Literautas - Tu escuela de escritura

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Lo que no vio el público. - por María Jesús

La pareja de actores más querida del mundillo teatral estrenaba obra aquel viernes; el cartel de «no hay entradas» llevaba semanas colgado en las taquillas. La expectación era enorme, pues no era habitual ver a esos dos grandes de la escena compartir escenario. Minutos antes de que se levantara el telón, Miguel, el actor principal, había mantenido una acalorada discusión con Irene, la actriz protagonista y su pareja sentimental en la vida real. El director entró en pánico, temiendo que la representación se fuera al traste, aun cuando confiaba en la profesionalidad de ambos. Le preocupaba, sobre todo, cómo habría encajado Irene la sarta de insultos y vejaciones verbales a la que Miguel la había sometido. Sin embargo, cuando se levantó el telón, la profesionalidad de los dos quedó patente y nadie del público habría sospechado que minutos antes había tenido lugar semejante enfrentamiento.

Entre bambalinas, Toñín, uno de los tramoyistas, hervía de rabia y odio hacia Miguel. Había estado presente durante todos los ensayos y había presenciado multitud de peleas entre la pareja, durante las cuales ella siempre salía peor parada. Aunque su puesto estaba en el almacén, la puerta que comunicaba con los camerinos llevaba meses atascada por la humedad y nadie se había molestado en repararla; no podía abrirse, pero las voces atravesaban la madera con total nitidez, de modo que Toñín escuchaba cuanto ocurría al otro lado. No soportaba a ese actor egocéntrico, narcisista y arrogante que trataba mal a todo el mundo, como si el mundo girase exclusivamente en torno a él. Toñín había querido ser actor, pero nunca se le dio una oportunidad y terminó conformándose con trabajar detrás del telón, colaborando en la disposición de los escenarios.

Al finalizar el primer acto, el telón se bajó y Miguel abandonó el escenario despotricando porque, a su parecer, lo que llevaban de representación no había salido como él quería. Iba tan furibundo que no reparó en Toñín y tropezó con él, estando a punto de caer al suelo.

—¡Vaya hombre, otro pendejo pululando por aquí! —exclamó.

Toñín habría querido enzarzarse en una pelea; eso era lo que le pedía el cuerpo. Pero Miguel era un hombre corpulento que le sacaba dos cabezas, mientras que él era más bien esmirriado. Detrás salió Irene, con semblante sombrío y la mirada baja; sin embargo, al pasar delante de Toñín levantó la vista y le dedicó una sutil sonrisa.

El tramoyista entró en el escenario para cambiar algunos elementos de la decoración. En el segundo acto había un momento en el que Miguel bebía una copa de vino. Disimuladamente, Toñín sacó un pequeño frasco de veneno para roedores y vertió unas gotas en la copa, sin pararse a pensar en las consecuencias.

Cuando los actores volvieron a escena, Toñín, bastante nervioso, observaba desde un lateral cómo se desarrollaba la función, esperando el momento en que Miguel bebiera el contenido de la copa. Pero, justo cuando estaba a punto de llegar ese instante, Irene dio un traspié y cayó sobre Miguel, quien soltó la copa, que terminó estrellándose contra el suelo. Aunque el incidente fue muy aparatoso, la extraordinaria profesionalidad de los actores permitió que se integrara con naturalidad en la escena y nadie del público percibió aquel giro inesperado.

Toñín se sintió decepcionado durante unos segundos, pero enseguida tomó conciencia de lo que había estado a punto de hacer.

Cuando la obra concluyó, Miguel, tras la tanda de aplausos, volvió a encararse con Irene, tachándola de torpe delante de todo el mundo. Toñín contempló desolado la humillación de la actriz antes de refugiarse en el almacén.

Antes de que todos abandonaran el teatro, Irene apareció en el almacén, para sorpresa del tramoyista.

—Sé que me tienes simpatía, Toñín, pero no podía permitir que arruinaras tu vida por mi culpa —le dijo.

Toñín parpadeó varias veces, confuso.

—Vi que echabas algo en la copa de vino del atrezo; supuse que lo hacías por mí.

Toñín no supo qué contestar. Entonces Irene le dio un beso en la mejilla y le dedicó una sonrisa resplandeciente.

—Gracias, de todas formas.

Y, dicho esto, dio media vuelta y abandonó el almacén, dejando a Toñín alelado mientras veía desaparecer su esbelta figura.

