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Lemniscata - por D. L. ZlavikR.
Desde la ventanilla, veía al que custodiaba El Cono. Ella empezó a hablar en voz baja: pero vaya mierda de trabajo ese. Se tiene que aburrir de la hostia.
—¡Qué va! —contestó alguien a su lado que no estaba.
—¿Cómo?
—Que ese tipo, el de "El Cono", es el que dirige todo. ¿Ve eso? —dijo mientras le señalaba cómo, el trabajador, daba golpecitos al cono moviéndolo de centímetro a centímetro.
—Sí
—Que sepa que con cada golpe nos está situando 15 segundos en el tiempo. Si lo mueve a la derecha, 15 segundos más; si es a la izquierda, 15 segundos menos.
—Eso no tiene sentido.
—Tiene más sentido eso que pensar que se es aburrido.
—Lo que me dice, tampoco tiene sentido.
—Piensa que menos sentido tiene estar hablando con alguien que no está.
Aturdida, dejó de mirar por la ventanilla y giró la cabeza. Los dos asientos estaban vacíos. Alzó la mirada hacia un hombre que justo dejó la maleta en el compartimento de arriba de su fila. Le miró mientras se sentaba y le sonreía. El hombre hizo un escorzo con la cabeza para mirar por la ventanilla.
—Eso no tiene sentido.
—¿Cómo?
—Los golpecitos. ¿Qué hace? ¿Se aburre?
—Está desplazando el tiempo. 15 segundos si lo desplaza a la derecha, 15 a la izquierda.
El hombre se empezó a reir.
—Tiene más sentido eso que pensar que es aburrido —dijo.
—Sí —se dijo ella en voz baja.
—Vaya mierda de trabajo ese.
—¡Qué va! — se sorprendió contestando.
—Se tiene que aburrir de la hostia
—El tiempo. Juega con el tiempo.
—Lo que me dice, tampoco tiene sentido.
Aturdida, dejó de mirar por la ventanilla y se abrochó el cinturón mientras miraba a la azafata.
—Pero vaya mierda de trabajo ese, se tiene que aburrir de la hostia —oyó decir detrás de ella.
—¡Qué va!
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