Literautas - Tu escuela de escritura

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La casa vacía - por @HenkoSlowLifeR.

Web: https://www.instagram.com/bitacoradetintaytiempo/

Me despierto antes de que suene el despertador. No necesito levantarme tan temprano, ya no hay un trabajo al que ir, pero lo hago igual. El cuerpo guarda su costumbre.

Camino por el pasillo sin encender la luz. Conozco cada rincón. A la derecha está el cuarto de Laura, hace años que no duerme aquí, pero sigo llamándolo así. La cama está hecha, el armario vacío y en la pared quedan dos pequeñas fotos de cuando era adolescente. Más adelante está el cuarto de Marta, siempre fue más tranquila. Recuerdo cómo se sentaba en el suelo a estudiar y me pedía que no hiciera ruido. Ahora podría poner la radio a todo volumen y nadie se quejaría.
Entro en la cocina, enciendo la luz y pongo agua a hervir. Saco dos tazas sin pensar y las dejo sobre la mesa. Hasta que me doy cuenta y guardo una en el armario, no es tristeza lo que siento en este momento, es una costumbre que no se va o no quiero que se vaya.

Desayuno despacio y recuerdo ,como antes, la mesa era un lugar llena de nuestras conversaciones. Ahora el tiempo se queda parado y sólo escucho el sonido de la cuchara contra la taza. Es lo único que suena. En cuanto me tomo el desayuno, recojo todo aunque no haya casi nada que recoger.
No me gusta que la casa parezca abandonada.

Como cada día entro en el salón y me siento en el mismo lado del sofá de siempre. El otro lado no lo uso. No es una norma, simplemente no me sale sentarme allí. Enfrente, sobre el mueble, están las fotos. Laura en su boda. Marta con el niño en brazos. Nosotros cuatro en la playa hace muchos años.
En esas fotos la casa parecía pequeña porque siempre estaba llena.
Ahora parece más grande. Ahora está vacía.

A media mañana salgo al patio y riego las plantas. No crecen mucho, pero siguen vivas. Después vuelvo dentro y miro el teléfono. No ha sonado. A veces pienso en llamar yo, pero me digo que estarán ocupadas. Trabajo, colegio, actividades. La vida cuando uno es joven no deja mucho espacio.
Yo también fui joven y también estuve ocupado. No recuerdo haber pensado que mis padres pudieran sentirse solos. Supongo que ellos tampoco me lo dijeron. Y yo, tampoco, soy capaz.

Mientras preparo la comida, no son muchas las recetas aprendidas, pero suficientes para un viejo como yo; enciendo la televisión, no presto atención, solo necesito oír voces mientras como y recojo de nuevo lo poco ensuciado.
Las tardes se hacen, a veces, largas. Camino de la cocina al salón varias veces sin motivo claro. Abro la nevera aunque sé lo que hay dentro. La cierro.
Vuelvo a mirar el teléfono, pero no hay ni mensaje ni llamada perdida.

Al anochecer dejo la luz del recibidor encendida. Por si decidieran venir sin avisar, no me gustaría que encontraran la casa a oscuras.
Antes de acostarme paso por el pasillo y miro las puertas abiertas de sus dormitorios mientras pienso en cuando corrían de una habitación a otra, en cómo llenaban la casa sin darse cuenta.

La casa no está vacía de muebles ni de recuerdos. Está vacía de personas.

No estoy enfadado con ellas. No las culpo. Tienen su vida. Es lo normal. Pero a veces me pregunto si saben lo vacía que puede hacerse una casa cuando solo hay una persona dentro.

Me meto en la cama y apago la luz. Duermo en el mismo lado desde hace años. El otro permanece intacto. Hay noches en las que me despierto y tardo unos segundos en recordar que estoy solo.
El reloj del pasillo sigue marcando las horas y me vuelvo a dormir.

Mañana volveré a levantarme temprano. Volveré a cruzar el pasillo. Volveré a poner dos tazas sobre la mesa y guardaré una.

La casa vacía seguirá aquí.
Y yo también.

