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La Casa Vacía - por DairoR.
Aquí estoy sentado nuevamente, dándole vueltas y vueltas al lápiz, una más lenta que la anterior, una más evasiva que la anterior.
Aquí estoy sentado con la hoja en blanco, una hoja que me mira con melancolía, que no puede entender por qué después de tanto tiempo aún no hay letras en ella, una hoja que se siente inútil al ver que hay más tiradas en el piso, cada una más arrugada que la anterior.
Aquí estoy sentado, hoja y lápiz en mano, mi lugar preferido, mi situación perfecta, queriendo hacer lo único bueno que hago. Pero mi mente… no sé en dónde está.
Desde hace tiempo he estado luchando en vano contra mi realidad, ha sido una batalla tras otra, de las que solo ha quedado el silencio sombrío de la nada.
Es un vacío que se ha apoderado de mí, dónde nada surge, nada brota. Mi mente es como un río que no fluye, un río estático de piedras burdas, en el que no hay peces nadando en medio de sus aguas o saltando, rompiendo su caudal, como queriendo librarse de ellas y volar a nuevos cielos. Esa fantasía ya no está. Esa chispa que se enciende con un bello atardecer de vibrantes colores o con una escena de amantes de canas plateadas y de caminar lento agarrados de la mano a un amor eterno, ya no parecen poder ser capaces de hacer arder tan solo una pequeña brasa de lucidez.
A lo largo de mi vida he sido un escritor prolífico, nunca me ha faltado una buena historia. Entre el drama, el misterio o el amor, siempre han estado presente las palabras que portan sobre sus hombros el suave peso de una novela fascinante o de un poema encantador. La vida me ha premiado con adjetivos y publicaciones, con relatos y entrevistas. Pero ahora me castiga con un desierto en el que no afloran pensamientos. Ya no siento la suave brisa fresca de mis ideas, las palabras ya no corren por los aires.
Ahora vivo solo con el drama que crece gracias a la angustia de no encontrarme conmigo mismo, con mi pasado, ni con lo que anhelo seguir haciendo: escribir.
Vivo en medio del misterio aterrador de verme cautivo en una celda imaginaria, pero con una desesperación real. La cárcel de un pensamiento sin pensamiento.
Vivo con un amor que ya no está, que se fue y se llevó consigo todo lo que había en mi interior. Drenó no solo mis sueños sino también, mi razón de hacer lo que hago. Ella se fue y se llevó detrás de sus pasos toda mi inspiración. Apenas me dejó una vieja silla en ésta casa vacía.
¡Pero no puedo seguir en este lugar!
Alrededor de mi voz interna gira una biblioteca perdurable, llena de García Márquez, de Nerudas, de Vernes, de Allendes. Llena de un sin fin de manuscritos leídos, que en tiempos de producción copiosa fueron iniciadores de una creatividad natural que se apoderaba de mí. Pero hoy, ni siquiera puedo recordar sus obras. La biblioteca, al igual que mi mente, dejó de girar, se apagó.
¡No puedo seguir en este lugar!
El inmenso vacío es abrumador. El narrador dejó de existir. Ya no es capaz de contar una historia más.
¡No puedo seguir en este lugar!
Me lo grito una y otra vez, para zarandearme, para sacudir este universo interno que se ha quedado sin estrellas que brillen, pero sé, que muy en el fondo, hay un sol que desea salir con fuerza por el horizonte.
Justo cuando abro la puerta de salida de ésta mente oscura, aparece ese sol, resplandece esa estrella.
No es una nueva estrella en el firmamento de las ideas, es la misma estrella que se me fue y que ahora regresa con un halo de historias que pudieron ser, pero que no fueron.
De repente el viento sopla con fuerza, la brasa se enciende, se levanta como un fuego que arde entre matorrales secos, provocando un incendio que ilumina nuevamente esta casa. El río vuelve a fluir, entrando por las ventanas, chapoteando por las escaleras, descargando su fuerza en una cascada de genialidad inventiva.
