dolor de su alma habían pasado tres años de aquel accidente, la noche que ya no pudo volar mas…era tarde y había bebido mas de la cuenta…tres años… cambio su amada Harley por una silla de ruedas…
    Miro el reloj, ya era tarde… – tal vez si existe la posibilidad de que haya tirado la media roja a la basura, se dijo a si mismo… Se miro en un espejo y no encontró ninguna emoción en su rostro, salio del departamento, se quedo mirando el patético cartel de NO FUNCIONA! pegado con cinta en la puerta del ascensor. Se dirigió a las escaleras, cerro los ojos e imito el sonido de una moto, mientras caía, antes de que su cuello girara 360*, pudo sentir las alas de una Harley Davidson, valió la pena salir a buscar esa media roja.

    Escrito el 26 noviembre 2013 a las 23:34
  40. 56. Silv dice:

    Hola, os sigo los pasos desde hace unos quince días y me gustaría participar en los ejercicio y en todo lo que haceis. No he podido colocar mi relato de “se paso una hora buscando el calcetin rojo”. Es que debo hacer algo antes que no soy capaz de ver? enhorabuena! Haceis un buen trabajo de incentivación con l@s que, como yo, tenemos tantas cosas en la cabeza! Este tipo de escritura suelta la mano, eh? Saludos a tod@s.

    Escrito el 14 diciembre 2013 a las 23:22
    • 57. Literautas dice:

      Hola, Siv

      Los textos hechos a partir de los ejercicios del blog se pueden subir en cualquier momento al grupo de escritura que hemos abierto en Goodreads. Para ello hay que registrarse en Goodreads y unirse al grupo.

      El enlace para unirse al grupo de Goodreads es el siguiente: http://www.goodreads.com/group/show/105356-literautas
      Y la página del grupo para publicar los ejercicios de escritura es: http://www.goodreads.com/topic/group_folder/177553?group_id=105356

      Cualquier duda o comentario, no tienes más que escribirnos. Estaremos encantados de ayudarte.

      Un abrazo y gracias por tu participación 🙂

      Escrito el 15 diciembre 2013 a las 14:09
  41. 58. Karina dice:

    HOLA! ME GUSTARÍA PARTICIPAR DE ESTE BLOG, POR LO QUE ENTENDÍ, SÓLO EL DÍA 1 DE CADA MES SE ENVÍAN LAS CONSIGNAS, ASÍ QUE ESPERO CON MUCHO GUSTO PODER PARTICIPAR, MIENTRAS TANTO PRACTICO CON LOS EJERCICIOS!!!GRACIAS, HASTA LA PRÓXIMA. KARINA

    Escrito el 18 enero 2014 a las 20:47
    • 59. Literautas dice:

      Hola, Karina

      Lo del día 1 es para el taller de escritura. Los ejercicios como los de esta entrada están abiertos siempre a través del grupo de Goodreads.

      Si quieres saber más sobre el taller de escritura y su funcionamiento, te paso el enlace: http://www.literautas.com/es/blog/taller-de-escritura-creativa-montame-una-escena/

      Si tienes cualquier duda, puedes escribirnos un correo y con gusto te la aclararemos. 🙂

      Un abrazo

      Escrito el 21 enero 2014 a las 13:34
  42. 60. silvia dice:

    Hola, me aventuro a dejar aquí el relato que me ha salido conla pauta del calcetín rojo. Es la primera vez que hago esto, espero que disculpéis mi atropello a la creación. Saludos

    Escrito el 29 enero 2014 a las 15:53
  43. 61. silvia dice:

    Laura no tenía un buen día. Aunque todo le iba bien ya que tenía un buen trabajo, un piso amplio en el que pasaba menos tiempo del que le gustaría, una gata peluda y coscona, y lo más importante, un novio que todas sus amigas envidiaban. No tenía un buen día porque no se pondría unos calcetines que no fuera a juego con su camiseta. Y no lo tenía porque su afán perfeccionista en todos los ámbitos de su vida, no le permitía, ni siquiera imaginar, que los calcetines tuvieran vida propia. Se pasó una hora buscando el calcetín rojo. Roja de ira y arremetiendo contra toda clase de calcetines, gritó. -¡Ningún calcetín se me revela¿ Por muy terco que sea, yo soy más! ¡Lanudo, peludo, asqueroso!
    Exaltada, buscó debajo de la cama, en los cajones, en la canasta de la ropa sucia, en el frigorífico. Pensó con decisión que lo atraparía cuando menos se lo esperase y lo exiliaría al país de nunca jamás. -No, eso sería compensarle por haber desertado de su tarea propia de calcetín. Lo deportaré al cajón de los calcetines muertos-
    Soltó con ganas la tapa del baúl cuando sonó el timbre de la puerta y se le activaron las neuronas. Por la hora que era, sabía que era su novio llamando cuando el sabía que no eran horas de venir, que aún no había puesto la comida a Coscona, que el tráfico la retrasaría aún más y que llegaría tarde a la oficina . Soltó la tapa, se cogió el dedo gordo de la mano izquierda y, a punto de llorar, corrió hacia la puerta. Cuando abrió se topó con un gran ramo de rosas blancas atado con su calcetín rojo, propio, según ella, de comedia romántica y poniendo ojitos de coscona, le agradeció a su novio que no se hubiera olvidado de su cumpleaños. Él la besó susurrándole al oído. – No tenían lazos cariño-

    Escrito el 29 enero 2014 a las 15:54
  44. 62. oskar dice:

    acabo de completar mi primer relato, estuve leyendo otros en el grupo y me parecen muy buenos, algunos tienen un aire de novela profesional, y ese calcetin rojo dio para cualquier cantidad de situaciones.

    Escrito el 4 febrero 2014 a las 22:17
  45. 63. Luz dice:

    Si no encontraba ese calcetín rojo, no podría salir de la casa. Sabía que lo había sacado de la cartera, pero no recordaba donde. Ya eran las 7:00, el despertador sonaba cada quince minutos y el último tren partía menos tres. Él café ya estaba helado y la RSA se escuchaba resonar en las calles. ¿Qué hacer? – Pensaba Lara – ¿pasar parte de enferma para no levantar sospechas? ¿Correr a la cama y simular un sueño profundo para llamar dos horas más tarde y decir con mayor credibilidad, que se había quedado dormida? O ¿agarrar el tapado que le había obsequiado Martín el día de su cumpleaños, correr a Cuenca, comprar un disco, volver corriendo también, ponerlo a sonar y esperar la muerte al canto de ¡Los días se han apartado de mí, las luces no brillan más sobre mi cabeza? Demasiado ridículo terminó por suponer.
    Lara estaba entrando en pánico y no podía pensar sin desayunar. Salto sobre su propio eje en 180 grados, se paró en seco mirando estupefacta la puerta que daba a su habitación y se le vino una idea a la mente. Fue corriendo a su armario, porque ella era así, todo lo tenía que hacer literalmente corriendo. Abrió el penúltimo cajón y comenzó a vaciarlo como si estuviese buscando una boleta que ella juraba y le re contra juraba a un operador telefónico, que ella misma con sus propias manitos, había pagado. Y ahí estaba, esa maldita remera roja que tanto odiaba e. La detestaba porque su tela podía servir para lijar muebles de madera con toda seguridad. La tomó para sí, en un abrazo eterno, se tiró de cola al piso, la cortó con sus dientes como un perro hambriento y estirando un poco sus brazos tomó el costurero que, casualmente, había dejado tirado la noche anterior al costado de la cama.
    El reloj marcaba en un tic-tac de tortura las 7:35. Una vez más debía correr. Tomó el abrigo de lana gris que se había comprado en una feria clandestina en Parque Lezama. Era largo, cálido, y la hacía sentir en familia, pero dejó de pensar en eso y abrió la puerta. Salió al pasillo, tomó las llaves y le dio dos vueltas y media para cerrarla. Respiro profundo. Nada podía salir mal ese día.
    Bajo los 103 escalones de una escalera de madera antigua, que a cada pisada hacia rechinar. Salio con paso ligero por el hall de entrada y se asomo a la puerta de calle. Nadie. Recorrió Asunción, doblo en Condarco, volvió a doblar, pero esta vez la esquina de Nueva York y dio con ellos. La RSA estaba lista para palparla.
    -Buenos días Lara, saliste un poco tarde hoy –La encaro un oficial de tez dura, pero de ojos pasibles.
    -Sí, el despertador…Usted sabe los días de humedad. –Dijo Lara dando una mirada distante al barrio como si lo que hubiera dicho tuviese la coherencia de unas medialunas a media tarde.
    -Muéstremela, hagamos esto rápido hoy, como ve tengo mucho trabajo – mientras señalaba a una hilera de jóvenes contra la pared esperando su turno.
    -Si como no – abrió la cartera con sus manos temblorosas, ese calcetín que con tanto esfuerzo se había fabricado hacia unos minutos.
    El oficial lo agarro, lo levanto a la altura de sus ojos, lo voltio a un lado, al otro, la miro a Lara, volvió a mirar el calcetín. Bajo la mano, la miro a los ojos…
    Y comenzó a sudar, lo vio alejarse hacia el montón de gente, dio por finalizada su vida. Como en un llanto apagado sin lágrimas se dejo reposar contra la pared. Fijo la vista al piso y espero lo que tenia que esperar. Y mientras se perdía en su melancolía de todo lo que no había hecho en su vida, vio asomarse a su vista unos zapatos familiares, levanto la mirada y como si el tiempo no hubiera pasado el oficial le estrecho su mano, le metió en la cartera el calcetín y la dejo marchar.
    No podía creerlo, había pasado. Camino con cuidado, como si quisiera pasar desapercibida de algo que ya había superado. Y mientras andaba a lo lejos se dejo escuchar un tiro. Las palomas volaban huyendo agitadas como muchas mañanas, esa misma mañana. Por curiosidad metió la mano, una vez más en la cartera. Acaricio el calcetín. Y le pareció que acariciaba un conejo.
    Era un 23 de enero, a las 7:57. El tren estaba lleno como de costumbre.

