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Las vidas de Elena - por Carmenigne
¿Cuántas vidas puede tener una persona? ¿Cuántas de esas vidas llega a vivir? ¿Cuántas elige?
Esas preguntas se las hacía Elena desde que tenía uso de razón y hoy más que nunca.
Al levantarse todos los días hacía las mismas rutinas: desayunos, viandas, llevar los niños a la escuela. Ducharse y salir corriendo. Todo en piloto automático.
Esa vida, una de las tantas vidas posibles, le había resultado hasta hace muy poco, dos años quizás, agradable, estimulante, pero siempre había tenido la sensatez o más bien la insensatez de matizarla con atisbos de sus otras posibles vidas, sobre todo desde que Manuel había cambiado su carácter sustituyendo su alegría por momentos de mucha ira y oscuridad. Elena lo atribuía al cansancio.
A veces, cuando iba a trabajar, los días que Manuel consideraba la posibilidad de levantarse antes, para ayudarla—según sus palabras—se tomaba una hora solo para ella. En una cafetería pequeña, alejada de su cotidianeidad, se sentaba en una mesa, desplegaba su laptop y escribía durante la hora previa a la entrada a su trabajo. La Elena que conocían ahí era esa mujer misteriosa que pedía siempre un capuchino y sin mediar ninguna otra palabra escribía sin levantar la cabeza hasta las 10.
A veces una vida paría otra, y eso fue lo que sucedió cuando alguien se sentó frente a ella y le preguntó sobre qué escribía. Quizás fue su desfachatez, o su curiosidad, pero le contestó. Pablo se sumó a sus mañanas y poco a poco y en silencio tejieron esa otra vida donde compartían momentos y algunas tardes con horas robadas al trabajo, en un pequeño apartamento. Allí, por un rato, era otra Elena, la vida obediente daba paso a la vida clandestina, impulsiva. Se reía sin control, no tenía que preocuparse de cómo se sentían los demás, ahí estaba de paso. Pero cuando la vida de Elena junto a Pablo empezó a parecerse a la vida de Elena junto a Manuel, Elena desapareció. Sin avisar, dejó de ver a Pablo y de frecuentar ese bar, sustituyéndolo por otro en un barrio que nunca había visitado.
Elena sentía el deseo de una vida diferente y creía que esto era posible porque las había imaginado, incluso tenía un seguro. Lo había vuelto a encontrar en el altillo. Era una herencia de su madre que un día al señalar el frasco pequeño, con una etiqueta particular, recordó las palabras que le dijo y que Elena retuvo —Eso es la garantía que tengo de poder elegir. No entendió hasta que pasó mucho tiempo, pero al volver a visitar el altillo, leyó la etiqueta: veneno.
En su casa Elena también había encontrado como habitar otras vidas. Detrás de una vieja biblioteca, estaba escondida la puerta sin picaporte que nadie abría desde que ella era pequeña. La volvió a encontrar por casualidad en uno de sus ataques de orden. Atrás de esa puerta, descubrió un cuarto pequeño con un ojo de buey minúsculo que oficiaba de ventilación. Una vieja cama y un cajón con libros era todo lo que había. Junto con el descubrimiento de la habitación surgió el recuerdo de su madre saliendo por detrás de la biblioteca.
Algunas noches Elena abría la puerta con una pinza, pasaba y luego la cerraba. Allí en ese pequeño cuarto cerraba sus ojos para vivir las otras vidas que iba descubriendo y construyendo. En posición fetal se acostaba sobre el viejo colchón y cada noche desplegaba una vida diferente hasta la madrugada cuando volvía a acostarse, al lado de un Manuel que cada vez estaba más distante y alterado. Una noche, ya hacía unas horas que estaba, a poco tiempo de volver a su dormitorio, la sobresaltó el sonido de unos pasos viniendo de abajo que se iban acercando. Sintió cómo se dirigían a la puerta, mientras escuchaba en absoluta calma y silencio ruidos y maniobras. Escuchó un ruido similar al de un taladro, golpeteos de martillo. Asustada se levantó rápidamente. Introdujo la pinza en el lugar del picaporte ausente e intentó abrir como cada noche. La puerta no se movió. Empujó suavemente, luego con más fuerza. Habló, gritó:
—¿Manuel, eres tú? Estoy acá, soy Elena.
