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La casa vacía - por José TormaR.
Web: http://www.cuentoshistoriasyotraslocuras.wordpress.com
Sientes el viento frío erizar los cabellos de tu nuca. Intentas no volver la vista atrás; fracasas. No lo puedes evitar. Una lágrima se asoma por la comisura de tu ojo izquierdo, ese que te tiembla cuando estás nerviosa. Llevas tu dedo índice y la limpias antes de que corra.
—Son niñadas—, piensas y al hacerlo se te llenan los ojos de recuerdos. La piedra que está a un lado del árbol; si te esfuerzas, puedes ver la marca de sangre de cuando tuviste tu primer descalabro. Te llevas la mano a la sien y casi puedes sentir el dolor nuevamente.
El viejo nogal, donde tu padre les construyó la “Casa de las aventuras”, ahí donde diste tu primer beso. ¿A qué pillo el tal Damián? Fue tu primero y único por mucho tiempo. Sé que estas pensando en Santiago, pero ¿Cuánto tiempo pasó?
La larga rama donde colgaba el columpio que te hizo tu abuelo Jeremías. Sí que lo recuerdas. Intentaste ayudar, pero por tu torpeza rodaron los dos por el suelo. La risa de tu abuelo retumba en tus oídos y te llena el corazón. Lo extrañas; no hay nada malo en ello. Es parte de los recuerdos, de tus recuerdos.
Te estás acordando de la llave del gas; sabes que la cerraste, pero venga, vamos a revisar de nuevo. Está cerrada y ahora entiendes el por qué querías revisar, te asomas por la ventana y ves la habitación donde estaba el comedor. Ese que tanto te molestaba poner y peor, quitar. Llevar los platos al fregadero.
—¿Para qué fuiste vieja? —Te decía Matías, tu hermano mayor. Tu vista se nubla y la escena cobra vida. Tu madre, con su delantal azul con flores, llamándolos a comer y tú y tus hermanos corriendo y empujándose para ver quien se sentaba cerca de tu papá. Te ríes porque sabes que, aunque nunca ganaste, tu padre te guiñaba el ojo y te guardaba una pieza adicional de pan.
Fue la última cena, no lo quieres recordar porque duele, pero tal vez por eso estás aquí en vez de en la camioneta con tu marido. Recuerdas la noticia del día siguiente: un ebrio. Tuviste que buscar la definición de la palabra y ahí mismo prometiste que tú no ibas a probar alcohol.
El abuelo se mudó un tiempo a vivir con ustedes. Si levantas la mirada hacia las escaleras, lo ves, batallando con sus rodillas, pero sin quejarse jamás. ¿Recuerdas lo que te gritó cuando intentaste ayudarlo? Tu sonrisa dice que sí, que duele menos ¿no?
Caminas hacia la ventana de la cocina, segura de que dejaste la luz encendida. No es necesario que te convenzas, puedes hacerlo, al fin de cuentas es tu casa… ¡Espera! Eso es, tomas tus llaves y te diriges a la puerta principal. Caminas por cada una de las habitaciones, acaricias los muros y los recuerdos afloran.
Tu madre tuvo que tomar un trabajo; tu abuelo la sustituyó. Pobre hombre, pensar que tú, eras la menos latosa y, aun así, casi lo matas, ¡dos veces! Sonríes, cayeron ambos del último escalón de la escalera. Tenías prisa por subir y él bajaba confiado. Pero no te retó; al contrario, abrazados en el suelo reían a carcajadas, tan fuertes que tus hermanos llegaron y todos se tiraron al piso a reír con el abuelo. Así los encontró tu mamá, y muy a su pesar, se río con ustedes, unas lágrimas que limpiaban su alma y perdonaban al mundo por haberle quitado a su marido.
Revisas la puerta trasera, esa que olvidaste cerrar con llave cuando tu abuelo ya daba señales de demencia. Corriste por la colonia, hasta que llegó la llamada. Se había ido a la panadería y había olvidado como regresar. Él no te regañó, pero vuelves a sentir el ardor en tu trasero al recordar el cintarazo que te dio tu madre. Nunca lo volviste a perder de vista. Te convertiste en un halcón vigilando a su presa.
Matías se fue al inicio del año escolar, a la academia militar, ¿recuerdas cuanto lloraste? Siempre a escondidas para no dar lastima. Solo tu abuelo te miraba y entendía. Sientes el calor en tu cuerpo recordando su abrazo.
