Literautas - Tu escuela de escritura

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La casa vacía - por CarmenigneR.

Apenas pisa en las inmediaciones del barrio Juan empieza a sentir el olor a maní, anticipando al viejo manicero con su carrito de lata, con chimenea y humo. Ve sus manos curtidas haciendo un cucurucho con papel de diario, llenándolo con los maníes con cáscara recién tostados.
A medida que avanza y se acerca a su escuela, las voces de los niños empiezan a inundar sus oídos. A primera vista permanece idéntica, o casi, con los viejos ventanales con sus vidrios opacos, los escalones de mármol con las rajaduras más profundas y el enorme roble en el medio del patio. La puerta principal, que ahora le parece más pequeña luce el mismo color de antaño, sin embargo, todo es más chico, las distancias son más cortas
Con temor, entra. Ve que otros muebles sustituyen a las viejas bibliotecas de roble y al reloj cucú que anunciaba la hora del recreo.
Sale presuroso, con miedo de que los muebles nuevos, las caras nuevas, le borren los recuerdos.
Apenas dobla la esquina, a lo lejos la copa de los árboles parece vestir toda la cuadra salpicando de flores amarillas y aroma a tilo, inundándolo todo. Una inspiración profunda y se ve junto a sus amigos corriendo mientras le tocan el timbre a Doña Rita, que sale presurosa con los ruleros aún en la cabeza mientras los amenaza con el puño levantado.
Un edificio enorme sustituye la casa de Carlitos. Ya no está el jardín con el viejo mandarino cuyas frutas han acompañado las charlas filosóficas eternas.
El viejo almacén de Doña Chela es ahora un supermercado gigante de una gran cadena y el bar adosado ha sido engullido dentro de la gran superficie. Las conversaciones de las madres han desaparecido, sustituidas por prisas desmesuradas.
Y de pronto, a unos metros la ve. Alcanza a ver primero las ramas del viejo ciruelo tocando las del tilo. Más rebeldes, más desprolijas. La verja de hierro con sus arabescos conserva la misma forma, pero ahora la herrumbre se incrusta en los vestigios de la vieja pintura. La puerta de madera con el semicírculo con vidrios de colores está de pie, su mano de bronce, ahora oscura y sin lustrar y la ventana con los pesados postigones cerrados. Un gran cartel anuncia la venta de su vieja casa abandonada.
Camina con pasos firmes, dirigiéndose al patio trasero. Estoico y envejecido, aún permanece el viejo sauce llorón. Se mete debajo como cuando era pequeño y abrazando el tronco suspira, encontrándose con el viejo amigo que tanta falta le hizo. Lo toca, metiendo las uñas en las hendiduras. La voz de su madre se hace presente:
—¡Deja esos libros Juan! ¡VenÍ a tomar la leche!
Entonces el lee un poco más, solo una hoja más, hasta que la ve arrancar chinela en mano, y sale corriendo segundos antes que volara, zumbándole cerquita.
Toca el picaporte, que se vuelve a salir como siempre, como antes, obligándolo a colocar con precisión los agujeros enfrentados para poder hacer palanca y abrir. La cocina tiene aún la mesada veteada, pero la vieja mesa de madera donde hacía los deberes, ya no está.
Los dibujos de las baldosas del piso casi han desaparecido. Un pequeño pasillo, ahora descascarado lo conduce al viejo comedor. En las paredes la ausencia de los retratos familiares se puede adivinar a través de cuadrados perfectos denunciados por la diferencia en la pintura, más nítida, más blanca. Todavía ve los ojos, las sonrisas y la pose inmóvil.
Debajo de la escalera de madera, está la puerta que da al viejo desván. Está entreabierta. Con la luz del celular alumbra y puede ver los tres escalones de cemento. El olor a humedad lo invade todo. Baja despacio y eludiendo las telas de araña, se dirige al rincón de la habitación. Tantea la pared de ladrillos y siente cómo uno de ellos se mueve. Lo extrae con cuidado. Toca suavemente el hueco que queda cuando los dedos palpan el metal: la vieja cajita de lata que enterró con sus hermanos aún está ahí. La abre. Mira dentro de ella. Entre bolas de papel de aluminio, está el autito rojo de bomberos que encontró en la estación de tren; las bolitas de muchos colores de Pedro, y las figuritas de Blancanieves con brillantina de Elena. Recuerda el trato: cuando fueran grandes la abrirían. Se la mostrarían a sus hijos. Irían juntos. Ahora solo queda él, la caja de los tesoros y la casa vacía.

