¿Sabes en qué tiempo verbal está escrita la última novela que leíste? Si te lo pregunto así, en frío, es muy probable que tengas que pensarlo un momento, o que directamente no te acuerdes. Y es normal, porque el tiempo verbal suele pasar desapercibido. Está ahí, haciendo su trabajo, pero casi nunca lo notamos de una forma tan evidente, como a lo mejor sí sucede con el narrador.
Cuando escribimos, solemos prestar mucha atención a quién cuenta la historia. A veces nos decantamos por el narrador en primera persona porque necesitamos crear una cercanía con el lector; o puede que prefiramos un narrador en tercera persona equisciente porque nos ayuda a separarnos del personaje a la hora de contarlo. Aunque a veces es una decisión personal más que técnica —elijo este narrador porque es el que me pide la historia o con el que yo me siento más a gusto—, creo que se nota más a simple vista los cambios que produce en la historia contarla de una u otra manera, y cómo la elección del narrador modifica el relato.
Con el tiempo verbal, en cambio, no solemos tener esa misma claridad. Lo normal es que tendamos a escribir la historia en pretérito o pasado, porque es lo más frecuente, lo que hemos leído toda la vida y lo que, de alguna manera, sentimos como “lo natural”. Pero a veces (y esto seguro que también te ha pasado) la historia empieza a pedirte otra cosa. A mí me ocurrió con una novela en la que, sin saber muy bien por qué, había escenas que mi instinto me empujaba a escribir en presente.
Hasta entonces, todos los textos de ficción que había escrito estaban en pasado. El presente lo usaba en guiones, claro, pero eso es distinto porque el guion es un documento técnico en el que se exige el uso del presente y no tiene nada que ver con un texto literario. Así que, cuando me encontré con esa sensación de “esto tiene que ir en presente”, me di cuenta de que me faltaba algo importante: no entendía de verdad qué estaba cambiando, qué efecto producía y por qué mi cabeza lo pedía justo en esos fragmentos.
Y ahí fue cuando empecé a investigar, a fijarme en el tiempo verbal en los libros que leía, a comparar escenas, a buscar qué estaba haciendo el presente que no hacía el pasado (y al revés). Podría haberle hecho caso a mi instinto y tirar millas, pero soy un poco tiquismiquis con estas cosas y me gusta siempre saber por qué estoy tomando una decisión y tener evidencias que me aseguren que esa decisión es la correcta.
Por si a ti te pasa lo mismo que a mí, en este post voy a explicar las principales ventajas y desventajas de escribir un relato en presente, con algunos ejemplos de novelas que los utilizan.
¿Por qué escribir una historia en presente?
Escribir una novela o un relato en presente suele ser más difícil que hacerlo en pasado (el tiempo al que estamos más acostumbrados en narrativa), pero también puede darte algo que el pretérito no ofrece con la misma facilidad: inmediatez.
El presente hace que la escena parezca estar ocurriendo delante del lector, como si no hubiera distancia entre lo que vive el personaje y lo que leemos. Marca una gran diferencia frente a escribir en pasado y es la sensación de que el futuro aún no está escrito; todo puede pasar. O, lo que es lo mismo, genera una mayor incertidumbre, aumenta la tensión, acelera el ritmo y potencia la sensación de estar “dentro” de la historia. Al leer una historia en presente sentimos que el personaje no sabe lo que va a pasar y, por lo tanto, el lector percibe el texto como un relato que no está cerrado. Todo puede ocurrir.
Este tiempo verbal funciona muy bien en historias donde lo importante es la tensión del momento: thrillers, terror, escenas de peligro o persecución, relatos psicológicos en los que quieres que el lector se meta mucho en la mente del personaje y sienta las decisiones en tiempo real…
También es un tiempo verbal interesante si la trama transcurre en un periodo de tiempo corto —horas, días, una etapa muy concreta—, porque refuerza esa sensación de “estoy aquí y esto está pasando ahora”.
¿Por qué escribir una historia en pasado?
Aunque seguro que te suena genial todo lo que te acabo de contar, lo cierto es que escribir en presente no está exento de peligros y desventajas. Es una forma verbal más difícil de manejar, y puede que no salga como esperamos si no la manejamos con cuidado.
