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Papi - por Daniel Calleja+18
Web: https://debusquedasylocuras.blogspot.com
Natalia y Jorge se criaron en el mismo barrio. Sus casas, unidas y separadas por un muro bajito. Ambos hijos únicos, forjaron una amistad casi simbiótica, pese a las diferencias sociales.
La madre de Jorge había heredado la casa de un tío lejano, en una zona donde su situación económica nunca se lo hubiera permitido.
Los padres de la muchacha, pese a ser de clase acomodada, nunca se opusieron a esa amistad que con los años se convirtió en una relación de pareja devenida en matrimonio.
Era muy gracioso ver a Jorge decirle “papi” a don Germán, el padre de Natalia.
Cuando lo llevó a trabajar con él en su empresa, le advirtió dos cosas: iba a tener que ganarse los ascensos cómo cualquier otro empleado. Lo principal, que no le dijera papi en la oficina. Allí sería el Sr. Gutierréz. A veces, sin embargo, se le escapaba el apelativo cuando estaban solos en la oficina de su suegro, quién afectuosamente le recordaba no hacerlo.
—Usted no ha escuchado eso —le indicó Germán a Graciela, la secretaria de su yerno, cuando se le filtró la dichosa palabra en medio de una conversación.
—No escuché nada, señor—respondió muy seria.
—Más le vale, señorita.
Jorge se aplicó mucho al trabajo y ascendió rápido. Graciela subía con él. Porque era muy eficiente. Y porque además…
Graciela, fascinada con el paisaje en su primera travesía en avión, casi no le prestaba atención a Jorge.
—Es la tercera vez que te la pido. Dame la tarjeta, por favor.
Ella se la entregó sin mirarlo. Jorge la guardó y sonrió con astucia.
« Por suerte el estado bancario me llega al email privado, Natalia nunca va a saber que viajo acompañado»
Había dejado su cuenta al borde del vacío, pero valdría la pena. Dos semanas lejos de todo, con aquella mujer a la que todo lo que le faltaba de cerebro, le sobraba de pasión y sexualidad.
Su esposa… bueno, era una gran mujer, hermosa, sexy, compañera como pocas. Mas con los años, los hijos, las responsabilidades y el trabajo, la pasión había decaído hasta convertir el sexo en una casi placentera rutina.
Jorge era incapaz de reconocer su parte de culpa. Lo poco que ayudaba en casa, la escasa atención que le prestaba, el casi exiguo tiempo dedicado a su relación. El encuentra sexual carecía del juego previo que antes tanto disfrutaban; las caricias, los besos, el franeleo, todo había desaparecido. Solo cuando su miembro no aguantaba dentro del bóxer, la buscaba para ir derecho al coito sin importarle si ella quería. ¡Y ay de que le reclamara su actitud!
Ya no somos dos gurises, decía. Estoy cansado. ¡Cómo se nota que vos no trabajás!
Imposible qué Jorge entendiera todo lo que ella hacía. Ocuparse de la casa, la comida, llevar a sus hijos a sus múltiples actividades, ayudarlos con los deberes, escucharlos cuando necesitaban hablar, cuidarlos. Todo eso la agotaba. Y sin embargo, siempre lo esperaba con su mejor sonrisa y el hogar sin rastros del caos vivido a lo largo del día.
Con el tiempo, ella empezó a hablar en voz baja, casi en susurros, solo cuando estaba con él. Para que forzar la garganta. Sabía que Jorge la escuchaba con la misma atención con que un ciego miraría la caída del sol. Cuando le informó del viaje al que no la llevaría, ella supo lo que tenía que hacer. No dijo una palabra, no hubo ningún reproche. “La fruta cae cuando está madura”—pensó Natalia.
En el hotel, el recepcionista le devolvió la tarjeta con una sonrisa.
—Su jefe debe apreciarlo mucho para pagarle este hotel de lujo —dijo sorprendido.
—¿Qué? Sí, claro —respondió sin prestar atención. Su bragueta ya no resistía la presión. El deseo incontrolable hizo que las palabras del recepcionista atravesaran sus oídos.
Dos horas más tarde, saciados ya sus más básicos instintos, abrió la valija para buscar su exclusivo jabón de baño.
