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Novita Johns - por Wanda Reyes
Web: https://lineasetereasblog.wordpress.com/
Novita Johns ya no habitaba en su casa; se había convertido en el suspiro de cada habitación, en un ánima que vagaba entre cuarto y cuarto, sosteniendo un hogar que ya no estaba ahí, atrapada en una fantasía obsoleta.
Con el pelo atado en una coleta desordenada, vestía una bata con agujeros que tapaba con retazos de figuras alegres que bordaba con paciencia en los días más largos. Las pantuflas deformes rechinaban a cada paso lento y pesado.
Caminaba entre cuarto y cuarto, deambulando entre imágenes que solo existían en su mente. Se dirigió a la sala arrastrando los pies; nadie hubiera pensado que el contoneo de esas caderas había despertado pasiones prohibidas entre toda clase de hombres en el mundo. Novita Johns nunca fue una mujer normal, o lo que la sociedad de su época llamaba normal. Nunca se acercó a una cocina a prepararse su comida; desayunaba en la cama junto a una nueva conquista, entre científicos y embajadores, entre cazadores y conquistadores.
Aquella tarde dónde las nubes tostadas opacaban el día, ella empezó a hablar en voz baja. A quién dirigía sus palabras no se sabe, pero ella misma se sorprendió ante el sonido de su propia voz. Corrió a buscar un lápiz. Revolvió las gavetas, volcó colchones y desbarató el armario hasta encontrar, al fin, un lápiz quebrado a la mitad. Corrió con él en alto, como si sostuviera una lanza.
En la cocina arrancó el calendario de hace más de cinco años que aún colgaba del refrigerador y empezó a escribir una serie de números que le venían a la mente como chorros de agua. Terminó exhausta de escribir, contempló sus garabatos y gritó de alegría. Se arrancó la bata y corrió desnuda por la casa. Se acostó a dormir como no lo había hecho en años.
Al día siguiente se levantó adolorida. Tomó una ducha larga; sentía que el agua le borraba la tristeza de los años de hibernación y le devolvía el brillo que había perdido. Sacó del armario algo de ropa.Se puso un pantalón de mezclilla que apenas le cerraba, una blusa negra y una boina. Encendió la radio y dejó entrar un ritmo vibrante: ya no era solo un suspiro, era otra vez una presencia. Las habitaciones parecían más iluminadas. Preparó una maleta y se encontró con su vieja bitácora de viaje. En la primera página estaba un recorte de periódico donde aparecía ella vestida de pies a cabeza en un traje ceñido de aviadora. El titular decía: “Novita Johns, la reconocida cazarecompensas y buscatesoros, regresa a su hogar piloteando su propio aeroplano”.
Siguió pasando varias páginas con recortes de sus hallazgos.
El último recorte le estrujó el corazón:
“Fatal accidente deja muerto al esposo de Novita Johns; ella eludió la muerte, aunque se encuentra en estado crítico.Novita Johns, tras dos años de compartir misiones junto a su esposo, termina su carrera apartada del mundo, enclaustrada en su hogar. Decía haber encontrado las coordenadas de un tesoro que los haría millonarios, pero lo único que encontraron fue tragedia. A pesar de que otros exploradores le advertían de no llevar a un novato como su esposo a tan peligrosa labor, el amor les nubló el juicio y la vida.”
Cerró el libro y miró el papel donde había escrito las coordenadas que recién recordaba después del fatal accidente que le arrebató las ganas de seguir viviendo y la había convertido en un espectro que vagaba por aquella casa.
Al día siguiente se levantó decidida,y salió por la puerta con una pequeña maleta; portaba un vestido corto amarillo y el cabello negro azabache brillaba de nuevo. El humo del papel quemado le hizo llorar los ojos, o quizás no era el humo, sino el peso de aquel ataúd que dejaba atrás. Cerró la puerta, se puso las gafas y avanzó sin dudar. Novita Johns no sería más un suspiro: volvería a ser una leyenda.
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