Escribir en presente exige más precisión, más control del ritmo y precaución para no caer en la monotonía o en la antinaturalidad. Por ejemplo, hay que vigilar cómo hacemos las descripciones o presentamos una situación si lo contamos en un narrador en primera persona del presente para que no suene extraño o falso. Escribir en presente no consiste solamente en cambiar el tiempo verbal; algunos fragmentos tendrás que adaptarlos para contarlos de un modo u otro.
Por otro lado, escribir en pasado suele ser la opción más “invisible”, y eso es una ventaja enorme: el lector entra sin darse cuenta del mecanismo, sin fricción. Es el tiempo verbal al que estamos más acostumbrados en narrativa, así que rara vez distrae o llama la atención. Además, el pasado transmite una sensación de historia ya asentada, como si alguien te estuviera contando algo que ocurrió y que puede ordenar, seleccionar y darle forma. Esa distancia (aunque sea mínima) también puede aportar calma, perspectiva y una lectura más fluida, incluso cuando pasan cosas intensas.
Y, en lo práctico, el pasado es muy agradecido: facilita los saltos temporales, los resúmenes y las transiciones sin que chirríen. Si tu historia abarca meses o años, si necesitas hacer elipsis, cambiar de escenario o seguir a varios personajes, el pretérito suele sostenerlo con naturalidad. No significa que sea menos inmersivo —puede serlo muchísimo—, pero su fuerza está en que te deja contar con amplitud y control, sin que el tiempo verbal se convierta en protagonista.
Ejercicios prácticos
Si aún no tienes claras del todo las diferencias entre un tiempo verbal y otro, prueba este ejercicio: ve a tu estantería, escoge una novela cualquiera y ábrela por una página al azar. Lee unos cuantos párrafos tal y como están escritos y, después, vuelve a leerlos haciendo el esfuerzo mental de pasarlos al otro tiempo verbal. Algunos fragmentos te sonarán raros —hay frases y construcciones pensadas para un tiempo concreto y, al cambiarlas, se rompen—, pero en la mayoría de casos el experimento te servirá para empezar a notar esas diferencias sutiles: cómo cambia la distancia, el ritmo y la sensación de estar “dentro” o “fuera” de la escena.
Otro ejercicio muy recomendable —si no lo haces ya, que puede que sí— es que te fijes en cómo y desde dónde están escritos los libros que lees. Aprender a leer como escritores y no solo como lectores forma parte del oficio. Así que la próxima vez que abras una novela o un libro de relatos, presta atención también al tiempo verbal. Observa qué sensación te provoca: si te mete dentro de la escena o te la cuenta desde cierta distancia, si acelera el ritmo o lo vuelve más pausado, si notas que todo puede pasar o te parece que el relato ya ha ocurrido. Y, si puedes, haz una pequeña nota mental: ¿crees que la misma escena funcionaría mejor en el otro tiempo verbal o ese es el correcto?
Ejemplos de historias contadas en presente
Por si quieres ver algunos ejemplos concretos de historias contadas en presente, te dejo aquí una pequeña lista de novelas en este tiempo verbal:
El amante, de Marguerite Duras. Aunque la autora alterna tiempos verbales, usa el presente para momentos clave de mayor intensidad.
Los juegos del hambre, de Suzanne Collins. Narrada en primera persona y en presente, lo que refuerza la sensación de urgencia.
La trilogía Reina Roja, de Juan Gómez Jurado es el mejor ejemplo de thriller contemporáneo en el que el presente acelera la acción y mantiene la tensión escena a escena.
Las sirenas, de Emilia Hart. Cuenta una historia en diferentes épocas y con varios personajes femeninos: el presente se utiliza para lo que ocurre en la actualidad y el pasado para lo que ya terminó. Ese juego ayuda mucho a situarse y a notar el contraste entre líneas temporales.
La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr. Una novela histórica maravillosa, de ritmo contenido pero tenso, en la que el presente nos acerca al pasado y nos da la sensación de estar acompañando a los personajes en tiempo real. Es una elección de tiempo verbal estupenda para hacernos vivir la historia de una forma más intensa.
El cuento de la criada, de Margaret Atwood. Aquí el presente encaja a las mil maravillas con la voz confesional y claustrofóbica de la narradora; sentimos que es una experiencia vivida mientras sucede.
¿Y qué pasa con el futuro?