Todos se fueron. Damián, el pillo que te robó tu primer beso te espera para llevarte a tu nueva casa, donde empezarán a llenarla de recuerdos y memorias y, con el tiempo, estará tan llena como la que ahora dejas. Cierras con llave y, decidida caminas hacia el futuro.
Comentarios (14):
Carmenigne
19/03/2026 a las 21:10
Hola José. El relato funciona como una despedida que acompaña el paso del tiempo. A través de las imágenes vas contando como se vacía la casa y se va llenando de recuerdos.
Me parece muy logrado como, a partir de escenas concretas, se reconstruye la historia familiar y nos vas metiendo en lo vivido: el amor, las pérdidas, momentos de dolor y de alegría.
La protagonista no solo se despide de la casa sino de una parte de su propia historia, lo que le permite abrirse a una nueva etapa.
Aparece con fuerza la dificultad de desprenderse, junto con los miedos y, al mismo tiempo, la ilusión por lo que viene.
La casa y el hogar no son lo mismo. Yo creo que uno puede dejar la casa, pero el hogar se lo lleva uno consigo mismo adonde quiera que uno vaya y creo que tu relato plantea esto con mucha claridad.
Quizás es una duda mía, pero en la frase “¿A que pillo el tal Damián?” no me queda claro si se busca una pregunta o una exclamación. Por el tono del relato, me suena más a algo como “¡Ah, ¡qué pillo el tal Damián!”, que acompañaría el recuerdo. Si no es así, no lo tomes en cuenta
Ángela Cruz
19/03/2026 a las 22:35
Hola José, por cierto felicidades en tu onomástica, hoy se celebra San José en España.
He leído varias veces tu relato, pero en todas me ha costado seguir la descripción debido a la alternancia de tiempos en presente y pasado que haces. Quizás se deba a que querías cumplir el reto de escribir sólo en presente marcado en las instrucciones, y la mezcla ha resultado algo artificial. Las partes en presente parecen anotaciones a un personaje de una obra señalando cómo tiene que actuar, así que confunde un poco cuando establece un diálogo con él, por ejemplo, “pero ¿Cuánto tiempo pasó?”; “pero venga, vamos a revisar de nuevo”; o “¡Espera! Eso es, tomas tus llaves y te diriges a la puerta principal.”
De todas formas la historia queda muy clara, haces una descripción muy pormenorizada del lugar y de las personas que protagonizan las escenas. Después de leerlo te queda el valor de la familia a pesar de las dificultades que inevitablemente conlleva la vida. El final abre la puerta a la esperanza de nuevas historias por vivir. Efectivamente, seguimos adelante sin olvidar nuestro pasado pero ilusionados con el futuro.
Nos seguiremos leyendo. Un saludo
Osvaldo Mario Vela
20/03/2026 a las 04:01
Hola Compare José, Gracias por el comentario a mi texto en el 26. Lo que allí dices y en la historia que escribes está plasmada una amistad sembrada con agua de recuerdos y vivencias.
Hemos pasado por un mutuo compartir de elogios y aprendizajes que un taller como literautas permite.
Desde mi primer taller en diciembre del 2023, recibi de tus conocimientos las primeras docencias en escritura. Así es que de la misma forma te digo que tus escritos tienen ese sabor de Norte que nos embarga al escribir. Tu relato ha rebasado por mucho lo que yo pudiera decir. Felicidades y enhorabuena. Adelante y un abrazo.
Carmenigne
20/03/2026 a las 13:32
José me paso por aqui, porque en respuesta a tu comentario puse mal tu nombre. Disculpas por el error y otra vez ¡gracias!
Daniel Calleja
20/03/2026 a las 17:05
Hola José, tu rela to me ha gustado. Consigues transmitir una historia llena de sentimientos encontrados, marcando con claridad una atmósfera de nostalgia que al final se transforma en esperanza por los tiempos venideros. Ahora, algunas dudas. En la frase “La piedra que está a un lado del árbol; si te esfuerzas, puedes ver la marca de sangre”;¿no debería decir “En la piedra que…”. Con la frase siguiente me suena lo mismo que a Carmenigne “¿A qué pillo el tal Damián?” Si no es como ella comenta, no la entiendo.¿Para qué fuiste vieja?, aquí te falta la coma vocativa. En algunas frases noto un exceso de comas, ralentizan la lectura. Detalles pequeños que a todos nos pasan. El reto para mí está perfectamente logrado. Felicitaciones. Nos seguimos leyendo.
