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Todo sucede de noche - por Mina Ohara

De repente abrió los ojos, sobresaltado. Se dio unos instantes para mirar a su alrededor y recordarse que se encontraba en su habitación. Se disponía a levantarse para ir a buscar un vaso de agua cuando notó que algo no iba bien. Al intentar mover la pierna, no pudo. Su cuerpo no respondía.

Respiró profundamente, y notó como el aire frío le entraba en los pulmones. Eso le alivió un poco, pero no durante mucho tiempo. Pensaba lento y no acertaba a llegar a ninguna conclusión sobre su situación.

Se quedó mirando el techo, el miedo lo paralizaba. Sentía angustia en el pecho. Parecía que el corazón le pesara el doble, y que tuviera que hacer un gran esfuerzo para producir cada latido, que notaba retumbando en las orejas. Su estómago se había encogido; cada vez que cogía aire notaba como si le faltara piel para ensancharlo y le dolía como si tuviera a alguien tirando de él.. El dolor sordo en la cabeza le hacía mantenerse concentrado en escuchar los latidos de su corazón. Lentos. Fuertes. Graves. Cogió aire otra vez y el dolor en su garganta seca, como si mil agujas frías la hubieran travesado, le hizo volver a las senaciones de su cuerpo.

Dado que no conseguía distraerse, se decidió a concentrarse en calmar su respiración. Intentó contar hasta cinco cada vez que cogía aire. Parecía que la temperatura de la habitación bajaba por momentos, pero él se encontraba tapado por las numerosas mantas con las que dormía. Tras varios largos minutos, consiguió serenarse, sólo un poco. Ya no le dolía tanto el pecho, pero la angústia seguía allí, instalada cómodamente. Siguió concentrándose sólo en el ritmo de sus pulmones.
Al cabo de lo que le pareció una hora, cuando ya estaba casi tranquilo, volvió a intentar mover algún músculo. Frustrado, vió que era inútil.

Se decidió a pasear la mirada por la habitación. Vió un brillo estraño en la esquina, y se concentró. Quería acercarse allí, peró lo único que consiguió fue cerrar un poco los ojos para forzar la vista a ver mejor. De repente, el brillo se movió, y se acercó hacia él. En un momento, se deshizo toda la calma que parecía haber conseguido. Volvió el intenso miedo, el dolor, la angústia. Intentó coger más aire y más rápido de lo que podía y empezó a marearse. El brillo se acercaba lentamente. Cuando lo tubo lo bastante cerca para verlo bien, abrió mucho los ojos y la boca e intentó gritar, pero parecía que se le habían secado las cuerdas vocales.

Era su hermano. La luna se reflejaba en el colgante que llevaba. Se lo quedó mirando fijamente, sin saber qué hacer. Su hermano se había ido de casa a temprana edad, sólo volviendo cuando tenía problemas o necesitaba dinero. Había hecho mucho daño a la família, y ningún miembro sabía exactamente qué hacía o a qué se dedicaba, pero corrían los peores rumores que uno podía oír. Algunos afirmaban que era un sicario. Llevaba muchos años sin verlo ni mantener ningún tipo de contacto.

Estubieron largo rato mirándose. Su hermano sonreía, tranquilo, expectante. Cuando se cansó de esos ojos miedosos que lo miraran, se decidió a hablar.
– Hola, hermanito. Llevo largo rato observándote, y tengo que decir que me has sorprendido. He llegado a creer que te calmarías y volverías a dormirte. Pero luego te has fijado en mí, me alegro de eso. Si no me hubieras visto, me habría ido con la sensación que me faltaba algo por hacer, y eso no me gusta. Yo siempre hago bien mi trabajo. ¿Hacía mucho que no nos veíamos, eh? ¿Sabes a qué me he estado dedicando estos años? A vivir la vida. Si, si, como lo escuchas. Hago pequeños trabajitos para gente importante, de esos que tienen problemas graves y no quieren ensuciarse las manos. ¿Y sabes? eso da mucho dinero. El otro día, vino a buscarme un cliente que acude a mí a menudo. Resulta que tiene ciertos conflictos con un proyecto que está desarrollando una empresa. Quería que yo acabara con el proyecto y con ganas de realizarlo. Sí, ése era tu laboratorio, yo también me sorprendí. No creas que te gurado rencor, no es nada personal. Pero tengo que seguir mi vida, tengo muchas cosas por hacer aún. Cuando empezé con esto, me deshice de mi vida anterior, y me ha ido bien. No mezclo el trabajo con los sentimientos, y por eso estoy dónde estoy. Adiós, hermanito.

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