Comentarios (10):

Edu, S.C.

19/03/2026 a las 08:33

Buff, Henkoslowlife, que bueno tu relato. Me ha encantado!

Trata sobre el duelo (el mío y supongo que el de muchos también, el título incita a este tema) y lo hace de una manera magistral. La imagen de las dos tazas en el desayuno me parece magistral. Creo que tienes una ternura en tu prosa, en como abordas la humanidad de tus personajes, envidiable. El anterior me encantó, no se si este me ha gustado aún más.
Por decirte algo, pero quizás es cosa mía, me he atascado un poco en esta frase:

“Desayuno despacio y recuerdo ,como antes, la mesa era un lugar llena de nuestras conversaciones.”
Yo quizás quitaría las comas del “como antes”, no se que opinas.

Relatas con maestría la soledad de una persona mayor, uno (de tantos) mal de nuestros tiempos.
Felicidades!
Si tienes tiempo y te apetece me encantaría recibir la visita de un escritor/a tan bueno/a. Sino me conformo con seguir leyéndote.

Silvia

19/03/2026 a las 12:06

Puedo asegurar que me ha sobrecogido bastante…no sabía muy bien por dónde iba…pero según iba leyendo se me iba encogiendo el corazón. Hay mucho en ese relato…agridulce…pero escrito con mucho amor. Enhorabuena!

Cristina Otadui

20/03/2026 a las 07:25

Hola @HenkoSlowLife,

Gracias primero por tu comentario a mi texto 🙂

Es curioso como, tanto tu relato, como el mío y el de otros muchos participantes de este taller número ¿76? demuestran que las casa se vacían mucho mas por la ausencia de personas que por la salida de enseres. Cualquiera con una cierta edad se podrá sentir identificad@ con esa sensación de soledad que invade a tu personaje, no solo por haber sufrido una o varias pérdidas, también por ese “agarrarse” a las rutinas cotidianas que muchas veces ejercen de tabla de salvación en el día a día.
Y dicho esto, al lío!!
Lo que mas me gusta: el tono contenido (y sostenido) del relato, la voz sin excesos, los pequeños detalles: las dos tazas, la luz del recibidor, el lado del sofá… y el cierre: limpio, medido, sin demasía.
Algo a lo que últimamente se me “va el ojo”: las repeticiones de sonidos: en este caso las negaciones: hay muchísimas. Aunque no molestan yo le daría una vuelta.
Lo que no me gusta: algunas frases un poco farragosas:
-“Mientras preparo la comida, pienso que no son muchas las recetas que aprendí, pero son suficientes para un viejo como yo. Enciendo la televisión”
Hay demasiadas ideas y el punto y coma, a mi, me sobra. Las frases cortas son mas eficaces y en general funcionan mejor.
-“Desayuno despacio y recuerdo ,como antes, la mesa era un lugar llena de nuestras conversaciones.”
-“Desayuno despacio y recuerdo cómo, antes, la mesa estaba llena de conversaciones.”
¿Qué te parece? Yo la siento mas limpia.
Siempre como una sugerencia bajo mi criterio personal, claro. El texto siempre es propiedad del que lo escribe.
Me parece un trabajo muy bueno, enhorabuena!!

Gracias por escribir y compartir
¡¡Nos leemos!!

Codrum

20/03/2026 a las 10:19

Hola,

En el anterior taller me gustaste mucho y dije: “En este no me lo pierdo”.
Por eso estoy aquí.

Déjame empezar destacando este momento de soledad tan intenso: “Ahora el tiempo se queda parado y solo escucho el sonido de la cuchara contra la taza. Es lo único que suena.” Me ha gustado mucho.
¿Qué pasaría si quitaras “Es lo único que suena”?
A mí me parece que ganaría fuerza el texto.

Algo parecido me pasa aquí: “En esas fotos la casa parecía pequeña porque siempre estaba llena.
Ahora parece más grande. Ahora está vacía.”
¿Cómo quedaría si quitas “Ahora está vacía” o incluso si cambias el “parece más grande” por “es más grande”?

