Literautas - Tu escuela de escritura

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EL BOLETO - por Fer+18

Mónica estaba sentada junto al féretro de Gabriel. Aunque la iglesia estaba atestada de familiares y amigos, no se escuchaba el más leve murmullo. Arropada por ese silencio, su cabeza no hacía más que dar vueltas y hacerse preguntas. Entre éstas no estaba por qué el muy hijo de perra había roto el boleto premiado con un millón de euros y se había quitado la vida.

Durante el entierro no fue capaz de derramar una sola lágrima, aunque su cara reflejaba a las claras una mezcla de desesperación y rabia. Cuando ya todo había terminado llegó a casa, se tumbó derrengada en el sofá, se puso las gafas y releyó nuevamente la carta.

Mónica, esta nota no va a arreglar nada, sólo quiero sientas la misma desesperación que he sentido yo y que me ha llevado a tomar esta decisión. Pensarás que soy un cabrón, pero como comprenderás, ya me da igual.
En estos quince años que hemos pasado juntos hemos vivido de todo, buenos y malos momentos, pero siempre los hemos superado porque nos queríamos, o por lo menos eso es lo que creía.
Lo has sido todo para mí y me es imposible pensar en una vida alejado de ti, sin tus risas, tus besos y tus caricias. No podía vivir pensando que estabas en los brazos de otro.

Dejó de leer, cerró los ojos y soltó un prolongado suspiro. Aunque estaba a gusto con Gabriel, no era capaz de ofrecerle la vida que ella ambicionaba. Se puso nuevamente las gafas para terminar de leer la carta.

Siempre he intentado hacerte feliz procurando que vivieras de forma desahogada sabiendo lo importante que eso era para ti, y precisamente ahora que nos acababa de tocar la lotería y podíamos cumplir nuestros sueños descubro que me estabas engañando. ¿Por qué?, ¿Por qué él te daba los caprichos y la vida que yo hasta ahora no podía darte?
Quiero que sepas que cuando llegué a casa para darte la noticia y os pillé en la cama, en nuestra cama, no tiré los trozos del boleto que rompí delante de ti. Los recuperé y los he escondido en distintos lugares de la casa, así que cuando leas esto tendrás ya menos de tres meses para poder alcanzar la felicidad que tanto codicias.
Mucha suerte.

Ella se levantó del sofá, maldijo nuevamente a Gabriel y siguió revolviendo la casa.

Habían pasado ya dos meses y era casi imposible caminar por la casa sin tropezar con cualquier cosa. Había adelgazado varios kilos y su semblante siempre alegre y luminoso había dado paso a un tono cetrino y un gesto áspero en el que resaltaban unos ojos sin brillo enmarcados por unas grandes ojeras permanentes.

Había ido encontrando trozos en los sitios más insospechados: en el hueco de la barreta de la que colgaban las cortinas del salón o dentro de una de las múltiples carcasas VHS en desuso, precisamente en la de la película El poder del dinero.

Ella empezó a hablar en voz baja en tono amenazante:

—No te vas a salir con la suya, lo voy a encontrar, voy a encontrar el trozo que falta.

Tras pararse unos segundos, se dirigió con pasos decididos a la librería.

—¡Lo conseguí, púdrete en el infierno! —Había encontrado el último trozo detrás de la foto del álbum de su boda en la que se estaba besando con Gabriel.

Había pasado ya una semana, había realizado los trámites para cobrar el premio y la sonrisa había vuelto a su cara.

David, el amante con el que Gabriel la había pillado en la cama, la llamó para preguntarle si le apetecía pasar unos días en Roma, donde él tenía que ir a una reunión. Ella aceptó.

Al llegar a Fiumicino, ella se dirigió decidida a la parada de taxis pero David la cogió por la cintura y le dijo que cogerían mejor el tren hasta la estación de Termini. Mónica hizo una mueca de fastidio que él no llegó a percibir.

Al salir de la estación acarrearon sus maletas, cuyo molesto traqueteo se unía al producido por las del resto de turistas, hasta llegar a un hotel cercano. Mónica no pudo disimular su cara de desencanto al entrar y ver el aspecto del hotel.

—¿Te pasa algo?

—No, estoy bien. Sólo un poco cansada.

David se fue a su reunión y cuando volvió pasadas dos horas ella no estaba, sólo había una nota.

Lo siento David creo que ya no te amo lo suficiente.

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