Cristina Otadui
21/03/2026 a las 13:48
Hola!
Aquí una vez más, leyendo, intentando aprender y formando parte de esta comunidad tan especial.
Me gusta tu relato: tiene una intención clara, emociona y esa evocación que manejas me encanta. Toda la conexión entre lo físico y lo espiritual, la memoria, funciona y funciona muy bien y el final cierra el arco que se muestra en todo el escrito. Además, la segunda persona (siempre complicada) nos da intimidad y cercanía.
Pero si es cierto que a veces, la falta de coherencia narrativa, a la que se hace alusión en los comentarios que me preceden, puede confundir. Me siento muy identificada con esto porque es un asunto que yo también debo mejorar: quizás no en relatos cortos como los que propone Iría, pero si cuando enfrento textos mas largos. A mi no me molesta pero…
Cuando dices “Sé que estas pensando en Santiago…” vas de la segunda a un narrador externo que “sabe cosas” y debieras mantener o bien la segunda persona totalmente interna (“Piensas en Santiago…”) o o un narrador externo y consistente. Yo le daría una vuelta.
A veces tengo la sensación de que una “pequeña limpieza en el texto” le haría bien: “recuerdos…tus recuerdos”, “recuerdos y memorias”. Deja respirar el texto, oxigena “no lo quieres recordar porque duele” El lector siempre es mas listo de lo que creemos: no hace falta explicarle tanto las cosas: tienes imágenes lo suficientemente potentes, no hace falta sobreexplicarlas. La atmósfera creada es muy consistente: confía en las imágenes, en tus imágenes que son sensoriales y muy muy sensibles.
Y es por esto que tu texto emociona, a mi por lo menos.
Un gusto encontrarte un mes mas. Estoy en el puesto dos en este viaje. Date una vuelta si tienes tiempo 😉
¡Que buen trabajo de nuevo José Torma! 🙂
Gracias por escribir y compartir,
¡¡Nos leemos!!
Moldy Blaston
22/03/2026 a las 19:54
Hola José. Aunque no me toca en esta ocasión comentar tu relato, sí que es verdad que suelo leerte con asiduidad aunque no siempre comente. En esta ocasión con tu permiso sí que voy a hacerlo.
Creo que es un relato muy especial gracias a la cercanía de tu voz narrativa; al escribir en segunda persona, logras que nos pongamos en la piel de la protagonista y sintamos cada uno de sus recuerdos como propios. Aplaudo tu talento para rescatar detalles cotidianos que me emocionan: el delantal azul de la madre, el guiño del padre con el trozo de pan o las risas en el suelo con el abuelo. Creo que manejas magistralmente el equilibrio entre el dolor de la pérdida y la alegría de lo vivido, convirtiendo la casa en un álbum de fotos tridimensional.
El final es esperanzador y muy luminoso, recordándonos que las casas no solo se dejan, sino que se llevan dentro para construir los nuevos hogares. ¡Un relato lleno de sensibilidad, ritmo y una calidez humana que me llegó directamente al corazón!
Si quieres puedes pasarte por el mío y comentarlo, sin compromiso.
Nos leemos!!!!
Pilar (marazul)
25/03/2026 a las 20:55
Hola, José: el título requerido en esta ocasión, “la casa vacía”, se presta mucho a diferentes historias. Al fin y al cabo es allí, en la casa, en el hogar, donde todo sucede, donde todo empieza y acaba para volver a empezar (así lo he entendido en el final del relato). Nada será igual, el paso del tiempo lo cambia todo.
Me ha gustado tu relato lleno de anécdotas y recuerdos (“la casa de las aventuras”), las risas de los juegos infantiles, las lágrimas de la tragedia, la familia, el paisaje, los árboles…
En cuanto al narrador, en realidad no sabemos quién es porque está escrito en segunda persona —estoy muy de acuerdo con el comentario de Cristina—, pero si cumples el reto porque el relato transcurre en ese momento, en presente.
Encantada de haberte leído José
Monica Bezom
26/03/2026 a las 01:23
Hola, José.
En primer lugar, muchas gracias por visitar mi texto. Con mucho gusto vengo a leer el tuyo.
Has escrito un relato que construye con acierto una atmósfera nostálgica a través del uso de la segunda persona acercando al lector a la experiencia íntima de la protagonista. La acumulación de recuerdos vinculados a distintos espacios de la casa funcionan como hilo conductor y aportan sensibilidad, especialmente en los momentos relacionados con el abuelo y la última cena familiar. Es un texto que deja un saboŕ dulce en el alma al transformar la despedida en un nuevo comienzo.
