Literautas - Tu escuela de escritura

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Cuatro asientos más atrás - por Elena M.R.

No había nada que Marcos Fernández odiase más que los aviones. No era una fobia ni se ponía nervioso, era algo más trivial: odiaba ir sentado con personas que no conocía durante horas. “Es una tortura” es lo que salía de su boca cuando alguien le preguntaba.
—¿Y en tren o en autobús? —le replicaban.
La respuesta de Marcos era siempre la misma: miraba a su interlocutor a los ojos y tras un suspiro respondía: “pero me puedo mover”.
En realidad evitaba cualquier situación en la que pudiese surgir una conversación forzada y en los aviones ese tipo de charlas eran inevitables. El aburrimiento flotaba en aquella atmósfera artificial como un virus que todos respirasen, bueno, todos excepto él.
En esta ocasión, no había excusa posible. Su abuela había fallecido esa misma madrugada y debía volar de Vigo a Barcelona para asistir al velatorio y al funeral.
Se acomodó en su asiento con el periódico doblado sobre las rodillas. El asiento contiguo lo ocupó una mujer joven que se desplomó en él con brusquedad y soltando un resoplido al mismo tiempo. Marcos sintió la sacudida en su propio asiento y la miró sorprendido.
Era una mujer de unos treinta años, muy atractiva, de pelo largo y moreno, con un escote más que generoso y unos pendientes de aro más grandes que sus orejas.
Esa fue toda la información que pudo sacar Marcos de su primer y fugaz vistazo.
Despegaron y cuando pudo desabrochar el cinturón, abrió su periódico. El vuelo era relativamente corto y confiaba en que, tranquilo.
—Disculpe.
Marcos dirigió los ojos hacia la mujer.
La temida conversación había empezado antes de lo previsto.
—¿Le importaría hacerme un favor? —dijo ella con voz dulce y sin pausa para una respuesta—. Cuatro asientos más atrás hay un hombre moreno con bigote.
Al decirlo, tocó ligeramente el brazo de Marcos y se acercó un poco más a él para añadir susurrando:
—Me ha dado algo para usted.
Podía oler su perfume barato y sintió una cierta incomodidad.
—Y además me ha pagado por ello— añadió —Y no se crea que soy una mujer de vida alegre, ya me entiende… ¡En absoluto! Estoy casada. —y le señaló el anillo levantando la mano.
Marcos volvió a abrir el periódico, que había cerrado, mientras ella seguía hablando.
La mano de la mujer volvió a tocar su brazo y Marcos se volvió exasperado.
—¿Qué quiere? —preguntó con brusquedad.
—No nos hemos presentado. Soy Marina Alonso.
—Marcos Fernández.
—Pues será usted muy famoso e ilustre, pero ¡vaya humos que tiene! El caballero que se sienta atrás, ya sabe…me dijo que era usted una gran personalidad de la cultura, pero a mí me parece usted un poquito maleducado, perdone que le diga. Tome, aquí tiene el sobre, que aún vamos a aterrizar e irme yo con esto.
Le entregó un sobre tamaño A4 que sacó del bolso y añadió:
—La verdad no sé para qué tanto misterio, podría haber venido él mismo. ¿Ustedes se conocen? ¿Están enfadados? En mi edificio hay dos vecinos que ….
Marcos dejó de escuchar la voz y observó el sobre. Fuera solo se leía “A la atención de Marcos Fernández. Editor”
******
Ya en el hotel, por la noche, se dio una ducha. El día había sido intenso, saludando a familiares que apenas recordaba. Era algo fastidioso.
Al día siguiente, el funeral y vuelta a casa. Estaba deseando regresar.
Recordó entonces a su excéntrica compañera de vuelo y el sobre que le había entregado. A la salida del avión no tuvo ocasión de hablar con el hombre misterioso. Todo aquello le parecía ahora tan lejano.
Lo abrió y como había sospechado, se trataba del borrador de una novela. Estaba acostumbrado a que le hicieran llegar manuscritos de obras, pero ninguna de aquella manera.
“Ella empezó a hablar en voz baja cuando se dio cuenta de que su hijo se había dormido…” así era como empezaba El vestido de novia. Se detuvo a leer varios párrafos aquí y allá y le pareció muy interesante. Se acomodó en la cama y continuó hojeando el manuscrito. El autor tenía un gran talento y estaba deseando leer el texto entero. Buscó dentro del sobre alguna tarjeta de contacto. Solo había una nota escrita a mano.
“Espero que disfrute con la lectura de mi novela. Es la primera que escribo, me gustaría saber qué le parece y ojalá la considere lo suficientemente buena para ser publicada. Firmado: Marina Alonso.”

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