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La luz cegadora - por Madame BovaryR.
La luz cegadora
Estoy encerrada en un lugar desconocido. Hay una sola puerta que no abre, aunque tiene perilla. No hay conexión eléctrica alguna, o sea, que no hay lámpara en el techo. Solo hay un tragaluz, lo que sugiere que si esta noche no hay luna llena no podré ver absolutamente nada hasta que amanezca. ¿Qué es este lugar? No se parece a ninguno otro que yo conozca. Estoy encerrada no sé dónde. Y aquí no hay nada. No hay sillas ni mesas. No hay alimentos ni agua. No hay una ventana por la que yo pueda mirar hacia afuera. La puerta es sólida; no tiene rejilla para pedir ayuda; no tiene cristal para que me vea alguien que pase o que yo pueda ver a quien pase por ahí cerca. No sé qué voy a hacer.
—¿Cómo llegué aquí? ¿Quién me trajo? ¿Dónde estaba antes? —me pregunto.
Intento recrear los sucesos de las 24 horas anteriores y no recuerdo nada.
— ¿Me habré vuelto loca? ¿Estaré soñando? ¿Estaré muerta? Bueno, si estoy viva tendré que morirme porque aquí no hay oxígeno. —me digo.
A pesar de todo me siento tranquila. No estoy asustada. ¿Y por qué no estoy asustada? ¿En quién confío? ¿En que alguien venga a sacarme de aquí? ¿Pero quién? Escucho pasos apresurados, ruedas de carrito, muchas voces desconocidas, huele a comida rica. Necesito ir al baño urgentemente.
— ¡Eh, oiga! Por favor, tengo que ir al baño. ¡Ayúdeme, por Dios! —suplico.
Nada, no me hacen caso, siguen de largo. Dejo de escuchar las voces. El silencio es aterrador. Parece que no van a darme alimentos ni me permitirán ir al baño. Necesito que alguien me explique lo que está pasando y me rescate. Bueno, pues como esto va para largo tengo que entretenerme para no desesperar. Ya sé; yoga. Siempre me calma hacer yoga. Comienzo a hacer unas posturas en el piso para distraerme. El piso es rugoso, así que no resbala. El piso y mi cuerpo, nada más. Dale, inhala profundo en cuatro respiraciones, retén en cuatro, exhala profundo en cuatro. Respiración cuadrada. Dale, continúa. Canta el mantra que te gusta: «Om Shanti, Shanti, Shantiiii, Om Paz …» Alguien aparecerá pronto. No pienses. No le des cabida a los pensamientos negativos, solo a los positivos.
Se escuchan pasos y ruedas de carritos nuevamente, olor a comida rica (tal vez pollo en fricasé o bisté encebollado con arroz y habichuelas, ensalada y tostones) junto con voces, al parecer, de empleados. Escucho otras voces como de personas encerradas, igual que yo. Piden comida, agua, explicaciones … Poco a poco aumenta el volumen de los pedidos hasta convertirse en gritos. Algunos son ya desesperados, desgarradores. Pienso que nos están torturando, pero ¿quiénes nos hacen esto y por qué? Vuelvo a la perilla de la puerta, la volteo, la halo, la jamaqueo, pateo la puerta, levanto la voz pidiendo auxilio, grito, lloro, me revuelco por el piso.
No sé cuánto tiempo he estado llorando y gritando. Me quedé dormida por el cansancio. Al despertar divisé un pequeño frasco en una esquina del cuarto. Atada al frasco había una nota que leía: «Cuando no puedas más tómate esto y terminarán tus problemas.» Desconozco qué contiene el frasco, pero me arriesgo a abrirlo y huelo. El olor es desagradable.
— ¿Cómo voy a tomarme esto si no sé lo que es? —me pregunto.
Comienzo otra vez a llamar y a suplicar por ayuda. No aparece nadie, no me responden, no oigo voces ni ruedas de carritos. No huele a comida tampoco. Nada. Silencio sepulcral. En el momento exacto en que me disponía a llamar otra vez escuché una voz. Pero no era una voz humana. Esa voz tuvo un efecto calmante, relajante en mi psiquis. Tan pronto comenzó a hablar esa voz celestial me fui calmando y sosegando. Me acurruqué en el piso para escucharla mejor. Ya no sentía hambre, frío, miedo ni rabia. Sentía una profunda paz interior.
— ¿Quién me habla? —susurré.
— ¿Quién? Por favor, contésteme. —supliqué.
— Tranquila, no estás sola. Confía. Yo soy el Yo Soy. Cuando te hayas tomado el líquido del frasco la puerta se abrirá y podrás entrar al túnel lleno de luz que te conducirá adonde no hay llanto ni dolor por toda la eternidad. —dijo la voz.
Entonces, con total confianza, abrí el frasco e ingerí todo el contenido. Al punto se abrió la puerta y me dirigí al túnel. La luz era cegadora, pero yo caminaba muy feliz hacia la eternidad.
Ccomentarios (1):
Fer
18/02/2026 a las 13:32
Hola, con tu texto generas bastante intriga y que el lector se haga preguntas, que es de lo que se trata.
Al principio parece que está en un sueño aunque se descarta enseguida, luego en una especie de hospital o manicomio por el carrito con comida que deambula por el pasillo, pero la aparición del misterioso frasco lo desbarata todo, ¿está secuestrada?.
Me inclino porque las voces que oye provienen de su interior.