Literautas - Tu escuela de escritura

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Obra de cuidados - por VickyR.

– ¿Aún no estás lista?

Carla vio a través del espejo, como Rosa le fruncía el ceño desde la puerta.

– ¿Qué has perdido? – Respondió sin parar de aplicarse corrector por toda la barbilla.

Rosa suspiró.

– ¡Qué bien me conoces! – y pivotando sobre sus talones, se dirigió hacia la estantería de la izquierda – no encuentro el frasco de veneno, ¿lo has visto?
– No
– Si al acabar las actuaciones pusiéramos las cosas de vuelta en su sitio… – continuó Rosa, cruzando la habitación en dirección opuesta.
– Tú eres la primera que al acabar deja todo por ahí tirado – reprochó Carla mientras se aplicaba polvos con una esponja.

Desde el espejo, Carla vio todo tipo de cosas volando por el aire detrás de sí: cintas de colores, un gorro de espantapájaros, un traje descosido, una bola de cristal, un pollo de goma… cada cosa, acompañada de un impaciente gruñido.

– Sólo escoge cualquier frasco, son niños – Rosa estaba haciendo mucho ruido y eso le molestaba – tienen imaginación, si les dices que un globo es una calavera, el globo es una calavera.

Rosa se volvió hacia ella con los brazos en jarras, a pesar de que Carla, concentrada ahora en delinearse el ojo derecho, ni la miró.

– Y aquel día, la calavera explotó convirtiendo una clásica obra trágica en comedia… no señor, eso otra vez no – y con un aspaviento se dirigió de nuevo hacia la estantería.
– Rosa, nuestras circunstancias son ya suficientemente trágicas, cualquier otra historia es comedia en compara…
– ¡Ay!

Carla dio un respingo, rompiendo la perfecta línea recta que se estaba dibujando.

– ¡Estaba delante de mis narices! ¿Cómo no lo vi antes? – Rosa había encontrado el frasco. – Me marcho, quedan cinco minutos, a ver si acabas de una vez.

"Genial, márchate que no me concentro" pensó mientras intentaba limpiar el error sin emborronar el ojo entero.

Se escuchó un chasquido metálico. Carla vio el reflejo de Rosa, parada ante la puerta, sosteniendo el pomo roto.

– ¡Lo que faltaba! – Rosa procedió a armar un alboroto entre palabras malsonantes y agresivos intentos de abrir la puerta – Están a punto de volver de la noria, tenemos que salir ya… y a esta maldita puerta le da por caerse a pedazos.

Apartando su atención de su ojo mal pintado, Carla se dio la vuelta, por primera vez, para mirarla con una expresión horrorizada en su cara:

– ¡¿Han encendido la noria!? – y bajando la voz, añadió – ¿Estamos locos? Nos-van-a-encontrar.

Rosa cesó sus intentos de reinsertar el pomo.

– Cariño, no hay nadie a nuestro alrededor en siete días a la redonda, es el cumpleaños de Adrián…
– Da igual que sea el cumpleaños de Adrián, de Cristian o del abuelo – Carla se aproximaba nerviosa – si nos encuentran, no hay más cumpleaños.
– Mañana – dijo Rosa, agarrándola de las manos – Mañana nos vamos…
– Nos vamos hoy – replicó Carla.

Suspiró y la miró con dulzura. Los ojos de Carla rebosaban de la responsabilidad típica de una hermana mayor, pero también del miedo de una niña.

– Nos vamos mañana – repitió Rosa despacio – tal y como nuestra caravana tiene planeado. Nos arriesgamos a perder la pista de la Expedición por adelantarnos. Siéntate, déjame arreglarte este ojo.

En silencio, Rosa se dispuso a terminar el maquillaje de Carla. De allí a un rato, esta volvió a reprochar:

– Sigo sin entender por qué les dejas arriesgarnos así.
– Supongo – respondió Rosa en tono cansado – que fue un momento de debilidad. Solo siete años… muchos no han conocido un mundo diferente a este. – hizo una pausa, agarrando a Carla de las mejillas para evaluar el resultado – Ya estás lista.
– Gracias.
– Imagino que, – continuó Rosa – este lugar… y siendo una fecha especial… quise darles recuerdos de un pasado lejano, solo por un día.

Carla se levantó, fue hacia la puerta y la abrió de una patada seca. Rosa, que no se lo esperaba, la miró sorprendida.

– Lo entiendo – dijo Carla, dedicándole una mirada amable – Ya los escucho al otro lado, ¿salimos?

Rosa asintió y siguió a Carla fuera de la habitación.

Momentos más tarde…

– ¡Por mi amada! – exclamó Rosa bebiendo estruendosamente de un vaso de plástico con sorbete, lo que parecía un refresco de naranja, antes de desplomarse dramáticamente al suelo, donde Carla, al igual que su público, no fue capaz de contener las carcajadas.

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