Si has llegado hasta aquí puede que te estés preguntando si existen otros tiempos verbales para contar una historia además del pasado y el presente; concretamente, el futuro. ¿Se puede contar una historia que aún está por suceder? Pues lo cierto es que, aunque no es lo más habitual, sí puede usarse, sobre todo en fragmentos puntuales para conseguir efectos muy concretos.
Pero esto es ya otra historia que da para un nuevo artículo, así que lo dejamos aparcado para la siguiente publicación y, de momento, nos quedamos con el pasado y el presente, que ya tiene mucho trabajo para analizar.
Conclusiones
¿Y tú? ¿Sueles fijarte en el tiempo verbal cuando lees o escribes, o es algo en lo que no piensas hasta que te lo señalan? ¿Qué tiempo sueles emplear en tus historias? Y si conoces más ejemplos de novelas o relatos escritos en presente, ¡déjalos en comentarios! Me encantará ampliar la lista de lecturas con vuestras recomendaciones.
Comentarios (9):
Otilia
14/01/2026 a las 10:53
Buenos días, Iria, ante todo gracias por tu trabajo estupendo que nos regalas.
Para mí, el tiempo verbal más sencillo al escribir es el pasado. Iria, en una novela ¿se pueden mezclar dos tiempos verbales?
Por ejemplo, en Pua de Lorenzo Silva el narrador está en primera persona y ¿el tiempo verbal?
Muchas gracias.
PROYMAN1
14/01/2026 a las 15:58
Con la idea del relato en la cuartilla el desarrolo te puede llevar a cualquuer tiempo.Eso si el escrito ya debe desarrollarse en la cuartilla.
Es mi sistema.
Saludos a todos.
Hugo
17/01/2026 a las 00:22
Hola Literautas:
Gracias Iria por esta esta entrega.
Mi respuesta es sí, suelo fijarme en el tiempo verbal cuando leo; y con respecto a la escritura, me siento más cómodo narrando en pasado. Para mi es el tiempo natural de la narración. Cuando escribo algo en tiempo presente tengo revisarlo muchísimas veces y siempre se me escapa algo en tiempo pasado.
Aporto dos novelas y un cuento a la lista de relatos narrados en presente:
Ser feliz era esto – Eduardo Sacheri.
La sonrisa etrusca – José Luis Sampedro.
Ante la ley – Franz Kafka (Cuento)
Saludos y feliz año.
Viva_la_escritura
17/01/2026 a las 17:02
Hola Iria,
Me gustaría hacerte una pregunta. Soy menor de edad y escribo relatos, cuentos y novelas. Me gustaría participar en algún concurso, porque me anima escribir con un tiempo límite de entrega, pero la mayoría de ellos son para mayores de 18 años. ¿Podrías recomendarme algún concurso en el que inscribirme?
Muchísimas gracias
Dante
17/01/2026 a las 22:20
¡Hola a todos! Gracias Iria por este artículo tan interesante. La cuestión del tiempo verbal a la hora de escribir y de narrar es fundamental (separo escribir y narrar porque la narración puede ser oral y la escritura puede no consistir en narración: en uno u otro caso si uno escribe o narra apurado y después reflexiona puede darse cuenta de cómo la incoherencia de tiempos verbales puede enturbiar el mensaje. Es posible que el destinatario lo entienda, pero seguro que perderá en claridad y belleza. Y tampoco puede descartarse que esos errores siembren confusión en el mensaje).
Este tema tiene una relevancia central porque hace a la prolijidad, a la belleza, a la claridad. Realza la historia y la manera de contarla y hace que llegue al lector y, tal vez, que deje alguna huella en él.
Con respecto al efecto de cada tiempo verbal no voy a extenderme, ya que el post es más que completo y certero.
Me parece interesante la pregunta de Otilia y me ha hecho reflexionar: “en una novela ¿se pueden mezclar dos tiempos verbales?”
Creo que el inicio de la respuesta (o intento de respuesta) es el siguiente: quizás el verbo más atinado no sería “mezclar” sino “utilizar” o “integrar”.
La “mezcla”, según que se entienda por ella, puede dar idea de lo que no debe hacerse. Por ejemplo: “Este es el momento en que Juan decidió que irá a casa de María”. En esta oración sí que hay una mezcla: presente (es) + pretérito perfecto (decidió) + futuro (irá). Esta oración es absolutamente incorrecta. Una manera de corregirla es unificar en pasado y utilizar un infinitivo: “Ese fue el momento en que Juan decidió ir a casa de María”. (Hay otra manera de corregirla, pero implicaría usar otro tiempo más y no nos sirve para el ejemplo).
