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La ruta 19 - por Federico NicolasR.+18
La ruta 19 había sido bautizada como “El camino de la muerte”.
Como toda carretera secundaria, era muy poco —por no decir nada— transitada. En antaño había sido utilizada como nexo entre el pueblo de Lud y el de Chascon. Pero el nuevo camino directo de Ensenada atravesaba ambos pueblos y acortaba las distancias, además de no estar repleto de curvas peligrosas. Sin embargo, de vez en cuando una tormenta o un accidente inutilizaba el trayecto, y la ruta 19 volvía a servir como respaldo.
Las historias eran muchas. Claro que la mayoría pertenecían a la época en que la ruta 19 era el camino original. Para Pablo, la muerte de la señora Romano no entraba en la lista de casos dudosos. Y para casi todo Lud, tampoco.
Después de dos días sin que nadie la viera, su jefe, el señor Castillo, denunció su desaparición y convocó una búsqueda con los vecinos. Fue el propio Castillo, junto con el padre de Pablo, quienes encontraron su Ford azul volcado a un costado de la banquina. La señora Romano sufría una profunda depresión desde que sus hijos se habían ido a vivir a España y, dos años después, su marido había perdido la batalla contra el cáncer. Había tomado la decisión de suicidarse y bebió un frasco de veneno para ratas.
El caso de la señora Romano le había servido a Pablo como argumento en las discusiones del colegio sobre el Camino de la Muerte. Cuando sus amigos insinuaban que podía haber algo sobrenatural en esa ruta, él acudía a la lógica y, con paciencia, intentaba explicar que debía existir una razón coherente detrás de cada muerte ocurrida en la 19.
Su padre, como jefe del cuartel de bomberos, conocía todas las historias del camino. Le había contado varias, aunque creyera que su hijo aún no tenía edad para escuchar esos relatos terribles. Pablo, sin embargo, se mostraba interesado, lanzando preguntas y opiniones, incluso creando hipótesis sobre lo que podría haber ocurrido. Martín se sentía orgulloso de la curiosidad de su hijo y de cómo no se dejaba arrastrar por las historias que circulaban en el pueblo.
La familia Díaz había sido un caso conocidísimo. Pablo creía que fue el verdadero detonante de la leyenda.
Era raro. Lo admitía.
Toda la familia había sido encontrada en medio de la ruta 19, dentro de su camioneta. Estaban asfixiados. Su padre le había contado que debieron utilizar máquinas hidráulicas para abrir las puertas. Al parecer, el señor Díaz había forcejeado sin éxito y arañado las ventanas hasta morir. El vehículo no presentaba ningún desperfecto. Se realizó una investigación minuciosa, pero nunca se pudo culpar a nadie.
Todas esas historias, encajonadas en un rincón de su memoria, salieron a flote mientras recorría el Camino de la Muerte de regreso a su viejo hogar. Estaba igual a como lo recordaba, aunque las líneas de la ruta ya habían desaparecido y el pavimento se mostraba más agrietado que antes.
Un olor a caramelo lo sorprendió al bajar la ventanilla.
Cuando volvió a mirar al frente, pisó el freno con violencia y, con los ojos abiertos como platos, giró la cabeza hacia la derecha. Sobre la banquina, a pocos metros de la ventanilla del acompañante, se alzaba una carpa inmensa, cubierta de carteles descoloridos con payasos y malabaristas actuando sobre un escenario iluminado. Más atrás, alcanzó a ver cómo se recortaban los carriles de una montaña rusa contra el cielo.
Miró por el espejo retrovisor: la estructura seguía ahí.
Encendió las balizas y se detuvo a un costado de la ruta 19.
EL CAMINO DE LA MUERTE SE COBRA UNA NUEVA VICTIMA. Pag.12
– Durante la mañana del jueves 15 la patrulla local hacia su recorrido habitual por la ruta 19. Identificando un vehículo Chevrolet estacionado con las balizas encendidas. Ante el hallazgo de una persona sin vida se recurrió al pedido de auxilio de la ambulancia quien acudió de forma inmediata confirmando el fallecimiento del señor Pablo Quiroga hijo del ex jefe de bomberos Martin Quiroga. El hombre fue encontrado asfixiado y con su cinturón de seguridad colocado. Fuentes cercanas afirman que el sujeto llevaba en sus manos una bolsa de palomitas de maíz y una postal del parque de atracciones La Luna en su bolsillo. Según registros municipales, el parque de atracciones La Luna había cerrado definitivamente hacía más de treinta años.
Ccomentarios (1):
JL.Martín
18/02/2026 a las 16:47
Desconozco si habitualmente tu estilo personal de escribir relatos te acerca mucho más al ambiente dramático o tal vez también pruebas a escribir cuentos cargados de humor. En este caso, tu Ruta 19 me ha llenado de inquietud. No sé si por mi tierra (Madrid) existe alguna ruta o carretera descrita así, pero te aseguro que de haberla, no pienso acercarme para nada. Tanto el nudo como el desenlace de tu cuento, me parecen muy bien escritos, añadiendo que se lee con gran naturalidad y facilidad y se entiende muy bien. Al mismo tiempo, carece de faltas de todo tipo. Un “escribiente” o “escritor”, se esconde en tu capacidad imaginativa e inspiración. El próximo espero leerte de nuevo… ¿Será de humor? ¡Adelante!