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"El lápiz mágico" - por Caciba

Seis meses después de que ocurriera, las lágrimas seguían sin inundar mis pupilas. Buscaba y removía en el rincón de mi memoria, a veces con desesperación, sin hallar aquello que anhelaba: una sonrisa, una caricia que me hiciera sentir un instante de felicidad, o una palabra amable que activase la autoconfianza de la que hoy tanto necesito. ¿Realmente no existían o las había sepultado inconscientemente?

Llevaba tanto tiempo entrenándome en resaltar sus defectos, que no estoy segura de que las instantáneas grabadas en mi mente junto a él no hayan sido más que el producto de mi imaginación atravesando el pequeño orificio de mis recuerdos, a modo de las imágenes invertidas de aquellas antiguas cámaras oscuras de fotos.

Creo que fue desde su último infarto cuando comencé a desdibujar nuestra relación, cuando me asusté tanto que se me hacía insoportable el solo pensamiento de su ausencia. Quizá he estado intentando sustituir un dolor por otro: el de su incomprensión, desde hacía demasiado tiempo, por el de la negación a prepararme para una nueva vida después del inevitable y fatal desenlace, que sabía no tardaría en producirse.

Buenos recuerdos…, lo intentaba, lo intentaba con todas las fuerzas que me quedaron después del desgaste emocional de los últimos años. Solo fue cuando comencé a confinar su intimidad en un baúl relegado al sótano cuando mi razón despertó. Allí estaba, enterrado bajo numerosos momentos de su vida: el lápiz.
Su lápiz azul, el que me dejaba para jugar a "familias" con el resto de mis lapiceros colegiales, y que tan bien me venía porque tenía en un extremo una pequeña goma de borrar que a mí se me antojaba un sombrero de copa; con el que me enseñó a dibujar caricaturas, exagerando algún rasgo o defecto. Lo vi claro en ese mismo momento, era exactamente lo que yo estaba haciendo en mi memoria. El lápiz desplegó su magia: al instante, se agolparon en mi mente todos aquellas maravillosas vivencias a su lado. Sí, los había … ¡Y muchos! La imagen invertida giró hasta plasmar la realidad que yo me había obcecado en disfrazar: el paisaje de mi infancia quedó perfectamente definido ofreciéndome la visión de una casita en medio de un prado que en primavera se llenaba de amapolas, el olor a tierra mojada, el ruido de mi bicicleta rodando sobre los charcos y la tierra húmeda, el sabor de las moras que recogíamos de las zarzas con los dedos teñidos de negro, su paciencia infinita a la hora de acostarme, su mirada llena de ternura cuando le contaba mis pensamientos, y su voz …, esa voz suave llamándome: " mi princesa".
Cerré los ojos y acaricié el lápiz pasando por todas las aristas, de arriba hacia abajo, tal y como él, mi abuelo, hacía. Volvió el lado más amable de mi vida que nunca debí haber intentado distorsionar.

Y las lágrimas inundaron mis pupilas.

4 comentarios

  1. 1. Dianet dice:

    Hola Caciba
    Tu relato esta lleno de nostalgia por la ausencia de alguien tan querido. Me gusta, felicidades.

    Escrito el 3 diciembre 2015 a las 11:16
  2. 2. Zory dice:

    Hola Caciba! Fui una de tus comentaristas anónimas. Tu relato es uno de los que mas me ha gustado este mes. Las descripciones son fantásticas, muy emotivas. Te felicito y espero que muchos mas puedan pasarse por acá a leer lo que hiciste este mes.
    Éxitos!

    Escrito el 3 diciembre 2015 a las 21:50
  3. 3. Caciba dice:

    Muchísimas gracias a las dos. Nunca había escrito un relato y me gustó la experiencia. Ahora tengo que aprender a comentar mejor los textos de mis compañeros. Gracias

    Escrito el 4 diciembre 2015 a las 00:09
  4. 4. Zory dice:

    En serio? Wao! pensé que tenias bastante experiencia porque escribes muy bien, la verdad me encanta!
    Nos leemos en la próxima y gracias por pasarte por mi relato.
    Éxitos!!!

    Escrito el 4 diciembre 2015 a las 16:51

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