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El visitante silencioso - por Wanda ReyesR.
Web: https://lineasetereasblog.wordpress.com
Mario Mendoza caminaba cabizbajo, pateando las pequeñas piedras que encontraba a su paso y levantando un polvo que brillaba dorado bajo el sol intenso del mediodía.
Llevaba unos pantalones de mezclilla empolvados y una camiseta donde apenas se leía el nombre de una banda de rock con rostros sin facciones.
Se detuvo y leyó con dificultad un letrero pegado en un poste de luz: «Se busca ayudante de limpieza en parque de diversiones La Serpiente». Sonrió con los labios partidos y los ojos rojos mientras tomaba el papel y lo guardaba en su bolsillo.
Al llegar al lugar indicado, vio una gran puerta que mostraba la imagen borrosa de una enorme serpiente envolviendo un frasco de veneno con su cola. En letras grandes se leía: Parque La Serpiente. ¿Te atreves a entrar?
Mario entró empujando apenas la puerta. Allí se encontró con un chico, de pantalones cortos y sandalias, que barría la entrada. Ambos se miraron sin decir palabra. Mario sacó el papel del bolsillo y se lo enseñó; el joven asintió, le señaló una puerta al final del pasillo y continuó con su labor.
Una vez frente a la puerta, tocó, esperó unos segundos y entró. El pequeño cuarto tenía las paredes cubiertas de publicidad del parque, algunas piezas bastante antiguas. En el piso se amontonaban cajas con papeles y un archivero improvisado; sobre el escritorio, había múltiples recipientes con lápices afilados. Sentado detrás, un hombre llenaba un crucigrama. Era un tipo regordete, de manos grandes, barba pronunciada y una melena que solo crecía a los lados, atada en una coleta. Lo observó con el ceño fruncido hasta que notó el anuncio en la mano de Mario.
—Siéntate. ¿Cómo te llamas?
—Me llamo Mario Mendoza y quisiera trabajar aquí —respondió con voz seca.
—Bueno, Mario, empiezas hoy —dijo el hombre, enumerando un estricto régimen de limpieza, horarios de comida y la prohibición absoluta de pleitos o amoríos—. Te damos cama y comida, pero si fallas, te vas. ¿Entendido?
—Entendido, señor.
Le dio la mano a su nuevo jefe y notó en su muñeca el tatuaje de una serpiente. Mario sonrió dejando ver sus dientes amarillentos y unos caninos bastante pronunciados. Luego, cruzó por otra puerta hacia el interior del parque.
Le entregaron un overol y le indicaron dónde estaban las duchas. Al quitarse el pantalón, sacó un enorme cuchillo y lo envolvió entre su ropa sucia; antes de ponerse overol lo escondería de nuevo en su bota.
Los días transcurrían lentos, a diferencia del fin de semana, cuando el lugar se llenaba de familias en busca de diversión.
Mario observaba a las chicas que asistían; en especial a una de pelo castaño, vestido corto, tenis,
mejillas rosadas y labios rojos. La acechaba con ojos afilados mientras se lamía los labios. La vio caminar hacia una de las atracciones y se acercó fingiendo buscar algo, hasta tropezar con ella.
—Perdone, señorita, no la vi. ¿Le interesa esta atracción? Es la más tenebrosa del parque.
—Nunca me he atrevido a entrar, me da mucho miedo —respondió ella.
—No crea; yo, que conozco cómo funciona esto, hasta lo encuentro cómico cuando está apagado. ¿Quiere que la lleve para que la vea usted misma?
La muchacha buscó con la mirada a sus amigas, pero ambas estaban de espaldas comprando manzanas acarameladas.
Lo miro y asintió .Mario le sonrió, pero su semblante era siniestro. Entraron al lugar; él la tomó de la mano y la guió a través de un pasillo oscuro. Antes de abrir la siguiente puerta, la chica le soltó la mano e intentó correr hacia la entrada. Mario se lanzó tras ella y la empujó contra la pared. Una vez inconsciente, la cargó hasta un escenario donde había robots de personajes de películas de terror.
Allí cometió su crimen. Al terminar, se fue dándole una palmada en la espalda a la figura de Freddy Krueger.
—Ahí te la dejo, colega —dijo riendo.
Al día siguiente, el personal de mantenimiento se encontró con una puerta cerrada en la Casa del Horror. Llamaron a Mario para que buscara las llaves y, cuando abrieron, se toparon con una escena de película: Freddy mostrando sus garras y Jason levantando un hacha; en medio de ellos, en el suelo, yacía la chica muerta. Mario observaba los rostros de todos, absorbiendo su miedo; aquello le proporcionaba el éxtasis final.
Con las sirenas de la policía a la distancia salió del parque, poco tiempo después iba en un camión rumbo al siguiente pueblo.
Ccomentarios (1):
Federico Nicolás
18/02/2026 a las 12:36
Hola Wanda. Me gustó tu relato. El personaje de Mario es muy bueno. Y la consigna está cumplida. El escenario se entiende bien a pesar de no estar tan desarrollada la descripción del parque. Me hubiese gustado conocer el nombre de la víctima o la reacción de sus amigas al no encontrarla. La escena de Jason y Freddy rodeando a la chica muerta estuvo buena y el comentario de Mario a Freddy fue un buen cierre. Ojalá nos encontremos con Mario Mendoza en algún próximo relato.
Saludos.
Tu vecino del 27.