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Lo que no olvido - por Marianela MarínR.+18
El aire seco y recalentado abrasaba por dentro a cada respiración. La elección del momento del día no había sido casual. En plena canícula de agosto se minimizaba la posibilidad de encontrar a otro temerario ser humano.
Después de tantos años, todo ese terreno había despertado el interés de un especulador inmobiliario. Al fin y al cabo, desde que la nueva carretera acortaba el tiempo de llegar a la ciudad, el pueblo se había convertido en un lugar vendible como entorno ideal para familias. Las retorcidas y oxidadas chapas que se habían desprendido de las estructuras de ese viejo parque de atracciones vaciaban con sus crujidos y golpes el silencio, que varias décadas atrás se había adueñado del lugar.
La noticia de que la policía iba a revisar de nuevo las instalaciones del parque, antes de que fuera demolido, había traspasado fronteras. Aunque ya hacía muchos años que no vivía allí, no tardé mucho en enterarme. Las causas de la muerte en el parque de aquel niño nunca lograron aclararse. Antes del inicio de los trabajos de derribo de las viejas atracciones iban a volver a inspeccionarlas, tal vez en un último intento de encontrar algo que fuese la clave y llevase a entender lo que sucedió.
El cuerpo de David apareció como un elemento más del atrezo del túnel del terror, aunque en realidad no apareció, porque siempre estuvo en el mismo lugar. Pasó bastante tiempo hasta que la curiosidad de uno de los visitantes del parque sobrepasó la línea del decorado, que no pudo contenerse en comprobar de qué estaba hecha la figura del supuesto zombi. El parque estuvo varias semanas cerrado, circularon todo tipo de historias sobre qué había sucedido, pero en realidad nunca se llegó a conocer.
Solo yo sabía lo que le pasó a David.
Y ahora permanecía delante de una puerta que no se abría. No había manera, no había traído ninguna herramienta porque simplemente pensé que nadie habría reparado la parte del vallado por la que acostumbrábamos a colarnos de niños, justo ahora que lo iban a derribar. Y la puerta de acceso estaba bien asegurada: no iba a ser suficiente un empujón para que cediera.
Había pasado tantos años esforzándome por mantener cerrada esa parte de mi vida, en no dejar que me alcanzara. Y ahora estaba poniendo toda mi energía e ingenio en derribarla, para intentar deshacerme del último elemento que podía llevarlos a mí.
David se convirtió en el origen de todos mis sufrimientos en los últimos días de mi infancia. No desperdiciaba ninguna ocasión para proyectar toda la ira que le hervía en su interior por las palizas que su padre le daba para corregir su inapropiada conducta, alejada de la exigente interpretación de sus principios religiosos. Pasar de ser el humillado al que humillaba parecía darle una liberación que no encontraba de ninguna otra manera.
Mi apariencia física de niño débil y poco hábil con el cuerpo incentivaba su maldad, pero nunca contempló que esas carencias se vieran suplidas por una exuberante imaginación e intelecto, aunque tampoco tuve que pensar mucho cómo resarcirme de las mortificaciones de sus vejaciones.
Como actividad de final de curso todo el colegio íbamos a pasar un día en el parque de atracciones, lo que me daba la oportunidad de avergonzarle públicamente delante de un número tan grande de personas que era imposible que pasara desapercibido. Cuando nos repartieron la merienda, en un gesto de aparente amabilidad le llevé su botella de refresco y su bocadillo. Me había cuidado de traer de la droguería de mis tíos un frasco de veneno. Solo le iba a echar una pequeña cantidad, para que delante de todo el mundo echara espuma por la boca y se le vaciaran las tripas, como había visto en las películas. La ignorancia de la infancia hizo el resto. El veneno hizo efecto rápidamente. Le vimos correr, tratando de ocultar las manchas en el trasero de sus pantalones.
Se pensó que habría vuelto a casa, pero no apareció ni allí, ni en la escuela, ni en los campos de alrededor del pueblo. Salió corriendo entre la gente a refugiarse de la vergüenza de ser visto en el túnel del terror y allí el veneno terminó con él.
Ahora, yo estaba intentando volver a entrar en el parque, para buscar el frasco de veneno que dejé escondido y sacar a David de mi vida.
Comentarios (8):
Codrum
20/02/2026 a las 10:23
Hola,Marianela:
Interesante texto el que planteas aquí: acoso, venganza… todo tratado desde una primera persona. El narrador es muy lo que ha hecho y los motivos que lo llevaron a hacerlo.
En cuanto a la forma tienes una estructura que va avanzando pero lo veo un poco plana. Frases muy largas , muy explicativas ,que me pierden un poco.