Podríamos decir que la “regla” es la UNIDAD de tiempo verbal: si se empezó en pasado, se termina en pasado. Si se comenzó en presente, se termina en presente.
Sin embargo, ajustando un poco el “microscopio”, aún dentro de esa misma unidad, ya se usan distintos tiempos verbales o variantes de tiempo verbal.
En este sentido, si narrás en pasado que suele ser, no usás un solo pasado. Para decirlo de modo simple: en toda narración en pasado es casi seguro que se van a usar tres y muchas veces en la misma oración o párrafo. Vamos con una variación del ejemplo anterior: “A las cuatro de la tarde, mientras caminaba hacia el norte, Juan decidió ir a la casa de María. Poco antes a la mañana de ese mismo día, había comprendido que era lo correcto”.
Este pequeño párrafo está en pasado. Su coherencia verbal es total, y, sin embargo, no usa la misma clase de pasado: “caminaba” (pretérito imperfecto –acción en curso en el pasado-) “decidió” (pretérito perfecto –acción que se agota en sí misma-), “había comprendido” (pretérito pluscuamperfecto –acción pasada anterior al pasado que se narra-) y “era” (al referir a lo correcto, hace las veces de un “presente” invariable, que permanece y, por lo tanto como no se agota sino que continúa, corresponde el pretérito imperfecto).
A lo que voy es que aún manteniendo una unidad férrea en lo macro (pasado) es casi seguro que utilizaremos más de un tiempo o sub clase de tiempo verbal.
Quizás en presente sea más sencillo comprender la unidad porque, en principio, no se utilizarían subtipos. Volviendo al ejemplo: “Este es el momento en el que Juan decide ir a casa de María”.
Teniendo en clara esta “regla” de la unidad, lo que creo que puede operar como guía para salir de la “regla” y entrar en las excepciones virtuosas o válidas es tener en claro el marco temporal de la ACCIÓN (con mayúsculas –en sentido de trama o de lo que sucede en general-) y de las acciones (lo que hacen los personajes y cuándo lo hacen).
Tal como acontece en la vida, en la ficción hay hechos que suceden antes y otros después, y los que sucedieron antes inciden en los que suceden ahora y a su vez, éstos influirán en el futuro.
Entonces lo que es necesario es distinguir secciones o partes en los que esto va sucediendo: en una parte la acción puede estar en pasado, en otras en presente, y en otras estar abierto al futuro.
A su vez, a la hora de analizar la integración de los tiempos verbales, no hay que perder de vista que al hablar o al narrar no usamos un solo modo: utilizamos el indicativo, el subjuntivo y el imperativo. Y en cada uno de esos hay presente, pasado y futuro.
Así que la unidad nunca es rígida, pero es un principio que ayuda a mantener la coherencia y la claridad del futuro.
Vuelvo entonces a eso de dividir por secciones o partes, que pueden estar marcadas o no. En un relato o cuento es más difícil y en general no recomendable, pero posible. En una novela es absolutamente posible.
Empiezo por el relato: en un relato de esta edición de Literautas fui imaginando una historia (en realidad, en base al disparador fui “viendo” el lugar, ya que era una estación de tren real –una de las consigna era la estación de tren-. Después dejé la brújula y usé el mapa y planifiqué cómo sucedía todo. Y ahí me di cuenta que el relato de la narradora protagonista debía arrancar en presente: tiene una familia, el calor de un hogar. Un regalo que reciben sus hijos (un tren de juguete que les trajo su abuela –la madre de la protagonista) le dispara el recuerdo. Y ahí del presente pasa al pasado. Ese pasado, básicamente, consistía en un día frío de un invierno cuando al volver de trabajar le pesaba su soledad (se comparaba con sus ex compañeros de la secundaria y quería evitar un encuentro con ellos) y la indiferencia social y por atender un llamado en un teléfono público (la otra consigna obligatoria) y ser fiel a sus valores y a su profesión, terminaba con un encuentro que la convirtió en madre de dos seres bastante particulares… Y al final, aunque contado en pasado, había un mensaje de whatsapp transcripto en presente, que es una invitación a ir juntos a esa reunión de ex compañeros que quería evitar. Ese final, en pasado, era un “trampolín” al futuro dentro del que se inscribe el presente en el que inicia el relato (donde ese ex compañero –el emisor del mensaje con la invitación-, aunque no se lo nombra aparece como padre de sus hijos).
Es una estructura si se quiere circular y tiene que ver también con la clase de inicio del relato: entre “in media res” y “extrema res”.
De lo que se puede sacar una conclusión: si el relato empieza “in extrema res” o “in media res” la posibilidad de integrar distintos tiempos verbales será mayor y puede que enriquezca la trama, y si comenzara “ab ovo” (desde “el huevo”, desde cero) esa factibilidad será menor. Aquí es donde comienzan los problemas. Porque si empezamos con el clásico “Había una vez…” será difícil salir del pasado. O lo mismo si comenzamos en presente y la línea temporal parte de un punto y se extiende hacia adelante.
En una novela, además de este “truco” de la clase de comienzo tenés un montón de libertades por la extensión.
Una de ella es que podés cambiar el punto de vista o narrador, lo que no solo tendrá que ver con quién cuenta sino también con cómo, desde dónde y cuándo lo cuenta. Siempre que la distribución de los capítulos sea clara y se advierta quién es el que narra, puede haber distintos tiempos verbales. (En un capítulo puede haber un narrador, y en otro otro, e ir alternándose).
No me viene a la mente ahora un ejemplo concreto, pero podríamos imaginar una novela, un drama familiar. Supongamos que es una novela un tanto coral, más allá de que la protagonista y personaje principal fuera una chica. Llamémosla Ana.
Ana puede contar en presente, sus padres en presente o pasado (según los hechos) y sus abuelos en pasado. Y en este pasado pueden estar las semillas de los hechos relevantes que ocurren en la trama principal (presente) que afecta a Ana, la protagonista.
Eso sí: en principio este recurso te va a servir si los narradores son a su vez personajes: protagonistas o testigos. Lo veo más difícil con un narrador testigo impersonal, con un tercera persona equisciente o con tercera persona omnisciente.
Otro recurso es el del recuerdo. Un personaje, desde un momento determinado recuerda lo que ocurrió en un pasado. Esto vale tanto si la narración principal está en pasado como si estuviera en presente.
Aquí sí me viene a la mente un ejemplo y perdón que incluya “spoilers”. Los evitaría si no fuera que en ellos reside la maestría del autor que contesta la pregunta sobre la que estamos reflexionando.
Me refiero a “Estudio en escarlata”, una novela de Arthur Conan Doyle. Es la novela donde Sherlock Holmes aparece por primera vez. En cuanto a lo que nos interesa en la estructura, se divide en dos partes. En la primera, el Dr. Watson –narrador testigo- nos presenta a Sherlock Holmes, cómo se da la relación con él y también el caso (cuando llegan a la escena del crimen, además de las pistas que Sherlock observa, se detiene en la palabra “Rache”: venganza en alemán) y cómo Holmes va deduciendo y atando los cabos hasta dar con el culpable: Jefferson Hope. La segunda parte es una confesión de Jefferson Hope donde cuenta un pasado anterior. Donde cuenta cómo le fue quitada Lucy Ferrier, la mujer que amaba y le correspondía, y cómo Lucy murió de pena y tristeza después de que unos mormones asesinaran a su padre, tras ser forzada a casarse con uno de los hombres que causaron su desgracia. Su historia es el motivador principal para la venganza de su amante, Jefferson Hope, quien busca asesinar a los responsables, Enoch Drebber y Joseph Stangerson. Por último, en el capítulo final, Holmes conecta ambas historias y presenta a Watson –y por extensión al lector, que ve la historia a través de sus ojos- la resolución del caso.
De este modo, el autor combina el clásico misterio detectivesco con una historia de aventura y amor, y logra esa alquimia particular gracias a mostrar dos clases de pasado.
Si bien Watson narra en pasado, si lo hubiera hecho en presente, el efecto sería el mismo: la historia que opera como detonadora de la principal, ocurrió en un pasado anterior.
Así que para contarla hubiéramos necesitado dos narradores y dos tiempos verbales.
Podés encontrar otro recurso en la estructura de la historia que también tiene que ver con narradores: el llamado efecto Rashomón. Es una estructura donde varios personajes tienen distintas perspectivas sobre un mismo hecho. Esas perspectivas pueden ser contradictorias o distintas y el lector tendrá un cuadro completo, y no siempre, cuando las integra a todas. Aquí podrían narrar cada uno desde su presente y referir al pasado y luego volver al presente donde se verá el efecto que aún produce ese pasado.
