Literautas - Tu escuela de escritura

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DOCE - por Diana T

La mañana del doce de diciembre, la villa recibió el mejor regalo de navidad. Su muerte significaba la libertad.

O era lo que él quería que creyeran.

***

—¿Cuál es, Zeit? —preguntó mi abuela tras el portal de madera. Ni un saludo o sonrisa, sólo su mirada penetrante—. ¿Cuál es el mayor depredador? Del que no te puedes esconder.

Ya sabía la respuesta, pero mis labios se retorcieron y no pude evitar la broma.

—¿Las canas? —dije, dándole un beso en su cabeza.

La abuela chasqueó la lengua.

—¿Crees que es gracioso? —Su tono era sombrío, opuesto a las luces que decoraban el jardín.

—¿Y las nuevas?

—¡Patrañas! No puedo creer que tú también te tragues los rumores. Ese viejo no murió. Es parte de su plan.

—Encontraron el cuerpo, Oma.

—Un cuerpo no es prueba suficiente.

Yo me estremecí.

—Oma, ¿de verdad crees que el Relojero sigue con vida?

***

“No escatimar en la alegría” Era el motto para ese año.

Observé por la ventana el caos previo a las fiestas, personas gastando tiempo que no tenían.

Mi aliento empañó el cristal, y tracé con mi dedo una majadería en código morse dedicada a los que pensaban que la “muerte” del Relojero era el fin de sus problemas.

Cada vez que cerraba los ojos, rememoraba la leyenda.

Hacía 8mil años, el tiempo era un espíritu libre. No había necesidad de relojes o prioridades. No había arrepentimiento, ni tristeza. No había nada que cuestionarse.

Hasta que un joven hizo preguntas que no debía, y se la jugó todo por encontrar respuestas. Fue en busca del tiempo, lo encontró y aplacó. El tiempo y él se volvieron uno sólo.

Se hizo llamar “El Relojero” y escapó al bosque tras dictar que tarde o temprano, cada persona existente merecía morir.

Las personas aprendieron a aceptar la muerte, y cuando les llegaba el momento, la abrazaban como a un viejo amigo, liberando en el proceso los arrepentimientos y sueños inconclusos que se convertirían en Schatten.

El Relojero permanecía en la soledad de su mansión, y sólo se dejaba ver para que nadie olvidara quién era. Una aparición, unos ojos brillantes entre los arbustos; algunas veces acompañado de Schatten. Si tenías suerte, te desmayabas antes de la peor parte, pero si intentabas resistirte a sus poderes, podías morir, perder la sanidad o convertirte en otro de sus espíritus.

Y ahora todos aseguraban que había muerto.

La parte racional de mi cerebro me recordaba que habían encontrado un cuerpo, y que todo apuntaba a que la muerte no había sido natural ni asesinato. Todos estaban seguros del suicidio, pero nadie daría más información.

Mi abuela no se lo compraba, así que yo tampoco.

***

La primera carta apareció al día siguiente, dedicada a Wander. Estaba oculta entre sus pertenencias, pero él no estaba ahí y no encontraron rastro de su paradero.

Los rumores se esparcieron por la villa, algo sobre una perdiz en un peral y la inconfundible firma de una R con manecillas.

En la tarde, mi familia se reunió a cenar.

—Yo lo dije —murmuró Oma—.Nadie me creyó.

Mi padre alzó la vista.

—¿Podemos omitir las conspiraciones en la mesa?

—Sólo digo, debemos ser precavidos. Ésta no será la última. No duden que mañana desaparezca otra criatura y que en su lugar haya una carta sobre dos tórtolas.

Esa noche no pude pegar ojo.

Los siguientes diez días fueron un suplicio. Una carta nueva cada día, un nuevo verso, y un joven menos en la villa. Contando a Wander, eran once desaparecidos.

Dediqué toda mi energía a buscar un patrón. Tenía experiencia en encontrar pistas, códigos. Pero tras revisar el mapa de la villa, no encontré nada más que cruces aleatorias. Cualquiera podía ser el siguiente, y la falta de certeza me aterraba.

Cuando levanté la mirada, era de noche. ¿Cuánto tiempo había pasado? Sabía que los segundos volaban cuando me enfocaba, pero nunca lo había sentido tan… antinatural.

“El tiempo es clave” murmuró una voz en mi cabeza. Intenté ponerme de pie, pero tropecé. El mundo a mi alrededor giró una, dos, doce veces.

Lancé mis brazos para sujetarme, pero no pude. La cena encontró su camino por mi garganta, y devolví sobre la alfombra. Pensé que el malestar me iba a consumir, pero pronto remitió.

Al abrir los ojos, quise llorar.

Frente a mi estaba un sobre con el intrincado dibujo de un tambor.

El duodécimo día de la navidad. La duodécima carta. La duodécima víctima.

Yo.

Comentarios (2):

Diana T

18/12/2025 a las 20:32

Hola, hola y felices fiestas a todos!!! ✨
Ya sea que celebren navidad, u otra tradición, les mando los mejores deseos y unos días prósperos y llenos de descanso, familia, amigos y postres (mi parte favorita 😛).

Quería dar un pequeño contexto de mi relato (porque sé que puede resultar confuso e incluso incompleto. Es el primer capítulo para una novela corta que estoy escribiendo a petición de una amiga para estas fiestas (y que coincidía perfectamente con las palabras de este reto).
Es un ambiente de suspenso fantasioso, que une la filosofía del tiempo y la vida con la época navideña, las fiestas y algo de consumismo, utilizando referencias a cantos y personajes icónicos, y agregando acertijos de todo tipo y espíritus sobrenaturales, todos ellos girando en torno al número 12, que me resulta un número misterioso y asombroso por la forma en que se relaciona tanto con el tiempo como con la navidad.
Lamentablemente este primer capítulo tenía más de 2000 palabras, por lo que tuve que cortar varios elementos, personajes y reflexiones para que fuera acorde a este reto.

Pero si alguien tiene ganas de leer la versión completa de este primer capítulo, la pueden encontrar en este enlace: https://editor.reedsy.com/s/oMXP6Jt/c/aTjOCSUN1V3VpmT3/capitulo-1
(No mando más de la historia porque sinceramente no he logrado escribir mucho más).

Saludos y estoy leyendo sus comentarios 🎄

Diana T

27/12/2025 a las 09:20

🙁

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