Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

La casa vacía - por MJesúsNCR.

Me hundo en el sofá de la sala de espera y su abrazo devora mi duelo, hasta que alguien nos conduce al magnífico despacho.

El prestigioso notario tiene el bufete en el piso treinta de la Torre de la Rosaleda, en Ponferrada. El ambiente es apacible, por la suave música instrumental y por la sensación al pisar las gruesas alfombras que me invitan a descalzarme.

Analizo el escritorio de madera maciza que preside la estancia. Hay una lámpara con pantalla de vidrio verde, abrecartas, pisapapeles y varios objetos de bronce.

El notario aparece con una sonrisa cálida. Su porte es elegante, con rasgos atractivos y mirada transparente. Quizá ronde los sesenta. El apretón firme de su saludo, mientras mira a los ojos, transmite sinceridad.

Nos invita a sentarnos en las sillas de cuero alrededor de una mesa rectangular. Es cordial y nos cuenta una anécdota graciosa con el tío Ramiro. Ahora nos enteramos de que fueron buenos amigos.
Comienza el protocolo. Exhibe poderes notariales, testamento y certificados.

Desconecto de las advertencias jurídicas e inicio un recorrido visual por los cuadros de gran formato, ventanales panorámicos, plantas en maceteros de diseño y un delicioso aroma a cedro. «Es tan lujoso, debería haberme puesto mi vestido nuevo».

La voz del notario me devuelve al presente.

—Ramiro me pidió que os leyera esta carta.
«Reconozco su letra».

A mis queridos sobrinos … «Es emotiva y transmite toda la bondad de su corazón».

Fue el único de los hermanos de papá que no tuvo hijos. Vivía en el extranjero y, cuando enviudó, liquidó su empresa con buenas ganancias y regresó al Bierzo. Todos le queríamos y le decíamos tío ricachón. No se enfadaba, al contrario. Le gustaba y reía satisfecho. Siempre fue generoso, nos pagó estudios y viajes y nos regaló un coche a cada uno al cumplir la mayoría de edad. Ahora, tristes, nos encontramos los siete en torno a su legado.

Estaba absorta en mis pensamientos y, al escuchar mi nombre, vuelvo de golpe a la lectura de la carta.

—Martina, eres la aventurera de la familia. Amas la naturaleza y te gustan las montañas rocosas, como buena escaladora. En el Valle del Silencio, hay una casa para ti. Tienes hectáreas suficientes para tu anhelada empresa de turismo activo y los fondos necesarios para el proyecto. «Casi me mareo al escuchar la cifra». Disfrútala, pequeña. «Siempre me llamaba así, pues soy la menor de todos». La reacción de sorpresa y alegría de mis primos detiene al notario, que también se suma.

Guiada por las indicaciones del GPS, Martina detiene el vehículo en un maravilloso paraje donde la tierra y el cielo se besan. Queda perpleja. «No sabía que existía esta casa».

Una construcción de piedra de dos plantas del siglo pasado, con balcones de madera y tejado de pizarra se alza imponente por la intensidad del arrebol.

Desde el exterior escudriña por las ventanas. «No se ve nada». «Debería haber traído compañía». Da dos vueltas a la llave y empuja la puerta con la mano. Observa y permanece unos minutos en el umbral. «Huele a tierra mojada».

La casa está vacía. Solo tiene las paredes. Curiosea por las habitaciones. «No hay nada». Un crujido de tablas interrumpe sus pensamientos y se sobresalta.
En un cristal aparecen huellas empañadas de manos que permanecen varios segundos.

—¡No puede ser! ¡Aquí no hay nadie! —exclama recelosa.

La segunda planta es igual. Totalmente vacía. A través de las paredes escucha un murmullo y acerca la oreja. No parecen voces humanas.

Presiente una amenaza que no sabe identificar, como si la observaran. «Debo de estar perdiendo la razón, parece que las paredes respiran». Intenta gritar, pero su garganta no produce ningún sonido.
De nuevo, crujen las tablas. Como pisadas. Quiere marchar, pero está paralizada. Su respiración se acelera y tiembla.
Cuando se sobrepone huye con su coche.

Unos días después el sofá de la sala de espera la envuelve como a una vieja amiga.

—Hola, Martina, no me ha extrañado tu llamada. —El notario la saluda con afecto.

La joven está impaciente por contarle todo.

—Esa casa está viva y respira. ¿Se da cuenta? ¡Respira! Está vacía y se escuchan pisadas.

—Cálmate, cálmate. Tu tío preparó otra carta para ti. No sabía si tendrías que hacer una limpieza energética. La casa no es peligrosa, muchas personas la han habitado sin percibir nada. Te acompañaré, igual que a él. Tan solo debes practicar unos sencillos rituales. La percepción extrasensorial está reservada a personas extraordinariamente sensibles.

