Cookie MonsterEsta web utiliza cookies. Si sigues navegando, entendemos que aceptas las condiciones de uso.

Do you speak english?

¿If you prefer, you can visit the Literautas site in english?

Apuntes, tutoriales, ejercicios, reflexiones y recursos sobre escritura o el arte de contar historias

<< Volver a la lista de textos

Bajo el ala de los sombreros. - por Mª Jesús Hernando

La Favorita era la tienda más exclusiva y refinada de la ciudad. Y, además, la más próspera. En la España del hambre allí cubrían sus cabezas las gentes de orden y cartera, si no a rebosar, con los cuartos suficientes para sentirse distinguidos en medio la miseria.
Eliseo era hábil, muy competente por eso se había quedado allí. Aunque prefería trabajar al abrigo de miradas escrutadoras, atendía el negocio cuando el dueño se ausentaba. Lo hacía como si fuera el suyo propio. Sus manos, de dedos largos y afilados, mostraban calidades; su voz profunda y dulce recomendaba los modelos más favorecedores e invitaba a tocarlos suavemente para comprobar las texturas de los materiales.
La semana había ido bien, no se le había escapado ningún cliente, La última venta, dos borsalino de importación y un cloche de señora para unos artistas, había sido importante. Antes de pagar los clientes, complacidos por la compra, le habían preguntado por la “salud del amigo José”. Eliseo les envolvió con su sonrisa y eludió dar detalles.
−Bien, bien, está perfectamente. Muy ocupado buscando nuevos proveedores porque con la Guerra en Europa, es difícil conseguir buen género. Pronto volverán a verle por aquí.
Había pasado ya el plumero por las estanterías y recogido el género extendido… Estaba deseando terminar para abrir la puerta falsa que le llevaba a la vivienda de la trastienda donde el dueño le había prestado un pequeño cuarto cuando llegó con las manos vacías y la cabeza llena de imágenes amargas que deseaba enterrar. En su alcoba sin horizonte, tenía todo lo que quería en ese momento: un refugio donde pasar desapercibido e iniciar una nueva vida.
Estaba a punto de comenzar a abrillantar el viejo mostrador de caoba con un paño empapado en aceite de linaza, cuando le vio a través del cristal del escaparate. No tendría más de veinticinco años. La ropa sucia, desgreñado y delgado como un junco parecía murmurar algo. En los últimos tres días, aquel joven había llegado puntualmente a la hora del cierre, sin decidirse a entrar. Desde luego no era un cliente.
Sonó la campanilla.
−Buenas tardes –dijo el hombre desde la puerta con mucha cortesía.
Eliseo desconfiaba pero correspondió al saludo.
−Muy buenas señor. Estaba recogiendo ya, pero aún puedo atenderle.
−Oh gracias! Busco a Yosef –contestó con decisión el hombre clavándole los ojos
Eliseo hincó los pies en el suelo para no caer. Muy pocos conocían el verdadero nombre del dueño del establecimiento. Trató de mantener la calma mientras sostenía la mirada del desconocido para adivinar sus verdaderas intenciones.
−No sé de quién me habla –contestó con un hilo de voz.
−Lo sabe muy bien. Me han dicho que él podría ayudarme –insistió el recien llegado sin vacilar.
−Si busca un sombrero, desde luego, tenemos los mejores y más variados, de todas las partes del mundo. ¿Qué necesita?
−Necesito ver a Yosef –le apremió apretando la mano de Eliseo que descansaba sobre el mostrador.
− ¿Cómo ha llegado hasta aquí? –preguntó el dependiente con suspicacia.
Preguntaba para ganar tiempo, Eliseo no quería oír la respuesta. Había comprendido que aquel hombre había recorrido el mismo camino qué él seis meses antes. Era un fugitivo que corría por un laberinto tropezando una y otra vez con el horror y el miedo, en busca de una nueva identidad para huir lejos.
−Eso no importa… lo fundamental es esto –contestó el muchacho mientras se remangaba la camisa y descubría un tatuaje azulado con un número.
En los últimos meses Eliseo había preparado documentaciones limpias para varios compatriotas pero era la primera vez que tenía que decidir él. Siempre lo hacía Yosef y ahora no estaba. Cuando marchó con el último grupo no le había dado instrucciones sobre cómo actuar si se presentaba el caso.
Pasaban los minutos y los dos permanecían en silencio. El desconocido con su marca azulada a la vista de Eliseo y este dudando si pedirle que se bajara el pantalón para confirmar que podía dejarle pasar.
Lo desechó, la señal de su brazo era ya suficiente humillación como para añadir una más.
−Yosef –respondió por fin Eliseo− está de viaje. Hasta que vuelva puedes quedarte aquí, prepararemos tu pasaporte.
Bajó la persiana desde el interior, colgó el cartel de cerrado en la entrada y abrió la puerta de la trastienda.

