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Tras la puerta - por José Torma
Web: https://www.cuentoshistoriasyotraslocuras.wordpress.com
“Si su merced me presta un minuto, agradecido por su atención y por su bondadosa cooperación al fondo de fondos para mi bicicleta, yo le cuento la historia de las hermanas brujas. Siendo gemelas, lo único que compartían era el camino de llegada a este mundo. Una rubia, la otra de cabello oscuro.
Espiritualidad Ramírez, la mayor por orden de llegada fue una niña muy tierna, con facilidad para hacer amistades, con niños y animales. Su padre la llamaba Nívea por el marcado contraste entre su piel y su cabello azabache: Apolonia, al contrario de su hermana, siempre fue complicada. No ayudaba la constante comparación que sus padres hacían entre ellas. Rubia como el sol, le gustaba llevarlo suelto, ante las miradas reprobatorias de su madre que pensaba que el peinado apropiado eran unas estrictas trenzas.
Secreto a voces era en el pueblo la actividad que su madre desarrollaba. Estudiosa de las ciencias, había desarrollado fama como hechicera, por sus potentes pócimas curativas.
En la casona de los Ramírez, había una puerta que nunca se abría. Su padre, bueno y paciente, les advirtió desde pequeñas que ese cuarto estaba prohibido. inútilmente trataban de encontrar la manera de entrar. Espiritualidad, perdió el interés al poco tiempo, pero se convirtió en una obsesión para Apolonia, que soñaba con abrirla.
Un caluroso verano, Eduwiges, la cocinera, cayó enferma. La familia puso a ambas a cuidar de la vieja, mientras su madre preparaba remedios en su habitación. Pasaron unos días y la enfermedad no cedía.
Delirante señalaba insistentemente el viejo ropero. Espiritualidad lo empujó por la noche. Sorprendida al ver una puerta desconocida. Entró y ahí encontró los instrumentos de trabajo de su madre, así como frascos con hierbas y líquidos que llenaban la habitación de penetrantes olores. En la mesa, escrito a mano, estaba un cuaderno, amarillo por el uso. Emocionada empezó a leer sobre todas las posibles combinaciones que, para su sorpresa no eran necesariamente para hacer el bien. Asustada corrió a contarle a su hermana sobre su descubrimiento.
Noche tras noche, ambas estudiaban y experimentaban. Espiritualidad combinó una pócima que le daba en secreto a la cocinera, quien empezó a mejorar. El doctor y la madre que sospechaban lo que pasaba. Ella se sentía orgullosa de los progresos que su hija tenía, aun sin su tutoría.
Apolonia, celosa al extremo por la nueva atención hacia su hermana, regresó al cuarto. Salió triunfante al segundo día, ansiosa por mostrarle a su madre sus avances, sin medir las consecuencias, le dio el brebaje a la enferma sin avisar a nadie.
Los Ramírez encontraron muerta a Eduwiges por la tarde, espuma salía de la comisura de su boca. En el suelo un frasco. La madre lo recogió, lo llevó a su nariz y entendió todo. El recipiente olía a veneno, error de principiante.
Al día siguiente, juntó a sus dos hijas para averiguar cuál había sido la culpable del desatino.
Espiritualidad, asustada y nerviosa lloraba sin consuelo, mientras su hermana, con un aplomo de hierro, negaba estar involucrada.
—¡Lo siento! —gritaba mientras su madre la miraba con la decepción fija en su rostro.
La policía llegó más tarde, no fue una investigación larga, el llanto de Espiritualidad y el aceptar ser la que le daba los brebajes a la cocinera fue la prueba necesaria para considerarla culpable al instante.
El padre intentó detener a la autoridad, amenazando con consumir el resto de la pócima. La madre agarró del brazo a Apolonia y la sacó de la casa. Subieron a un auto y no volvieron la vista atrás. El color amarillo en las uñas de su hija le decía la verdad, su familia se desmoronaba y tal vez, con el entrenamiento correcto, lograra convertirla en una excepcional curandera.
Años después se dio cuenta de que eligió salvar a la hija equivocada. Tirada en el piso sentía el veneno carcomer su cuerpo mientras su hija observaba.
Espiritualidad murió en la cárcel, donde era muy apreciada por sus remedios que curaban a las internas. De Apolonia no se volvió a saber nada.
Fin.”
El crio la miraba en espera de su propina. Sacó un billete de cincuenta pesos, que el niño casi le arrebató.
