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La Casa Vacía - por AirunR.

La Casa Vacía
Es primavera , empieza a atardecer y una pequeña brisa fresca me recorre el cuerpo recordándome que he de volver al coche a buscar algo de abrigo. Las maletas todavía estan en el maletero. De momento saco sólo la maleta pequeña con las cuatro prendas y el neceser para pasar la noche. No he decidido aún si me quedaré en este pequeño pueblo que había desterrado de mi vida .
Allí había pasado todos los veranos al finalizar el colegio desde mi infancia, pero aquel verano , recién cumplidos los dieciséis , al llegar me reencontré con Daniel ( mi amor adolescente de los últimos dos veranos) que vino a comunicarme que me dejaba , había conocido a una niñata feucha de una adinerada familia de origen Aleman, que habían decidido trasladar su residencia habitual al pueblo, buscando las ventajas de la vida el medio rural : aire limpio , poca población y menos estrés. Y el batacazo final vino quince días más tarde, perdiendo a la única familia que me quedaba, al fallecer mis padres en un accidente, cuando regresaban de las fiestas mayores del pueblo de al lado al cruzarseles un vehículo en contradirección, cuyo conductor iba ebrio, haciendo que el coche en el que viajaban , volcase al salirse de la carretera.
Los años posteriores fueron díficiles. Ingresé en un Colegio Mayor de Valencia como interna, para continuar mis estudios. Durante los dos primeros años , recibí alguna carta de, algunas vecinas del pueblo , que ya no eran las chiquillas que recordaba, se interesaban por mi estado y aprovechaban para contarme algún chisme del pueblo. Al parecer a la familia Alemana no les fue bien el cambio de aires en el pueblo, tuvieron problemas económicos con los negocios familiares y regresaron de nuevo a su pais, la familia al completo . Pensaron que este detalle me alegraría. De Daniel no he vuelto a saber nada más desde entonces . Al cumplir la mayoría de edad, me marche a continuar mis estudios en Inglaterra perdiendo todo el contacto que tenía con el vecindario del pueblo.
Después de los vaivenes emocionales que sufrí aquel verano, decidí no volver al pueblo jamás. Pero aquí estoy , después de más de veinte años, delante de la casa .
Es una pequeña casa de herencia familiar ,que se encuentra a las afueras del pueblo. La construcción es modesta pero con un gran terreno donde habían convivido arboles frutales naranjos, limoneros y una pequeña huerta. Hoy está todo seco, abandonado. No había vuelto desde aquel fátidico verano. No encontraba un motivo hasta hoy, al ver estos paisajes, escuchar el silencio, el olor al campo recién segado.
En mis manos un manojo de llaves que no se bien que puertas, candados y cajas me abrirán. Hay una de ellas algo más grande que encaja perfectamente en la cerradura de la puerta de entrada a la casa. . Una gran polvareda se desprende al abrirse, todo está en calma. En el interior apenas unos muebles antiguos cubiertos con sábanas que con el paso de los años y la polvareda la tela había pasado del color blanco al amarillo pajizo, con algún que otro agujero a causa de la carcoma de la madera. No recordaba la casa tan vacía.
Está anocheciendo , de momento con lo que tengo en la maleta me apaño para pasar la noche, estoy agotada. Por suerte en el armario del dormitorio he encontrado ropa de cama en buen estado. Dejare las tareas de limpieza para mañana.
Al amanecer , la cálida luz entra por la ventana a través de los surcos del viejo porticón de madera, iluminando la habitación.. De día la casa ya no me parece tan fría y vacía. Conforme voy transitando por ella, van aflorando en mi interior , sensaciones , dulces recuerdos de mi infancia. Todavía me acuerdo de la voz de mi abuela llamándome —Amparito ¡¡ —Amparito, venga despierta dormilona, que el desayuno ya lo tienes listo y se está enfriando. A tu abuelo lo tienes preparado en la puerta que te acercará a la plaza del pueblo, que la colla de “ xiquetes “ ya te estarán esperando . Una leve sonrisa se dibuja en la comisura de mis labios . Creo que no me he equivocado al venir.

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