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Mis días en el "paraíso" - por DanteR.
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«Conozco este lugar…», me dije esa mañana al notar la agitación de mis compañeras.
Poco después, Angie nos presentaba a Josefina, “la nueva”. Al entrar habrá leído “Departamento Jurídico” en ese cartel inmaculado. Sin dudas ignoraba que hay otro rótulo. Verdadero, invisible, escrito en rojo con la sangre de quien lo ha padecido: “Abandone toda esperanza, quien ingrese a este serpentario”.
Veinte años atrás creía en el Derecho como instrumento para hacer justicia y que el servicio público era un honor. La carrera que inicié con ilusión devino en una costumbre a la que terminé por aferrarme resignada. Tenía un ingreso digno y tiempo para mi familia, pero no lo que merecía.
¡Cuántas veces salvé a Nancy, la anterior jefa! Juicios complicados, auditorías, y un sumario que le hubiera costado el pellejo. Siempre recibía un “Gracias, Helena” y una sonrisa de compromiso. Yo era “de hierro”: útil. Otras, “de oro”: simplemente valiosas.
Así que cuando Nancy se jubiló, ungió a Angélica como sucesora. Favoritismo, unos movimientos en Recursos Humanos, contactos de su “Angie” ante el Director, y adiós mi ascenso.
Dámaris y Eugenia… La rubiecita de sonrisa infinita y la pelirroja de ojos verdes y hoyuelos en las mejillas… Fuimos juntas de vacaciones, las invité a mi casamiento… Apenas Angie asumió, se alinearon con ella.
¿Y Luna? Veinteañera, morocha, sensual e inteligente pero inexperta al principio. Debí acompañarla a sus primeras audiencias porque temblaba como una hoja. La enseñé todo. Me pagó yéndose con las otras dos.
Angie obtuvo el cargo y un séquito y yo quedé confinada estrictamente a mi funcionalidad.
Me pregunté si cambiaría algo con la llegada de Josefina. Me bastó mirarla: rubia, alta, ojos grandes, delicada… «Pobrecita, la van a comer viva», pensé.
Consideré utilizarla como peón. Una suerte de escudo contra las demás, un instrumento para “limar” a Angie.
Para evaluar su potencial, le compartí un caso que estaba trabajando. Quedé sin palabras. Tenía un enfoque global, equilibraba los aspectos procesales y los de fondo, invocaba fallos de la Corte Suprema con facilidad, para responder un planteo de inconstitucionalidad me sugirió un artículo sobre los contornos de la actividad reglamentaria y, al analizar los fundamentos de la otra parte, aplicaba certeramente nociones de argumentación y filosofía jurídica.
Era un arma de doble filo: sería mi aliada o mi enemiga. A mediano plazo podría convertirse en la “nueva Helena” y allí mi futuro quedaría entre signos de interrogación.
Decidí correr el riesgo y acercarme a Josefina, pero no fue fácil. Dámaris y Eugenia desplegaron su simpatía, Luna la invitaba a tomar café. Angie la medía. Hacían todo por alejarla de mí.
La integraban, pero por otro lado, con sutileza le hacían entender que debía “pagar el derecho de piso”.
—¿Para qué Helena le explica todo eso a Josefina? Si Angie le va a dar tareas administrativas —preguntó Dámaris. Eugenia y Luna reían.
Yo las fulminé con la mirada. Jose bajó la cabeza.
Unos días después tuvimos un inconveniente en la red. Sebastián, el chico de informática, tímido, rellenito y callado, vino como siempre. Llegó, saludó y Jose le sonrió. Él le correspondió.
—Ay, Sebas, vení a mi compu. Porfi —dijo Luna abrazándolo y llevándolo a su sitio.
«¡Caradura! El pobre pibe se derrite por vos y jamás lo miraste», pensé indignada. Giré la cabeza buscando a Jose: no estaba.
La encontré llorando en el baño.