Golpeó la puerta una y otra vez. Aguzó el oído y escuchó un jadeo, la respiración de alguien, y una respuesta en la que reconoció la voz de Manuel:
—Sí, soy yo.
Elena volvió a gritar:
—Manuel estoy detrás de esta puerta.
Y volvió a escuchar la voz de Manuel, ronca, transformada:
—Lo sé.
Comentarios (12):
Hugo
19/02/2026 a las 02:25
Hola Carmeninge:
El conflicto se plantea desde el primer párrafo con tres preguntas existenciales.
Un narrador externo en tercera persona desde la perspectiva de Elena, en tiempo pasado, nos cuenta la disconformidad de Elena con su vida rutinaria y la relación gastada con Manuel. El deseo de escapar de esa rutina la empujó a una aventura clandestina que la hizo feliz por un tiempo. La falta de diálogo, de sinceridad con Manuel, de vocación para afrontar el problema y el escape permanente imaginando otras vidas, desembocó en un trágico final. Si bien es un final abierto, no son muchas las posibilidades de que salga ilesa de ese encierro, si es que sale. Quizá, forzada por la situación, optó por la garantía de poder elegir, que le había dicho la madre.
Más allá de los hechos narrados, es un relato que nos invita a pensar.
Felicitaciones por la originalidad del texto y por cómo está contado.
Solo puedo agregar algunas observaciones respecto a las palabras repetidas:
Vida/vidas se repite 15 veces. Si bien las repeticiones refuerzan el conflicto a veces son muy cercanas.
Otra/otras se repite 7 veces relacionada a “vidas”.
Elena se repite 13 veces. Se podría alternar con pronombres personales, posesivos, sustantivos, etc.
Puerta se repite 7 veces en la parte final del texto.
Por otra parte creo que:
“…sin levantar la cabeza hasta las 10.” Diez va en letras.
“Elena sentía el deseo de una vida diferente y creía que esto era posible porque las había imaginado,” Creo que es: “la había imaginado”. Porque se refiere a una vida diferente.
“…recordó las palabras que le dijo…” Creo que tendría que ser: “que le había dicho”.
“…escuchaba en absoluta calma y silencio ruidos y maniobras.” Quitaría “silencio” porque creo contradictorio escuchar ruidos en silencio. Si hay ruidos no hay silencio. Suponiendo que estuviese bien, correspondería coma después de silencio.
Mucha gracias por invitarnos a pensar.
Codrum
19/02/2026 a las 06:49
Hola Carmeninge,
¡ qué texto más intenso!
De primera te diré que me pareció demasiado denso. Demasiadas frases largas con mucha explicación intercalada, (incluso mas largas la frase que tratan de explicar) y a veces a mí me pierde.
Lo segundo, es que al ser un texto tan íntimo y no estar separado en párrafos parece que te ahoga más que absorberte.
Lo tercero, sabes muchísimo de la vida de tus personajes. Y por eso lo quieres contar todo.
Lo cuarto y empieza lo bueno; el inicio te capta. Con esa preguntas haces que el lector esté dispuesto a leer. Vamos conociendo a la protagonista, sus rutinas y cómo se van modificando por la aparición de otra persona. Nos presentas sus vidas .
Tiene fuerza y algunas frases muy buenas que se pierden en la densidad de los árboles al rededor .
Creo que tienes un texto que es un arbusto, te falta coger las tijeras de podar para que destaque en todo el vecindario.
¡La base es muy buena.
Gracias por este tiempo de lectura.
Codrum
19/02/2026 a las 08:03
Acabo de volver y, en vez de leerlo en el móvil, lo he leído en el ordenador, y la estructura del texto es completamente diferente. Así que anulo lo de los párrafos.
En lo de las frases largas, me refería a frases como esta: A veces, cuando iba a trabajar, los días que Manuel consideraba la posibilidad de levantarse antes para ayudarla —según sus palabras—, se tomaba una hora solo para ella.