El inicio me ha gustado mucho. En nada nos haces pensar: ¿estará sin trabajo? ¿será un jubilado?…

“A media mañana salgo al patio y riego las plantas. No crecen mucho, pero siguen vivas.” Esta frase muestra muchísimo y me encanta. Si una persona tiene el tiempo suficiente para notar la diferencia de altura de una planta cada día, es que de verdad está muy solo. El día a día es tan atareado que esos detalles…

“Al anochecer dejo la luz del recibidor encendida. Por si decidieran venir sin avisar.” Esta frase me ha roto el alma. De verdad me ha parecido un modo maravilloso de mostrar la frustración, la esperanza y las ganas de aferrarse a un pequeño madero flotando en el agua.

“La casa no está vacía de muebles ni de recuerdos. Está vacía de personas.” Esta frase me sobra por completo. Estás mostrando con mimo (alguna explicación que te he comentado que no sé si sobran), pero esta me parece demasiado explicativa. Has contenido el sentimiento durante todo el texto y aquí nos obligas a aceptar la premisa (cosa que ya sabemos). Me ha sacado por completo.

La voz del texto es contenida, pausada, como el anciano protagonista. A veces me parece que explica un poco demasiado, pero ¿qué anciano en su casa, cuando está solo, no se da explicaciones a sí mismo?
En cuanto al taller has cumplido las premisas de un modo perfecto: está en presente y la casa está vacía.

La rutina que marca y la esperanza luchando con la frustración hace que se coja cariño al protagonista.

Muchas gracias por esta versión tan tierna de un día de un jubilado y su final circular.

Pd: si quieres comentar algo sobre mi respuesta, puedes hacerlo en mi texto. no hace falta que lo leas o lo comentes, es porque así será más fácil encontrarlo.

Laura P.

20/03/2026 a las 12:40

Este relato me ha encantado 😊

He conseguido meterme completamente en la piel de esta persona mayor, y me ha llevado inevitablemente a pensar en mis padres y mis abuelos. En especial, en esa soledad que a veces percibo cuando hablo con mi abuela por teléfono. Creo que has captado muy bien esa emoción.

Tu forma de narrar transmite mucho por sí sola. Los pequeños detalles, las rutinas, ese gesto de mirar el teléfono esperando que alguien se acuerde de ti… todo eso construye una atmósfera muy potente.

También me ha parecido muy bonito cómo reflejas la empatía del protagonista hacia sus hijas, entendiendo que él también fue joven una vez. Esa idea de que cada etapa de la vida tiene algo distinto, y que en esta aparece la palabra soledad en mayúsculas.

Además, el relato me deja una sensación inquietante sobre la sociedad que estamos construyendo.

Otra de las frases que quiero destacar es el símbolo de la luz encendida: transmite muy bien esa idea de que, mientras haya esperanza, todavía hay vida a la que aferrarse.

Quizá, lo que más destacaría es ese trasfondo más filosófico del relato y cómo conecta con la realidad del siglo XXI de una forma tan directa.

Y como dice Edu, si te quieres pasar por el 62, ¡bienvenido eres!

Gracias por compartir este relato!

Monica Bezom

20/03/2026 a las 22:00

Hola!
Nos presentas un relato testimonial desde la voz del personaje, cuya rutina de soledad y debilidad emocional resulta desgarradora.
Desde un hilo narrativo pausado se van sucediendo, como fotos en sepia, los días y las horas de este protagonista que pugna por regalar ternura. Solo falta que alguien llame, que alguien venga, mejor si son los hijos.
Me ha gustado mucho.
Solo quizás le restaría aclaraciones y/o explicaciones que ralentizan el sentido del texto.
De todos modos es un gran texto.
¡Felicidades!

Vicky

21/03/2026 a las 10:03

Hola Henko, me ha vuelto a tocar comentar tu relato.

Me ha gustado mucho, me ha recordado a mi abuelo, especialmente el detalle de dejar la luz encendida.