Casi cien años habían pasado, ahora bajo el alias de “Madame Señora”, seguía haciendo de las suyas. Poco quedaba de Apolonia Ramírez, incluso su cabello era oscuro. Al menos su historia seguía siendo contada. Ahora se hacía pasar por gitana y seguía haciendo el mal, solo por diversión. Margarita era la siguiente.
Comentarios (8):
Airun
18/02/2026 a las 16:08
El relato me ha transportado a otros tiempos atras. Como a mejorar hay palabras “auto” o “policia” que son objetos del futuro ,no coherentes con el relato de una epoca antigua.
.
Cristina Otadui
20/02/2026 a las 22:06
Hola José,
He de confesar que no se exactamente por que pero me he perdido entre nombres y párrafos un par de veces en la lectura de este cuento “dentro de otro cuento” que es una fórmula que siempre funciona.
La atmosfera que creas mezcla tradición oral, brujería, tragedia familiar y siente como un cuento oscuro contado en una plaza, con ecos de leyenda popular y un cierto ambiente de fatalidad.
El eje moral del cuento se muestra claro desde el inicio cuando ya describes el contraste entre las hermanas: la bondad para espiritualidad y el frio para Apolonia.
El simbolismo esta bien trabajado: Cabello oscuro contra cabello rubio. Trenzas estrictas versus cabello suelto. Lágrimas histéricas contra aplomo calculador o la curación genuina Vs. veneno.
Y el cierre con el doble giro final quizás sea el punto mas fuerte del relato.
Pero échale un ojo al tema gramatical, al ritmo y a la puntuación. Y totalmente de acuerdo con la sugerencia que te hace Airun: el término “policía” chirria dentro del ambiente del relato.
Ya se que la limitación de palabras siempre pesa pero yo ahondaría mas en el personaje de Apolonia es un antagonista realmente fuerte y creo que merece alguna línea mas.
Por lo demás buen trabajo,
Gracias por escribir y compartir
¡¡Nos leemos!!
PD: si te apetece darte una vuelta por mi texto de este mes estoy la última…fácil de encontrar 😉
Hugo
21/02/2026 a las 00:38
Hola José:
Me resultó agradable y entretenido leer tu trabajo.
Un narrador anónimo se ofrece a contarnos una historia (en tercera persona y tiempo pasado) a cambio de una donación para el fondo de fondos para su bicicleta. Me resultó muy simpática y tierna esta frase.
El término su merced y la presencia de un auto en el relato nos ubican en una época no mucho más allá de fines del siglo XIX.
Me gustó y me pareció muy original la frase: “lo único que compartían era el camino de llegada a este mundo “, para marcar la diferencia entre las hermanas brujas.
La elección de los nombres no sé si fue intencional.
Apolonia: se asocia con habilidades de sanación.
Espiritualidad: funciona como recordatorio constante de valores y principios espirituales.
Eduwiges: deriva del germánico antiguo y está compuesto por elementos que significan “riqueza, prosperidad” (eod) y “batalla, lucha” (wig). Se interpreta como batalla de la vida.
La historia se desarrolla en forma lineal hasta llegar a un final injusto, donde Espiritualidad termina presa por un crimen que no cometió y Apolonia en libertad y asesinando a su madre, que la había salvado.
A manera de “epílogo” el cuento continúa.
Aparece el niño, que en el primer párrafo se había ofrecido a contar la historia, reclamando su propina. Nos enteramos que esta historia había pasado hace casi cien años y que la persona a la que se la estaba contando era Apolonia, ahora convertida en una gitana que se hacía llamar “Madam Señora”. Apolonia seguía haciendo el mal y tenía una futura víctima llamada Margarita que no fue parte del cuento.
La prosa fluye y tiene buen ritmo. Un argumento sencillo pero que atrapa
El tono es bastante neutro. No hay señales que nos indiquen que es un niño el que nos habla (solo cuando se refiere al fondo de fondos para la bicicleta).
Algunas cuestiones de puntuación y de estilo:
“…contraste entre su piel y su cabello azabache: Apolonia, al contrario de su hermana…” Entre contraste y Apolonia va punto y seguido. No dos puntos.
“…el peinado apropiado eran unas estrictas trenzas.” Creo que apretadas va mejor que estrictas.
“…les advirtió desde pequeñas que ese cuarto estaba prohibido. inútilmente trataban…” Entre prohibido e inútilmente pondría coma.
“Delirante señalaba insistentemente el viejo ropero.” Pondría coma después de Delirante.
“Sorprendida al ver una puerta desconocida. Entró y…” Después de desconocida pondría coma en lugar de punto y seguido.