    Escrito el 16 abril 2014 a las 18:24
  46. 64. Agueda (Yaya) dice:

    Estoy feliz de encontrame con Literautas… Soy nueva en el grupo y esta es mi aportación… sus consejos son más que bienvenidos… este es la liga a un blog que abrí (hace tiempo lo tenía en mente y gracias a Literautas por fin me animé. http://yayadr.blogspot.com/
    Gracias

    Escrito el 20 abril 2014 a las 06:31
  47. 66. Fredy García dice:

    Eran las primeras horas de ese lunes, cuando los rayos del sol comenzaban a someter a la luna. Simplemente no podía despertar, la resaca y el cansancio eran más fuertes que el mismo Arnold Schwarzenegger en aquellos días de gloria.
    Después de tantos intentos, abrió lo ojos que dejaban ver muy poco, entre aquellos cerros de ropa y envolturas de comida.
    La paz que inundaba el dormitorio se vio interrumpida por la sensación escalofriante, al recordar que era el día en que tenía que entregar el reporte final a su jefe, ahí fue donde conoció lo que era la rapidez; Pantalones, playera, suéter, y cuando solo faltaba aquél par de calcetines, no hubo mayor desesperación en aquél hombre, tanto que se pasó una hora buscando el calcetín rojo.
    Cuando por fin pudo encontrar ese ansiado calcetín, tomó las llaves con ese llavero desgastado de Mickey Mouse que sonreía a todas horas, aquél individuo caminó hacia la puerta, cuando miró el calendario de la famosa carnicería Don Joaquín, que le recordaba que justamente hoy, era el día festivo que podía descansar.

    Escrito el 29 abril 2014 a las 19:11
  48. 67. Eteivi Karina dice:

    Se pasó una hora buscando el calcetín rojo…

    Estaba tirado en el suelo, en un rincón oscuro y silencioso cansado de buscar el calcetín rojo por toda la casa y a estas alturas teniendo la certeza de que lo había olvidado en el bolsillo del pantalón de su amante: la joven secretaria linda y rubia.

    Sabía que Sonia (su esposa) al cabo de unas horas descubriría que solo tenía uno puesto, o uno guardado, o lo que es lo mismo: uno en cuestión. Es que la niña se lo regaló por las fiestas de los padres y es tradición que papá use el regalo cada año el primer día. ¿Cómo diablos iba a justificar haber perdido un calcetín? Es evidente que en la oficina delante de todos no se quitaría los zapatos, y si le molestaban debió guardarlos AMBOS en la gaveta… Tenía que ingeniar algo antes de que fuera demasiado tarde o de lo contrario ella tendría la confirmación de que todas sus sospechas de traición eran ciertas.
    Pero nada, ya no podía hacer nada, tenía ganas de llorar, de gritar y por primera vez se sintió arrepentido por ser infiel, sabía que ya era demasiado tarde y que en unas horas solo le quedaría el recuerdo de lo que fue tener una familia. Así llegó a su mente el día, hace unos cuantos años, en que conoció a Sonia cuando trabajaba de dependiente en la cafetería de la esquina.

    Cuando la vio supo de inmediato que estaba fascinado por su belleza….
    Había leído una frase en “Aquel año en Madrid” de Daniel Chavarría que decía: “Era hermosa por yuxtaposición” y estuvo durante años buscando de una forma fija el significado de esta comparación, total que no fue hasta ese minuto que supo lo que quería decir: es que era exageradamente hermosa aunque no fuera evidente para el resto de la humanidad. Es como el arte que no necesariamente tiene que ser lindo, a veces solo basta con que te haga sentir algo, pues ella era igual: la ves bonita, pero por encima de ello su sex apear es lo que la hace mágica.

    Se le acercó y dijo: – Un café por favor
    – ¿Cómo le gusta? ¿Fuerte, cortadito?
    – Con leche.
    Y luego (impulsado por sabe Dios que orden cósmico) dijo:
    – Y los hombres? Cómo te gustan?
    A lo que respondió con una sonrisa y una frase casi imperceptible que lo dejó pálido y sin habla: – Y si me gustan las chicas?

    Pasaron unos segundos silenciosos que pesaron en el ambiente como horas mientras su cara palidecía como si hubiera enfermado en un instante de grave desilusión… seguidos por una sonora carcajada:
    – Jajajajaaaa… es broma…
    UFFF… el alivio que siguió fue evidente en su rostro.

    Intercambiaron teléfonos, citas, encuentros, cenas, romance…
    Boda…

    ¿Y qué pasó? ¿Dónde se fue tanto amor? ¿En qué momento empezaron a cambiar las cosas hasta que el daño fue irreversible y ser infiel se convirtió en una tradición sin importancia?
    No lo sabía… ya no sabía nada, solo que finalmente saldrían a flote y se hablarían crueles realidades ocultas desde hace años; y todo por un calcetín perdido.
    Toda su vida descubierta por el destino de ese calcetín rojo.

    Escrito el 1 julio 2014 a las 18:47
  49. 68. freddy dice:

    El Calcetín
    Era el día tan esperado por todos los que vivían en el barrio, puesto que se disputaba el campeonato de futbol, se enfrentaban dos equipos que durante mucho tiempo eran rivales en los campeonatos, los halcones y las águilas, eran los nombres de los equipos, los jugadores eran muy buenos, se habían preparado mucho para este encuentro.
    Pedro un joven de 19 años, era parte del equipo de los halcones, llevaba 2 años jugando como volante, tenía anotado 15 goles en este campeonato. Estaba en casa preparándose para el gran evento, mientras su novia, que se llamaba Angélica estaba en las tribunas con un grupo de amigas y familiares dispuestos a gritar con gran voz el gol que anotaría Pedro en este partido. Pedro se vestía rápidamente, más al ponerse su uniforme vio que le faltaba algo, dando un gran grito que se escuchó a dos cuadras de distancia dijo, donde está el calcetín rojo, busco debajo de la cama, en los cajones de ropa, en la cesta de ropa sucia, bajo rápidamente las gradas dirigiéndose a la casita del perro, al cual saco de la misma se metió en ella y no encontró nada. En la cabeza de Pedro venían muchas ideas como; no llegare pronto, no puedo participar, donde dejo mi mama el calcetín rojo, al subir nuevamente al cuarto bajo su mirada dirigiéndola hacia sus zapatos deportivos, y allí estaba el calcetín rojo. Se sonría a la vez que se vestía con gran rapidez, solo faltaba 15 minutos para que empiece el partido, al terminar de vestirse corrió y tomo su motocicleta, dirigiéndose al estadio. Aquel día los halcones ganaron 2 a 1 a las águilas, fue un gran partido, Pedro anoto uno de los goles, su novia, amigos y familiares estaban muy contentos. El equipo llevaba la copa, que era grande y brillaba con los reflejos de la luz del sol.

    Escrito el 7 julio 2014 a las 20:14
  50. 69. África dice:

    Era un día de ésos en los que el color de los árboles la transportaba a muchos kilómetros de allí. Carmela observaba absorta ese espléndido juego mortecino de la naturaleza que cada año la hipnotizaba. Siempre había querido ir a Japón, no sabía si en otoño o cuando florecían los cerezos.
    En la parada de taxi, mientras esperaba su turno, no dejaba de leer con avidez diferentes guías de viajes. Estaba sin pareja, no tenía hijos; lo primero por obligación, lo segundo por decisión. Quería viajar pero no encontraba el momento, no coincidía con sus amigos y además quería viajar sola, probar esa temerosa situación.
    Abducida por sus pensamientos, que incluso proyectaba en voz alta, se sobresaltó cuando una joven japonesa entró súbitamente en su taxi.Acostumbrada como estaba a todo tipo de personajes, arrancó con rapidez y puso rumbo al destino indicado. Algo le llamaba la atención de aquella mujer asustadiza, “asustadiza” pensó, “aunque al fin y al cabo todos los turistas asiáticos tienen ese aire entre asustadizo e inocente”.
    Decidió ir a lavar el coche a casa de un amigo pues allí tenía bastante espacio, “aunque seguro que llueve después” murmuró en voz alta como casi siempre. Así podría charlar un rato con él. Mientras limpiaba el taxi, encontró un calcetín rojo que cambiaría un tanto su anodina vida.
    lo guardó sin saber por qué; lo guardó porque, además de estar limpio, le atraía. “¡Vaya flipada!, pensará cualquiera que me vea”.
    Días después tuvo un sueño que la desveló y soliviantó bruscamente. Se obsesionó y se pasó una hora buscando aquel calcetín rojo que había dejado en su taxi, no sabía cómo ni por qué, aquella intrigante señora japonesa.
    Al amanecer, se sorprendió en su salón con una taza de café y el calcetín rojo habiendo tomado una decisión: se iría a Japón….no sabe cuánto duraría…su billete sería sólo de ida….”Total, por una vez en la vida que se haga una locura….”.
    A los dos meses, en el aeropuerto vio a la mujer del taxi…..”¿era ella? todas las japonesas son iguales….vaya tópico”, pero aún no podía diferenciar sus anatomías faciales.
    No se podía imaginar las consecuencias ¿felices? de aquella repentina decisión.

