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La casa vacía - por CodrumR.
LA CASA VACÍA
En el felpudo, el tintineo de las llaves se sobrepone al rugido del exterior. Tras varios intentos, acierta con la cerradura. Posa su mano sobre la puerta y esta se abre despacio; la pared de la entrada, el espejo, el mueble recibidor, se presentan conforme la hoja se desplaza. Cuando la puerta se detiene, da un paso. En el suelo las zapatillas y las botas. Parejas alejadas las unas de las otras, ocupan todo el pasillo. Dificultan el siguiente paso.
El calor seco del aire acondicionado le golpea en el rostro y seca sus ojos, se irritan. Necesitan humedecerse. Con las dioptrías alteradas continúa por el pasillo. La puerta entreabierta de la cocina le muestra una mesa preparada para el desayuno: una taza de café a medio beber y un par de croissants mordisqueados en su punta. A su lado, un tazón, la leche ensucia el mantel donde nadan miguitas de cereales. El aire frío del verano entra por la ventana abierta y voltea la puerta. Es más intenso que el invernal; un frío gélido que enrojece sus mejillas.
Avanza hasta una pelota de múltiples colores. La toma en su mano. Es pequeña, suave, mullida, apenas desgastada por el uso. En su interior un cascabel emite un sonido limpio con un mínimo movimiento. Es un tintineo descontrolado y rítmico. El aire vuelve a sus ojos.
Asciende por la fría escalera de baldosa color terracota. La barandilla toma su mano y la guía. En el descansillo se detiene. Casi todas las puertas están abiertas: la del baño, la oficina y la habitación pequeña. La puerta de la habitación principal continúa cerrada con llave.
El aire le tira la pelota. Rueda, y rueda con su sonido puro hasta la habitación de la derecha. El colorido y sonoro estepicursor se detiene bajo el dintel; no se atreve a cruzar el umbral.
Retumba la madera del suelo con las pesadas pisadas del pesaroso avance. Se agacha. Toma la pelota. La huele, la besa, la lleva a su pecho. La estrecha con fuerza. La besa, la besa y la besa una vez más al clavársela en el pecho. Rompe a llorar.
Como único testigo del llanto, la cuna vacía.
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