—¿Qué te pasa, Jose?
—Nada —respondió tratando de recomponerse.
—Algo pasa y si querés, le contás a la jodida. Porque te dijeron eso de mí, ¿no?
—Sí… Aunque vos no sos así. Pero ellas…
—Son unas yeguas —dije y la hice reír.
—¿Qué es eso? —preguntó cuando abrí mi cartera.
—Dos regalos para vos. Tomá este candado. Yo tengo otro igual. Cuando lo deje abierto significa “Tenemos que hablar”. Cuando esté cerrado, “cuidate". Va a ser nuestro código.
—Gracias. ¿Y el otro?
—Una baraja del tarot y un manual de uso.
—¿Creés en eso? —preguntó sorprendida.
—Menos que en el horóscopo. Lo importante es que las viboritas lo creen. No me soportan, pero tampoco me enfrentan. Así que el viernes voy a invitar café para todas y vos, Jose, les vas a tirar las cartas…
—¿Qué?
—Sí, cual proyecta lo que quiere ver. Ahí vas a conocer quién es quién, a qué le temen y cuáles son sus puntos débiles y…
No pude continuar: Jose, emocionada, me abrazó con fuerza. Algo parecido a la felicidad me invadió y pensé:
«Conozco este lugar. Otro lugar: nosotras. Y en este, ellas no entran».
Comentarios (8):
Dante
18/11/2025 a las 13:26
¡Hola, gracias por leer mi relato! Tal como señalé en el post general de la recopilación, este mes llegué con lo justo a escribir y enviar el relato y la revisión y edición que pude hacer fueron mínimas.
Me costó dar con la idea, ya que todo lo que se me ocurría en relación a consigna obligatoria no terminaba de convencerme. Más difícil todavía era incluir la opcional. Luego el tiempo disponible hizo lo suyo, ya que por una u otra razón no podía ponerme a escribir (recién lo pude hacer el último día). Estuve a punto de no participar, pero preferí hacerlo igual porque la fecha límite me ayudó a dar con una historia y a comenzar a darle forma. Una aplicación práctica de un consejo que apareció en el blog, esto es, la importancia de tener una fecha límite. Esa fecha hizo que pudiera encontrar y empezar a delinear una historia, lo cual, más allá del resultado en 750 palabras, me parece valioso, porque llegado el caso, podré reelaborarla, darle otra forma o ver qué hacer con ella.
Así que a continuación dejo una versión en la que corregí algunas fallas que detecté. Y debajo de ella, por las dudas, aclaro el significado de algunas expresiones rioplatenses. Aquí va la versión editada:
Mis días en el “paraíso”
«Conozco este lugar…», me dije esa mañana al notar la agitación de mis compañeras.
Poco después, Angie nos presentaba a Josefina, “la nueva”. Al entrar habrá leído “Departamento Jurídico” en ese cartel inmaculado. Sin dudas ignoraba que había otro rótulo. Verdadero, invisible, escrito en rojo con la sangre de quien lo ha padecido: “Abandone toda esperanza, quien ingrese a este serpentario”.
Veinte años atrás, creía en el Derecho como instrumento para hacer justicia y que el servicio público era un honor. La carrera que inicié con ilusión devino en una costumbre a la que terminé por aferrarme resignada. Tenía un ingreso digno y tiempo para mi familia, pero no lo que merecía.
¡Cuántas veces salvé a Nancy, la anterior jefa! Juicios complicados, auditorías y un sumario que le hubiera costado el pellejo. Siempre recibía un “Gracias, Helena” y una sonrisa de compromiso. Yo era “de hierro”: útil. Otras, “de oro”: simplemente valiosas.
Así que cuando Nancy se jubiló, ungió a Angélica como sucesora. Favoritismo, unos movimientos en Recursos Humanos, contactos de su “Angie” ante el Director y adiós mi ascenso.