Como posible mejora, la historia podría beneficiarse atendiendo ciertas reiteraciones (“recuerdos”, “recuerdas”) y algunas frases explicativas que le restan sutileza emocional. También aparecen leves inconsistencias en el punto de vista (a veces el narrador parece dirigirse desde fuera con comentarios como “Sé que estás pensando…”), lo que puede romper un poco la unidad de la voz. Por último, una revisada a la puntuación y tildes ayudaría a que la lectura fluya con mayor naturalidad.
En conjunto, es un relato emotivo basado en el recorrido por la casa como metáfora del cierre de una etapa.
Ha sido un placer leerte.
Codrum
26/03/2026 a las 12:02
Hola, José.
Bonito e íntimo texto.
Te han hecho unas valoraciones que apuntan casi todo lo que se puede decir.
Yo me limitaré a mi sensación personal.
Me pareció demasiado recuerdo, demasiados momentos que evocan instantes vividos. Me parecen todos súper bonitos, tiernos y bien elegidos, pero se me hacen muchos.
Se me antoja como las imágenes que se ven antes de morir ( o eso dicen) .
Eso no quita que estén muy bien escritos, que sean acertados y que la atmósfera que has creado es íntima y llega a tocar el corazón.
Gracias por este rato de sinceridad y de saber que una casa, no es el hogar. Sino el corazón de quien la habita.
PROYMAN1
26/03/2026 a las 18:43
Saludos José Torma he leído tu relato y me ha gustado bastante y a continuación te expongo mi comentario sobre tu texto y te doy las gracias por haber leído el mío, que te haya gustado y tomo nota de tus observaciones.
Tu texto transmite una calidez profunda y una nostalgia luminosa que envuelve cada escena. La manera en que los recuerdos se entrelazan con los espacios convierte la casa en un personaje vivo, lleno de historia y afecto. Cada detalle —la piedra, el columpio, el delantal azul— aporta una ternura que conmueve sin caer en la tristeza absoluta. Hay dolor, sí, pero también una enorme gratitud por lo vivido. El cierre, con esa decisión de avanzar hacia un futuro nuevo, deja una sensación esperanzadora y hermosa: los recuerdos no se pierden, se transforman en fuerza para seguir caminando.
Confio en seguir leyendonos.
Edu, S.C.
26/03/2026 a las 21:53
Buenas José,
Muchas gracias por visitar mi relato y tu amable comentario. Te devuelvo la visita como mandan las buenas costumbres.
Creo que ya te han comentado muy bien los compañeros, tanto lo que funciona y mucho como algunos mejorables.
Yo por mi parte, en cuanto a lo que me gusta: la idea en sí, el recorrido por la memoria del tiempo pasado en la casa, pero muy físico, mostrando escenas cotidianas que plasman un fresco maravilloso. Uno participa fácilmente de las vivencias de la protagonista. Para mi ese es el fuerte del relato, así como el cierre con esa renovación del ciclo de la vida en una nueva casa.
El momento del abuelo al pie de la escalera me ha gustado mucho, o el del padre que le guardaba el trocito de pan.
En cuanto a lo que creo que le resta al relato, en el fondo es lo que te han dicho ya algunos compañeros. Por un lado las partes explicativas creo que restan. Funcionan mucho mejor las partes donde la protagonista muestra los recuerdos mediante una acción. Por poner un ejemplo:
Esto para mí dice mucho:
“La larga rama donde colgaba el columpio que te hizo tu abuelo Jeremías. Sí que lo recuerdas. Intentaste ayudar, pero por tu torpeza rodaron los dos por el suelo. La risa de tu abuelo retumba en tus oídos y te llena el corazón”
Esto a continuación es explicativo:
“Lo extrañas; no hay nada malo en ello. Es parte de los recuerdos, de tus recuerdos.” De alguna manera explicas lo que ya acabas de mostrar con una escena muy bonita.
Por otro lado también tengo la sensación de lo que te dice Codrum respecto la acumulación de recuerdos. Quizás alguno menos y resaltar los más impactantes.
En resumen, me parece un muy buen relato, muy emocional y con imágenes muy potentes.
Muchas gracias,
Eliana Escudero
27/03/2026 a las 04:22
Hola José!! Que texto tan bonito! Me sentí caminando por la casa con la narradora, junto a esos recuerdos que cobraban vida en cada espacio.
Me gustó mucho el final sobre todo. Ojala logré sentir esa fuerza de seguir hacia adelante cuando me encuentre en esa posición.
Gracias por compartirlo! Felicitaciones!!
Hugo
27/03/2026 a las 23:55
Hola José:
Muchas gracias por comentar mi relato. Paso a comentar el tuyo y para no ser reiterativo, trataré de no repetir lo ya dicho en los que me preceden.
Creo que las consignas están bien cumplidas. Sin duda el relato está escrito en presente. Es lógico que haya verbos en pasado, porque como explicó Iria: “Cuando escribes una historia en presente, no todos los verbos tienen que ir en presente, sino que se cuenta desde el ahora, y todo lo anterior va en pasado.”
Hay verbos en diferentes tiempos: presente, pretéritos perfecto e imperfecto, e incluso futuro (empezará, estará). Pero el tiempo desde el que está contada la historia es el presente, el momento actual.
Desde que comencé a escribir leo distinto y observo cosas que antes pasaba por alto. Al leer tu relato me pregunto ¿Quién es el narrador? A medida que voy leyendo, noto que se trata sólo de una voz que se dirige a la protagonista, pero en ningún momento toma cuerpo de personaje, no participa de los hechos narrados, pero tiene una enorme omnisciencia. Esto me indica que se trata de un narrador externo.
Creo que la ausencia total de la primera persona es otro indicio de su “exterioridad”, salvo en un caso, cuando dice ”Sé que estás pensando en Santiago…”. Ahí hace notoria su presencia (Yo sé que estás pensando en Santiago).
También se hace presente cuando expresa sus juicios y opiniones:”…no hay nada malo en ello”, “Tu sonrisa dice que sí…”, “…pensar que tú, eras la menos latosa…”, “Te convertiste en un halcón…”, “no lo quieres recordar porque duele …” y “…con el tiempo, estará tan llena como la que ahora dejas.”, O cuando la interroga: “¿Cuánto tiempo pasó?”
Estas “intromisiones” las percibo cómo un diálogo entre el narrador, que se halla por afuera del mundo narrado y el personaje. Es decir: es un narrador externo pero, que sin ser personaje, marca claramente su presencia. ¡Vaya artificio!
Además, en la vida real encontramos gente que nos cuenta su propia historia o la de un tercero, pero difícilmente que nos cuente lo que hicimos, salvo para acusarnos, o recordarnos un hecho. Pero algo más notoriamente artificioso es que el narrador le cuenta al personaje lo que está haciendo: “Te llevas la mano a la sien…”, “te asomas por la ventana”, “Te ríes…”, “Caminas hacia la ventana de la cocina…”, “tomas tus llaves y te diriges…” “Revisas la puerta trasera…”, “Caminas”, Acaricias…”, etc.
Creo que este tipo de narrador en segunda persona es el más artificioso de todos.
Te comento algunas pequeñas cosas:
Es un relato donde prevalecen los recuerdos, que están muy bien mostrados, por eso creo que quizá no sea necesario repetir la palabra “recuerdos/as” nueve veces.
“La piedra que está a un lado del árbol; si te esfuerzas,…” Creo que debe ser “En la piedra…” y “si te esfuerzas debe ir entre comas. El punto y coma es casi un punto y aparte.
¿A qué pillo el tal Damián? (debe ir con signos de interrogación)
“Sé que estas pensando en Santiago.” Estás lleva tilde.
Es claro que la protagonista se está despidiendo de la casa familiar y se va a formar un nuevo hogar junto a Damián, pero ¿quién es Santiago? ¿es el ex marido? Si aparece en el cuento es por algo que se me escapa.
“Ese que tanto te molestaba poner y peor, quitar. Llevar los platos al fregadero.” Creo que en “poner y peor” hay cacofonía y entre “quitar y llevar” hay rima.
“—¿Para qué fuiste vieja? —Te decía Matías…”Esto tampoco lo comprendo
¿Vieja es una forma cariñosa de dirigirse a la hermana? Si es así falta la coma.
“Se había ido a la panadería y había olvidado…” Repite “había” en la misma frase.
“Matías se fue al inicio del año escolar, a la academia militar” quitaría la coma. Escolar y militar riman.
Hermoso relato cargado de nostalgia que se clausura en la frase final:
“Cierras con llave y, decidida caminas hacia el futuro.”
No solo le pone llavea la casa, también a la nostalgia.
Felicitaciones.