Después de varios meses dedicando todo el tiempo posible a planificar y escribir una novela, hace unos días terminé, por fin y (casi) dentro del plazo que me había marcado, el primer borrador. Más adelante os hablaré con calma de la experiencia en nuevas entradas del blog, pero hoy quiero detenerme en algo muy concreto del proceso que, aunque no siempre se da, en esta novela ha sido una constante: ese momento en que un personaje se vuelve caprichoso.
Como muchos ya sabréis, yo soy una escritora a la que le gusta planificar mucho antes de escribir una historia. Dentro de los tipos de escritor que existen, me he movido siempre entre el estratega y el cartógrafo, aunque tiendo más al primero que al segundo. En esta novela, sin embargo, a pesar de tener todas las tramas atadas de antemano, me vi obligada a reestructurar algunas partes sobre la marcha y a cambiar ideas que ya tenía claras, todo por culpa de un personaje.
No era la protagonista ni uno de los personajes más importantes. Se trataba de una secundaria con una función clara en la historia, pero con un carácter fuerte y voluble. Era un personaje que me resultaba interesante y que tenía ganas de escribir, pero pronto descubrí que ella prefería ir por libre.
Cada vez que me tocaba una escena con Isabel (así se llama el personaje en cuestión), empezaba a escribir y, de pronto, en medio de un diálogo o de una acción, me daba cuenta de que ella quería hacer justo lo contrario. Parecía pedírmelo a gritos, como si lo que yo había pensado no encajase con su carácter.
Así que decidí hacerle caso y ver a dónde quería llevarme. Reajustaba la historia para esta nueva decisión, marcaba un nuevo camino y, de pronto, a ella parecía ocurrírsele otra cosa. Fue algo que me hizo, por lo menos, unas cuatro veces en momentos clave de la narración, incluido el final.
Por eso he pensado en compartir esta experiencia con vosotros, a colación del post sobre los tipos de escritor que publiqué hace unas semanas. Porque, a veces, aunque creamos tenerlo todo atado y bien atado, aunque planifiquemos hasta el más mínimo detalle, las cosas pueden cambiar durante la escritura. Sobre todo si, como me ha ocurrido en esta ocasión, os topáis con un personaje caprichoso.
Cuando bocetamos o planificamos una historia, lo que tenemos entre manos es, al fin y al cabo, un esquema: una especie de armazón general que luego, al poner todos los engranajes en marcha, puede revelar que no funciona exactamente como habíamos pensado. Es algo que he visto muchas veces en mi trabajo como guionista, sobre todo al llegar a la fase de trabajo con actores. Hay personajes que sobre el papel parecían ir en una dirección, pero, al llevarlos a la práctica, aparecen matices que acaban transformándolos. Y, con ellos, también cambia la historia.
Esto, en el fondo, no tiene por qué ser algo malo. Más bien al contrario: puede ser una muestra de que la historia está viva, de que el personaje se ha vuelto más orgánico, está creciendo e intenta actuar de forma coherente. Si Isabel me pedía que fuese por otro camino, quizá se debía a que por fin había conectado con ella y me había dado cuenta de que lo lógico, lo que haría ella en realidad, era algo distinto de lo que yo había pensado en un principio.
Y aunque me ha complicado un poco más la vida y en la revisión tendré que reajustar y reescribir más de lo que me gustaría, creo que ha merecido la pena escucharla, porque me ha llevado a explorar el tema desde un punto de vista nuevo y a dar más profundidad a alguna de las tramas.
Y vosotros: ¿también os encontráis de vez en cuando con personajes que tienen sus propios planes? ¿Les permitís entonces que tomen el control de la historia? ¿O preferís manteneros firmes y que las cosas pasen como habíais pensado?
Ccomentarios (1):
Otilia
07/04/2026 a las 11:18
Hola, Iria, gracias por tu espléndido trabajo. Me habían comentado algunos escritores que los personajes les llevaban a sitios que no habían pensado y nunca los creí hasta que empecé a escribir. Hoy en día todavía me parece imposible, pero sucede y hay que tener cuidado con ellos.
Saludos