También creo que tienes un poco desaprovechada la frase : “ Solo yo sabía lo que le pasó a David.” Debería de ser el punto álgido, l que cambie el ritmo del texto y la que nos haga odiar o simpatizar con el narrador. Y sin embargo nos hablas de la puerta.
Este texto, a mi humilde parecer, tiene una base muy sólida, con unos pequeños cambios aquí o allí podría funcionar muy bien. !Así que a seguir escribiendo y leyendo!
Muchas gracias por este ratito de venganza que me has dado.
Un abrazo.
Amadeo
21/02/2026 a las 14:45
Marianela.
En general me gustó el cuento, principalmente cuando aparece la historia de David y el causante de la última corrida. Aventura y travesura de niños (no sabemos sus edades)
Considero demasiada extensa (unas 100 palabras) la presentación del parque, que poca influencia tiene en el cuento.
Encontré varias repeticiones cercanas de: mi, me, mis… También cambios inapropiados de tiempos verbales. Revisaría.
Dices: Había pasado tantos años…. Lo correcto sería Habían pasado tantos años…
Felicitaciones.
Nos seguimos leyendo.
Cordiales saludos.
Amadeo (Argentina)
Nota: estoy en el Nº 12, por si quieres leerlo y comentarlo.
Moldy Blaston
21/02/2026 a las 19:30
Hola Marianela, este mes me toca comentar tu relato, con mucho gusto.
¡Qué buen pulso narrativo tienes! Me ha encantado cómo logras esa atmósfera asfixiante desde la primera frase; ese calor de agosto casi se puede sentir mientras lees, y funciona de maravilla para reflejar la presión interna que siente el protagonista.
Creo que es fascinante cómo manejas el suspense psicológico, llevándonos de una aparente nostalgia por un parque abandonado a un giro tan oscuro y potente como es la tragedia de David. La imagen del niño oculto como parte del “atrezo” en el túnel del terror es, sencillamente, una metáfora visual escalofriante y muy bien ejecutada que se queda grabada en la mente. Además, me parece un acierto total cómo justificas el conflicto desde el acoso escolar y esa ingenuidad letal de la infancia, dándole una profundidad emocional que hace que la historia sea tan inquietante como humana.
En mi opinión, tienes una habilidad especial para dosificar la información y mantener la tensión hasta el último punto. ¡Sigue así, porque logras atrapar al lector por completo!
Si quieres puedes pasarte por el mío (#14) y me comentas.
Nos leemos!!!
Marianela Marin
23/02/2026 a las 18:38
Muchas gracias Codrum por tus comentarios. Se me quedan escasas las 750 palabras y suelen salir frases largas, que encajarían mejor en un texto con más extensión. Espero a ir mejorando esa parte.
La ambigüedad de amar u odiar al protagonista esta creada intencionalmente, para que el lector decida si considera su comportamiento razonable o reprobable, si se considera justificada la venganza en la infancia, hasta los términos en los que lo lleva acabo, a pesar de tratarse de un niño, que no tiene ningún remordimiento por sus actos.
Saludos.
Marianela Marín
23/02/2026 a las 18:41
Gracias Amadeo por tus comentarios. No tuve mucho tiempo para revisar y alguna falta de concordancia o repeticiones, se escaparon en la corrección. Las anoto, para mejorarlas para la siguiente.
Saludos.
Marianela Marin
23/02/2026 a las 18:43
Moldy, muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado el texto. Básicamente has resumido y marcado, todos los efectos que pretendí conseguir.
Saludos.
Ruvi E.
25/02/2026 a las 11:33
Hola Marianela, primero que nada muchas gracias por tus comentarios acerca de mi relato. Me sirven mucho las correcciones para mejorar mi escritura.
Muy bueno tu relato, muy bien escrito. Me gustó mucho que en los dos primeros párrafos no se sabe que tipo de narrador es y cuando entra la primera persona ya estás enganchado.
El final, aunque ya se ve venir, está muy bien logrado.
Feicidades. Espero nos sigamos leyendo.
Saludos.
Guillermo Cédola
08/03/2026 a las 18:37
Me pareció un relato muy bien construido, con una atmósfera opresiva que se siente desde las primeras líneas. El ambiente del viejo parque de atracciones abandonado está muy logrado y acompaña muy bien la tensión de la historia. Además, el modo en que vas revelando el pasado del narrador, poco a poco, mantiene el interés hasta el final. Es un cuento oscuro, pero bien llevado, donde la culpa y la memoria quedan muy bien trabajadas. Me encantó leerte