“Entró y ahí encontró los instrumentos de trabajo de su madre, así como frascos con hierbas…” Quitaría “ahí”. Evitaría la rima entre entró y encontró. Y creo que estaría faltando la palabra “también” después de “así como”.
“…posibles combinaciones que, para su sorpresa no eran necesariamente para hacer el bien.” Creo que “para su sorpresa “tendría que ir entre comas. Evitaría la repetición de “para”.
“El doctor y la madre que sospechaban lo que pasaba.” Sobra “que”.
“…ansiosa por mostrarle a su madre sus avances…” Evitaría la repetición “su-sus”
“Los Ramírez encontraron muerta a Eduwiges por la tarde, espuma salía de la comisura de su boca. En el suelo un frasco. La madre lo recogió, lo llevó a su nariz y entendió todo.” Creo que esta frase está un poco estilo telegrama. El término “comisura de su boca” creo que puede ser un lugar común.
“Al día siguiente, juntó a sus dos hijas para averiguar cuál había sido…” Considerando la gravedad del caso y que la muerte de Eduwiges había sido por la tarde, por qué esperar. Quitaría “al día siguiente” .
Bueno José, me despido hasta la próxima.
Nos seguimos leyendo.
trinity
21/02/2026 a las 16:17
La verdad José, me ha resultado un relato muy curioso, ya empezando con la palabra ” si su merced”, te trasporta a un tiempo muy pasado.
La historia de las hermanas brujas, te mantiene en un misterioso relato, con palabras y nombres de los personajes,que no te dejan indiferente.
Me sorprende que una vez has puesto el “fin” a tu historia a forma de post data, se da a entender que Apolonia cien años después sigue haciendo de las suyas, se ha cambiado el nombre y se hace pasar por gitana.
Tampoco entiendo mucho,el crío que espera la propina.
Realmente una historia curiosa, si señor.👌
Moldy Blaston
21/02/2026 a las 17:47
Muchas gracias José por tu amable visita y sobre todo porque has entendido perfectamente lo que traté de reflejar en el relato, cosa que no en todos los compañeros y compañeras he conseguido.
Procedo a comentar tu relato con tu permiso.
Creo que tu relato tiene un sabor a leyenda popular y realismo mágico que me ha cautivado. Es una historia de “origen de villana” perfectamente ejecutada.
El recurso del “cuento dentro del cuento” (el niño que narra la historia para pedir propina) es magistral. Le da un aire de tradición oral y hace que el giro final, donde descubrimos que la protagonista de la leyenda está escuchando su propia historia, sea impactante.
El detalle de las uñas amarillas, ¡qué agudeza! Es un detalle visual pequeño pero potente que revela la culpabilidad de Apolonia sin necesidad de grandes explicaciones. Es “mostrar, no decir” en su máxima expresión. Me encanta.
Y además aquí el veneno no es solo una sustancia, es el vehículo de la traición y, finalmente, del matricidio. El final con la madre dándose cuenta de su error demasiado tarde es demoledor.
En mi opinión es un relato con muchísima fuerza visual y un ritmo de fábula clásica. Me encanta que hayas utilizado nombres tan sonoros como “Espiritualidad” y “Apolonia”. Creo que tienes un talento especial para crear personajes que odiamos amar. Te felicito.
Nos leemos!!!
PROYMAN1
24/02/2026 a las 18:04
Saludos José soy tu vecino del 24 y he leído tu relato, una historia de brujas que me ha gustado y sobre todo el detalle de Espiritualidad que con sus remedios ayudaba a mejorar las maldades de estar encerrados en una carcel.Triste fin el de Espiritualidad.
Te doy las gracias por haber leído mi relato y tomo nota de tus comentarios y observaciones técnicas que los tendré en cuenta revisando de nuevo mi escrito.
Confío en seguir leyéndonos.
Codrum
27/02/2026 a las 07:46
Hola;
Un texto muy curioso si, con un gran contraste entre las protagonistas.
Y una historia que va avanzando.
El clímax a mi parecer queda un poco diluido. Cuando la cocinera enferma y las gemelas descubren la habitación…. Me queda muy comprimida esa parte.
, enhorabuena por este relato que me ha tenido en suspense todo el rato.
Pilar (marazul)
27/02/2026 a las 20:15
Hola José: muchas gracias por pasar y comentar mi relato. Acabo de leer el tuyo muy de tu estilo. Me ha parecido entretenido porque realmente tiene acción, magia y unos personajes bien dibujados con el pincel del contraste (buenos y malos, Bien elegidos los nombres para la finalidad que se desea.
Un cordial saludo