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La ofensa - por Hugo

Siempre que paso por acá me acuerdo de la mujer que subió a la jardinera y desapareció en la niebla. Hoy se me hace patente porque la cerrazón es la misma.
Andamos despacio, no veo más allá de las orejas de mi alazán, que al tranquito sobón me lleva por el camino real de vuelta “pa las casas”. Llegamos al almacén de ramos generales -desde que ocurrió la desgracia dejó de ser la Pulpería del Salado y es solo un almacén-, paro a comprar yerba, tabaco y provisiones.

Aquella noche, había parado a tomar algo mientras esperaba que escampase la niebla. Hice un lugar entre los otros caballos y até las riendas al palenque.
―Ave María purísima― dije al entrar. No sé por qué saludé así. No era mi costumbre.
―Sin pecado concebida― respondieron los parroquianos, mecánicamente.
Me froté las manos cerca de las llamas del fogón, pasé por el mostrador a pedir una ginebra y me llevé el porrón a una mesa.
Entre el humo del tabaco negro vi caras conocidas y otras que nunca había visto, como la del que estaba con la guitarra, que parecía un gorila, no solo por la cara, también por el cuerpo. Empinó la botella de caña y con una cuarteta pidió rival para la payada. Recitó unos versos graciosos, el público se fue animando y desde una mesa del fondo se paró un petiso de ojos pícaros, que aceptó el desafío.
El gorila y el petiso, con una botella de grapa en el medio, se trenzaron. Comenzó el gorila con unos versos de Martín Fierro:
―”Con la guitarra en la mano
ni las moscas se me arriman;
naides me pone el pie encima,
y cuando el pecho se entona,
hago gemir a la prima
y llorar a la bordona.”
El petiso, con versos propios, le respondió que gustoso haría gemir a la prima pero que no quería ponerle el pie encima a nadie.
Entre estrofa y estrofa, calentaban el garguero con un trago. Los versos del gorila iban tomando un tono provocador, que el petiso supo eludir con picardía. Los parroquianos, entretenidos, consumían cada vez más. Vi que mi ginebra había bajado tres dedos. «Se habrá evaporado», me dije. Llené el vaso y la tapé por las dudas.
Se abrió la puerta; afuera del boliche parecía que se acababa el mundo: el abismo, la nada. Si no hubiera sido así, quizá esa mujer no hubiese entrado.
De frente no podía traspasar el umbral, se puso de costado y pasó. Escudriñó el lugar y amagó darse vuelta para salir pero afuera era peor.
―”Ballena…ndose” el boliche― dijo el gorila ante la risa de unos pocos y el silencio de los que nos había parecido una falta de respeto.
La mujer corrió con pasitos cortos hacia el mostrador, pidió un té de manzanilla y se quedó de pie, aferrada a la reja, mirando de reojo a los payadores.
Le tocaba recitar al petiso:
―Cuando vine de mis pagos,
”montao” en una mula lobuna,
vi muchas fieras negras,
pero como “usté” ninguna―. Le cantó al gorila para devolverle la ofensa que le había hecho a la mujer.
El golpe del respaldo de la silla contra el piso sonó como un latigazo cuando el gorila se paró y sacó el facón. El petiso desenvainó el suyo, que era más grande.
―Acá no quiero sangre―gritó el pulpero desde atrás del mostrador, amenazando con llamar a la policía.
―Lo espero “ajuera”, si no es cobarde―dijo el gorila.
Detrás salió el petiso y como en procesión los seguimos todos. Adentro quedaron el pulpero y la mujer.
Jamás olvidaré esa imagen esfumada: el gorila, con las piernas cortas, los brazos largos, el derecho levantando el facón a la altura del pecho y el cuerpo inclinado hacia adelante; y enfrente, el petiso con el poncho envuelto en el brazo derecho y el facón en la izquierda tratando de mantener distancia.
El gorila embistió primero pero el petiso esquivó el puntazo y le tajeó la cara. Al intentar retroceder, para salir del alcance del gorila, tropezó y cayó entre las patas de los caballos atados al palenque. Un pingo, asustado, tiró una patada que le pegó en la cabeza y lo dejó abombado, sin poder levantarse.
El gorila se le iba encima para darle la estocada final pero sonó un tiro y la bala le entró por la espalda. Cayó muerto.
― ¡Arre!― dijo la mujer desde arriba de la jardinera, azuzando al caballo.

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6 comentarios

  1. 1. kirjanik Maya dice:

    Hola, Hugo.

    Qué bien narrado tu relato, es ameno de aire muy popular.

    El final del relato, me parece que le faltó intensidad.

    Pero es solo mi humilde opinión.

    Saludos y hasta el próximo taller.

    Escrito el 18 febrero 2019 a las 13:58
  2. 2. Romina Eleonora Mc Cormack dice:

    Buenas, Hugo!
    Me gustó el relato principalmente por la intertextualidad con el Martín Fierro. Exceptuando por el desenlace que es una interesante vuelta de tuerca al “vaca…yendo gente al baile”. La revancha bien podía ser femenina.
    No sabía que la ginebra se tomaba en porrón. Pero no sabía tantas otras cosas.
    Creo que formalmente no hay correcciones necesarias. De hecho, fue un placer la lectura.

    Saludos!

    Escrito el 18 febrero 2019 a las 16:24
  3. 3. HUGO dice:

    Gracias kirjanik Maya, me alega que te haya gustado. Es probable que tengas razón con respecto al final, pero utilicé las 750 palabras y no podía extender el relato.
    Saludos.

    Escrito el 18 febrero 2019 a las 18:08
  4. 4. HUGO dice:

    Hola Romina:
    Me alegró tu comentario sobre la intertextualidad. Es bueno recurrir a ella en relatos cortos porque nos ahorra tener que explicar muchas cosas. En este caso esa estrofa es el comienzo de la payada de Fierro (borracho) con el negro al que termina dándole muerte en un duelo a cuchillo y me pareció un buen adelanto para lo que pasaría en mi relato.
    La revancha, finalmente, es femenina, porque fue la mujer quien mató de un tiro al que parecía un gorila. Es lo que intenté sugerir.
    Se le llamaba porrón de ginebra a una botella de un litro. La marca Bols, venía en botella de cerámica marrón claro y después en botellas de vidrio marrón oscuro. En mercado libre todavía se consiguen.
    Gracias por leerme.
    Saludos.

    Escrito el 18 febrero 2019 a las 18:41
  5. 5. Florencia M dice:

    Hola Hugo,

    Me encantó tu relato! pero de verdad, eh! que me gustó mucho, mucho! disfruté de un montón de palabras que hace mucho no escucho. Lo de las payadas le da mucha musicalidad al texto y recrea también el ambiente de la pulpería. El final me parece muy acertado, donde quien parecía frágil e indefensa, no lo es en absoluto. Parece como un western criollo y femenino, acorde a los tiempos que corren jeje.

    Felicitaciones y hasta la próxima!

    Escrito el 19 febrero 2019 a las 12:09
  6. 6. Laura dice:

    Hola Hugo.
    Maravillosa ambientaciòn y caracrerizaciòn de personajes, con el xd de las payadas.
    Mis felicitaciones.
    Mis saludos.
    Hasta la pròxima propuesta.

    Escrito el 28 febrero 2019 a las 11:56

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