Literautas - Tu escuela de escritura

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Zona de desconexión - por Antonio BuitragoR.+18

El avión ya había superado la capa de nubes cuando comenzaron las turbulencias.

No fueron bruscas, apenas un temblor que hizo vibrar los reposabrazos. La mayoría siguió leyendo o durmiendo. Yo no podía concentrarme.

Odiaba volar. No por miedo a caer, sino por la sensación de encierro. A esa altura no hay escapatoria posible. Solo confiar en que alguien, allá adelante, sepa lo que hace.

Y aquella noche tenía la impresión de que nadie lo sabía.

La mujer a mi lado llevaba todo el viaje en silencio. Manos cruzadas sobre el regazo, la mirada fija al frente, como si esperara algo. Cuando el avión dio un pequeño salto, sus dedos se tensaron.

—Nada grave —murmuré—. Solo bolsas de aire.

No respondió.

Entonces noté que el murmullo de la cabina empezaba a apagarse. Primero dejaron de oírse conversaciones. Luego, las películas. Incluso el zumbido de los motores pareció amortiguarse.

Me giré hacia el pasillo. Varias cabezas estaban inclinadas hacia delante. Nadie se movía.

—¿Ha visto eso? —pregunté.

Ella giró la cabeza hacia mí. Sus ojos estaban demasiado despiertos para la penumbra.

Ella empezó a hablar en voz baja.

—No levantes la voz. No llames a nadie. No te levantes.

Sentí un frío inmediato en la espalda.

—¿Qué está pasando?

—Todavía no lo sé con certeza —dijo—. Pero ya ha ocurrido antes.

Miré mejor. No estaban dormidos. No respiraban.

Una azafata había quedado detenida a mitad del pasillo, inclinada hacia un pasajero. Sus ojos abiertos, vacíos.

—¿Están muertos?

—No exactamente.

—Entonces ¿qué?

—El avión no tiene un problema mecánico. Ni es una intoxicación. Es algo distinto.

Tragué saliva.

—¿Por qué nosotros no…?

—Porque todavía estamos dentro del margen.

—¿Margen de qué?

Respiró hondo.

—Del experimento.

La palabra me cayó encima como un peso.

—Este vuelo no es un vuelo comercial normal. Cambian tripulación, pasajeros, ruta. Pero siempre ocurre en algún momento del trayecto.

—¿Qué ocurre?

—La desconexión.

El estómago se me cerró.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tiene, si sabes qué están intentando medir.

—¿Y qué intentan medir?

Miró hacia la cabina del piloto.

—El momento exacto en que la conciencia deja de estar vinculada al cuerpo.

Quise reír, decir que era imposible. Pero no había lógica en aquella quietud.

—¿Queda alguien vivo?

—Solo tú y yo.

—Eso es imposible.

—No. Lo imposible es que todavía no nos haya pasado.

Sentí un hormigueo en las manos.

—¿Cuánto falta?

—No lo sé. A veces son minutos. A veces segundos.

El avión volvió a sacudirse. Las luces parpadearon.

—¿Y después qué?

—Después, ya no estarás aquí.

Me costaba respirar.

—¿A usted ya le ha…?

Sonrió levemente.

—Varias veces.

Las figuras del pasillo empezaron a verse borrosas.

—¿Qué son ustedes?

—Observadores.

—¿De qué?

—De lo que ocurre cuando todo se apaga.

La última imagen clara fue su rostro, tranquilo, inclinado hacia mí.

—No te resistas —dijo—. Nadie puede.

Entonces comprendí que el silencio no era ausencia de sonido.

Era ausencia de vida.

Comentarios (3):

Codrum

20/04/2026 a las 14:09

Hola, Antonio Buitrago:

Uff. Voy a empezar por: ¿quién cuenta la historia? ¿Está vivo o está muerto? Odio los textos que usan un narrador en primera persona y luego nos habla desde el limbo o era un sueño. Eso… no puedo con ello. Tu texto lo deja bailando muy cerca de ese límite. Pero no lo “mata”. Así que no diré que lo odio.