Ojo, que no es un fallo tuyo; creo que es mío. Pero creo que se podría decir de otro modo más claro.
Comienzas dos párrafos con «A veces». ¿Lo has elegido como voz única del narrador?
Me reitero un poco en lo que dije antes.
Tienes una base muy sólida.
Tienes un final súper potente, al que le falta preparación: mostrar la evolución de Manuel, mostrar cómo se deteriora su relación. El final es potentísimo, pero viene de golpe, sin preparación.
Estoy convencido de que, con un poco de borrar aquí y poner allí, se queda un texto impresionante.
Mucho ánimo y gracias de nuevo por este rato de lectura.
Yolanda T
19/02/2026 a las 09:21
¡Hola, Carmeninge!
Lo primero: felicidades por el relato. Al plantear el conflicto con las preguntas iniciales me ha atrapado al momento. Después, a medida que desarrollaba la historia, sufría con el descontento de Elena con su vida. No auguraba nada bueno. Y, finalmente, el desenlace. Me ha gustado cómo lo has construido, aumentando la tensión con cada palabra. Me ha hecho sentir la angustia y el pánico de la protagonista, así como la maldad de Manuel.
En cuanto a los aspectos a mejorar, me sumo a los comentarios de los compañeros. El párrafo tercero, por ejemplo, es una frase demasiada larga que se podría acortar en otras más pequeñas.
Además, el párrafo que introduce el frasco me parece algo forzado y no me queda clara la relación que tenía la madre con él. ¿Por qué se lo mostró a Elena? ¿Era una escapatoria por si llegaba a una situación límite? ¿Ambas tenían una relación de pareja conflictiva? Creo que si este punto se hubiera desarrollado más, le habría dado un punto de intriga extra al relato. Pero entiendo que la limitación de palabras es la que es.
Nos leemos.
IGNACIO Zrgz
19/02/2026 a las 10:13
Hola Carmenigne. Me ha gustado el relato. El principio me ha recordado una película antigua que se titula “La vida en un hilo”. Después he empezado a pensar en cómo la monotonía de las relaciones nos devora la vida. Luego ha aparecido un punto de misterio con la habitación oculta y de pronto ha estallado el terror. Muchas veces los relatos que escribimos son previsibles. Además, se nota que hay que introducir las frases obligatorias. En tu relato puedo decir que no lo vi venir. Felicidades.
Carmenigne
19/02/2026 a las 15:37
Hugo, Codrum y Yolanda e Ignacio, gracias por los comentarios y el tiempo.
A veces pienso si corresponde “explicar”, porque yo apuesto a que, si con el texto no se logra traducir las intenciones de uno, ahí hay algo para revisar. De todos modos, como parte del intercambio, comparto algunas cosas que me dejaron sus devoluciones.
Hugo me hiciste reír, pero sobre todo dar cuenta que esa intencionalidad que tengo de generar fuerza a través de la repetición puede resultar excesiva. Lo sé, lo trabajo, pero se me cuela. De todas formas, tu recuento numérico fue muy elocuente y útil.
El plural de vidas es deliberado. La protagonista imaginaba no una, sino muchas vidas posibles. Quise señalar esa idea de que cada elección encarna una de tantas vidas que podrían haber sido, y que mientras haya vida, siempre permanece la posibilidad de otra.
Codrum, tienes razón: el equilibrio entre incluir la consigna y escribir sobre lo que en ese momento me convocaba me llevó a introducir algo que anticipara el final. Lo tendré en cuenta para la próxima propuest
Yolanda T gracias. Encontré esa forma de incluir el veneno, como algo transgeneracional, no elaborado, pero la limitación de palabras a mi me resultó compleja en esta oportunidad.
Ignacio Zrgs, me dejaste con la espina. Buscaré la película.
Edu, S.C.
