<< Volver a la lista de textos
LA CASA VACÍA - por FerR.
Hola, soy Pepa. Llevo un rato sentada en el sillón de orejas y flores estampadas que tengo junto al balcón que me acompaña desde hace muchos años. Tiene ya la tela un poco raída y creo que ya me reconoce. Él se ha amoldado más a mis formas que yo a las suyas, estoy segura de que nadie más se podría sentir cómodo en él.
Intento leer pero no logro concentrarme. De pronto me doy cuenta de que llevo un buen rato ensimismada mirando el ir y venir de los coches, de la gente que entra y sale del Mercadona que hay en la acera de enfrente, de los niños que salen del colegio, y juego a imaginarme sus vidas, a tratar de adivinar sus ilusiones y también sus miedos.
Siempre me he considerado una persona alegre y activa pero desde hace una semana tengo una sensación agridulce, no sé muy bien como definirla, bueno sí, es una sensación de paz y sosiego pero envuelta por una capa de soledad y tristeza.
Sólo hace una semana que, ¡por fin!, el último de mis cinco hijos decidió emprender el vuelo, ya iba siendo hora. En cosa de cuatro o cinco años todos los polluelos han abandonado el nido. Lo que iba a suponer una bendición, pues ya me veía libre para dedicarme tiempo a mí misma sin estar condicionada ni tener que dar ninguna explicación, se ha convertido en un suplicio. Siento que la casa está vacía, que se me cae encima y las horas se me hacen interminables.
Cada vez que salgo a la calle, pienso que tengo que volver. Sólo meter la llave en la cerradura me genera una angustia interior que me atenaza la garganta. Cuando abro la puerta me viene a la mente que esta casa siempre ha estado llena de conversaciones, de disputas, de gritos, de risas y a veces de lloros. No puedo soportar ver todas las cosas en su sitio y por supuesto no se me ocurre pasar a sus antiguas habitaciones. Nunca pensé que los iba a echar tanto de menos, ahora sólo hay orden y silencio. Siento que la casa está vacía, vacía de vida.
He decidido que no puedo seguir así. Mañana mismo voy a comprar unas flores y se las voy a llevar a Tomás, hace tiempo que no voy a visitarlo. De paso le voy a comentar que pienso aceptar la invitación del vecino del tercero para irme con él un fin de semana a Roma.
Aunque no dirá nada, supongo que lo entenderá y no le importará.
Comentarios (0)