Dámaris y Eugenia… La rubiecita de sonrisa infinita y la pelirroja de ojos verdes y hoyuelos en las mejillas… Fuimos juntas de vacaciones, las invité a mi casamiento… Apenas Angie asumió, se alinearon con ella.
¿Y Luna? Veinteañera, morocha, sensual e inteligente, pero inexperta al principio. Debí acompañarla a sus primeras audiencias porque temblaba como una hoja. Le enseñé todo. Me pagó yéndose con las otras dos.
Angie obtuvo el cargo y un séquito. Yo quedé confinada estrictamente a mi funcionalidad.
Me pregunté si cambiaría algo con la llegada de Josefina. Me bastó mirarla: rubia, alta, ojos grandes, delicada… «Pobrecita, se la van a comer viva», pensé.
Consideré utilizarla como peón. Una suerte de escudo contra las demás, un instrumento para “limar” a Angie.
Para evaluar su potencial, le compartí un caso que estaba trabajando. Quedé sin palabras. Tenía un enfoque global, equilibraba aspectos procesales y de fondo e invocaba fallos de la Corte Suprema con facilidad. Para responder a un planteo de inconstitucionalidad, me sugirió un artículo sobre los contornos de la actividad reglamentaria y, al analizar los fundamentos de la otra parte, aplicaba certeramente nociones de argumentación y filosofía jurídica.
Era un arma de doble filo: sería mi aliada o mi enemiga. A mediano plazo, podría convertirse en la “nueva Helena” y entonces mi futuro quedaría entre signos de interrogación.
Decidí correr el riesgo y acercarme a Josefina, pero no fue fácil. Dámaris y Eugenia desplegaron su simpatía, Luna la invitaba a tomar café. Angie la medía. Hacían todo para alejarla de mí.
Por un lado, la integraban; por otro, con sutileza, le hacían entender que debía “pagar el derecho de piso”.
—¿Para qué Helena le explica todo eso a Josefina? Si Angie le va a dar tareas administrativas —preguntó Dámaris. Eugenia y Luna reían.
Yo las fulminé con la mirada. Jose bajó la cabeza.
Unos días después, tuvimos un inconveniente en la red. Sebastián, el chico de informática, tímido, rellenito y callado, vino como siempre. Llegó, saludó y Jose le sonrió. Él le correspondió.
—Ay, Sebas, vení a mi compu. ¡Porfi! —dijo Luna abrazándolo y llevándolo a su sitio.
«¡Caradura! El pobre pibe se derrite por vos y jamás lo miraste», pensé indignada. Giré la cabeza buscando a Jose: no estaba.
La encontré llorando en el baño.
—¿Qué te pasa, Jose?
—Nada —respondió tratando de recomponerse.
—Algo pasa. Si querés, le contás a la jodida. Porque te dijeron eso de mí, ¿no?
—Sí… Aunque vos no sos así. Pero ellas…
—Son unas yeguas —dije y la hice reír.
—¿Qué es eso? —preguntó cuando abrí mi cartera.
—Dos regalos para vos. Tomá este candado. Yo tengo otro igual. Cuando lo deje abierto, significa “Tenemos que hablar”. Cuando esté cerrado, “Cuidate”. Va a ser nuestro código.
—Gracias. ¿Y el otro?
—Una baraja del tarot y un manual de uso.
—¿Creés en eso? —preguntó sorprendida.
—Menos que en el horóscopo. Lo importante es que las viboritas sí creen. No me soportan, pero tampoco me enfrentan. Así que el viernes voy a invitar café para todas y vos, Jose, les vas a tirar las cartas…
—¿Qué?
—Cada cual proyecta lo que quiere ver. Ahí vas a conocer quién es quién, a qué le temen, cuáles son sus puntos débiles y…
No pude continuar: Jose, emocionada, me abrazó con fuerza. Algo parecido a la felicidad me invadió y pensé:
«Conozco este lugar. Otro lugar: nosotras. Y en este, ellas no entran».
