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Figurantes - por Miriam TorresR.

Web: https://historiasdethaisite.wordpress.com/

Los visitantes colapsan los accesos y forman grandes colas para disfrutar de El Parque que Nunca Duerme. Este parque de atracciones mezcla tradición y modernidad, combinando un amplio espacio físico con la experiencia de un entorno virtual controlado. Con la compra de la entrada en la página web, el visitante adquiere la Pulsera V, que permite la estancia en el recinto de manera ininterrumpida durante las veinticuatro horas posteriores a la fecha de compra. De forma tácita, acepta la medición y registro de sus parámetros de salud durante el uso del dispositivo, equipado con una nanotecnología que emite microcorrientes dirigidas al sistema nervioso central para sobreestimular y modificar la química cerebral.

Para que el parque pueda ofrecer servicio, existen personas escogidas entre cientos de candidatos por su alto nivel de compromiso. La mayoría de estos figurantes son personas sin aspiraciones o con dificultades, movidos por la búsqueda de pertenencia a un grupo que les acepte, que aceptan la convivencia en un lugar estable y seguro. Su trabajo consiste en simular que son visitantes y se organizan para que ninguna atracción quede sin cubrir, incluso si el parque está vacío. De esta manera contribuyen al mantenimiento y seguridad de las instalaciones. Tras la formalización del contrato reciben una póliza de salud, una formación en Prevención de Riesgos Laborales y una Pulsera F. De similares características a la destinada para los visitantes, este dispositivo permite obtener la ubicación en tiempo real del portador. En caso de desconexión no supervisada, emite descargas eléctricas de alto voltaje. Salir del recinto sin supervisión está prohibido, a excepción de la ingesta del frasco de veneno que reciben como retribución en especie al año de permanencia. Las relaciones personales tampoco estaban contempladas.

Apenas cruzaron un par de palabras cuando se conocieron en la cabina de la noria aquella mañana lluviosa de noviembre. Días más tarde pasaron de observarse en la distancia a encontrarse por casualidad, aunque los turnos eran públicos. Una tarde se agarraron de la mano mientras el vagón de la montaña rusa descendía a toda velocidad. Después llegó la primavera y los días se hicieron más largos. El inicio de la temporada alta invitaba a los visitantes a pasar más tiempo dentro del parque. La intimidad de los pasillos oscuros de La Casa del Terror desaparecía por momentos. Sin embargo, aquello que empezaba a crecer entre ellos se volvía cada vez más fuerte.

Durante sus paseos nocturnos, entre conversaciones de pesca y true crime, trazaron un plan. Identificaron el patrón de movimiento de las cámaras de vigilancia y los puntos ciegos. Descubrieron una zona dentro de La Casa del Terror a medio construir, con una pared de hormigón y una puerta de seguridad que no se abría. Estudiado el mapa del parque, era posible que esa zona no estuviese lo suficientemente protegida. Tenían que intentarlo.

Dejaron pasar los meses y cuando regresó el frío el parque pasaba más tiempo vacío. Una noche, ella le esperaba junto a la puerta. Él tardaba y se impacientaba. Pensó que algo le había sucedido cuando se presentó otra persona en su lugar, dispuesta a delatarlos. En ese momento un hilo de pescar le rodeó el cuello y terminó con el problema. Ante el contratiempo, debían actuar más rápido.

En el momento en que forzaron la puerta empezó a sonar la alarma y echaron a correr hacia el exterior. La estimulación de las pulseras para visitantes que habían robado hacía más llevadero aguantar el dolor de las descargas que transmitían las suyas.

Escaparon campo a través cogidos de la mano.

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