    Escrito el 12 julio 2014 a las 20:14
  51. 70. Eva dice:

    El calcetín rojo

    Alicia se pasó una hora buscando el calcetín rojo, no recordaba dónde lo dejó la última vez y aquel calcetín era un objeto fantástico.
    Nunca se había considerado fantasiosa pero aquel Lunes descubrió que en esa anodina prenda roja había algo muy singular. Ahora tenía que recuperarlo como fuese.

    Como cualquier otro comienzo de semana la niña se dispuso a vestirse con su uniforme para el colegio, sin olvidar quitarle la etiqueta a sus calcetines nuevos. Su suéter azul marino era la mar de aburrido y por si fuera poco su madre se equivocó en la tienda al comprarle calcetines… eran rojos!!!!, pero mamá… la quería con locura pero últimamente estaba un poco en babia…

    ¡¡Azules mamá, azules!!!!.

    A Alicia no le gustaba llamar la atención pero así iba a resultar difícil que nadie se fijase en su aspecto …

    Se miró en el espejo y aunque el reflejo no la convenciera demasiado hizo un pose simpática que la favorecía bastante.

    – ¡Pues ala, vámonos!. Acostumbraba a darse ánimos de vez en cuando.

    Bajó las escaleras corriendo y se despidió con un beso fugaz de su madre que le dijo :¡”No corras loca, que te vas a estampar!.

    Alicia hizo caso omiso a sus palabras y salió a la carrera, entonces su corazón le dio un vuelco porque comenzó a sentir como el suelo que pisaba comenzaba a desintegrarse, se paró a observar como el escenario que la rodeaba cambiaba por completo, otras casas ocupaban el espacio que ya conocía y la gente que ahora veía llevaba una indumentaria diferente.
    Descubrió de sopetón que aquel par de calcetines eran un instrumento mágico para viajar a otros mundos, a otro tiempo.
    Sintió un vértigo desconocido, mezcla de miedo y emoción. Poco a poco fue aminorando la velocidad. Ésta experiencia paranormal la había dejado completamente mareada y el aire no llegaba con facilidad a sus pulmones .

    ¿Dónde estoy?, pero…, ¿qué me está pasando?…se hallaba cerca de un pequeño riachuelo , fue acercándose con paso cauteloso hasta que pudo ver su reflejo.

    Su cabello había cambiado un poco, la tonalidad era algo más oscura y ahora estaba trenzado, su uniforme había desaparecido y lo sustituía una sencilla túnica . Lo que no había cambiado era el color de sus calcetines, seguían siendo rojos.

    -¿Qué te pasa niña?, aquellas palabras sacaron a Alicia de su ensimismamiento.

    – ¿Mamá?

    Se sorprendió a sí misma diciendo aquellas palabras y reconoció en aquel rostro que nunca antes había visto a la que era su madre.

    – Perdona mamá, ahora no puedo…

    Alicia se descalzó ante la mirada atónita de su madre, se quitó los calcetines y esperó a ver qué pasaba…

    Pero hija, ¿qué estás haciendo?…, anda , ponte los calcetines que te vas a resfriar y al final iremos al médico…

    Al ver que el método no funcionaba, Alicia se despidió de su madre con un ¡te veo pronto mamá!, comenzó a correr como si la vida le fuera en ello y pensó en su casa, su habitación , y el mundo que siempre había conocido. Poco a poco todo recobró su apariencia normal, Alicia fue aminorando la velocidad al reconocer su barrio, las casas de los vecinos, la tienda de la señora Rosa que siempre era tan amable con ella. Al fin se encontró ante el rellano de su casa y comenzó a subir las escaleras. De pronto se dio cuenta de un terrible hecho: oh dios mío!, no puede ser, le faltaba uno de sus calcetines!, ¡no podía haberlo perdido en su viaje!
    Subió los escalones que faltaban con un par de zancadas y entró en su habitación, tenía la esperanza de encontrar el calcetín en algún rincón de su cuarto.

    Se pasó más de una hora buscando el calcetín rojo y, de pronto, se cercioró de que aún no había visto a su madre:

    ¡Mamáaaaaaaa!, gritó con fuerza pero no daba señales de vida, fue al cuarto de su madre y vio que el marco de la foto de fin de curso donde las dos se abrazaban cariñosamente había desaparecido. En su lugar ahora había una especie de cajita de madera con una delicada estrella cuidadosamente tallada.

    Alicia jamás había visto ese joyero y sin pensarlo mucho se dispuso a abrirlo. Por fin apareció : el calcetín rojo.

    Mientras se lo ponía la niña murmuró : !mamá voy a buscarte!

    Escrito el 4 agosto 2014 a las 13:05
  52. Por aquí va, con 300 palabras justas. El título, “Por un calcetín”.

    Sergio cerró la puerta tras de sí. El trabajo estaba hecho, y ya solo quedaba una tarea más por realizar: encontrar el maldito calcetín rojo. No iba a ser sencillo, teniendo en cuenta que ese color era el predominante en toda la casa.

    Al menos, después de que él llegara.

    Estiró la pierna izquierda para esquivar una de las múltiples manchas de sangre y consiguió por fin alcanzar la pared opuesta sin pringarse los zapatos. Ni rastro en la sala de ese calcetín, aunque le pareció ver una pila de ropa amontonada en el cuarto cercano. La habitación de la esposa. Con un par de largas zancadas se situó junto a la puerta y echó un somero vistazo al interior.

    Su mirada se detuvo un par de segundos sobre el cuerpo inerte de la mujer, antes de continuar vagando por el lugar. A los pies de la cama se hallaba un pequeño cesto que había pasado desapercibido para él cuando entró por primera vez. Tampoco era extraño que no prestara atención; sus prioridades en aquel instante eran otras.

    Los últimos pasos fueron más descuidados, lo que propició que sus —hasta ahora impolutos— zapatos recibieran dos o tres pequeñas salpicaduras de sangre. Ignorándolo, comenzó a buscar entre las prendas amontonadas hasta que, varios minutos después, logró sacar de allí su premio.

    El calcetín rojo.

    Era un calcetín pequeño, con una pequeña estrella blanca en un lateral. Un objeto que no veía desde hacía varios meses… Concretamente, desde que su hija desapareció. Verlo allí, amontonado junto a Dios sabe cuánta otra ropa perteneciente a innumerables víctimas más, era la prueba definitiva que necesitaba. Por suerte o por desgracia, no se había equivocado de casa.

    Ahora, gracias a lo que acababa de hacer, esos degenerados no volverían a dañar a nadie más. Nunca.

    Escrito el 13 agosto 2014 a las 14:36
  53. 72. Juan dice:

    Hola, muy interesante esta propuesta. Te podria pasar por mail lo que escribi asi me decis que te parece?

    Escrito el 13 octubre 2014 a las 03:20
  54. 73. Angélica dice:

    Hola, antes que nada quería felicitarlos por el sitio. Muy bien organizado, útil y bonito. Me gustó mucho.

    Hice mi ejercicio, pero cambié “calcetín” por “media”, pues así le decimos en mi país. Gracias.

    —– LA MEDIA ROJA
    Rosa dice que soy un amargado, pero es que ella no entiende. Ni esto ni nada más. A esa porquería media la quiero es matar. Ni bien la encuentre, porque llevo buscándola más de una hora, la voy a matar. Se lo dije a Rosa, se lo juré a la media, y se lo dijo a usted: apenas la vea, la voy a matar. No a usted; a la media.

    Pero no es porque yo sea amargado, no señor. Se trata de un asunto de dignidad, de hombría. No es posible que yo juiciosamente eche a lavar mi ropa blanca; sí, porque yo lavo mi ropa para no tenerle que explicar a nadie cómo hacerlo, y esa condenada media roja se me cuele solo para echarme todo a perder. Camisas, pantaloncillos, pañuelos y hasta sus primas, las otras medias, ahora son rosadas. No sé si me explico bien: RO-SA-DAS.

    Y yo no comulgo con esas modas metrosexuales de ahora: para mí el rosado es y seguirá siendo de mujeres, y solo para que nos entendamos bien: de mujercitas. Así que ni bien la encuentre, la ahorco. Sí, eso, dos o tres nudos bien puestos para cortarle el aire y listo. Se los hago y luego me siento a ver cómo se asfixia. Estoy entre eso o acuchillarla. Suena un poco sádico, incluso más que verla ahogarse, pero tiene su efecto terapéutico. La agarro, descargo toda mi ira asesina sobre ella y listo. Vuelvo a ser un hombre feliz. No es que no lo fuera antes, pues yo de amargado no tengo nada, pero después de que mate a esa media, todo va a volver a la normalidad. La otra ventaja es que como es roja, nadie va a notar que la acuchillé; es un crimen sin escena del crimen. Perfecto.