Al final, el guionista tuvo que adaptar aquel improvisado traspié de Irene al libreto original, y Toñín, cada vez que llegaba ese momento, veía cómo Irene miraba hacia donde él estaba y le dedicaba una de sus sutiles sonrisas.

Comentarios (6):

Gita

19/02/2026 a las 16:17

Hola Maria Jesús:

Muy interesante el giro de la obra. Hay conflicto y un excelente desenlace a pesar de que quisiéramos exprimirle el cerebro a Miguel. Para mi inesperado. Especialmente por la intuición de la actriz. Y justicia. No somos depredadores! Gracias por compartir!

Yolanda T

20/02/2026 a las 22:16

¡Hola, Maria Jesús!

Felicidades por tu relato. Me ha gustado como ha ido “in crescendo” hasta el desenlace. Y con un estilo sencillo y directo que ayuda a atraer la atención del lector.

La construcción de los personajes me ha parecido correcta. Uno siente simpatía por Irene y Toñín, pero es inevitable no cogerle manía a Miguel, jijiji.
Me ha gustado la fortaleza y perspicacia de Irene, lo que le da más robustez al personaje, en lugar de ser solamente una mujer acobardada y humillada.

Solo hay una cosa que me chirría:¿de verdad que Toñín no era consciente de lo que implicaba echar veneno en la copa?

Po cierto, muchas gracias por tu comentario, me alegro de que te haya gustado el relato.
Nos leemos.

Pilar (marazul)

27/02/2026 a las 19:46

Hola María Jesús, con un estilo claro y sencillo —sin florituras—, nos cuentas una historia que de admiración, de enamoramiento y de deseo de protección del tramoyista hacia la actriz. Ese “alelado” lo dice todo. Los personajes bien dibujados, sobre todo el de Miguel, que ya mos hacemos una idea de cómo es. Y como creo que tampoco se merecía morir, pues el final es amable.
Gracias por leer y pasarte por mi relato.
Un abrazo

Verso suelto

28/02/2026 a las 13:20

Hola María Jesús. Muchas gracias por comentar mi relato. El tuyo está muy bien construido y se lee con agrado de principio a fin. Muy bien elegido el tema, el mundo de los divos es muy propicio para que se generen fuertes pasiones como el odio que siente Toñín hacia Miguel.
No he visto ningún fallo que no se remedie fácilmente como alguna repetición de palabras muy cercanas en el texto: “…trataba mal a todo el mundo, como si el mundo…” o “…ver a esos dos grandes de la escena compartir escenario…” .
Buen trabajo, compañera.

Codrum

28/02/2026 a las 20:06

Hola, Maria Jesus:
¡Irene es mi heroina favorita desde ya!
Me ha gustado mucho tu forma de escribir. Sencillo, dinámico, con un ritmo constantr hacia el climax.
Al saber que tenías que introducir el frasco del veneno ( por obligación del taller), la parte cuando Toñin va al escenario me hizo pensar: ahora le envenena y listo.
Pero no, ahí estaba la gran Irene para salvar el pellejo a los dos; al alelado y al egocéntrico, narcisista y arrogante.

Mira que suelen decir que no se usen muchos términos juntos, pero ese trío ( egocéntrico, narcisista y arrogante) me gustó.
Seguro que alguien que sepa más te diría otra cosa, pero yo como lector de nivel bajo- medio, te digo que me encantó .

Y lo demás pues eso: unos personajes muy bien formados, una historia amena que se lee fácil, y un texto muy limpio.

Gracias por este teatrillo tan ameno.

Marta T

11/03/2026 a las 11:06

Hola María Jesús,

Encantada de comentar tu relato, me ha gustado mucho.
Tiene un conflicto que resuelves de una manera que me deja tranquila, nadie ha muerto.
El antagonista consigue tener el rechazo de los lectores, es un hombre machista, egoísta, narcisista…
Toñín tiene resentimiento y una admiración silenciosa hacia la protagonista ¿o será un amor platónico?
No sé, poner un par de gotas de veneno para ratas, ni siquiera le cause un malestar estomacal, si pensaba eliminarlo tal vez debería haber puesto algo más letal, sin sabor ni olor,
Irene, aunque es una víctima, es buena observadora y tiene control sobre las situaciones, incluso cuando el tramoyista pone el veneno en la copa ¿o es una coincidencia?

Me conmueve el sacrificio de Irene, al soportar a ese patán día a día, no solo en el trabajo sino además al ser su pareja, ya es hora que se lo piense ¿Qué espera de esa relación personal?

Si te apetece leer mi texto es el número 42 y es continuación del anterior reto.
Un saludo
Marta

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