Literautas - Tu escuela de escritura

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Beber y olvidar - por Yolanda TR.

Me levanto de la silla como un resorte, horrorizada por la predicción de la pitonisa: «No volverás a verle, no forma parte de tu camino». Y sin querer, en mi torpeza, le doy un codazo a la estantería que tengo justo detrás. Varios frascos de cristal tintinean, pero uno de ellos cae al suelo haciéndose añicos. En ese momento ocurren dos cosas: la adivina sale corriendo despavorida y el aire se vuelve irrespirable. Al instante siento cómo arde mi garganta. Apenas puedo respirar y el estómago parece estar deshaciéndose en ácido. Soy consciente de que el frasco debía contener algún tipo de veneno y me invade el pánico.
¿Voy a morir? ¿Así, sin más? Después de todo, parece que la adivina tenía razón.
Noto cómo el veneno se extiende por mi cuerpo con cada inhalación, pero me niego a rendirme. A pesar de que el cerebro ya no coordina bien mis movimientos, busco desesperada la salida. No recuerdo dónde estaba. Palpo las paredes hasta dar con la puerta. ¡Por fin! Acciono el picaporte, pero no se abre.
Mis pulmones sufren, necesito aire desesperadamente.
Impotente, al borde del desmayo, caigo al suelo derrotada, justo en frente de un espejo. Y observo, sin reconocerme en el reflejo, cómo mi larga melena negra se convierte en pelo gris a los pocos segundos.
No me queda mucho tiempo. Mis miembros apenas responden y empiezo a desconectarme del mundo. Ya no siento nada, ni siquiera alivio cuando distingo un punto de luz a lo lejos. De repente, percibo que mi cuerpo se mueve en su dirección, como un autómata, mientras la luz se ensancha y observo lo que parecen siluetas de personas.
Esto debe ser a lo que se refieren cuando hablan de experiencias cercanas a la muerte.
Escucho mi nombre:
—Emma.
Alguien surge de la luz y se aproxima. Reconozco a mi amiga Laura. ¿Qué hace aquí? ¿También se está muriendo?
Ahora me zarandea, gritando:
—¡Emma, Emma, despierta!
Sí, quiero despertar de esta agonía, pero es demasiado tarde. Y, de repente, ¡plaf!
Me arde la cara y todo lo que hay a mi alrededor se transforma. Puedo respirar con normalidad. ¿Qué está pasando?
Enfoco la vista y veo a Laura. Tiene la cara desencajada y parece estar a punto de llorar.
—¡Ay, Emma! Pensaba que estabas… Menudo susto nos has dado, tía. Esta vez te has pasado de verdad.
Yo la miro sin entender nada de lo que dice.
—Bebías cerveza y whisky —continúa Laura— como si no hubiera un mañana, hasta que te has desmayado. Jo, tía, tienes que olvidar a Edu o acabarás mal.
Claro, debe ser por eso por lo que me quemaba la garganta.
Miro a mi alrededor, aún desconcertada. Todos mis colegas están aquí, observándome con cara de preocupación. Al fondo, vislumbro el resplandor del final de un túnel. Y empiezo a recordar.
Al anochecer nos hemos colado en el viejo parque de atracciones para preparar la manifestación de mañana. Es un crimen que quieran derribarlo y lucharemos para evitarlo. Nosotros reivindicamos que lo reformen. Estamos convencidos de que le devolvería la vida a un pueblo que se está vaciando y que, poco a poco, va muriendo. Pero después de organizarnos, colocar las pancartas y cenar unos bocadillos, quedaban tantas horas por delante que decidimos hacer una fiestecita nocturna, escondidos dentro del Tren de la Bruja. Y, de paso, era un buen momento para olvidar al estúpido de mi exnovio. Y casi lo consigo, por la eternidad.

Ccomentarios (1):

Cristina Otadui

18/02/2026 a las 15:51

Hola Yolanda, encantada de comentar tu relato:

Un tema universal y siempre actual: la huida del dolor emocional para este texto de estructura clásica: planteamiento: consulta con la adivina y rotura del frasco; nudo: la experiencia cercana a la muerte y desenlace con un giro final donde descubrimos que no estaba envenenada.
Destacaría la narración en primera, las frases cortas que trasmiten la angustia necesaria, las imágenes sensoriales: el ardor en la garganta, la dificultad para respirar y muchos de los símbolos que manejas: el veneno=dolor, luz al final del túnel=muerte, tren de la bruja=engaño, miedo e ilusión (cómo lo que vive Emma).
Supongo que la limitación de palabras te impide profundizar en el personaje protagonista, en su ruptura con Edu, en su estado anímico.. quizás puedas seguir ahondando en el conflicto emocional que planteas.
Me gusta también el manejo del suspense y el giro final: desde el momento de la rotura del frasco el lector se adentra en las angustias de Emma por las preguntas directas y el ritmo acelerado y consigues engañarlo de forma eficaz manteniendo la tensión hasta el final.

Felicidades, buen trabajo.
Gracias por escribir y compartir
¡¡Nos leemos!!

PD: si te apetece pasar por mi relato estoy en un puesto fácil de encontrar… ¡¡la última!! 🙂
Saludos,

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