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Boletín MUJER - por Cristina BridgertonR.
Boletín MUJER
9 de abril de 1926. Toda señorita con algo de conocimiento en nuestra lengua, se habrá dado cuenta de que el mundo es una palabra masculina que da pie a la vida, palabra femenina. Así es, queridas lectoras, cómo ésta acaba pasando de la mano de nuestros padres a nuestros maridos.
Por muy innovador que suene el siglo XX, pocas se atreven a contradecir este proceso natural.
En un apartamento del centro de Madrid, Don y Doña Hernández se deleitaban con su café rutinario de la tarde. Él leyendo La Gaceta Madrileña, diario que todo hombre de bien debía seguir, y ella un boletín que había captado su interés unas semanas atrás.
Con la voz algo ronca, pero con cierto tono de satisfacción, Don H. rompió el silencio y la concentración de su esposa.
– ¿Otra vez con esos panfletos? Esa propaganda anti-hombres para desviadas y solteronas… – rió, atragantándose con su propia tos – ya no saben qué hacer para llamar la atención.
– No es propaganda – contestó Doña H. con firmeza, aunque solo bastó una mirada de su marido para saber que esa no había sido la respuesta esperada.
Boletín MUJER
7 de mayo de 1926. Una puerta que nunca se abre cuando lo intenta una mujer. En esta ocasión no nos referimos a las oportunidades de las que se nos priva o del mundo del que queremos formar parte, no. En esta ocasión hablamos de la puerta de salida, de la escapatoria. Hablamos de la libertad.
Don H. se removió incómodo en su sillón, mientras leía La Gaceta Madrileña y tomaba su café de la tarde. Observó a su esposa, sentada en el sofá. Tan angelical, tan perfecta, leyendo el libro que le regaló para que dejase el dichoso folleto ese. Estaba tan metida en la historia, que ni siquiera se dio cuenta de cuando él, con cierto esfuerzo, se levantó del sillón para abrazarla por detrás.
– ¿Qué es eso? – habló tras la oreja de Doña H. al verla leer el boletín entre las páginas del libro.
Le arrebató con rabia el papel y lo rompió hasta que quedó hecho pedazos, bajo la mirada asustada de su esposa y que él interpretó como burlona. Dio la vuelta al sofá para enfrentarla cara a cara.
– Crees todas esas estupideces que dicen, ¿verdad? Eso de que los hombres somos veneno para las mujeres, que somos nosotros quienes os hacen tener arrugas después del matrimonio… – hizo una breve pausa, visiblemente agotado y rió de manera sarcástica. Luego, volvió a fijar la mirada en su mujer – No te lo creas tanto, ibas a acabar así igual ¡Solo hay que ver a tu madre!
Se dejó caer de nuevo en su sillón con una respiración forzada, ahogada. Doña H. corrió a buscar productos para limpiar la alfombra y no reparó en que su marido estaba un poco más delgado que antes.
La Gaceta Madrileña
29 de mayo de 1926. Ayer se dio la redada de un grupo ultra feminista, entre el que se encontraban mujeres con antecedentes criminales. Al parecer, proporcionaban sermones de forma periódica en base a una ideología extremista.
Se ha encontrado una conexión entre este grupo y el aumento en las muertes de hombres jóvenes por enfermedades espontáneas, aplacándolo a un posible uso indebido del frasco de arsénico vendido para la trata de plagas.
¡Tenga cuidado! Si no es usted fumador y ha tenido una tos inusual, si ha sentido que le fallan las fuerzas o si ha perdido peso, ¡Puede tener a su enemigo mucho más cerca de lo que parece!
Doña H. entró en la habitación matrimonial, cargando una bandeja con dos tazas de café para cumplir con su acostumbrada merienda de la tarde. Se sentó al lado de la cama, donde Don H. descansaba de su malestar con un rostro demacrado y una expresión peculiarmente fantasmal, mientras ella pensaba “solo un poco, un poco más”.
Comentarios (2):
Federico Nicolás
18/02/2026 a las 14:10
Hola Cristina!
El relato está muy bueno.
Me gustó mucho como llevaste la historia hasta el giro inesperado. Le he puesto a doña H la cara de yiya Murano.
Me hubiese gustado saber más sobre la relación del matrimonio. Pero claro que las 750 palabras limitan el desarrollo.
Me encantó! Saludos.
Tu vecino del 27.
JL.Martín
18/02/2026 a las 16:21
Estupendo relato. Para mí ha sido divertido y bien construido de forma muy original. Muy creativo el modo de presentar a los dos personajes y a su tiempo, sin caer en la repetición de mencionar sus nombres. No he encontrado debilidades gramaticales en tus 750 palabras a sabiendas de que todos tenemos fallos, pues los personajes deben ser siempre creíbles. Como lector, me parece frágil el conflicto para llevar al pobre hombre a una situación, tal vez irreversible… Pobre suegra. ATENCIÓN: rió, no lleva tilde. DON y DOÑA se deben escribir en minúsculas, anti-hombres o ultra-feministas, se pueden escribir juntos (es más técnico). Micro detalles: ésta, sin tilde, hacemos, en vez de hacen… Pues adelante, seguiré leyendo tus relatos. ¡MUY BIEN!