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La Bruja - por J.P. García

Decidí visitar a la bruja, no me quedaba otra opción. Durante todo el día su imagen me había perseguido, como un mal augurio. Aunque lo más correcto quizás sería decir que la había perseguido yo a ella, no estaba en mis planes, pero así había ocurrido. Y aquí estaba, al principio del camino de tierra que lleva hasta su puerta. Desde mi posición podía ver una delgada columna de humo gris que ascendía de forma irregular, como danzando, desde su chimenea. Así que "ella" estaba en casa, que suerte la mía.

Lo cierto es que ese día, al levantarme y salir a la luz del amanecer no me esperaba acabar el día enfrentándome a la bruja. Pero todo cambió cuando me dirigía al mercado local. Tenía que comprar varios artículos, algo de pescado fresco y algo de fruta, no mucha, pero si lo esencial, o al menos lo que yo considero esencial, no se, naranjas, manzanas rojas, algo de uva, lo decidiría cuando viese que había, no quería que estuviese la fruta muy madura, a ver si me aguanta un poco más que la última vez. Pero con este calor la fruta no dura mucho. Luego simplemente daría una vuelta por el resto del mercado, adoraba esa mezcla de olores que casi podías saborear, acompañados del murmullo de voces comprando y vendiendo.

En todo esto estaba pensando cuando un poco más adelante, por un callejón a mi izquierda, salió una mujer y se dirigió en la misma dirección que yo, probablemente también iba al mercado, era lo normal en un sitio donde sólo tienes mercado una vez a la semana. Me paré en seco, al igual que mis pensamientos, no podía ser, era ella, era la bruja, pero, ¿como era posible que estuviese aquí?, nunca la había visto por aquí, y menos a esta hora. No sabía que hacer, si dar media vuelta o hacer como que no la había visto y seguir mi camino esperando que ella no me viera. Nuestro último encuentro no había sido muy alegre, había sido hacía algún tiempo ya, fue una batalla épica, una pelea de las que pasan a los libros de historia y se cuentan a los niños para asustarlos y que se duerman, una disputa que en su duración destrozó todo lo que encontró a su paso. Tal fue su magnitud que al finalizar, sin un claro vencedor, decidí tomarme un descanso, necesitaba recobrar fuerzas y replantearme la estrategia para acabar con esa maldición.

Y ahora ahí estaba la bruja, comenzando a pasear por las calles que los puestos ambulantes había creado en la plaza, pero aún no estaba preparado para enfrentarme a ella y menos toda aquella gente que se encontraba en ese momento en el mercado. Me sorprendía cómo era posible que ellos no viesen la maldad que se escondía en el interior de la bruja, cómo era posible que la miraran sin verla, sin saber quién era. Estoy convencido de que si supieran quién era y de lo que era capaz de hacer habrían salido corriendo y el mercado hubiese sido un caos. Por este motivo decidí no enfrentarme a ella y seguirla con disimulo, quería saber que hacía y donde iba, quería saber que tramaba y por qué había bajado hoy precisamente y a esta hora.

Pasé la mañana y parte de la tarde escondiéndome entre los puestos, espiando a la bruja a través de la multitud que compraba y los tenderos que vociferaban sus ofertas. No compré nada, únicamente la seguí entre los puestos de quesos, encurtidos o de carnes. Ella tampoco compró nada, iba de un puesto a otro, mirando los productos, en algunos momentos parecía escuchar las conversaciones y en otras hablaba unas palabras con algún comerciante. Seguía sin entender que hacía allí, pero un malestar y una desazón me subía por la espalda, aquello no podía traer nada bueno.

En algunos momentos la perdí de vista entre el gentío, y momentos después volvía a verla, otros la perdí durante más tiempo, como al final de la mañana, la estuve buscando durante largo rato pero no la encontré, lo que me impidió comer. No fue hasta principio de la tarde cuando volví a verla, de nuevo entre los puestos. Por último se fue del mercado por donde había venido, ya no la seguí. Pero tomé la determinación de enfrentarme a ella, de enfrentarme a la bruja.

Y tras un largo viaje aquí estoy, en la puerta de la casa de mi ex-mujer.

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