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LA CASA VACÍA - por JULIETA PUCHEROSR.

Ya han pasado los hombres de Emaus y se lo han llevado todo, desde el sofá hasta la mesilla de noche. Ver la casa así, deshabitada, sin alma, es un segundo mazazo después de la muerte de mi amatxu. El hall sin su lámpara veneciana y su mueble recibidor parece no tener luz. El salón, despoblado de sus muebles acogedores, ya no invita a pasar y quedarse a conversar o a comer. La cocina no huele a comida recién hecha. La despensa no rebosa frutas, conservas diversas y demás manjares. De las habitaciones vacías ni hablo, totalmente despojadas de personalidad y calidez.
Desde el jardín del adosado, se ve una rosaleda encaramada a una pérgola. Es lo único que queda de la mano femenina de mi madre en todo el hogar. Incluso deja de llamarse así. Fuera hay un cartel que dice: se vende. Los hogares no se pueden vender pero sí las casas vacías. Siempre he creído que este momento de desprenderme de la finca familiar me costaría más. No es así mi mamá ya no está presente ni se la ve espiar entre las cortinas. No hay rastro de su perfume ni de su silueta en las estancias. No está ni se la espera para mi desasosiego y desesperación. Es un sentimiento dual. Calma por no estar allí después de su fallecimiento en forma de aura, presencia, recuerdos… Y por otra parte, tristeza profunda por no quedar de ella ningún vestigio nostálgico al que agarrarme para no hundirme en el abismo. El domicilio está preparado para la transacción. ¿Y yo? No tuve tiempo de despedirme de mi madre. Sólo me queda el consuelo de estar en paz con ella. Es un gran alivio. ¿Pero es suficiente? No pude llorar porque la pena de mi padre era mayor. Yo le acompañé en esos días, semanas, meses… mientras, nadie se ocupaba de mi soledad alienante.
Ahora, la casa ya está en otras manos que le darán vida nuevamente, aunque ya no sea mía.
Ahora, tal vez se cierren mejor cicatrices del alma que ni siquiera sabía que existían.
Ahora, soy un poco más libre y tal vez un poco más feliz.

Ccomentarios (1):

Ulises Vidal

19/03/2026 a las 00:45

¡Hola Julieta! Me ha gustado el tema, la dualidad de sentimientos frente a la venta de la casa vacía por fallecimiento de la mamá.
La puntuación es algo que debió ser revisado. Cada párrafo con su tema, descripción de la casa, ausencia de la madre y sentimientos que suscita, sostén psicológico del papá.
Se siente libre y un poco más feliz porque la casa se vende,pero nos hubiera gustado saber cuáles son esas cicatrices del alma que ignoraba.
Señalamos alguna redundancia, “…queda de la mano femenina de mi madre”.
Aunque hemos hecho alguna observación respecto de la puntuación debemos señalar que la falta de signos ortográficos tiene el poder de hacernos partícipes, receptores de esa reflexión muy íntima expresada en voz alta. Es como si estuviéramos frente al narrador, en silencio, escuchando.
¡Espero que nos sigamos leyendo en el próximo encuentro!

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