No fue ella quien abrió la puerta, tan solo fue su recuerdo que entra y se apodera de todo.
Aquí estoy sentado, el lápiz ya no da vueltas, ahora traza suaves líneas de nuevas palabras. La hoja ya no está en blanco, se llena a base de sus recuerdos.
Mi casa ya no está vacía.
Comentarios (5):
Susana
19/03/2026 a las 17:50
La angustia, el amor, el miedo, la esperanza, los recuerdos.
Un alma atormentada en busca de su musa perdida.
¿No es acaso el amor el leit motiv que nos lleva por el sendero de la vida?
Me ha parecido un cuento calculado, que no deja espacio para la improvisación. Donde los detalles te llevan a conocer a los personajes y a sumergirse en la profunda soledad de la vida del protagonista del cuento.
Me ha parecido un cuento muy bueno.
Moldy Blaston
22/03/2026 a las 20:01
Hola Dairo. He empezado a leer tu relato y no tengo por menos que comentarte, aunque no me corresponda este mes.
Me ha parecido una propuesta brillante y profundamente honesta; has llevado el concepto de ‘la casa vacía’ a un terreno psicológico y creativo fascinante: el bloqueo del escritor. Me encanta cómo utilizas el vacío de la hoja en blanco como un espejo del vacío de la propia mente y del hogar. Las metáforas que utilizas —el río estático de piedras burdas o la biblioteca que deja de girar— tienen una fuerza visual increíble y transmiten a la perfección esa sensación de asfixia creativa. Pero lo mejor, sin duda, es el clímax narrativo: ese incendio de ideas que vuelve a iluminar la casa cuando el recuerdo de ‘ella’ actúa como detonante.
En mi opinión, es un relato con un ritmo creciente, casi musical, que celebra el poder de la inspiración y la memoria como los verdaderos habitantes de nuestro mundo interno. ¡Un ejercicio de introspección literaria impecable y muy emocionante, enhorabuena!
Si quieres puedes pasarte por el mío (#22) y comentarlo, sin compromiso.
Nos leemos!!!
Daniel Calleja
24/03/2026 a las 01:44
Dairo, el comentario de Moldy refleja lo que sentí al leer tu relato. Me gustó mucho. Poesía en prosa y un reflejo de lo vacíos que nos sentimos cuando la inspiración nos esquiva. Y esa felicidad inmensa de reencontrase con ella, volver a crear y llenar esa hoja en blanco, la metafórica casa vacía, de sentimientos, emociones e historias cabalgando en el lomo de las palabras. Te felicito.
Violeta
24/03/2026 a las 15:26
Hola Dairo. Lo que más me ha gustado del relato es la capacidad de metaforizar el gran miedo de los escritores, el folio en blanco, con la casa vacía. Y es que es así y jamás me lo había planteado, la verdad. Lo cierto es que esta parálisis y falta de ideas también la he vivido. De hecho, Literautas es una buenísima herramienta para superar este estancamiento que narras. Todos deberíamos encontrar esa estrella que te lleve de nuevo a encadenar palabras y contar historias. Gracias por tu texto. Me ha ayudado mucho.
PROYMAN1
25/03/2026 a las 17:45
Saludos Dairo soy PROYMAN1 tu vecino del 50 y he leído tu relato que me ha gustado y a continuación te indico mi opinión sobre tú escrito
– El texto convierte el **bloqueo creativo** en un espacio físico: la casa vacía. Esta metáfora permite que el lector “camine” por la mente del narrador.
– La narración está construida casi como un **monólogo interior**, donde la hoja en blanco es un personaje más, con emociones y expectativas.
– El protagonista describe su mente como un **río detenido**, una imagen poco habitual para representar la falta de ideas.
– La inspiración perdida se personifica en **“ella”**, lo que mezcla el duelo amoroso con el duelo creativo.
– El clímax funciona como un **renacimiento**, donde el recuerdo actúa como chispa que incendia la imaginación.
Los compañeros que te han leído te indican algunas consideraciones técnicas complementarias.
Confío en seguir leyéndonos.