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Una ONG en “Milano Fashion Week” - por DAILAR.
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Una ONG en “Milano Fashion Week”
Entraban en un hangar del aeropuerto, en ese momento no había ningún avión en espera de su revisión antes del siguiente vuelo.
Una nave enorme y al fondo las pistas de aterrizaje, a lo lejos aviones circulaban para su despegue. Era un espectáculo a la vista de Montse. Todo aquel mundo era lo que siempre soñó.
Nati le dirigía al despacho del jefe de sección, Montse necesitaba un espacio libre en alguno de los hangares para instalar su proyecto de tienda, para empleados de la compañía aérea, donde poder adquirir artículos llegados de los diferentes países que los aviones traían hasta el aeropuerto de Madrid.
Tenía compañeros en la compañía aérea, dispuestos a llevar a cabo estas ventas en el aeropuerto de Madrid con el fin de recaudar fondos para ONG’S
Montse entró en aquel cubículo que ocupaba el encargado de la sección de motores; era un despacho decadente, con mesas, estanterías y sillas, que más bien pareciese restos de algunos despachos antiguos de los años 50, época en que se fundó la compañía.
Se accedía a través de una estrecha escalera metálica que subía del piso del hangar, donde solían estar los aviones en descanso, y como si de un altillo se tratase, con una pequeña ventana con vistas al propio hangar.
No era nada pintoresco, penso Montse. Iba decidida a convencer al jefe de sección de su idea y sacar adelante la venta de todo tipo de artículos.
Salió encantada con el resultado, el jefe de sección había visto con buenos ojos su proyecto y lo calificó de un gran acierto.
– “Una idea extraordinaria y un planteamiento bien estudiado”
– “ Conforme”
esas fueron sus palabras.
Aunque escueto; Montse salió de allí contenta. Nati le acompañó a la salida y Montse fue inmediatamente a informar a sus compañeros, de que el proyecto tenía fecha de inauguración.
Montse visitaba al jefe de sección en diversas ocasiones para su desarrollo y organización.
Forjaron gran amistad, y Montse conoció la gran afición por la moda que tenía el jefe de sección, solía viajar a la “Milano Fashion Week”.
Montse fue invitada como acompañante del jefe de sección, éste, durante los días que vivieron en Milán, fue un acompañante ideal.
Durante aquellos días, visitaron la Catedral de Milán, Montse fue retada a subir a pie los 251 escalones que llevan a la azotea del Duomo, reto que aceptó.
Entre risas y chistadas, alcanzaron la azotea.
Desde sus ornamentadas balaustradas de piedra, toda la vista de la ciudad era divina.
El día estaba despejado y podían divisar los Alpes.
Montse quedó maravillada, con su arquitectura, gárgolas, agujas de mármol. No era de extrañar que los milaneses estuviesen tan orgullosos con la estatua dorada de María, el punto más alto del edificio. “La Madonnina”
Disfrutaron un almuerzo en Ristorante Parioli Milano, increíble cocina la italiana, pensó Montse.
El jefe de sección hacía de guía turístico para Montse, visitaron la iglesia de Santa Maria delle Grazie, “la ultima cena” de Leonardo da Vinci, imperdible para alguien que visita Milán por primera vez.
Todo era muy espectacular.
Compartieron momentos entrañables y divertidos. Todo era perfecto.
Salieron del Teatro alla Scala y, durante su paseo por la ciudad iluminada, en la recién estrenada oscuridad de la noche, el se insinuó a Montse.
Ella no estaba en ello en ese momento, no fue el tiempo idóneo para un romance, según ella le explicó.
Todo se convirtió de pronto en incomodidad y malestar, tal vez el no entendiese o tal vez no estaba acostumbrado a negativas.
En el vuelo de vuelta en primera clase, hubo un problema de asientos. Los auxiliares de vuelo iban apurados y Montse decidió ofrecerse pasar a turista para solventar el problema.
Solo una cortinilla les separaba a ambos. Jefe de sección delante y Montse sentada tras su asiento con una cortinilla en medio. Montse charlaba acaloradamente con su compañera de asiento, hablando de lo maravilloso de los desfiles en la Fashion Week.
De pronto, su compañera comenzó a hablar en voz baja.
Ella empezó a hablar en voz baja, igualmente.
Montse le dijo:
– ¿Por qué hablamos bajito?
Su compañera de asiento le respondió:
– Según me ha comentado la auxiliar, hay un señor delante nuestro, en primera clase, que parece ser le molesta escuchar tu voz.
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