Comentarios (4):

JL.Martín

20/03/2026 a las 10:35

Hola vecina: empiezas en primera persona, cumpliendo además el tiempo verbal presente. Luego a partir de… Martina detiene el vehículo, saltas a tercera persona. ¿Hecho a propósito?
Parece que yo inicio mi comentario en términos negativos, no es verdad, pues tu relato me ha parecido magnífico de principio a fin. La naturalidad con que describes el desarrollo y la gramática usada para dar profundidad al personaje, está muy bien resuelta pues consigues proyectar a Martina, como un personaje redondo con sus fortalezas y debilidades. Es una historia con encanto. ¡Enhorabuena!

Iván Pascal

20/03/2026 a las 21:51

Buenos días, MJesúsNC:

Antes de entrar en faena, quiero que sepas que es la primera vez que intervengo en este taller.

Espero que mi comentario esté en la línea de lo que se espera de un participante en el mismo.

He leído tu relato con atención. Ha sido capaz de captar y mantener mi atención desde sus primeras palabras hasta el final. Y me ha gustado la historia que cuenta.

Tras hacer una segunda lectura, posiblemente más crítica, acompañada de un análisis profundo, puedo señalar las cuestiones que me han surgido. Puedes estar segura (creo que eres una chica, si no es el caso, te ruego que me disculpes) que señalo estos puntos en un afán constructivo absolutamente.

La trama de la historia transcurre en 3 momentos: primera visita al notario, visita a la casa vacía y segunda visita al notario. Creo que el número de “palabras” dedicadas a estas partes esta algo desequilibrada. En concreto, prácticamente la mitad del relato está dedicado a la primera etapa. Considero que la segunda es la que debería merecer este privilegio, ya que es la casa vacía, precisamente, la protagonista. Profundizando en esta primera etapa, puedo comprobar que es rica en descripciones, no fundamentales, del despacho del notario y del propio notario. Posiblemente, no son necesarios tantos detalles. Sin embargo, es la casa vacía, protagonista del relato, la que no se describe con la misma amplitud en la segunda etapa.

Desde el punto de vista cronológico, no hay nexo entre la primera etapa y la segunda. En el caso de la segunda y la tercera, sí que está presente, y solo ha requerido de tres palabras: “Unos días después”. Me planteo cuanto tiempo pasó desde la lectura del testamente hasta que Martina viaja a la casa: ¿Al día siguiente? ¿Esperó al fin de semana? O estaba lo suficientemente lejos como para tener que esperar a las vacaciones. No todos los lectores son conocedores de la zona y puede que haya alguno que no conozca la distancia entre Ponferrada y el Valle del Silencio. Creo que explicitar la línea cronológica puede ayudar a asentar la coherencia del relato.

Me quedo con las ganas de saber más sobre la casa. ¿Hay luz? Según el relato, la tarde está a punto de caer y la luminosidad no será mucha. ¿Lleva Martina una linterna? ¿Usa la del móvil? ¿Están las paredes pintadas? ¿Hay mucho polvo? ¿Parece abandonada o solo está vacía? Posiblemente aquí sí que tendría más cabida el detalle descriptivo mostrado en la primera parte en referencia a la notaría y al notario.

“Observa y permanece varios minutos en el umbral”. Creo que permanecer (entiendo que sin trasladarse a otro lado) varios minutos en el umbral de una casa no es real. Es demasiado tiempo.

Creo que la huida merece algún detalle más. ¿Cierra la puerta de la casa al salir, por ejemplo?

Por último, hasta donde llega mi entendimiento, los lugares en los que los notarios ejercen su profesión no son “bufetes”, sino “notarías” o “despachos notariales”.

Como dije al principio, es mi primer comentario. Tenlo en cuenta, por favor.

¡Enhorabuena por tu relato! Muchas gracias por hacerlo público.

Un saludo

Iván

María Jesús

21/03/2026 a las 20:21

Hola María Jesús: Tu relato me ha parecido bastante interesante, con descripciones muy bien logradas, aunque yo le habría dado más importancia a la casa que a la visita al notario. No obstante debo decirte que me gusta tu manera de escribir, se entiende fácilmente y es muy amena. un saludo.

Carmenigne

21/03/2026 a las 20:49

Hola María Jesús NC,
Me pareció muy potente la apertura, especialmente la imagen “su abrazo devora mi duelo”, que instala de inmediato un clima emocional fuerte y una imagen muy clara.
A lo largo del relato, la escritura sensorial está muy bien lograda: los detalles vinculados a los sentidos (la música, las texturas, los aromas) construyen un ambiente vívido y envolvente. También se percibe un cuidado en la construcción de los vínculos, que aparecen como cálidos y generosos, lo que favorece el compromiso afectivo con los personajes.
El pasaje entre la escena del notario y la llegada a la casa introduce un giro interesante hacia lo inquietante. En ese punto, sentí un cambio de ritmo que resulta sorpresivo; quizás podría trabajarse la transición para que el pasaje entre ambas escenas sea más gradual o articulado.
En relación al final, la resolución me resultó un poco menos intensa en comparación con la potencia que el relato viene construyendo. Tal vez habría espacio para desarrollarlo un poco más, o profundizar en esa sensibilidad compartida con el tío, que aparece como una línea muy sugerente.
Es un cuento con una atmósfera muy lograda y una propuesta interesante. Estas son solo impresiones como lectora, por si te aportan algo.

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *