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La casa Vacía - por SilvinaR.

La casa vacía
Cuento las bolsas y las cajas; las vuelvo a contar para asegurarme de que bajé todo. Las cosas que ya no vamos a usar las estoy poniendo en un contenedor, y lo que ya no sirve para nada, lo tiro al basurero. Miro hacia arriba, quiero revisar que realmente no quede nada.
Piso el primer escalón y escucho detrás de mí el sonido de unos pasos pequeños. A mi lado pasa mi niña de tres años tratando de que sus piernas cortitas alcancen el próximo escalón. Cuando llego arriba bajo el picaporte y ella abre la puerta de un empujón, el olor a pintura fresca me inunda los sentidos: todo está tan blanco.
Al girarme hacia la cocina, aparece ante mí un montón de platos por lavar e incluso los moldes de postres, seguro es día de muffins. Camino unos pasos y el baño sigue tan pequeño como siempre, tanto que al entrar y pararte en el medio cepillarte los dientes en la pileta y lavarte el cabello en la ducha a la vez. El papel higiénico está caído… otra vez.
Cierro la puerta y avanzo hasta mi habitación, que está bastante oscura para ser mediodía, porque esa ventanita de 20×20 no ayuda mucho. Entonces se despliegan ante mí las cortinas: la blanca, la azul, la floreada y la de lienzo. Me detengo en mis zapatos de taco, que ya no uso por el accidente, y en las zapatillas que ahora son lo mío. Reconozco esa ropa desordenada, mi mesita, mi rosario y mi teléfono.
Entro a la habitación de mi hija y contemplo su pequeña bici rosada junto a la negra más grande, hasta llegar a la violeta que ocupa un espacio aún mayor. Resalta su oso panda enorme sobre la cama y el collage pintado en la pared durante la pandemia; observo sus fotos pegadas y todos esos adornos que no entiendo que son. En las perchas cuelgan sus vestidos de comunión, de quince y de recepción; sonrío al ver su pintorcito de jardín y su banda de Técnica en Indumentaria, junto a sus ojotitas y sus zapatos de taco.
Trato de cerrar la puerta y como siempre, se vuelve a abrir sola. Me quedo en la sala donde las baldosas están vacías; al girar se agrupan los sillones, la tele antigua y el Smart, el ventilador viejito y el aire acondicionado, la computadora y los escritorios. En la biblioteca asoman los libros de cuatro palabras, los cuentos de Disney y el Diario de Ana Frank. Me vuelvo y me encuentro con mi biblioteca pequeña de seis libros y la grande con sus cien ejemplares. En un rincón está el juego de té de juguete y sobre la mesita el de porcelana real. Me hace sonreír la cortina de plástico y la majestuosidad de los cortinados hasta el suelo.
Llego a la puerta de salida, pero mis pies se resisten a cruzar el umbral. Me recuesto en el marco y le echo una última mirada a este escenario que fue testigo de nuestra vida. Los ecos de las risas infantiles y los pasos apresurados se van apagando lentamente, como una melodía que llega a su fin; los muebles que antes daban forma a mis días se desvanecen en la memoria y las paredes, ya desnudas, parecen guardar el secreto de todo lo vivido.
Ahora, finalmente, la casa está vacía de objetos, pero rebosa de tiempo. Siento que estos dieciocho años no se quedan entre estos muros, sino que se mudan conmigo en forma de silencio, un silencio que no es vacío, sino el prólogo necesario para una nueva vida en otro lugar. Es el espacio en blanco para otra historia que aún debemos escribir y otros recuerdos que esperan ser creados.
Al salir, la luz del día me obliga a parpadear. Allí me espera mi niña, que ya no lucha con escalones altos, sino que camina con la seguridad de sus veintiún años. Me mira con esa complicidad que solo los años otorgan y se ríe, quizás de mi nostalgia o quizás de nuestra suerte. Cruzo el umbral, dejando atrás el ayer, y cuando bajo el picaporte por última vez, ella toma el control y cierra la puerta de un tirón, sellando con ese golpe seco el pasado para abrirnos paso al mundo que nos espera afuera.

Comentarios (7):

Dani Bouquet

20/03/2026 a las 00:03

Hola Silvina,
qué ternura de relato. Es muy visual, las descripciones están bien conseguidas. Me ha resultado muy fácil ver pasar los años, tal como lo está viviendo la narradora. Se siente la añoranza.
Me ha gustado especialmente el cierre: cómo la niña, que ha dejado de serlo en esa casa, ayuda a la madre a dejar atrás el pasado.
Es un gusto leerte. Un saludo.

Diana T

20/03/2026 a las 01:33

Hola, Silvina.

Primero que nada, muchas gracias por darte el tiempo de leer mi relato y comentarlo, ahora te regreso el gesto.

Debo admitir, que el inicio se me hizo difícil de seguir, los primeros dos párrafos tenía preguntas como ¿Qué está pasando? ¿Se está mudando? ¿La protagonista es la madre o la hija con su hija? ¿La casa está vacía o no?
Pero conforme avanza, el relato va agarrando ritmo y se vuelve más fácil de seguir.
Si comprendo bien, todas esas imágenes de los muebles, el baño, las recámaras, la ropa, los zapatos, las bicicletas, los juguetes, los diplomas, realmente ya no están ahí, es la persona recordando las etapas por las que pasó el interior de su casa, una muestra del tiempo que no deja de transcurrir, y de una vida bien vivida. Esta imagen me parece muy buena una vez que me quedó claro, aunque si te recomiendo cuidar las posibles malas interpretaciones.