20/02/2026 a las 19:27
Hola Carmenigne,
Primero agradecer tu visita a mi texto. Me propuse leer tu relato de un tirón, sin entrar en análisis y debo decir que la lectura fluyó y la historia me atrapó y, en mi opinión, no hay mejor resultado que ese, así que felicidades. Yo creo que le das el tono adecuado a lo que te pide la historia, consigues contagiarme la desazón de Elena ante el día a día que nos come.
Como te comenta Yolanda, también encontré algo forzada la introducción del veneno en el relato.
Quizás mi gran “pero” es el final. Aunque es un final impactante (a mi la idea de quedarse encerrado en un sitio es de lo más angustioso que puedo imaginar), como lector no acabo de encontrar suficiente justificación en lo leído hasta el momento para algo tan radical. En todo caso nadie más te lo ha apuntado, así que puede ser solo mi sensación.
Felicidades por tu cuento.
María Jesús
21/02/2026 a las 16:11
Hola Carmenigne: Me ha gustado mucho tu relato, principalmente por la sencillez, pero también por la temática ¿Quién no querría tener la oportunidad de vivir varias vidas? ¿De explorar otros ambientes? Creo que has hecho un planteamiento bastante interesante, aunque la nota de misterio que has empleado para introducir los objetos obligatorios ha desbaratado un poco el conjunto .Pero vamos, es mi apreciación, por lo demás, el relato me ha enganchado. Un saludo.
Carlos Tabada
25/02/2026 a las 13:39
Hola Carmenigne, espero que no te importe que comenté sin haber subido relato, voy a comentar porque me ha parecido ver algo que creo compartir, tener un relato y no saber dónde meter las palabras obligatorias del taller. El caso es que el texto me parece fenómeno hasta la aparición del veneno, luego un paréntesis raro y luego retomar lo que quizá fuera tu idea original respecto del encierro espeluznante, pero ya esa última parte está desvirtuada por los dos párrafos del veneno. Tengo una buena noticia, chatgpt es rebuena para incrustar una palabreja si le pasas un texto construido. Así lo hice el mes pasado y resulto en las líneas más “literarias” del relato, encajando un mapa que no entraba ni a tiros. En cuanto a esa primera parte, y hasta cierto punto la segunda, es genial lo cercano que resulta la psicología de tus personajes que como lector integran sin forzar el sentido común con posiciones opuestas a él, una mujer que feliz se desliza al adulterio, o un marido anodino que finaliza con un encierro espeluznante.
Carlos Tabada
25/02/2026 a las 13:49
Por cierto, como aficionado al circo de fórmula 1, no me resulta ajena la práctica de no quebrar la ley pero sí su espíritu, y no me gustaría que mi consejo sobre las palabras obligatorias hiciera menos cristalino el hecho de que el propósito del taller, el auténtico reto, sea escribir en el contexto de las palabras-guia, que entiendo no están ahí para que chatgpt las “encaje”.
MJesúsNC
27/02/2026 a las 12:13
¡Hola, Carmenigne!
Me ha gustado mucho tu comentario. Es impecable, constructivo y amable. Muchísimas gracias.
Respecto a tu relato:
Has generado una atmósfera de misterio y suspense con tensión psicológica.
El título me parece adecuado, con la transición de la primera vida de Elena, rutinaria y automática, a la segunda, clandestina, que se contamina de la primera. Está muy bien planteada.
El giro final del desenlace me parece aterrador. Cómo Manuel sella la puerta y su respuesta final “Lo sé” es escalofriante, al mostrarnos su maldad.
El final abierto y pesimista, nos deja sin aliento.
¡Buen trabajo!
Saludos.
Carmenigne
28/02/2026 a las 22:33
Gracias Edu, Ma.Jesus, Carlos y Ma.JesusNC. Todos los comentarios los tomo y trato de integrarlos y tenerlos en cuenta y como le decia a Codrum, el balance entre escribir algo sobre lo que deseaba y respetar la consigna, esta vez probablemente no salio del todo fluido.
Carlos no solo no me molesta, sino que agradezco la generosidad de disponer parte de tu tiempo para compartir tu opinión para ayudarme.
Con respecto al uso de la IA en esta etapa prefiero evitarla. Quiero forzarme y meterme en situaciones incómodas para poder seguir explorando-me.