Cookie MonsterEsta web utiliza cookies. Si sigues navegando, entendemos que aceptas las condiciones de uso.

Do you speak english?

¿If you prefer, you can visit the Literautas site in english?

Apuntes, tutoriales, ejercicios, reflexiones y recursos sobre escritura o el arte de contar historias

<< Volver a la lista de textos

Recuerdo - por Ana

Allí estaba, estático, inmóvil, firme, siendo el centro de atención del cruce, vigilando que todos circulen bien. Hacía diez años que no volvía y me daba miedo lo que fuera a encontrar porque sabía que había estado enfermo, pero parecía ser que los cuidados de mi hermano habían sido adecuados.
Sonreí al verlo, siempre era una alegría, muchos de los vecinos se quejaban de que era demasiado grande, pero es que se le había dejado crecer libre, a lo alto como debe ser, aunque por el lado de la carretera no había sido posible.
Siempre cuando camino hacia él recuerdo un día de hace mucho, mucho tiempo, tanto que ya me parece irreal, yo tendría cuatro años y avanzaba por la finca con mi pequeña mano recogida en la enorme mano de mi abuelo, “vamos a trabajar” me dijo, a mí siempre me gustaba trabajar con él. Mi abuelo era grande y fuerte, y para mí el hombre más listo de la tierra porque sabía hacer de todo, desde tallar cosas de madera a sembrar cualquier cosa y ocuparse de los animales como nadie.
En el extremo de la finca donde acaba para dar paso al cruce de la carretera estaba tirado un pequeño árbol.
“Es un laurel y lo vamos a plantar” me dijo mi abuelo a la vez que se ponía a cavar un agujero en la tierra con la pala que llevaba en la otra mano. Cuando lo tuvo listo puso el árbol de pie y en el hueco y lo cubrió de tierra, me puse a su lado y más o menos quedamos a la misma altura. “¿Este es mi árbol verdad abuelito?” le pregunté. “Claro es tu árbol”.
Y desde entonces creció grande y fuerte bajo los cuidados de mi abuelo, y yo también crecí. Al volver a verlo hoy me emociono, pues aquel instante ha quedado imborrable en mi memoria, como una estampa inmóvil, en la que el tiempo se hubiera detenido.
Hace diez años que mi abuelo no está y lo recuerdo ahora grande y fuerte, como mi laurel, el árbol de los triunfadores. Me acerco y le doy un abrazo, de algún modo siento que él también se alegra, y volvemos a ese día en el que estábamos reunidos los tres, y en ese momento sus raíces son las mías y mis brazos sus ramas, buscando el amor de la tierra y el sol de la vida, muy muy quietos en un breve instante eterno.

¿Te ha gustado esta entrada? Recibe en tu correo los nuevos comentarios que se publiquen.

Todavía no hay comentarios en este texto. Anímate y deja el tuyo!

Deja un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.