El final es conmovedor, la madre, llena de la nostalgia, la hija, alegre y esperanzada, la puerta que se cierra, y este vistazo, esta puerta abierta hacia una nueva aventura. Un gran cierre para tu historia.

Saludos, y espero que mis comentarios sean de utilidad 😁

Enzo Farías Molina

20/03/2026 a las 13:08

Hola Silvina, que tal? Te agradezco enormemente las palabras que me dedicaste como comentario en mi relato, especialmente lo de García Márquez, un gran honor para este servidor.
Pasando a tu texto, me gustó, pese a algunos ripios de ritmo al principio y cierta ambigüedad en la dirección que tomaba la historia, pronto se enrieló y creció conforme avanzaba en la lectura. Esa frase de «…los muebles que antes daban forma a mis días se desvanecen en la memoria y las paredes, ya desnudas, parecen guardar el secreto de todo lo vivido», me parece notable, muy descriptiva y contundente, redondea excelentemente el aura que tiene tu relato. El cierre muy bien logrado, éramos tres cerrando para siempre la puerta de esa casa y bajando por la escalera. Un abrazo y espero volver a leerte pronto!

Moldy Blaston

20/03/2026 a las 21:52

Hola Silvina, este mes me toca comentar tu relato, con mucho gusto.

Un relato magnífico por tu manejo del tiempo y la nostalgia. Veo una propuesta muy cinematográfica que juega con la superposición de recuerdos en un mismo espacio. Pero lo que hace que tu relato sea verdaderamente especial es la forma tan poética y original en la que has estructurado el paso del tiempo. Me ha parecido un recurso narrativo brillante cómo los objetos de diferentes etapas (el pintorcito de jardín junto al título de técnica, o la tele antigua junto al Smart) conviven en una misma escena, permitiendo al lector visualizar toda una vida en apenas unos párrafos.
Alcanzo a ver una sensibilidad exquisita para elegir detalles que emocionan, como el cambio de los zapatos de taco por las zapatillas tras el accidente, lo que da a la narradora una humanidad y una historia muy profunda.
El cierre es magistral: ese contraste entre la niña que subía escalones y la mujer de veintiún años que cierra la puerta le da un sentido circular y esperanzador a la pérdida. Es un texto que no solo habla de una casa vacía, sino de una vida llena, y esa transición entre el pasado y el futuro está lograda con una delicadeza técnica admirable.
En mi modesta opinión, un trabajo emocionante y muy bien estructurado.

Si quieres puedes pasarte por el mío (#22) y me comentas, sin compromiso ninguno.

Nos leemos!!!

Cristina Otadui

21/03/2026 a las 08:20

Hola Silvina, gracias por pasarte por mi relato. Te devuelvo la visita 🙂

El paso del tiempo, las etapas cumplidas, los recuerdos… todo ello tomando la disculpa de una mudanza que marca la transición de las protagonistas hacia una nueva etapa de su vida.
Haces una buenísima progresión temporal y emocional que a mi parecer tiene su clímax cuando la protagonista menciona que los 18 años pasados van a formar “el prólogo necesario para una nueva vida”.
También me gusta el salto temporal que estableces con el paso de la hija, primero de niña, luego de adulta. Las imágenes que creas son muy vividas: el olor a pintura, la luz, el detalle de los objetos.
Aunque la lectura resulta fluida he de reconocer que los tres párrafos primeros los he tenido que leer varias veces y creo que es por detalles como estos:
-Falta de nexo en “seguro es día de muffins” por “seguro QUE es día de muffins”
-En la frase “tanto que al entrar y pararte en el medio cepillarte los dientes…” falta un verbo principal claro, hay una secuencia de infinitivos – pararte, cepillarte, lavarte – que, por una parte, crean una cacofonía y hacen la lectura algo pesada, y resulta desordenada. Podrías darle una vuelta. A mi se me ocurre así: “al entrar y pararte en el medio, puedes cepillarte los dientes en la pileta y lavarte el cabello en la ducha a la vez”
Por lo demás ese tono nostálgico y emotivo que manejas me parece perfecto: todo el que ha hecho mudanza seguro que lo ha sentido así en alguna ocasión.
¡Felicidades, buen trabajo!

Gracias por escribir y compartir.
¡¡Nos leemos!!

Amadeo

22/03/2026 a las 15:04

Silvina
Me costó “descubrir” el paso del tiempo, pues en el primer párrafo, vacía la casa y se va y en el segundo, llega (olor a pintura).
Cuando comienza a recordar, “descubro” elpaso del tiempo´Los detalles víkvidos de lo ya vi-vió en esa csa, completa el cuento.
El final me gustó, pues la casa vacía, está llena de recuerdos.,

Felicitaciones
Cordiales saludos
Amadeo (Argentina)
Nota: estoy en el Nº 2 por si quieres leerlo y comentar. Agradecido

Osvaldo Mario Vela

25/03/2026 a las 02:03

Hola Silvina,. Saludos cordiales desde una casa, la mía, a la tuya.

Vivienda que es aposento de dieziocho años e duela de una historia de Lo escrito en sus paredes, en su cocina, su baño, su patio y su puerta de entrada.

De verdad una redacción llevadera y que me llena. Te felicito, saludos.

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