    Escrito el 13 octubre 2014 a las 21:47
  55. 74. Literautas dice:

    Hola, Juan

    Lo sentimos, pero no contestamos a los envíos de textos por mail. Nos gustaría hacerlo, pero es materialmente imposible, por tiempo y energía, poder responder a todas las peticiones de este tipo que nos envían. De todas formas, no te preocupes. Puedes compartir tus trabajos tanto en los comentarios del blog como en los grupos de Literautas en Facebook y Goodreads. Estoy segura de que allí encontrarás muchos lectores a los que les encantará darte su opinión sobre tus relatos. Te paso los enlaces:

    El enlace para unirse al grupo de Goodreads es el siguiente: http://www.goodreads.com/group/show/105356-literautas
    Y la página del grupo para publicar los ejercicios de escritura es: http://www.goodreads.com/topic/group_folder/177553?group_id=105356

    El grupo de Facebook: https://www.facebook.com/Literautas/app_202980683107053

    Un saludo y gracias a todos por vuestros comentarios

    Escrito el 17 octubre 2014 a las 11:12
  56. 75. Ma Angelica dice:

    que hago con la ficha 1, como la envio

    Escrito el 17 octubre 2014 a las 21:22
  57. 76. Lucía dice:

    1- Juan anduvo lavando su ropa de color, al sacarla de la lavadora se percató que, no estaban algunas prendas. Se pasó una hora buscando el calcetín rojo…
    2- El director de cine reveló aquella noche, el nombre de su nueva producción. Le llamó: “Se pasó una hora buscando el calcetín rojo”; todos aplaudieron en la sala.
    3- María había preparado los regalos de los niños, pero llegó tarde porqué se pasó una hora buscando el calcetín rojo; que combinaba perfectamente con su vestido.
    4- Para navidad decoramos cada rincón de la casa. El año pasado, mi mamá pasó una hora buscando el calcetín rojo, que colocamos en la chimenea.
    5- Fui a la tienda a comprar unos calcetines. Cuando encontré uno que me gustaba, no tenía el otro; le pedí a una empleada que por favor me lo buscara ¡se pasó una hora buscando el calcetín rojo!, fue insólito.

    Esa noche era una fiesta muy especial, todos estaban emocionados con el intercambio de regalos. María que ya había preparado los regalos que darían los niños, le pidió a su esposo que los alistara para así ella acomodarse.
    Tenía un hermoso vestido rojo, zapatos con pedrería, delicados guantes con encajes, joyería importada; pero notó que en su caja de calcetines importados, falta uno del par rojo. Empezó a desorganizar su cuarto desesperadamente, preguntó a su esposo e hijos si lo habían visto, hasta llamó a la mucama (que andaba de vacaciones) para cuestionarla. Le pidió a su esposo que se fuera con sus hijos, ella llegaría luego. Se pasó una hora buscando el calcetín rojo, hasta que se dio por vencida, lloró como loca por toda la casa ¡Debía estar con sus niños!, no llorando por un calcetín. Decidió ir a tomar una ducha rápida, se vistió, peino su cabello y se maquilló como nunca; lucía preciosa, cautivante, brillaba como una princesa mientras bajaba por las escaleras, sin duda era como una princesa, totalmente renovada.
    María llegó hasta su auto, los vecinos se quedaban mirándola y la gente a su alrededor la observaban con admiración. Ya se le había olvidado el calcetín, se sentía tan bien con ese espectáculo que al abrir la puerta del auto no se percató del calcetín en el asiento de al lado. Disfrutó la reunión y sólo al llegar en la madrugada su esposo le informó de la ironía que había sucedido: Ella había llegado tarde a la fiesta por el calcetín que tenía justo a su lado. Ambos se rieron y se fueron a dormir.

    Escrito el 3 noviembre 2014 a las 23:36
  58. 77. Victoria Mogni dice:

    Descubrí tu blogg ayer y no me lo he podido sacar de la cabeza!! Estoy decidida a seguirte. Te mando el ejercicio del calcetín rojo, aunque no llega a 300 palabras. Pero por ahora me gustó así. Es mi primer intento de escribir, así que espero que lo aceptes aunque no cumpla ese requisito.
    Mis saludos.
    Victoria

    Escrito el 20 noviembre 2014 a las 04:57
  59. 78. ZAYANA dice:

    Esa mañana Sofía, veía el reloj que marcaba los segundos a una velocidad impresionante y ella no sabía por dónde empezar además con aquella atmosfera tan exageradamente pesada. A medio vestir buscaba su calcetín rojo y no lograba encontrarlo, aquella habitación lucia como un campo de batalla, ropa apilada en la cama, revistas, libros y un sinfín de cajas con contenidos que ni ella misma sabia que eran…. pero ahora eso era lo de menos, lo importante y urgente era llegar temprano a sus labores pero le faltaba el bendito calcetín rojo. Removió todo aquel desorden infructuosamente, cómo era posible que siempre sucediera lo mismo se fustigo por lo desorganizada que era, le prometió a Dios que cambiaria, trataría de mantener todo en orden, y aseado pero que apareciera el calcetín, ya le quedaba poco tiempo y sintió unas ganas inmensas de llorar. .. y si buscaba otro calcetín? No!! No podía ser!! debía llevar ese color porque era lunes y el protocolo exigia que fueran calcetines rojos!! A quien se le pudo ocurrir aquello? Que desastre se decía una y otra vez. Ya sudorosa de tanto ajetreo pensó en reportarse enferma pero seguro la directora vendría a ver que le pasaba y notaria todo aquel desastre aunque por otra parte el quedarse le permitiría arreglar de una vez por todas aquel misterio que era su habitación donde todo se perdía, realmente era una experta en perder cosas así estuvo dando vueltas hasta que noto el reflejo grotesco de su imagen en el espejo grande que cubría la pared con rulos en la mitad de la cabeza y la otra mitad con los cabellos desordenados y algo rojo en su hombro derecho parecido a lo que tenía en su mano izquierda .. Siempre estuvo ahí y no lo noto era su otro calcetín rojo.

    Escrito el 26 enero 2015 a las 07:04
  60. 79. Joseba Campos dice:

    Me he pasado por 11 palabras. He visto el review en TVE internacional y antes de meterme a la cama queria ver laweb en persona. (Mis faltasde ortografia son gracias a mi teclado y a mi ligera despreocupacion)

    Se paso una hora buscando el calcetin rojo, pero ya habia perdido toda esperanza, tendria que usar uno de los viejos y sucios que abundaban dentro de su armario. Al final la noche habia salido bien, pero despues de su hora perdida con el calcetin, parte de el maldecia a su yo pasado que habia llegado totalmente borracho a casa y habia lanzado la ropa por los aires, incluyendo al calcetin menos sucio con el que contaba.

    La resaca y el calor que comenzaba a llenar su habitacion, no ayudaban en nada a la desesesperacion que teneia por ese maildito catcetin. Dentro de su cabeza casi podia escuchar a su abuela diciendo,”lo que no se llevan los ratones aparece en los rincones”.-

    Se rio para si mismo y se levanto de la cama dispuesto a encontrar el puto caletin o morir en el intento, porque sin duda moriria al llegar tarde y de resaca a la presentacion de su ultimo trabajo.

    Cuando habia perdido ya toda esperanza, se dio la vuelta y lo vio, un minuto antes no estaba ahi pero ahora si. Lo unico que no tenia que hacer era despertar a la chica que se habia quedado dormida encima de el. Joder casi se le habia olvidado que estaba en la habitacion, era extraño que no s ehubiera levantado con el revuelo que habia montado. Pero esta era su oportunidad de conseguir lo que buscaba y huir del aliento de aquella chica que de la cual no recordaba ni elnombre.

    Con cuidado avanzo hacia su cama y empujando con cuidado el cuerpo de la chica hacia un lado, consiguio sacar el calcentin y enfundarselo en un segundo.

    La carrera comenzaba ahora hacia el pabello C donde la clase habia empezado ya, y donde 50 alumnos esperaban su turno para exponer, el llegaba tarde, y era el primero, ese calcetin terminaria empapado sin ninguna duda.

