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Vuelo de identidad - por Viva_la_escrituraR.
El autor/a de este texto es menor de edad
El avión Dakar-París de las doce y cuarto estaba a punto de despegar. La pantalla de salida mostraba las letras de “embarque”. Ada Sophie corrió por el aeropuerto, consiguiendo llegar a su avión en el último momento. En su interior, Matteo Louis Durand le esperaba sentado. La señorita se sentó a su lado, resoplando por la carrera que había protagonizado para conseguir arribar el aeroplano.
Bonjour, mademoiselle Russo. Ha llegado usted por los pelos. ¿Qué le ha hecho retrasarse tanto?
Siento la tardanza, monsieur Durand. Mi coche se estropeó y el chófer tuvo que ayudarme a encontrar un método para llegar a tiempo.
Conversaron sobre diversos temas durante unas dos horas. Ella empezó a hablar en voz baja.
Ahora bien, señor Durand, ¿por qué estoy aquí? No avisó al cuerpo de policía al completo, sólo a mí y de una forma un tanto extraña.
Verá, señorita Russo. Yo no soy un denunciante normal de algún robo vulgar. Soy un detective privado francés muy respetado en la comunidad investigadora. Llevo semanas tras un caso bastante peliagudo y, para resolverlo, necesito la ayuda de la policía de la zona.- Hizo una pausa para tomar un sorbo de su café- Como la presencia del cuerpo de policía hubiera alertado a la sospechosa, creí conveniente advertir a una única persona para ayudarme.
¿Y por qué a mí? En el cuerpo hay varios agentes más cualificados que yo para este tipo de casos.
Ah, la razón es simple. Pensé que una dama como usted pasaría más inadvertida que un hombre musculoso. Además, usted me ha sido recomendada por un viejo amigo mío.- Miró a los ojos de la mujer- Pero dejemos esta cuestión para otro momento. Tenemos 4 horas para atrapar a una asesina. De momento nos lo tomaremos con calma.
Pidieron la comida y estuvieron degustando sus platos durante aproximadamente una hora. Después, el señor Durand dijo que descansaría un rato y Ada Sophie leyó un libro de romance que llevaba en su bolso.
Sobre las 5 de la tarde, Matteo Louis se despertó y por fin le expuso el caso a su compañera. En junio, un hombre le llamó pidiendo ayuda porque creía que su novia era una asesina. El detective dijo que le ayudaría. Buscó en los registros y su novia no existía. Con una foto descubrieron que, en realidad, tenía un nombre falso. Indagando vieron que sus cuatro antiguos maridos habían fallecido del mismo modo. Una semana después de hablar con el novio, este le visitó diciendo que su novia había desaparecido y que todas sus cosas tampoco estaban.
El comandante avisó de que ya habían aterrizado. Bajaron de la aeronave y la señorita Russo le dijo a Matteo:
-Pero, ¿y ahora donde encontraremos a esa mujer?
-Aquí mismo, señorita. ¡Gendarmerie, attrape cette femme!
De pronto, dos hombres agarraron a Ada Sophie y le pusieron los brazos en la espalda y le sujetaron las manos con unas esposas.
-¡Usted no tiene pruebas de nada!
– Claro que sí, Ada Sophie Russo. ¿O debería decir Rosaide Shuapos, una mujer griega buscada por medio mundo?
– ¡Usted no podrá probar nada! – la mujer estaba rabiosa y luchaba por zafarse de sus captores.
– Eso dígaselo al juez, no a mí.
Tras estas palabras trasladaron a la mujer al coche policial y se pusieron en marcha, rumbo al juzgado.
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