Comentarios (14):

José Torma

19/03/2026 a las 22:27

Hola Carmenigne.

Gracias por comentar mi relato. Llevas mil de razón con la interrogación/exclamación. La verdad no me percaté del detalle y lo apunto para futuro. Muy agradecido.

Vamos a tu relato. Me encantó. Nos tomas de la mano y no nos sueltas. Caminamos por esa brecha llena de recuerdos y crudas comparaciones entre lo que fue y no es más. Tu escrito tiene muchas coincidencias con historias mías de otros tiempos, la cajita de metal escondida, la casona vieja y descascarada, los parques idos. Pero el tono lánguido, anhelante del que busca encontrar en su pasado esa chispa, ese que se yo que ahora no esta mas en su vida y al final; el golpe de realidad.

Todo el rato me fui con la imaginación, dando paso tras paso detrás de Juan (otra coincidencia, un alto porcentaje de mis personajes se llama Juan, tal vez porque así se llama mi hermano). Vemos lo que ve y sentimos lo que siente.

A que rico gusto queda en el corazón y la mente al leerte.

Enhorabuena.

Carmenigne

19/03/2026 a las 22:40

Gracias Carlos!!! Por tu comentario y por tu tiempo. ¡Que lindas coincidencias!

Diana T

20/03/2026 a las 00:57

Hola Carmenigne.

Decirte que disfruté mucho tu relato, es una historia llena del colorido pasado del protagonista. Con sus recuerdos nos presentas, no sólo lo que fue del pueblo, sino lo que fué de esa persona. Me parece increíble tu capacidad de exponer una personalidad tan completa en menos de 750 palabras, y al mismo tiempo, crear esta bella atmósfera de melancolía con grandes descripciones.

El final me pareció super adecuado, me partió el corazón pensar en lo real que puede ser esta situación, cómo de peques, creamos sueños con nuestros hermanos, pero al crecer, dejan de tener prioridad, hasta que nos damos cuenta que es demasiado tarde.

Quería decirte que la primera vez que lo leí, me pareció que incluíste una cantidad exagerada de árboles, ya que el relato no trata de botánica, y el personaje no tiene razón para poder nombrar cada tipo de árbol, pero que tras la segunda lectura, ya no lo sentí.

Algo que si agregaría es que, al final se entiende que el protaginista ya es anciano, o por lo menos, no es joven, por lo que me hubiera gustado alguna muestra de esa edad, tal vez dificultad al sentarse bajo el árbol, un dolor de rodilla al bajar las escaleras, un temblor en los dedos al abrir el cerrojo. Es algo mínimo, pero que creo que aportaría bastante al ambiente y el recuerdo.

Muchas felicidades por tu relato, lo disfruté mucho.

P.D. MAAAANIIIII no-me-pue-do resistir a-co-mermeun-cu-curu-cho de maní (me acordé de una canción que escuchaba cuando tenía 4 años, no me gustaba nada, pero qué bello es cuando un relato te recuerda a tu infancia)

Carmenigne

20/03/2026 a las 13:31

Perdón José. Puse mal tu nombre. Ahora si. Gracias José!!!
Gracias a ti también Diana por tu comentario.

Osvaldo Mario Vela Sáenz

20/03/2026 a las 23:43

Hola Carmenigne, te felicito por millón. te van a sobrar felicitaciones; repártelas entre los demás compañeros de taller que te encuentres en tu camino.-

La razón por ser tan generoso es que tu escrito es prueba de algo que, yo siempre presumo.