SIGNIFICADO DE TÉRMINOS Y EXPRESIONES RIOPLATENSES UTILIZADOS EN EL RELATO:
Para quienes pudieran no estar habituados con algunas expresiones, por las dudas aclaro su significado.
“Limar”: desgastar, socavar.
“Pagar el derecho de piso”: expresión utilizada cuando una persona es nueva en un trabajo. Podría significar que tiene que demostrar su valor, pero en la práctica significa que tiene que soportar algunos destratos, cargar con tareas que otros consideran menores o que no quieren hacer y que no debe quejarse. En algunos ambientes es una suerte de “precio” a pagar para ser considerado parte de él.
Porfi: modo informal y abreviado de “por favor”.
Jodida: persona complicada, conflictiva, que potencialmente puede ser mala, tener malas actitudes, ser antipática o ejecutar algún acto malo y perjudicial.
Yegua: expresión que, en el contexto del relato, es despectiva. Es un (des)calificativo femenino que significa que son ruines, perversas, miserables, insidiosas y que gozan de hacer maldades.
Akira
18/11/2025 a las 20:18
Buenas, Dante, gracias por compartir tu relato. Soy nuevo aquí, así que perdona si me excedo en la crítica. ¡Y también encantado!
Me gusta cómo resignificas el “conozco este lugar” para describir la familiaridad con la escena de Helena. Una escena en la que ya ha estado, no por ser su puesto de trabajo, sino por ser una situación recurrente por su experiencia. También me ha gustado el uso que le das al engaño tarotesco como gancho para la compañera novata.
La atmósfera la resuelves muy bien con la voz amargada de Helena y la hiel de su discurso hacia sus compañeras. La escena encierra la premisa del conflicto que ocurriría capítulos más adelante, en cuanto las compañeras descubran la intriga que está generando Helena al captar a la nueva en su contra. Lástima que en 750 palabras no se pueda desarrollar tanto.
Como punto negativo, creo que hay un exceso de personajes para una escena conclusiva y eso dificulta un poco entender a quién está criticando Helena a cada momento, y por otro lado, se nota un cambio del acento porteño que se acrecienta en la segunda mitad y eso despista un poco. Creo que si la voz de Helena hubiera tenido ese acento desde el principio, hubiera sumado caracterizando al personaje y sonado más natural.
¡Me ha gustado leer este relato!
Gita
19/11/2025 a las 20:38
Gracias Dante por tu relato. También por las aclaraciones en los comentarios. También para mí fue un poco enredado combinar las palabras porque desconocía sobre las barajas del tarot. Gracias por compartir.
Cristina Otadui
21/11/2025 a las 08:47
Hola Dante!
Un gusto leerte todos los meses aunque sea “por los pelos” como esta vez. Te comento:
Creo que a pesar de las prisas tienes un texto muy efectivo con un buen personaje central.
Funciona tanto como denuncia social y como crónica íntima. Logras hablar de los ambientes laborables tóxicos con un toque de humor que “quita hierro al asunto” sin caer en ingenuidades.
Me gusta el giro final donde el “lugar” deja de ser el Departamento Jurídico – un espacio físico – para convertirse en un lugar emocional: el creado gracias a la complicidad entre ambas, en la alianza. Y aunque me gusta que cierres con la misma frase que abre el relato, quizás el final sea “demasiado limpio”: puede que recordar que la victoria es provisional y frágil, sobre todo en ese tipo de situaciones laborales, le diera un plus de autenticidad.
Tomas la voz de una mujer y esa primera persona nos adentra en el mundo emocional de Helena. Y esa voz a veces irónica y amarga o sarcástica y convive con la íntima y profundamente humana Helena para crear este texto híbrido: crítico hacia el entorno laboral, confesional por la parte personal.