Finalmente, el otro recurso que ayuda a integrar presente, pasado y futuro es el diálogo cuando se lo reproduce en forma directa (con raya o comillas): el hablante siempre habla en presente (aún cuando la acotación señale “Juan dijo”, “María respondió”). Y en lo que dice puede referir al pasado (por ejemplo cómo conoció a alguien), al presente (por ejemplo, lo que siente en ese momento por esa persona que conoció) y al futuro (por ejemplo, los planes que tiene o curso de acción que seguirá).
En conclusión, creo que la respuesta no está en decir “sí” o “no” se pueden mezclar tiempos verbales sino en tener en clara la estructura temporal de la historia (más allá de cómo se termine contando) y los recursos que se emplearán para que la narración sea clara y coherente. Eso permitirá integrar los distintos tiempos verbales al servicio de la intención narrativa. Por lo que, desde este punto de vista, sí se podrían integrar distintos tiempos verbales en una misma narración, siempre que se obre con plena conciencia y prudencia, y eso será más factible en novelas que en relatos o cuentos.
¡Saludos!
Carlos Tabada
19/01/2026 a las 14:21
Hola Iria, creo que me resulta más fácil escribir en modo contemplativo-pasado que presente-enérgico, y creo que es porque no soy ningún lince a la hora de determinar la causa-efecto. Esto es una limitación, claro, porque por mucho que quiera engañarme esa causa-efecto a menudo no es, a falta de otra palabra mejor, profunda, y a la hora de narrar pierdo parte de la conexión con un lector que asuma sin problemas esa inmediatez. Por otra parte y sin ánimo de ofender, me cuesta conectar con esos libros en los que alternan capitulo “emocionante” en presente con capitulo “explicativo” en pasado, no se, se supone que tengo que mantener en mi memoria dos libros a la vez
hasta que 200 páginas más allá conecte la aficion por el deporte con un chándal de Papá Noel?. Ojo, me refiero a los que la propia estructura de la novela es esa, no a los casos en que algo del pasado toma sentido, como el rosebud de Kane.
Daniel Calleja
13/02/2026 a las 00:05
Hola, un breve comentario. Por lo general mis relatos son en pasado y con narrador protagonista. Las menos con un narrador omnisciente. Pero como terminé de leer una excelente novela escrita en presente (“Holly” de Stephen KIng) hace unos días, me desafié a escribir mi relato para el reto en ese tiempo verbal. Creo que quedó bastante bien, pero juzgar la obra propia con objetividad es imposible. Nos seguimos leyendo.
Juan
13/02/2026 a las 12:27
Buenos días Iría: La verdad es que antes no solía pensar en el tiempo cuando escribía hasta que me lo señalaban. Incluso, cambiaba de tiempo en el mismo relato. Ahora me fijo más. Me surgió un a duda, no sé si razonable o no , pero duda: ¿se puede escribir un relato en presente usando un narrador testigo?
Iria (Literautas)
18/02/2026 a las 11:14
Otilia, sí se pueden siempre que no lo hagas en un mismo capítulo/escena. No he leído Pua, pero en los ejemplos que incluyo en el artículo hay alguno que mezcla los dos tiempos verbales. En Las sirenas, de Emilia Hart, el presente se utiliza para lo que ocurre en la actualidad y el pasado para lo que ya terminó
Viva_la_escritura, si eres menor de edad y quieres participar en certámenes literarios, lo mejor es que busques aquellos que están dirigidos a tu franja de edad. Será más seguro y justo también, ya que competirás con escritores en un nivel más similar. En escritores.org tienen una base de datos muy completa y actualizan con frecuencia cuando hay nuevos certámenes.
Carlos, entiendo lo que comentas, pero yo creo que no se trata de mantener dos historias en tu cabeza a la vez, sino de contar una única historia en distintos tiempos, pero que se complementa y en la que el tiempo verbal es un recurso para ayudarte a entender mejor las piezas del puzzle. Pero, por supuesto, depende mucho del libro y de cómo esté escrito. Y también de los propios gustos, claro.
Juan, sí que se puede. Un ejemplo maravilloso de narrador testigo en presente es La colmena, de Camilo José Cela.
Un abrazo a todos y gracias por vuestros comentarios.