Que los años tiernos de la niñez y primeros de la juventud, son el regalo mas prolifero para la buena escritura.

tus letras son bellas, deescriptivasm llenas de amor; sigue por esa vereda, no la dejes nunca.

Un abrazo desde México,

Carmenigne

21/03/2026 a las 02:46

¡¡¡Gracias Osvaldo!!!! por tan estimulantes palabras. Otro abrazo para ti.

Edu, S.C.

22/03/2026 a las 10:52

Buenas Carmenigne,
Muchas gracias por tu visita a mi relato y aquí estoy para devolverte la visita, lo cual hago encantado.

Me ha gustado mucho tu relato. Diría que, de todos los que he leído es el que más anclado está a la realidad. Es decir, en tu relato muestra todo, no explicas nada. Además me ha gustado mucho tu manera de narrar, tienes una voz propia y se ve que escribes desde tu lengua materna (Argentina?). Me ha gustado mucho.
Por decir algo:
Por un lado , aunque como te he dicho me gusta mucho lo visual de tu cuento, en algún momento me parece un poco, pero solo un poco, sobrecargado de adjetivos. Quizás bajaría un poco el espesor en este sentido para hacer el texto un poco más liviano.
Luego está, a mi entender, la falta de conflicto en el relato. El relato lo veo más como una estampa que como un cuento con su conflicto, con un cambio entre como empieza el mismo y como acaba; sin que esto sea algo malo, solo como constatación.

Felicidades por tu cuento Carmenigne; creo que es de lo mejor que he leído en calidad descriptiva.

Codrum

23/03/2026 a las 10:49

Hola, CarmenigneR:

Voy a empezar por esta frase cuya idea me fascinó. Me encanta que la gente tenga cuidado de no sobreescribir recuerdos. “Sale presuroso, con miedo de que los muebles nuevos, las caras nuevas, le borren los recuerdos.”

También de tu texto me gustaría destacar la importancia que le das a los árboles. Son lo único que no cambia, algo permanente y viejo que ancla un pasado lleno de recuerdos con un presente desgarrador y vacío, como la casa.

Me ha gustado que no solo nos has mostrado una casa vacía, nos has mostrado un pueblo vacío, con la dificultad que conlleva en tan pocas palabras.

Aquí no hay trama, no hay una introducción, un nudo y un desenlace. Hay recuerdos que pintan la personalidad del protagonista. Es un texto arriesgado. Por mi parte lo has logrado de un modo apropiado.

En cuanto a lo negativo, podría ser que tanta descripción, al final, se hace densa. Pero creo que alcanzas un equilibrio que no satura, aunque lo deja al punto.

Algo que no dije y me gusta mucho es cómo trabajas el ritmo con frases cortas, esas que van encadenando pérdidas (“Un edificio enorme sustituye la casa de Carlitos. Ya no está el jardín…”). Y el cambio de tiempos verbales (presente para lo que va viendo, pasado para los recuerdos) te ayuda a meter al lector dentro sin necesidad de explicar nada. Me parece un acierto.

Si tuviera que poner un pero pequeño, en algún momento la lista de lugares y objetos se acumula tanto que casi se convierte en enumeración. Pero repito: lo dejas al borde, no llega a cansar.

Gracias por esa cajita de recuerdos final. Una cápsula del tiempo hermosa.

Pd:
Por favor, recibe esta valoración como lo que es: un ejercicio de taller en el que todos estamos para aprender. Mis apuntes son solo opciones personales, sugerencias que nacen de la lectura atenta; tú, como creador, tienes la última palabra. Si tienes comentarios que hacerme, te agradecería que los escribieras directamente sobre mi texto , porque así luego será más fácil localizarlos.