Estoy de acuerdo con los comentarios de arriba sobre algunas comas y algunas partes que sobran, pero creo que son debido al reto de escribir en presente, manteniendo la voz del personaje consistente sin dejar que la nuestra coja las riendas.

Felicidades por un relato que una vez más llega al corazón.

Te leo en la siguiente,
Vicky

Verso suelto

21/03/2026 a las 12:44

Hola Henko.

Me ha gustado tu texto, sobre todo la forma que tienes de aludir a la ausente sin nombrarla. Te comento algunas cosillas:
*Cuando dices “Más adelante está el cuarto de Marta, siempre fue más tranquila”, quizá, no sé, quieres decir “la más tranquila”.
* “recuerdo ,como antes, la mesa era un lugar…” Creo que debe ser “era el lugar”
* La frase “Mientras preparo la comida, no son muchas las recetas aprendidas, pero suficientes para un viejo como yo; enciendo la televisión…” creo que no está muy bien puntuada, yo quitaría la segunda coma y cambiaría el punto y coma por coma. Quedaría así: “Mientras preparo la comida, no son muchas las recetas aprendidas pero suficientes para un viejo como yo, enciendo la televisión…”
*Algo parecido con: “Al anochecer dejo la luz del recibidor encendida. Por si decidieran venir sin avisar, no me gustaría que encontraran la casa a oscuras” Yo escribiría: “Al anochecer dejo la luz del recibidor encendida por si decidieran venir sin avisar, no me gustaría que encontraran la casa a oscuras” .

Pero no me hagas mucho caso, cada uno tenemos nuestra forma de expresarnos.
Buen trabajo, compañero.

Carmenigne

21/03/2026 a las 21:44

El relato aborda el paso del tiempo, la vejez y las pérdidas, en una casa que se va vaciando no de objetos sino de vínculos y de proyectos. Hay una idea que aparece con mucha fuerza: una forma de vejez en la que ya no hay apertura a lo nuevo, y eso está mostrado de manera muy certera.
La construcción del personaje me parece muy lograda. A través de pequeños gestos y rutinas se va mostrando una vida detenida, donde todo remite a la ausencia: los cuartos que siguen siendo “el de Laura” y “el de Marta”, los espacios que no se resignifican, los hábitos que se repiten sin variación.
El clima es muy consistente: opresivo, monótono, casi se puede ver ese cuerpo que se mueve sin impulso. En ese sentido, el tiempo aparece más como tiempo cronológico que como tiempo vivido, y el reloj que marca las horas refuerza muy bien esa idea.
Me parece muy interesante también cómo aparecen pequeños indicios de vida —como las plantas—, que apenas alcanzan para abrir una mínima fisura en esa lógica de repetición.
En cuanto a la escritura, la elección de palabras y la repetición (“volveré… volveré…”) construyen muy bien el ritmo y acompañan esa sensación de circularidad.
Tal vez, la frase “la casa no está vacía…” podría no ser necesaria, porque es algo que el relato ya viene mostrando con mucha claridad y fuerza.
Me resultó un texto muy conmovedor, porque siento que logra transmitir una experiencia muy presente en muchas personas mayores, pero lo hace desde lo sutil, sin explicitar ni subrayar en exceso.
Me gusta mucho cómo escribís.

José Torma

26/03/2026 a las 16:49

Hola @HenkoSlowLife.

Pedazo de relato que nos acabas de regalar. Primero pensé era una viuda, pero el verdadero impacto es cuando nos damos cuenta de que es un varón. Ese caminar por los recuerdos, vivir en una inercia que no es rutina, porque no se detiene, continua y continua sin parar.

La frase donde dices que deja la luz prendida por si llegan no encuentren la casa a oscuras, me nublo la visión y tuve que contener las lágrimas. Es de una fuerza brutal.

No ahondaré más porque no es necesario. La soledad tan intensa de una persona mayor narrada de forma sencilla, con una cadencia como los pasos lentos del protagonista y en mi caso particular, un pre estreno de mi vida futura. Ahora no es momento de repensarse la elección de no casarme. Tu relato pegó hondo.

Muchas felicidades.

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