    Escrito el 27 enero 2015 a las 02:59
  61. 80. Luis Ponce dice:

    EL CALCETÍN ROJO Luis Ponce
    — ¿Alguien vio mi calcetín rojo? —
    Saltaba desesperado por la habitación, a medio vestir. Llevaba puesto pantalón negro y camisa blanca, un calcetín rojo en el pie derecho, y el izquierdo desnudo, daba la impresión de ser un niño grande jugando a la rayuela. Hablaba por el móvil mientras trataba de terminar de vestirse.
    — ¿Carajo, alguien vio mi calcetín?—
    El dormitorio de la casa presidencial no era un lugar íntimo o privado, por ahí pasaban ministros, secretarios, partidarios, asambleístas, opositores. Siempre había gente presente, era casi una evocación del dormitorio de Luis XIV en Versalles, incluso cuando el Presidente se vestía, por eso la pregunta lanzada al viento debía tener contestación.
    Pero debía ser Presidente de un país de mudos, porque nadie contestaba.
    Mientras se equilibraba con un pie en el aire, y el móvil en el oído, el Presidente pensaba lo importante que había sido ese calcetín durante su vida política. Se lo había regalado en un cumpleaños su mentor, la persona que le había formado políticamente y abierto los ojos al socialismo.
    Le había dicho: —“Que estos calcetines que tienen el color de la bandera soviética, sean el símbolo de la doctrina comunista que primará en tu gestión cuando llegues al poder. Que sean tu talismán, la brújula que te señale el camino hacia el bien común, el clarín que te recuerde que tu lucha es por el pueblo y para el pueblo y que tu sacrificio es exclusivamente por el bien de los más necesitados”—.
    A primera vista le había parecido un regalo ridículo, él esperaba un gran libro, o una copia autografiada de la recopilación de discursos del líder máximo, pero, ¿Un par de calcetines? ¿Y rojos?. Esto era una rareza. Nunca en su vida se había puesto unos calcetines rojos y no iba a empezar ahora que estaba ya en el camino del éxito.
    Y nunca se los hubiera puesto. Si no se le ocurría a su secretario particular guardarlos en la maleta un día que viajaban al sur. En el apuro de esa noche por llegar a tiempo al mitin, no reparó en el color de los calcetines que se ponía y salió apresurado hacia la reunión. Esa fue la manifestación más numerosa de su vida, el primer peldaño de su carrera política. Cuando llegó al hotel, exhausto pero satisfecho, se dio cuenta de que usaba los calcetines del destino político.
    Y nunca más se separó de ellos.
    Durante toda su campaña por la presidencia, fueron sus fieles compañeros, no se los sacaba sino para que su secretario particular los lavase meticulosamente en los baños de los hoteles en que se hospedaban. Era más fácil que olvidase a su esposa que a sus calcetines.
    — ¡Busquen mi calcetín! — seguía gritando.
    Nunca los había perdido, jamás se extraviaron. Solamente los había dejado descansar cuando se fue al exterior un par de veces. Y en esas ocasiones los había dejado en manos de su madre para que los cuidase como a las niñas de sus ojos. Ella que conocía muy bien a su hijo, los lavaba delicadamente con su jabón personal, los perfumaba, los dejaba secar sobre una mullida toalla y luego los guardaba entre algodones en una antigua caja de perfume, lo que les daba un aroma especial que contribuía a formar esa aureola de importancia que habían ido adquiriendo.
    Sus más allegados colaboradores se acostumbraron a respetar su presencia y nadie, nadie, osó criticar el hecho de que muchas veces no combinaban con su vestimenta. Como sabían que eran parte del triunfo obtenido, igual los veneraban como al jefe, porque estaban agradecidos de que fueran una de las razones por las que cada uno de ellos tenía ahora lo que cada uno sabía que tenía.
    — ¿Es que nadie va a buscar mi calcetín? —
    — Señor President…… — quiso opinar la mucama que trataba de arreglar la habitación.
    El sonido de un teléfono cortó la voz de la mucama.
    — Su vehículo ya lo está esperando señor Presidente — le comunicó su secretario particular.
    —Pues, no me moveré de aquí hasta que aparezca el maldito calcetín—
    Siempre habían estado en pareja, los dos calcetines rojos eran el matrimonio perfecto, siempre juntos, al lavarse, al secarse, al soportar las fatigosas manifestaciones políticas, al enterarse bajo la mesa de los secretos mejor guardados, al disfrutar de la satisfacción de la victoria.
    —Señor Presidente— insistía el secretario particular.
    — Señor President…. quería decir la mucama.
    “En fin”, pensaba el Presidente, “Si este tiene que ser el fin de la relación con los calcetines rojos, así será”. Tanto tiempo juntos, tantas frustraciones, tantas satisfacciones. Cierto es que su ideología podía haber variado un poquito en el transcurso de estos años. También es verdad que su mentor político se había alejado de su entorno. Los medios a los que odiaba y que antes le habían calificado como “peligro comunista” le criticaban ahora su inclinación a la derecha. En fin, así es la política, pero él se había mantenido en lo que consideraba sus convicciones de izquierda. Pero nada es eterno, ni los calcetines.
    Se aprestaba a sacarse el único calcetín que tenía puesto, cuando insistió la mucama:
    —Señor Presidente—, se cortó, pero esta vez la dejó terminar, —Tiene los dos en la derecha—.
    Los analistas políticos tenían la razón. No se habían equivocado.

    Escrito el 5 febrero 2015 a las 16:07
  62. 81. salvador gomez dice:

    Saludos a todos leí algunos textos y veo que hay mucha imaginación. Pondré el mio en publicaciones.

    Escrito el 17 febrero 2015 a las 03:32
  63. 82. María José dice:

    Se pasó una hora buscando el calcetín rojo. Buscó por todas partes, dejó su casa patas arriba. Buscó en su cajón, debajo de la cama y la desarmó para ver si estaba entre las sábanas, en los cajones de sus hijos y de su esposa, en la casa del perro e incluso en la basura, pero aun así no aparecía.
    Hasta hace unos minutos, se sentía muy seguro sobre cómo iba a ir el día. Llegaría a su oficina, firmaría todos los papeles que su secretaria había dejado la noche anterior sobre su escritorio. Luego, después del almuerzo, iría a la importante reunión con su jefe y reclamaría el aumento que tanto necesitaba. Pero cuando abrió su cajón de la ropa interior, y lo que le devolvió la vista fue un único y huacho calcetín rojo, supo que ya nada iría como lo tenía planeado. Revisó la ropa sucia y lo que encontró no fue para nada reconfortante: todos y cada uno de sus calcetines estaban ahí, sucios. Removió con desesperación todo su cajón, pero lo único que había era ese ridículo calcetín.
    Después de unos treinta minutos, su esposa, sin saber cómo reaccionar a la situación, tomó las llaves del auto y llevó a la escuela a sus hijos ella misma, ya que se habían atrasado –por culpa de ese estúpido calcetín-, dejándolo solo en la enorme y escasa en calcetines casa. Por un momento sopesó la idea de usar algún par de calcetines de su mujer. La desechó rápidamente, viendo la diferencia de talla. Lo mismo sucedió cuando intentó probarse los de sus hijos. No se vio con más opción que no usar, e ir a trabajar sin ellos. Pero cuando se puso el zapato con los pies desnudos, no lo soportó ni un segundo.
    Rendido, se tiró a su cama con un largo y lastimero suspiro. Y se despertó. Confundido, llegó a la maravillosa conclusión de que todo había sido una cruel pesadilla. Estaba tan feliz que no se dio cuenta de que, en sus pies, solo llevaba puesto un simple calcetín. Un calcetín rojo.

    Escrito el 30 marzo 2015 a las 23:26
  64. 83. Jorge de la Lama dice:

    El calcetín rojo
    Se pasó una hora buscando el calcetín rojo, se pasó dos, se pasó varias horas buscándolo, tres días, ¡una semana¡, casi un mes buscando el desgraciado, infeliz, maldito, malnacido, imbécil, calcetín rojo…
    —¡Qué cuando te encuentre!, se dijo.
    Lo buscó por debajo de las piedras, del caldero, en el anaquel, dentro de la estufa, debajo de ella, entre los cojines del sillón, debajo del colchón. Se concentró, hizo yoga, se paró de cabeza, desesperado, para que la sangre le fluyera a la cabeza y la memoria funcionara: nada.
    —¿Dónde lo habré puesto!
    Flor de loto: nada
    Tai chi: giró las manos rítmicamente, levantó una pierna, imploró —no eso no—, acumuló toda su energía en esa esfera que había creado, magistralmente la acarició; los ojos se le pusieron saltones del esfuerzo, llevó el ritmo en la respiración, trago saliva y, dado el momento, la imagen del calcetín rojo apareció en su mente, apareció el lugar, una voz que le decía: “ve por él”; dejó la bola, bajó la pierna dormida, con esa y la otra dolorida avanzó lo más firme que pudo, seguro de sí mismo, enderezó su cuerpo, sonriente, se acercó al cajón de ropa vieja, la desechada, quitó de encima de la tapa un montón de cachivaches que había apilado ahí al andar buscando…
    Nada.
    Gritó enfurecido, aventó todo lo habido y por haber lo más lejos que pudo, maldijo, habitual en él, a su padre, su madre no, porque no tenía, a sus tíos, primos, conocidos, a los jueces del jurado.
    Se sentó en cuclillas, llevó sus manos a la cara y lloró, sí, lloró como un niño; algo que no había hecho desde hace mucho tiempo. Se preguntó si había llorado alguna vez, no estuvo seguro, las lágrimas le supieron muy raras. Lloró un día entero. Reconoció su derrota, se levanto con mil años más a cuestas. Jorobado se resignó y se puso un calcetín azul, el otro rojo, porque llevar dos azules a la premiación hubiera sido un doble insulto. Caminó enjuto, casi imperceptible, llegó al salón y tomó aliento. Todo un mes se había suspendido la premiación por estarlo esperando, debían de estar furiosos allí adentro. El premio del siglo, de seguro se lo darían al mequetrefe ese, o al gerundio aquel que no sabía ni hablar. En fin, ya todo estaba perdido.
    Cuando abrió los dos portones de par en par se dejo ver por aquella multitud; esperó lo peor, quieto en el umbral, sintió las miradas de repudio, de odio, no, de odio no, de repudio tampoco, de… de… ¿de admiración? Los demonios estallaron en júbilo, le recibieron como a un héroe, ¡el Gran Candingas!, el ganador del premio del siglo había sido él: en su ausencia de un mes, todos los humanos a su cargo se habían suicidado por el sufrimiento tan grande que el aburrimiento les había provocado.