¿Te ha gustado esta entrada? Recibe en tu correo los nuevos comentarios que se publiquen.

6 comentarios

  1. 1. beba dice:

    Hermoso relato. Muy bien captadas las emociones de los protagonistas en medio del horror. Muy buena trama y estilo elegante.

    Escrito el 18 agosto 2018 a las 15:35
  2. 2. Laura dice:

    Hola María José.
    En orimnera, gracias por tu halagûeño comentario a mi relato. Muchas gracias.
    Yendo al tuyo; muy bien llevado, con todas las dudas del dependiente en una situaciòn tan difìcil. Muchos la han vivido, todos con el corazòn pendiente, sabiendo lo que se jugaban si algo fallaba, si la persona frente a ellos era quien decía ser.
    Un par de oraciones me quedaron un poco extrañas,tal vez prisas por llegar a tiempo. Ellas son:
    – Estaba deseando terminar para abrir la puerta falsa que le llevaba a la vivienda de la trastienda donde el dueño le había prestado un pequeño cuarto cuando llegó con las manos vacías y la cabeza llena de imágenes amargas que deseaba enterrar.
    Es demasiado larga. Tienes mucha cacofonìa con deseando, vivvenda y trastienda. Creo que puedes cambiar:
    Deseaba llegar a su habitaciòn de la trastienda que el dueño le había prestado cuando había llegado con las manos vacías y la cabeza llena de imágenes amargas que deseaba enterrar.
    Igual me han quedado dos palabras que producen cacofonìa. Se puede seguir trabajando. Eliminè lo de la puerta falsa porque no sé si es tan importante en el relato. No creo que haya habido grandes problemas en que un empleado tuviese una habitacion en la misma tienda en esas èpocas.
    – eN esta oraciòn debes haber cortado y pegado y no pudiste volver a ella: La ropa sucia, desgreñado y delgado como un junco parecía murmurar algo.
    Creo que deberìa haber sido algo asì como: Tenía la ropa sucia, estaba desgreñado y delgado como un junco, parecía murmurar algo.

    Saludos.
    Hasta la pròxima propuesta.

    Escrito el 19 agosto 2018 a las 00:09
  3. 3. Mª Jesús Hernando dice:

    Gracias por vuestros comentarios Beba y Laura. Laura tomo nota de tus sugerencias. Un abrazo para ambas.

    Escrito el 19 agosto 2018 a las 10:21
  4. 4. María Jesús dice:

    Hola Mª Jesús: Gracias por pasarte por mi relato y comentar. El tuyo me ha gustado mucho, tiene buen ritmo y le has dado ese toque de intriga que te anima a seguir leyendo. Creo entender que la tienda oculta en realidad un refugio para judíos huyendo de la barbarie nazi ¿no? Este tipo de historias me gustan mucho. Has hecho un buen trabajo. Un saludo.

    Escrito el 19 agosto 2018 a las 10:59
  5. 5. Luis Ponce dice:

    Hola Ma. Jesús:
    Gracias por tus comentarios en mi relato.
    El tuyo tiene un fondo muy profundo que habla de una realidad que muchos desconocemos.Bien enfocado y resuelto.
    En el primer párrafo faltan un par de vocablos que podrían mejorar la redacción: ” las gentes de orden y cartera, si no a rebosar, con los cuartos suficientes para sentirse distinguidos en medio la miseria”.
    pero el tema está tratado con el vocabulario apropiado y tiene un ritmo atrapador.
    Te felicito.Nos leemos.

    Escrito el 20 agosto 2018 a las 00:22
  6. 6. M. S. dice:

    Hola.
    Me ha gustado mucho. Algún error de puntuación sin importancia que puede salvarse con un simple repaso.
    Gran trabajo.
    Nos leemos. Mi relato es #74.

    Escrito el 21 agosto 2018 a las 08:08

Deja un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.