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La casa vacía - por Mónica Bezom
Web: http://letrasturquesa.blogspot.com
La casa reposaba sobre la ladera de la colina como una perla caída del cielo.
Su prestancia y noble disposición resultaban irresistibles, debía ser hermosa por dentro. El mayor enigma, sin embargo, era quién sería su afortunado propietario.
La casa estaba habitada, eso era evidente. Los jardines se mantenían cuidados, de noche se iluminaba y cada mañana las ventanas aparecían abiertas. Pero nadie se dejaba ver.
Con el tiempo la atención de los vecinos disminuyó y la preciosa casa con sus interrogantes pasó a formar parte del paisaje.
Pero un día de primavera algo cambió. Delante de la casa apareció un cartel requiriendo un Encargado. Los interesados debían presentarse sin necesidad de turno.
El hijo del notario fue el primero en acudir a la singular cita. La curiosidad colectiva se reavivó y un grupo de vecinos esperaba en el bar notable a efectos de por fin conocer la identidad del escurridizo propietario. Grande fue la sorpresa cuando el candidato, ya de regreso, refirió que no acudieron a abrirle, que la puerta cedió con docilidad encontrándose con un coqueto salón donde una mesa dispuesta con exquisiteces invitaba a servirse. Relató que los minutos pasaron sin que nadie hiciese acto de presencia por lo que, intrigado, probó un bocado. El pan aún estaba caliente. El joven se sirvió una buena ración y luego, vencido por la ansiedad de la espera, se quedó dormido. Al despertar, la mesa había sido recogida y, en lugar del servicio, se destacaba un jarrón con flores frescas. Después de recorrer algunas estancias desiertas, defraudado, abandonó el lugar.
La sorprendente experiencia se replicó en los siguientes aspirantes: el tendero, el ayudante del farmacéutico, un docente y un empleado bancario. Ellos concurrieron, la puerta se abrió, una espléndida mesa los aguardaba, comieron y esperaron hasta quedar vencidos por el sueño. Ante la ausencia de persona alguna en esa casa, se retiraron asombrados y frustrados.
El asunto muy pronto tomó dimensiones de leyenda y de todo se decía, pero la versión que más se impuso fue la que consideraba que la casa estaba vacía y que alguna clase de hechizo engañaba los sentidos de los aspirantes, pese a que éstos eran personas preparadas.
El bar notable se instituyó de facto como el centro de consejo a los pretensos solicitantes y lugar obligado de rendición de cuentas de la experiencia.
Un cierto día llegó a oídos de los notables que un joven carpintero del campo llamado Jeremías se presentaría para el puesto. Enseguida fue llevado al bar donde lo desalentaron de la misión, vista su rudimentaria educación. Se le hizo notar que los postulantes fracasados fueron personas con gran preparación.
No obstante, una vez bajadas las persianas del bar y sus ilustres parroquianos entregados al sueño, el muchacho se dirigió a la misteriosa casa, bellamente iluminada.
En principio, la historia se repitió: la puerta cedió y el joven se situó en una esquina, estudiando el salón con la mesa llena de alimentos, sin atreverse a tocar nada. Al rato observó unos trozos de madera junto al hogar y, para matizar la espera, se puso a la tarea de armar un banco con sus limitadas herramientas. Hacia el amanecer, tres bancos de madera recién terminados rodeaban la chimenea y Jeremías dormía junto a ellos.
Cerca del mediodía bajó al pueblo y los del bar notable lo acribillaron a preguntas, visto que había pasado la noche y la mañana en la casa.
El muchacho refirió que poco podía decir salvo que el puesto era suyo; que tres jóvenes vestidos de blanco le habían comunicado su designación.
Los notables tuvieron miedo. Le insistieron que no regresara, que posiblemente se trató de un sueño engañoso.
Desoyendo tales intentos de desanimarlo, Jeremías aceptó el cargo, alegre y confiado. Desde entonces, habita la casa desempeñándose con eficacia y discreción.
Cada día aparecen frente a la casa distintos enseres que los residentes del pueblo retiran según sus necesidades. Se ha visto más de una vez a personas acercarse sin reservas y ninguna vuelve con las manos vacías.
Los del bar notable rechazan la veracidad de tales eventos y continúan convencidos de que son puras patrañas.
Pero, en secreto, hasta los más escépticos acabaron subiendo a la colina con la íntima esperanza de encontrar allí lo que necesitan. E incluso han buscado en Jeremías consejo en sus tribulaciones.
El pueblo ha cambiado sutilmente. La gente ríe y comparte más. Algunos sostienen que la casa tal vez sea un faro de benevolencia.
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