    Escrito el 27 julio 2015 a las 04:10
  65. 84. Matías dice:

    ¡Muy buena la idea de “Jorge de la Lana”!

    No me convenció mucho el final, debo admitirlo, pero muy bien relatado, gracias por compartir.

    Escrito el 11 agosto 2015 a las 23:50
  66. 85. Jose Miguel dice:

    Un ejercicio buenísimo!!
    He disfrutado mucho realizandolo. Y me ha servido para darme cuenta que soy capaz de imaginar y escribir algunas lineas e inventar unos personajes y ponerles en alguna situación.
    Muchas Gracias por los ejercicios.
    Haré los demás a ver si poco a poco aprendo más sobre escritura creativa.

    Escrito el 16 agosto 2015 a las 17:09
  67. 86. Maria Eugenia dice:

    Muy buenos ejercicios. Cómo mando mi escrito. Qué debo anotar en Web. Gracias.

    Escrito el 5 septiembre 2015 a las 02:36
  68. 88. pinkupinku dice:

    Leila estaba muy emocionada, solo faltaban un par de horas para que la fiesta comenzara, y todavía no podía creer que hayan conseguido entradas.Era la fiesta mas popular y exclusiva de la ciudad, y muy pocos, como ella, podían conseguir entrar sin ser nadie.Se preguntaba si podría ver alguna celebridad o si conocería algún chico guapo.Sin darse cuenta las horas transcurrieron y cuando quiso acordar solo faltaba una hora para la fiesta. Llamo a su amiga para saber si ya estaba lista, pero esta le dijo, muy asustada, que no encontraba las entradas.Su amiga creía que las pudo haber olvida en su casa esa mañana al contarle la noticia
    Cuelga la llamada y comienza a rebuscar en toda su casa. Recuerda que su amiga había pasado por su cuarto esa mañana. Entró a su cuarto pensado en como eran esas entradas pero no lograba encontrarlas. Luego de estar casi una hora buscando por todos lados recibe un mensaje de su amiga diciendo que la ultima vez que vio las entradas ella estaba jugando con los calcetines que le regalo su hermana en navidad. Mirando por todos lados divisa un calcetín rojo tirado al lado de su cama, lo recoge y descubre que, las entradas, estaban tiradas debajo de este.Un poco mas aliviada avisa a su amiga y se retoca un poco el maquillaje que se le había corrido en toda la búsqueda. Se apresura a llegar al lugar de la fiesta y terminan contándole a unos chicos muy guapos como fue que básicamente pasaron una hora buscando un tonto calcetín rojo

    Escrito el 8 septiembre 2015 a las 05:31
  69. 90. Blanca dice:

    ¡Este ejercicio me ha servido de mucho! Te dejo aquí el resultado:

    Recorría la casa de un lado a otro sin parar dejando volar a su larga melena y su barba de una semana. Apenas quedaban unos minutos para que llegara ella.
    No había salido de casa en días, había estado centrado por completo en su nuevo libro, más bien en el título de su nuevo libro. Y en todo ese tiempo no se separó de su preciado calcetín rojo, era un simple harapo de lana con pelusas y agujeros por todas partes pero le resultaba esencial para pensar e inspirarse; sin él, no podía escribir.
    La gente que le conocía pensaba que estaba loco, de hecho él pensaba lo mismo, los estereotipos del Síndrome de Asperger también se le habían metido en la cabeza y sus excentricidades le convencían aún más de ello, aunque en realidad no le importaba, él era feliz en su mundo de letras y soledad. Y no nos olvidemos de su calcetín por supuesto, su posesión más preciada.
    -¿Por qué tuve que haber enviado aquel formulario? ¿Por qué?- exclamó dando vueltas en medio de su pequeño salón. Empezó a frotarse el cuello con la palma de la mano, como hacía cada vez que estaba nervioso.
    Resulta que nuestro Bernardo mientras ojeaba páginas por internet un anuncio de citas por internet encontró una página web que se dedicaba a encontrar la pareja perfecta. Verdaderamente era feliz viviendo solo con sus docenas de libros y montañas de discos de Bach, pero en aquel momento se planteó por primera vez conocer a una persona, y del sexo opuesto.
    Entonces nuestro protagonista cometió uno de los gestos más valientes de su vida (o al menos eso pensó él): rellenó el formulario de inscripción y envió la solicitud de la página.
    En realidad el formulario le pareció una tontería, unas simples preguntas sobre su género (le pareció una pregunta bastante tonta pero aun así se miró por dentro de los pantalones y marco la casilla de “hombre”), también le preguntaron sobre su sexualidad y al inocente Bernardo le pareció otra necedad “Si soy un chico es evidente que busco a una chica”, y marcó la casilla de pareja femenina; fecha de nacimiento (26 de julio del 1995) , edad (otra tontería porque ya había puesto su día de nacimiento antes), estudios, no había sitio para todas las carreras que estaba haciendo así que se decantó por su preferida: lengua Española y sus literaturas; después rellenó el recuadro de aficiones, intereses, gustos, comida preferida y decenas de ectéteras; hasta que llegó al recuadro de libro favorito. Bernardo se pasó el dedo pulgar por los labios, como hacía cada vez que estaba pensando, y finalmente decidió dejar la casilla en blanco. Vaya pregunta más absurda ¿Cómo iba a elegir un libro entre los cientos que había leído? No entendía ni por que podía estar ahí esa pregunta ¿Quién en su sano juicio podría tener un solo libro favorito? ¡Uno sólo!
    Dejó aquella pregunta atrás y continuó con el test.
    Bernardo acabó bastante harto del largo formulario, pero al terminarlo se quedó bastante satisfecho, había contestado a todas y cada una de las preguntas, menos la que hacía referencia a su libro preferido. Pensó en enviar una queja a la compañía para que descartasen aquella casilla, pero lo reflexionó y apartó aquella idea de su cabeza, tenía cosas mejores que hacer, prepararse una tortilla para la cena, por ejemplo.
    Unos días mas tarde una usuario llamado “MaríaLovesChocolate” se puso en contacto con Bernardo y concertó una cita con él .
    Bernardo aceptó encantado. Estaba que no cabía en su gozo ¡Una chica! Ni si quiera recordaba la última vez que habló con una, exceptuando a su madre, su hermana Alicia y su tía Noreta.
    Y por fin, después de un largo tiempo esperando llegó el día de la cita. La cena iba a ser en su casa, todo estaba preparado, sólo faltaba una cosa… ¡El calcetín rojo!
    Si no podía escribir sin su calcetín, ¿Cómo iba a hablar con una chica? Por eso, ya bien vestido con una camisa blanca y su pajarita de flores tropicales, regalo del tío Manolo, corría por todo su piso en busca del dichoso calcetín.
    -¿Dónde lo habré dejado? ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?
    Se pasó una hora buscando el calcetín, pero no había manera de encontrarlo. Llamó a su hermana Alicia muy atolondrado, ella le aconsejó que pensara dónde lo vio por última vez. Con el corazón casi saliendosele del pecho y frotándose el cuello dio vueltas y vueltas sobre si mismo, analizando cada recoveco de la cocina con su mirada hasta enredarse con el cable del teléfono fijo.
    -¡No está! ¡No lo encuentro!
    Colgó, entró en el baño por enésima vez y se miró lacónicamente en el espejo. Después, se quedó mirando a un punto fijo. Tenía que mentalizarse y calmarse, como decía su psiquiatra. Se sentó sobre la tapa del váter y se tapó la cara con las manos. Después se levantó y se miró al espejo.
    Tenía que admitir que no estaba mal, además la pajarita le daba un toque alegre que le encantaba. Cogió su peine y con extrema meticulosidad se lo pasó por sus cabellos hacia atrás y después se afeitó la barba con la “maquinilla ruidosa”, como él la llamaba, y se dejó un poquitín de barba, como a él le gustaba.
    Apoyó las manos sobre el lavabo y miró a los ojos al Bernardo que había al otro lado del espejo.
    -No puedes depender de un calcetín Berni.
    Cerro los ojos y se dijo a si mismo que no necesitaba el calcetín. Se lo repetía una y otra vez, una y otra vez…
    Abrió los ojos y algo le paró el corazón.
    Sonó el timbre del piso.
    MaríaLovesChocolate había llegado.
    Como un rayo se fue al salón y se abalanzó sobre el mando de el reproductor de música, apretó unos cuantos botones y consiguió que sonara uno de los preludios de Bach. Después, casi tiritando, se acercó a la puerta principal y poco a poco fue aproximando su mano al pomo de la puerta.
    Suspiró.
    “No necesito el calcetín”. Se repitió.
    Y abrió la puerta.

    Escrito el 24 diciembre 2015 a las 04:26
  70. 91. Yoli dice:

    Este es mi primer ejercicio de escritura que hago y me ha encantado.Me gustaria compartirlo con vosotros y seguir aprendiendo con vuestras criticas.Besos 🙂

    1-Sofia se pasó una hora buscando el calcetín rojo de Andres antes de que su marido viniera.
    2-Juan estaba buscando el calcetín rojo para poder ir a jugar al futbol.
    3-Ana Maria estaba buscando el calcetín rojo durante una hora porque tenía los ahorros allí.
    4-Miguel buscaba el calcetín rojo para poder ir a la cita con Ines,pues le traía buena suerte.
    5-La policia buscaba el calcetín rojo, pues era una prueba para detener al criminal.

    Ana Maria estaba desespedada. No encontraba el maldito calcetín rojo y eso que se había pasado una hora buscándola. Allí había metido los ahorros de todo un año. Un año de quitarse caprichos que le encantaban como el café de las mañanas, las ropas que veía en los escaparates (que por cierto parecen que son más bonitos cuando no puedes comprarlos) ,salir de restaurantes… en fin, todo eso que hace que la vida merezca la pena. Tenía un sueño desde jovencita, que era viajar a Nueva York y ver todas las calles, rascacielos, la estatua de la Libertad…

    Todo empezo hace un año cuando se le junto una desgracia tras otra; la muerte de su padre por un cáncer fulminante (se murió 2 meses después de su diagnostico) ,a la que estaba muy unida a él. A las dos semanas de enterrar a mi padre me entero que mi novio me engaña con una compañera de su trabajo (me entere por los mensajitos que se escribían entre ellos) yo ya me olía algo, por eso mire su móvil. Fue un shock para mí, pero después fue una liberación, hacer lo que me diera la gana. Segui el consejo que mi padre me dio antes de morir; que disfrutara de la vida, que realizará mis sueños, y eso hice.Y ahora estaba de rodillas en el suelo, a punto de llorar porque no encontraba el calcetín rojo. Entonces de repente se quedó inmóvil y después se le ilumino la cara ¡claro! se le había olvidado que había hecho limpieza general cuando leyó un libro de budismo que le había impactado mucho, del que decía que no había que tener cosas innecesarias, que con poco se puede ser feliz y fluye mejor la energía… en fin esas cosas. Así que cuando empece por la habitación, dejé el calcetín en un cajón de la cocina para no perderlo… y va y lo pierdo… y se echa a reír, liberando la tensión acumulada. Me levanto, voy a la cocina, abro el segundo cajón y allí está. Miro dentro, cojo el dinero y lo meto en un sobre que tengo en la mesa. Me pongo la chaqueta, meto el sobre en el bolso y me lo cuelgo.

    Antes de salir me miro en el espejo de la entrada y sonrío.Y me voy a la agencia de viajes.

    Escrito el 16 marzo 2016 a las 14:56
  71. 92. Lluis dice:

    Te he descubierto hace pocos minutos y ya me he bajado el primer ejercicio para hacerlo y compartirlo. Ya te contare como ha ido.
    Solo darte las gracias por compartirlo con todos los amantes de la escritura.
    Nos veremos por aquí.

    Escrito el 30 abril 2016 a las 14:36
  72. 93. Literautas dice:

    Gracias a ti por tu comentario, Lluis. Un abrazo y ¡feliz escritura! 😀

    Escrito el 2 mayo 2016 a las 10:10
  73. 95. Cesar Henen dice:

    hola a tod@s, les invito a leer y comentar mi historia en Goodreads titulada “Si estuvieras aqui”

    saludos a tod@s desde México.

    Escrito el 10 octubre 2016 a las 20:31
  74. 96. Marcos dice:

    Acabo de descubrir este blog y ya quiero empezar a escribir…

    Escrito el 15 noviembre 2016 a las 22:07
  75. 97. Sofia dice:

    Este ejercicio parte de la premisa “Se pasó una hora buscando el calcetín rojo”. A partir de aquí, anota 5 motivos que expliquen esa frase y 5 posibles personajes para protagonizarla.

    Una mujer cuyos ahorros estaban escondidos dentro del calcetín.
    Un ex-drogadicto en abstinencia cuyas drogas estaban escondidas en el calcetín.
    Una muchacha que, al separarse de su pareja, debe devolverle sus pertenencias.
    Un chico con trastorno obsesivo incapaz de ver sus calcetines desordenados.
    Un cachorro que es abandonado mientras busca el calcetín en un descampado.
    Cuando hayas terminado la lista, elige el personaje y el motivo que más te gusten. Con estos elementos, crea un texto de al menos 300 palabras. Si quieres, puedes comenzarlo con la frase “Se pasó una hora buscando el calcetín rojo”, pero no es obligatorio. Lo que sí debe tener el texto es un inicio (presentación breve de la situación), un nudo o medio (desarrollo de la situación o de la acción) y un desenlace (en el que se soluciona la situación).
    Temática Elegida: “Un chico con trastorno obsesivo incapaz de ver sus calcetines desordenados.”

    Como de costumbre, la alarma sonó dos veces y luego tres más antes de ser apagada. El muchacho de ojos verdes seguía estrictamente una rutina compuesta por una coreografía de alarmas que le indicaban qué hacer y en qué momento. De esa forma sabía cuando abrir y cerrar el grifo del agua caliente para que su bañera estuviera al nivel que el prefería o, por ejemplo, cuanto tiempo dejar las tostadas para que estuvieran crujientes por fuera y crudas por dentro.

    Cada día de la semana utilizaba un color distinto de calcetines; era su manera de recordar qué materias debía cursar durante la mañana. Sin embargo, algo se escapó de su control cuando, al abrir el segundo cajón de su cómoda, encontró tan solo un calcetín, sin su par que lo acompañara. Dudó algunos segundos, y lo colocó sobre la mesada. Desconcertado, retiró cada par (prolijamente doblado y separado) hasta vaciar el cajón.

    Las alarmas seguían sonando, pero el joven, sin poder encontrar el calcetín, comenzó a rascarse los brazos, observando a su alrededor con la esperanza de encontrar la prenda. 9:15hs. El reloj marcaba cinco minutos de demora en su cronológica agenda. En cinco minutos más, debería estar peinándose, con los zapatos en su lugar.

    Sus temblorosas manos comenzaron a abrir torpemente los pares de calcetines; desarmaba los pares con cada vez menos paciencia, pero no había pista alguna sobre el paradero de lo que tanto buscaba. 9:20hs y la alarma sonó nuevamente. La apagó torpemente, y siguió en su búsqueda. Uno tras uno vació todos sus cajones de ropa, a medida que su corazón comenzaba a latir con más frecuencia y su mandíbula comenzaba a tensarse dificultándole la respiración. ¿Donde estaba el calcetín rojo? En algún momento, sin darse cuenta, se vio rodeado de ropa desordenada regada por el departamento de tercer piso en el cual vivía. Sacudió la cabeza y gruñó enfurecido al oír nuevamente la alarma. 9:40hs. Se suponía que, para ese entonces, debía estar apagando las luces para bajar a esperar el bus. Apagó todas las alarmas que siguieron mientras que, impaciente, volvía a acomodar la ropa en su lugar con la esperanza de encontrar en el medio del desorden su calcetín rojo.

    Sus ojos inyectados en sangre recorrían el departamento de punta a punta; le dolía la cabeza y los brazos, los cuales había lastimado al rascarse como producto de la impaciencia y la ansiedad. Se sentía atrapado dentro de cuatro paredes e imposibilitado de salir a la realidad hasta encontrar el calcetín rojo. ¿¡Cómo era posible que no estuviera en ningún lado!?

    10:15hs. Una hora desde que había comenzado aquel infierno. Sentía que enloquecería. Mascullaba insultos sin sentido y respiraba entre dientes con los ojos bien abiertos, haciendo más ruido del que era capaz de oír a causa de sus quejidos.

    Estaba a punto de comenzar a gritar al abrir nuevamente el cajón de su ropa interior hasta que, iluminado, observó un paquete con tres calcetines rosas, y recordó aquello que no había querido oír durante la tarde anterior, cuando su madre interrumpió sus estudios para comentarle que, sin querer, se le había colado un calcetín rojo entre los blancos al lavar su ropa.

    Escrito el 23 noviembre 2016 a las 02:14
  76. 98. Enrique dice:

    Llevaba mucho tiempo queriendo comenzar a escribir, y habéis conseguido que lo haga por primera vez.
    Genial el ejercicio. Prometo continuar con el resto.
    A partir de hoy, seguir, fan y suscriptor.

    Escrito el 8 febrero 2017 a las 11:59
  77. 99. Eduardo J. dice:

    Buenas tardes

    En mi caso no es el síndrome de la hoja en blanco, en realidad lo mío es el cuaderno completamente en blanco.

    Me ha gustado vuestro blog, que he encontrado por casualidad y como llevo tiempo queriendo escribir, me he decidido a empezar por vuestros ejercicios.

    Espero encontrar la inspiración y sobre todo el valor de compartirlo con vosotros, y espero también que no os importe que lo haga.

    Gracias

    Escrito el 23 febrero 2017 a las 14:57
  78. 100. Marcos Sebastiá dice:

    Hola Literautas. Este mes de Febrero no he escrito nada, como dice por ahí el compañero Eduardo, síndrome de hoja en blanco… He tenido algunos asuntos muy preocupantes que resolver y me ponía a escribir y solo veía que problemas y más problemas… A ver si ahora con la entrada del mes de marzo y las cosas calmaditas puedo volver a escribir… Esta web, el taller, me está enseñando muchísimas cosas respecto a la escritura y lectura. Tengo muchas ganas de que llegue marzo.

    ¡¡Hasta pronto compañeros!!

    Escrito el 23 febrero 2017 a las 18:20
  79. 101. Eduardo J. dice:

    El maldito calcetín rojo no aparecía. Paco, comenzaba a ponerse nervioso, en una hora debía estar en el pabellón de deportes para jugar el partido semanal con sus amigos.

    Todo preparado para el partido, menos el dichoso calcetín rojo, y hoy no puede cambiar las medias; juegan con la equipación roja y blanca. Llamaré a Sergio.

    – ¿Sergio?, soy Paco necesito unas medias rojas, ¿tendrías para dejarme unas?
    – Pues claro Paco, cuenta con ellas, las pillo ahora mismo y te las doy en el campo.

    Ya más tranquilo, se despide de su hija Clara y de su esposa Rocío. En ese preciso instante suena el timbre de la casa.

    – Ya voy yo Rocío, veo quien es y de camino ya me voy al fútbol.

    Abre la puerta a la vez que se coloca el abrigo, y allí de frente está de nuevo, maquillada, oliendo a vainilla y embutida en un vestido azul tan ajustado que daba la impresión que sus pechos iban a estallar y esparcirse por toda la entrada. Como no, era ella, no hay más gente que venga a casa y menos a cualquier hora del día.

    Morena, de ojos grandes castaños y tan penetrantes que no podías apartar la mirada de ella. Ainhoa, su vecina acecha de nuevo. Completamente enamorada de él, a sabiendas de que los dos están casados, no desperdicia ninguna ocasión para ir a casa de Paco, pero sólo cuando él está en casa, ni por asomo se le ocurriría llamar a la puerta a sabiendas que aún no ha llegado.

    – Hola Ainhoa ¿Qué se te ofrece?
    – Hola guapo en realidad no se me ofrece nada, simplemente venía a entregaros la ropa que os recogí ayer del tendedero, que como sé que Rocío está muy liada con Clara, he pensado que os vendría bien.
    – No has debido molestarte Ainhoa, no es necesario.
    – (bajando la voz), Si lo es cariño, quiero verte sin que tu mujer esté delante. Quiero demostrarte cuanto te quiero. Así que por favor no tardes en buscarte una excusa para que nos podamos ver. Manolo está de viaje la próxima semana. Y sin permitir que Paco pudiese decir algo, dio media vuelta y se marchó sin más.

    Paco no salía de su asombro, era guapa sí, incluso había comentado con Rocío lo agradable que era con ellos, pero nunca le había dado pie a que ella pudiese pensar que se le había insinuado.

    – Por cierto Paco, me he quedado con uno de los calcetines rojos para poder zurcírtelo.

    Escrito el 23 febrero 2017 a las 19:57
  80. 102. Carlos Ernesto dice:

    1. Un futbolista que antes de un partido ha descubierto que ha perdido el calcetín que es parte del uniforme y que si no está completo no puede jugar.
    2. Un estudiante antes de ir a dar un examen y cree que sólo sacara buena nota usando sus calcetines de la suerte.
    3. Un amante que ha perdido un calcetín luego de haberse desnudado para acostarse con su amante y no quiere oír reclamos de su pareja al llegar a casa.
    4. La dependienta de una lavandería que ha perdido el calcetín de un quisquilloso cliente.
    5. Una víctima de un terremoto que se la ha caído la casa y ha perdido todos sus pertenencias y ahora busca el otro calcetín para por lo menos completar un par para que sea sus únicas pertenencias completas que pudo recuperar.

    Beatriz tiene 19 años dentro de dos meses entra a la universidad para comenzar sus estudios en la carrera de Medicina, pero antes de eso ha decidido trabajar un tiempo en la lavandería de su tía Josefina para ganar unos cuantos dólares que invertirá en la compra de una nueva laptop.
    hoy será su último día de trabajo pues con la paga de esta semana completa el dinero para cumplir su meta, el trabajo le resulta agradable a pesar de ser pesado y repetitivo, la mayoría de los clientes son personas encantadores, y a través de sus ropas sucias puede conocer algún pequeño detalle de sus vidas, sabe por ejemplo que a la enfermera le gustan los dulces debido a que cada semana encuentra uno o dos en los bolsillo de su mandil, la afición al cine del dependiente de una tienda por el inconfundible aroma a palomitas de maíz de sus camisetas, el ingeniero que hace trabajo oficinista por el desgate de sus jeanes marcado en el área de las posaderas.
    Pero existe un cliente de lo más desagradable, siempre es frío en su trato, nunca muestra una sonrisa y tiene la extraña costumbre de revisar prenda por prenda su ropa al retirarla, algo que nadie más lo hace, y que siempre tiene alguna queja ridícula acerca de la forma en que se hizo el trabajo, hoy como de costumbre ha dejado su ropa en la mañana, Beatriz ha metido toda sus prendas en la lavadora pero al momento de pasarlas a la secadora se ha dado cuenta que un calcetín rojo esta sin pareja, al revisar la lavadora cuidadosamente no encontró nada en ella, reviso cada una de las prendas por dentro esperando encontrar el calcetín perdido en el interior de alguna pantalón o talvez una camisa pero no tuvo éxito, angustiada continuo con el proceso de secado y planchado pensando cómo iba a librarse de los reclamos de tan molesto cliente, pensó en ofrecerle una disculpa y devolverle el dinero como su una opción, mientras pensaba en cómo iba a decirle esto recordó que el ingeniero había traído unos calcetines rojos similares al par incompleto, este último cliente probablemente no notaría la ausencia de un par de viejos calcetines y si lo hacia sus reclamos serian mínimos, y si esto llegaba a pasar ella ya no estaría trabajando ahí
    Para cuando el quisquilloso cliente llego el cambio ya estaba hecho, fiel a su costumbre reviso su ropa y sus tradicionales reclamos fueron hechos cuando vio el par de calcetines rojos, y sacando el calcetín perdido, que el mismo había olvidado traer en la mañana exigió una explicación a la pobre muchacha que empalideció al ver aquel sucio calcetín rojo.

    Escrito el 2 abril 2017 a las 01:07
  81. 103. Jessica O´Bello dice:

    El abuelo Hank se pasó hasta medianoche buscando el calcetín rojo. Era de Tim. ¿A quién le importaba Tim? Ya estaba putrefacto. Tim y el abuelo se conocieron en la II Guerra Mundial mientras servían al ejército estadounidense, eran “los liberadores de judíos”. Vieron tanto sufrimiento y a la vez alegría que intentaban superar la situación uno con el otro, si Tim no tenía cigarrillos ahí estaba el abuelo para darle el uno o si uno lloraba porque quería ver a su familia iba el otro y contaba un chiste, así eran. Abuelo Hank siempre me dice que fueron el último suspiro de una gran desgracia, el momento catarsis, y deseaba haber combatido al principio de la guerra. Paso el tiempo y ninguno de los dos murió allí, sin embargo 10 años después Tim se fue del mundo apaleado por una psicópata prostituta, como no tenía familia contactaron con el hombre que salía junto a él disfrazados de militares en la fotografía de su cartera que tenía el mejor cuero de todo el país. Francis Donald Hank. El abuelo sin aparente razón decidió quedarse con los calcetines rojos que Tim llevaba puestos ese día. Parece mentira que no tenga ni una sola foto de la abuela y conserve aún esos calcetines del singular soldado Tim. Lo que no sabía por entonces el abuelo Hank es que 40 años después los perdería por su propia culpa.
    Era increíble verlo en ese estado de locura, rebuscando por toda la villa con un ejército notable de criados a sus espaldas. Pero ni rastro del calcetín rojo.
    Lo malo de haberme criado con él es que no sabes distinguir lo real de lo irreal, el cielo del infierno, el amor del odio. Tantas historias inventadas que acabas sin saber en que creer… y sinceramente esta de ese tal Tim no sonaba muy verídica. Viviendo con él te acabas dando cuenta de que en todas sus anécdotas él acaba siendo el heroico protagonista, como por ejemplo la de la máquina de escribir que se la regalaron por haber salvado de un atraco a una tienda de antigüedades. Egoísmo, quizás soledad o como Don Quijote tenía expectativas de vivir otra vida.
    Quince años de angustia a su lado da de sobra para saber sus puntos débiles y de una vez por todas quería empezar a divertirme, y que menos que hacerme un moderno guante rojo con el viejo calcetín.

    Escrito el 17 mayo 2017 a las 14:49

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