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Un recuerdo para amar y vivir - por Mario Salgado
El autor/a de este texto es menor de edad
No puedo explicar por qué lo sé. Pero lo sé.
El parque de atracciones no es nuevo para mí, pero siempre ando por sus calles como si fuese la primera vez, maravillado por las luces y los sonidos, por el ir y venir de la gente, con sus caras ilusionadas y los pasos rápidos para no perderse nada; las voces alteradas por las emociones recién vividas y las manos de algunos entrelazadas con fuerza para compartir una vivencia única. Y a pesar del asombro con el que lo miro todo, sé a dónde voy y lo que me voy a encontrar.
Ella está allí dándome la espalda, mirando a la noria, que es la gran protagonista del parque. Lleva ese vestido veraniego rojo con flores blancas que me va a decir que se lo compró esta mañana. Y sé que a medida que me acerque el mundo se detendrá porque ella se dará la vuelta y me regalará el presente más bonito que me hayan hecho nunca, una sonrisa de la que pensaré que es el verso más perfecto que Dios haya escrito jamás. Nos montaremos en la noria y cuando estemos en lo más alto nos daremos el beso que nunca olvidaré. Pese a la enfermedad, pese al mañana. Pese a que nada de estas dos cosas importan ahora.
Nuestros labios se acercan con lentitud, la respiración entrecortada y por fin se unen en un beso cálido. Siento mi mano en su cadera, el calor de su cuerpo bajo la textura sedosa del vestido y me digo déjame aquí, detenlo todo y déjame aquí; en este instante. Pero la noria debe continuar su trayecto y sé que, aunque no quiera, tendré que despertarme y enfrentarme a esa puerta cerrada de mi mente que cada vez me cuesta más abrir.
— ¿Por qué no cierras los ojos? —me pregunta con esa sonrisa suya.
—No quiero perderte. A pesar de que mañana me esperarás aquí otra vez.
Apoya su cabeza en mi pecho y puedo oler su pelo, acariciarlo. Sé que llora y que murmura un pronto. Ella también lo sabe.
Cuando la noria termine su recorrido todo se apagará, las luces, los sonidos, las risas… los sentimientos. El parque será solo una esquelética estructura recortada contra la noche y lo vivido, un recuerdo que nunca sabré si existió de verdad. Seré arrastrado, entre lágrimas a la puerta, esta vez abierta, de algo que no conozco pero que me es extrañamente familiar, donde el presente no es más real que el sueño que acabo de vivir.
¿O es un sueño lo que viene ahora?
Me niego a pensar que venga lo que venga ahora, que lo sé y no lo sé, ella no estará aquí conmigo. Veo rostros con sonrisas que intentan reconfortar pero los intento apartar con la mano para poder verla a ella, en vano. Y siempre al fondo, la puerta que no se abre, donde sé que me espera y su extraña llave, que solo desaparece en determinados momentos, un frasco de veneno.
Solo tengo que pensar en tomarlo y la puerta se abrirá y nunca más cerrará y llegaré donde las luces me apabullan y los sentimientos se exaltan ante la emoción de saber que ella estará ante la noria, dándome la espalda, esperándome. Y volveremos a subirnos a la noria y en lo más alto nos daremos el beso que desafió el tiempo y nos unió para siempre y lloraremos porque la vuelta va a terminar y significará que todo se quedó en el sueño, o en la realidad del tiempo, y vuelta a empezar la noria de esta vida.
— ¿Por qué no cierras los ojos?
—No quiero perderte.
Ella apoya su cabeza en mi pecho y comienza a llorar y murmura un nunca.
Y la noria no se detendrá al finalizar la vuelta.
Porque este es nuestro tiempo, nuestro momento, nuestra felicidad y eso, no hay enfermedad que pueda quitárnoslo.
Estoy donde quiero estar, donde me quiero quedar.
Lo sé. Lo sabemos.
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