Los personajes están perfectamente definidos, las metáforas son poderosas (Abandone toda esperanza, el “serpentario” como imagen del clima humano) y el ritmo ágil con escenas cortas.
Pero los simbolismos creados por el uso de los elementos de la escena en curso, me resultan algo forzados: digamos que después de la sátira laboral y el realismo psicológico, el recurso del tarot se va a otro registro distinto.
En conjunto el texto resulta historia sólida, humana, con una voz poderosa y un retrato agudo de las dinámicas laborales.
Buen trabajo. Gracias por escribir y compartir.
Y si quieres darte una vuelta, este mes estoy en el número 10.
¡¡Nos leemos!!
Verso suelto
22/11/2025 a las 14:32
Hola Dante, el inicio de tu relato me parece potente pero quizá por el, a mi juicio, excesivo número de personajes, va perdiendo un poco de fuerza. En un punto cambias el nombre a Josefina y la empiezas a llamar Jose, igual no estaba muy atento al leer, pero ese cambio me ha despistado. Por otro lado el final me parece algo rebuscado. Yo creo que mantener el relato en lo que apuntaba en los inicios, un conflicto laboral en aun ambiente de trabajo femenino, sería lo mejor para esta historia aunque, claro, estaba el asunto del tarot y el candado que, por los relatos que llevo leídos este mes, me da la sensación que ha provocado más de un dolor de cabeza. Por lo demás, como siempre, el texto está escrito con solvencia y, en mi opinión, no debería quedarse ahí, merece una oportunidad sin restricciones de número de palabras, barajas y candados.
Mila G.
24/11/2025 a las 08:52
Un buen relato de ambiente laboral, muy bien descrito. Me gusta especialmente el tono marcado por el sarcasmo y la ironía, y como evoluciona desde la desilusión hasta la estrategia y el poder.
La metáfora del serpentario me parece brillante.
Como puntos negativos destacaría:
– Al principio me choca un poco el uso del tiempo verbal en la frase “ al entrar habrá leido”, pero no se, tal vez esté equivocada…
– También yo pienso que hay demasiados personajes, para mi, por ejemplo, la parte del informático sobraría.
– El final me deja un poco fría
Pero en general te doy la enhorabuena, es un buen texto.
Otilia
25/11/2025 a las 20:10
Hola, Dante:
Lo primero es agradecerte el regalo de tu tiempo al leer y comentar tan profusamente mi relato.
Muchas gracias por tu opinión, por las explicaciones y las palabras agradables.
Siento mucho que mi comentario a tu historia no sea del mismo nivel.
Tu relato me ha enganchado y se lee con fluidez. El género, tono y lenguaje se ajusta a la historia. La atmósfera y ambientación adecuada. La construcción de frases, ortografía, puntuación y gramática correcta. Además, la historia es tuya para escribirla y puntuarla a tu gusto.
El narrador en primera persona me gusta, nos acerca el relato.
En resumen, pienso que es un buen trabajo.
En cuanto a lo negativo, me parecen demasiados personajes para el número de palabras. Las propuestas para escribir el relato, candado y tarot, no las veo encajadas cómodamente en la historia, pero como tú mismo has dicho no tuviste tiempo para dejar reposar y revisar el trabajo.
Aún así, te felicito por tu estupenda escena.
Saludos.
Vespasiano
06/12/2025 a las 12:56
Hola Dante. Buenos días:
Llevo un par de meses sin participar y este mes de diciembre tampoco lo haré.
Ando inmerso en varios talleres de escritura creativa y literatura y el tiempo disponible que tengo no me da para más.
También en el mes de noviembre he editado un poemario y ando atareado con la preparación de la presentación del libro.
He leído tu relato que me ha gustado y me ha hecho recordar una situación laboral que viví hace años, relacionada con un compañero de trabajo oportunista.
Te deseo una feliz Navidad y que el año nuevo venga repleto de proyectos y cosas buenas.
Un fuerte abrazo.