Monica Bezom

23/03/2026 a las 13:30

Hola, Carmenigne.
¡Qué lindo texto! Se desenvuelve en una atmósfera muy lograda entrando por los sentidos: olor a maní, humo, tilo, humedad… Conduce a la nostalgia y ya no la suelta durante el regreso al barrio y la memoria infantil, en un acertado crescendo emocional.
El recorrido va de lo público (barrio, escuela) a lo íntimo (casa, desván, cajita) en un estupendo movimiento hacia el interior. Las descripciones -algo recargadas- sin embargo resultan encantadoras, destacando a los árboles como elementos que resaltan la melancolía.
Le otorgas un cierre potente, mediante una última frase muy lograda:
“Ahora solo queda él, la caja de los tesoros y la casa vacía”.
No hace falta explicar más.

Encontré que se repiten mucho palabras como:
“viejo”, “ahora”, “más”, “vieja”.
No es grave, pero al reducirlas el texto ganaría en fuerza y precisión.
Alguna redundancia: “Estoico y envejecido, aún permanece el viejo sauce llorón”: quitaría “viejo”.
La frase: “encontrándose con el viejo amigo que tanta falta le hizo”, podría eliminarse. El gesto de abrazar el árbol ya lo dice todo. Así, sugiere sin énfasis innecesario, me parece.
Hermoso texto evocativo de la infancia y de reflexión sobre el paso del tiempo.
Tiene algo muy valioso: no cae en el golpe bajo, mantiene un tono contenido y eso lo vuelve más efectivo.
Me ha gustado mucho.

Carmenigne

23/03/2026 a las 16:24

Edu, gracias por tu comentario. Tomo lo que me dices sobre la sobrecarga de adjetivos, lo tendré en cuenta.
Es cierto que no es un cuento clásico con conflicto y desenlace; apunté más a un proceso interno: revisitar lugares y espacios habitados en otro momento, y ver con qué se queda cada uno de la casa, de los vínculos, de la familia. En este caso, tiene que ver con la caja como símbolo de la infancia y de esos vínculos.Al menos esa fue la intención narrativa.

Codrum, gracias por tu lectura atenta. Así recibo las devoluciones de los compañeros: como aportes para pensar. Es lo que más valoro del taller: por un lado, lo que otros ven y sienten con lo que uno escribe; por otro, los aportes técnicos y la posibilidad de ver cómo, frente a una misma consigna, construimos tramas tan diferentes. Tomo cada uno de los aspectos señalados, siempre aprendo.

Mónica, gracias por tu comentario y tus aportes. Tienes razón en las palabras que señalas; a pesar de haberlo leído varias veces, o quizás por eso, se me pasó. Es reiterativo. Lo voy a revisar.

ENZO FARÍAS MOLINA

23/03/2026 a las 20:19

Hola. Un muy buen relato, ágil, descriptivo. Bastante bien hilado y fácil de abrazar. El final corona de muy buena forma la emotividad que buscas durante todo el recorrido narrativo. Te felicito y espero seguir leyendo tus próximos relatos. Un abrazo.

Eliana Escudero

23/03/2026 a las 23:49

Hola Carmenigne!
Que bello relato! Me pasó que lo leí con una especie de sonrisa tranquila casi todo el tiempo. Hay algo en ese recorrido que se siente muy cercano, como si uno también estuviera volviendo a un lugar conocido después de mucho tiempo. Algunas imágenes se me quedaron bastante, sobre todo esas que mezclan lo que ya no está con lo que sigue resistiendo. Me dio una sensación linda, de esas que tiran más hacia el recuerdo que hacia la tristeza.
Y el final me dejó como en pausa un momento, mirando esa escena sin necesidad de que pase nada más. Me pareció un cierre muy bien encontrado.
Lo disfruté mucho, la verdad! Felicidades!!

Carmenigne

25/03/2026 a las 00:14

Gracias Enzo y Elena por los comentarios.

MJesúsNC

30/03/2026 a las 21:18

Hola, Carmenigne: En primer lugar, te pido disculpas por no haber contestado todavía a tu amable comentario. Se me han complicado algunos asuntos y llevo retraso, es más, no he comentado ninguno.

Me ha encantado, de verdad. Leeré tu relato cuanto antes para comentarte. Perdóname si aún tardo un poco, tarde o temprano lo haré.
Saludos y muchas gracias.

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