Dicho esto (espero te lo tomes como una broma fundamentada en la realidad), me ha parecido un texto original. Hacer un diálogo es siempre complicado. Marcas muy bien la incredulidad frente a lo que sucede (aunque a veces solo repita en tono interrogativo lo que la observadora le cuenta). Creo que mientras iba leyendo me iba imaginando muchos escenarios posibles: aliens, magia… pero lo de “experimentar” no se me pasó por la cabeza. Eso es un punto muy positivo, porque sorprendes, al menos a mí.

Y oye, la atmósfera que construyes está muy lograda. Al principio parece un vuelo normal, con turbulencias de nada, y poco a poco vas metiendo el silencio, los cuerpos quietos, la azafata congelada. Se nota el trabajo de tensión gradual, y eso me gustó.

En cuanto a lo formal, no tengo mucho que destacar o puntualizar. A lo mejor esta frase: “Primero dejaron de oírse conversaciones. Luego, las películas” se podría puntuar diferente. Ahora queda demasiado enfatizado el hecho de que las películas se pararon, cuando es un acontecimiento en el mismo plano que se detienen las conversaciones.

(Ahora me ha surgido una duda: ¿por qué se paran las películas si lo que se detiene es la conciencia? Antes no lo pensé. Entiendo que es para enfatizar el silencio de todo.)

También te digo algo: hay un par de frases que se me hicieron un poco usadas, como lo de “El estómago se me cerró”. Y la revelación del “experimento” igual llega demasiado pronto. A lo mejor podrías retrasarla un poco y dejar más rato el misterio. Pero bueno, es solo una idea.

Me gustó mucho el diálogo final, cuando ella dice que es observadora y que ha pasado por esto “varias veces”. Eso da muy mal rollo, en el buen sentido. Te quedó inquietante de verdad.

Gracias por la intriga y un texto original.

Pd.: Si quieres responder a algo, hazlo en mi texto. Así será más fácil encontrar tu comentario.

Daniel Calleja

23/04/2026 a las 23:05

Hola, Antonio. Al contrario de Codrum, a mí me encanta cuando el narrador es un fantasma y me parece un cuento muy bien narrado. Idea original. Buena ambientación, diálogos bien llevados, el ritmo va progresando junto al relato, pero… siempre hay un pero. Interpreto que la observadora no debería morir. “Lo raro es que aún no te haya pasado” me parece que sería más coherente, refiriéndose a la muerte del protagonista mientras ella observa. Esto te obligaría a cambiar “—¿A usted ya le ha…?” por “¿Usted ya lo ha visto antes?
Además veo alguna repeticiones que podrías evitar. Ejemplos: Me giré hacia el pasillo. Varias cabezas estaban inclinadas hacia delante. Nadie se movía.(Hacia repetido) “Me giré para ver el….”
“Ella giró la cabeza hacia mí. Sus ojos estaban demasiado despiertos para la penumbra.
Ella empezó a hablar en voz baja.” Ella repetido muy pegado. “La mujer giró…”
Pequeños detalles, nada más. El final me parece perfecto. Aunque lo haya escrito un muerto. Felicitaciones. Nos seguimos leyendo.

Lisa Snopmis

25/04/2026 a las 06:37

Me parece genial tu relato.
Me pregunto si “los observadores” son alienígenas o si la analogía mujer/muerte sería más acertada.
Lo importante, para mí, fue la sensación de desesperanza ante la muerte inminente de la que fue consciente el pasajero.
En segundos pasó de la calma a la tensión, logrando hacer surgir preguntas o plantearse escenarios en donde la historia podría ir más allá. Así, como cosa de libros.
Gracias por compartir tu arte. Me ha gustado mucho tu propuesta.

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