Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

La casa vacía. - por María JesúsR.

Conozco a una chica en el instituto que se llama Lorena. Es muy peculiar: viste ropa negra y lleva mucha bisutería relacionada con cosas esotéricas. Esta tarde, en el recreo, me ha dicho que ve espíritus. Hace unos días me dijo que, puesto que parecía que yo era de fiar, me iba a revelar un secreto. Se ha hecho esperar, generándome, a propósito, bastante intriga, pero hoy me ha soltado eso.

A ver, yo la he mirado raro, pero no quería ofenderla. Si ha confiado en mí tanto como para compartir su secreto, es que esperaba que yo me lo creyese, y por eso me he limitado a mirarla con extrañeza, eso sí, pero sin decir ni mú.

—No te lo crees, lo sé, pero te lo puedo demostrar —me ha dicho.

—¿Hay alguno por aquí? —le he preguntado, mirando en derredor.

—Estamos rodeados de ellos, y sí, hay varios por aquí. Pero de nada me sirve decirte esto, pues tú no los ves. Por eso quiero demostrártelo. Sé hacer algo para que tú percibas su presencia.

—No sé, Lorena… A ver, si tú me dices que ves espíritus, así será y yo te creo, pero de ahí a que participe en un experimento…

—No es un experimento, Rafa. Tú solo tienes que observar.

Acabada la hora del recreo, hemos vuelto a clase, pero antes de entrar hemos quedado a las cinco en el portal de su casa. Solo me ha dicho que me va a llevar a un sitio para mostrarme que no me miente.

Lorena me cae bien. Es una chica reservada y poco sociable, pero también es una de las más listas de la clase, y el hecho de que haya confiado en mí me halaga. Pero este tipo de cosas me dan un poco de canguis. Aun así, he acudido puntual a la cita.

La verdad es que yo pensaba que me iba a llevar a un lugar apartado, una casa vieja o una iglesia, qué sé yo. Pero hemos ido a un edificio, un par de portales más abajo de donde ella vive, y hemos entrado en un piso muy luminoso, recién reformado.

—Esta casa es una de las que mis padres tienen en venta en la agencia —me explica—, pero les va a costar venderla porque los anteriores inquilinos no se quieren ir. Hace unas semanas vine con mi madre porque quería dar un último repaso antes de ponerla a la venta y me di cuenta. Observa.

Lorena saca una pelota de su bolso y la hace rodar por el suelo. Me quedo helado cuando veo que la pelota se levanta unos centímetros del suelo y viene flotando hasta caer justo a sus pies.

—Es un perro, un cocker muy guapo. Lástima que no puedas verlo. Por cierto, te mira mucho, le has caído bien.

Sigo alucinando mientras la pelota se mueve por el aire a su libre albedrío, como un dron redondito. Lorena me explica que el perro está jugando con ella y que puede tirarse así toda la tarde.

—Suelo venir casi todos los días a jugar con él.

Sé que hay personas que se comunican con los espíritus, pero interactuar con ellos pensaba que solo sucedía en las películas.

—¿Solo hay un perro? —pregunto.

—Hay también dos niños, pero ahora no están. Probablemente estén buscando a sus padres.

Lorena me explica que hace unos veinte años hubo un incendio en esa vivienda, en el que murió toda la familia: los padres, dos niños y el perro, y que había permanecido cerrada hasta hace unos meses, cuando los herederos han decidido ponerla a la venta. Escucho entre conmovido y espantado.

—¿Cómo sabes que los niños buscan a los padres? ¿Has hablado con ellos?

—No, pero lo intuyo. Murieron violentamente, no saben cambiar de plano. Pero probablemente los padres sí lo hayan hecho. Eso le pasa a mucha gente que muere de forma repentina —me explica.

Mientras habla, Lorena juega distraídamente con la pelota y el perro fantasma. No sé qué pensar de esta historia tan alucinante, pero no me da tiempo a analizarlo porque a ella le cambia la expresión de la cara.

—Los críos acaban de aparecer —dice.

—¿Ah, sí?

—Te señalan, están sorprendidos.

Yo no sé hacia dónde mirar, pues no percibo absolutamente nada, pero la expresión de Lorena es un poema.

—Se te han echado encima y te acaban de llamar papá.

Comentarios (0)

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *