Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

La casa vacía - por Diana TR.

—Nori, la fiesta es en el patio. Debes venir.

—Pero afuera es aburrido, yo quiero jugar adentro con mi casita.

—Debes venir. Luego juegas con tu casita.

—No. Yo quiero jugar ahora. Si juegas conmigo, prometo regresar después.

—Pero…

—Juega conmigo, Simonne.

—Tenemos que regresar.

—Por favooor.

—La casita está vacía. ¿Qué de divertido tiene eso?

—No está vacía.

—Lo está. No hay nadie adentro.

—Eso es porque no han regresado.

—Hmm.

—¿Quieres conocerlos? Te los presentaré.

Nori le muestra algo.

—Esa es una moneda.

—No, es Tonio. Todos se burlan de él porque está gordo, pero a él no le importa. Estaba en el equipo de gimnasia, y era buenísimo. Hace dos años ganó el récord mundial por lograr veintitrés giros en el aire. Ahora lo único que hace es contemplar su trofeo.

Coloca con cuidado a Tonio sobre uno de los silloncitos, frente a un bulto de plastilina amarilla.

—Ya está. Tonio está cómodo, ¿podemos regresar?

—No. Tienes que conocer a los demás. Mira, este es Mario.

—¿La pinza para ropa?

—Mario Juan Avende Volátil. Es un nerd, diseñó unas alas para volar hasta la Antártida, sólo que no funcionan. El pobre se cayó ayer del techo y tiene tres costillas rotas. Debe ir a la cama.

—Está bien, colocaré a Mario en la cama. ¿Son todos?

—No. También está Juliett, era una cuchara de té, pero es torpe, y la corrieron de su trabajo. Ahora es contadora en la Confederación Internacional de Contadores Estandarizados.

—¿De dónde sacas esas palabras?

—Lo dice mi papá, y como es alguien importante, deben ser palabras importantes.

—De acuerdo, ¿y esa llave?

—Ese es el viejo Fred. Participó en la Segunda Guerra Mundial, y le explotaron ambas manos.

—¿Ambas manos? Debió ser una bomba muy fuerte.

—No fue una bomba, fue un fuego artificial. La celebración se salió de control y uno explotó en su plato de pastel. Ahora es mitad androide, y tiene una Inteligencia Artificial en la cabeza. No te juntes con él, porque lo que dice no tiene sentido.

—Creo que últimamente has visto demasiada televisión.

Nori se para de un brinco.

—Ya sé qué haremos ahora. Será divertido.

—¿El tablero de ajedrez? No sabes jugar ajedrez, ¿o sí?

—Ajedrez, así se llamará el perro de la familia. Pero ahora, conocerás a la sirvienta.

—¿Un peón es tu sirvienta?

—Gran idea, se llamará Peonia. Ya estás aprendiendo. Peonia Cassandra Amezcua. Es alérgica al ajo y tiene una verruga enorme en su pie izquierdo. Pero adora los gatos, por lo que no puede ser tan mala, y hace un guiso increíble.

—Hablando de guiso, en la fiesta hay comida. Debes tener hambre. Yo tengo hambre.

—¡Por supuesto, frituras!

—Bien. Podemos ir a la fiesta, donde hay frituras y…

—No.

Nori sale corriendo y aparece un segundo después con un plato de frituras. Simonne trata de agarrar una.

—No puedes comértelas, tontita.

—Estoy segura de que puedo.

—No. Son los bebés que nacieron el día de hoy en el hospital comunitario. ¿Ves? Esos tres son los hijos de Juliett. Son trillizos: Dante, Favio y Celine. Son unos llorones chimuelos, y el embarazo fue realmente difícil.

—Pobre Juliett.

—Saldrá adelante, y los niños crecerán para ser empresarios exitosos en una compañía de nado sincronizado.

Nori los coloca en la cunita y los arropa con una servilleta de papel. Finalmente saca un anillo de plástico brillante y sin dar explicaciones, lo esconde en un rincón oscuro de la casita.

—¿Ese quién es?

—Su historia es triste.

—¿Triste? ¿Por qué sería triste?

—Es Moni, pero ya es grande y no hace más que sentarse ahí. Ya no tiene imaginación, y eso la pone triste, pero prefiere no hacer nada al respecto. Esta mañana…

—¡Nori! Ven para acá.

—Es mi mamá.

Nori sale corriendo, y Simonne toma el anillo de plástico. Todavía tiene las letras emborronadas dibujadas con rotulador permanente.
S&N
¡Cuántos años atrás! Cuando los días eran más luminosos.

Nori regresa con un caramelo rosa en la mano.

—Esta puede ser Tania, la becaria de…

Pero Simonne la interrumpe.

—Mientras no estabas, hablé con Moni, y dice que tiene muchas ganas de jugar con los demás. Dice que no quiere parecer triste.

Así, la tarde se llena de risas y del brillo de una infancia rememorada. No importa la fiesta, ni la comida, ni los invitados. Solo el momento, el eterno presente que las abraza.

—¿Ves, Moni? Te dije que la casa no estaba vacía.

—Claro que no, Nori. Nunca lo estará.

Comentarios (0)

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *