Literautas - Tu escuela de escritura

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Sabrán que no fue un accidente. - por PapagenoR.

No sé qué debería de hacer; tengo miedo. Hace una semana que Miguel vino por última vez y nadie ha preguntado por él ni por sus cosas. Hoy, buscando en su casillero, vi que estaba vacío. En su escritorio sólo quedaba papeleo del parque, pero dentro de una carpeta encontré la nota que copio a continuación. Si es real y los rumores son ciertos, quizá ya no volvamos a saber de él.

<< Creí que estaba loco. Llevo meses buscando la entrada y por fin di con ella. El hecho de que exista demuestra que no todo son historias.

Han pasado tres meses desde la última desaparición. Me enteré que el último lugar en el que habían visto no sólo al último niño, sino a varios de los desaparecidos, fue en la atracción acuática "Jungle Extreme". En particular, a varios de ellos los vieron entrar, tanto solos como acompañados, al cuarto de bombas.

Logré entrar hace unas semanas al cuarto y no encontré nada extraño, pero sí noté que sólo hay un único acceso. Pero un día, durante una revisión de rutina, ví a Steve, el operador, meterse al cuarto. Necesitaba hablar con él así que lo seguí y me encontré con que no había nadie. Nadie. Sentí que la sangre se me iba a los pies y salí sin entender lo que acababa de pasar.

Ese día mis sospechas comenzaron de verdad. Recordé los rumores de desapariciones, demandas desestimadas. Poco después escuché de un nuevo caso.

Siempre escuché anécdotas de mis compañeros y empleados del lugar. ¿Cómo podía creer todas esas cosas? Sonaban inventadas. Historias para matar el tiempo, pensaba. Ya no lo creo.

Se hablaba de Liam, empleado del área de dulcería. Renunció en circunstancias extrañas antes de que empezara a trabajar en el parque. Según una compañera -no diré su nombre- el jefe le entregó un frasco a Liam y le pidió que vertiera el contenido en el vaso de una persona en particular.

Liam no lo hizo y se llevó el frasco a casa.

Unos días después llegó tarde a su turno, pálido y con el rostro desencajado. Tomó sus cosas y cuando ella le preguntó qué pasaba, él respondió en voz baja:

-Me largo, no pienso envenenar a nadie. Ten cuidado por favor, busca otro trabajo.

Luego se marchó sin más.

Tres semanas después, ella y otros compañeros, asistieron a su funeral. Decían que se había quitado la vida. Nadie cercano lo creyó realmente.

Yo tampoco tomaba en serio las demandas ni los rumores. Desde que trabajo aquí se habla de cuatro casos y nunca ha pasado nada; ni en las noticias, ni políticas nuevas de seguridad, ni mayor vigilancia, ni comentarios de los jefes. Nada.

Pero hoy volví al cuarto de bombas.

Esperé días una oportunidad. Dentro, un accidente fue lo que me hizo descubrirlo; algo cayó de mis manos y el golpe se escuchó ligeramente extraño, apenas perceptible bajo el zumbido constante de las bombas. Noté que el suelo no es igual en toda la habitación.

Oculto a simple vista hay una puerta o trampilla del mismo material del piso, ubicada aproximadamente a dos o tres pasos detrás de la bomba principal, casi pegada al muro sur. Intenté abrirla pero no tiene manija, ni cerradura y ninguna loseta parece moverse.

Debe de haber un espacio debajo. Un sótano. Un túnel. Algo…

Esta noche regresaré, llevaré algunas herramientas e intentaré abrirla otra vez. Me duele el estómago sólo de imaginar que puede haber del otro lado.

Quiero dejar claro que no tengo intenciones de quitarme la vida, ni de huir. Si alguien está leyendo esto es porque algo me ocurrió.

Y si algo me ocurre, sabrán que no fue un accidente>>.

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