—¡Qué suerte tienes de trabajar para tu padre! ¡Puedes tomarte vacaciones cuando quieras!-dijo Graciela.
«Maldita tonta. Aún no entiende que Germán es mi sue…»
Su pensamiento se interrumpió por un terror atávico. Sobre su ropa, un sobre con la letra de Natalia. No podía ser bueno. O sí. Una carta de amor quizás. «Pobre tonta» pensó desdeñoso.
No había carta. Del sobre cayeron pedacitos de un plástico que reconoció enseguida.
Sacó la tarjeta corporativa del bolsillo del saco y ahora sí las palabras del recepcionista cobraron sentido. Aquellas fueron las peores vacaciones de su vida.
Comentarios (8):
Codrum
20/04/2026 a las 21:41
Hola,
Menudos giros da la vida.
Una interesante historia que da para pensar en muuuuchas cosas.
Me ha resultado un poco difícil de centrarme en el lío de las tarjetas y del platico final.
Pero creo que es un fallo mío.
No sé qué opinarán otros compañeros.
Por poner algún pero, eco en falta más profundidad en la esposa. Apenas se la menciona y queda como una secundaria plana hasta el final.
Y en algunos momentos se peca de explicar mucho. Me gustaría haber visto una mirada, un gesto de los personajes… No sé si me explico…
Gracias por compartir un relato tan interesante sobre la lealtad, los “ papis” y los viejita que se transforman en lobo.
Los contrastes iniciales ayudan a ponernos en situación y anuncian el desastre.
Monica Bezom
21/04/2026 a las 21:35
Hola, Daniel.
Me parece un relato estupendo, dueño de una narrativa sólida y bien construida. La palabra “papi” opera en varios niveles al mismo tiempo: es apelativo cariñoso, es indicio de dependencia económica y se convierte en la trampa que destruye a Jorge. ¡Muy bueno!
El cierre me resulta eficaz, los pedacitos de plástico en la valija componen una imagen concreta y elegante; se entiende todo sin que el narrador tenga que explicarlo. La frase disparadora está muy bien integrada, “Con el tiempo, ella empezó a hablar en voz baja” aparece como consecuencia emocional lógica de todo lo anterior.
Como detalle menor, encuentro
que tal vez la historia ganaría fuerza si la enumeración de los defectos de Jorge fuera menos explícita. El detalle de los mismos resulta excesiva en desmedro de la agilidad de la prosa cuando éstos podrían resumirse a través de una escena breve, un gesto, una hecho concreto. Pero es algo menor, repito, en un relato que respira muy bien.
Ha sido un placer leerte.
José Torma
22/04/2026 a las 00:18
Hola Daniel.
Te digo que tu relato me enganchó, en pocas letras me hiciste odiar a este tipo ventajista y marrullero. La vieja historia de las secretarias guapas. El típico matrimonio que el hombre provee y la mujer atiende la casa, muy común en mi tierra. Y luego, el tipo buscando emociones fuera de casa.
En una ocasión de jóvenes, andábamos de fiesta e iba un compañero, tocayo tuyo. Andaba baile y baile con cuanta dama lo aceptaba y no esta de mas decir que a pesar de estar casado, esas salidas las justificaba para liberar estrés. En esa ocasión yo le pregunte que si su esposa podría tomarse este tipo de descansos y mi amigo se molesto mucho, que ella tenia que atender la casa.
Como veras, Jorge podría ser mi amigo fácilmente.
He leído varias veces tu relato y llego a la misma conclusión que Codrum. Hay tela con lo de las tarjetas, pero no estoy seguro de haberlo pillado. Creo que él utilizó su tarjeta para el vuelo, por eso dice que la vacío y que el estado de cuenta llegaba a su correo. Pero luego cuando se registran, por algún motivo o su calentura, no se fija que la tarjeta con la que paga no es la de la empresa, esa es la que esta en el sobre cortada. Bueno me perdí un poco en eso, pero al final la historia esta bien contada, los diálogos funcionan y a pesar de ser un poco predecible, se disfruta saber que Natalia espabilo y de alguna manera va a tener su revancha.
Te felicito por tu relato.
Daniel Calleja
22/04/2026 a las 02:17
Codrum, Mónica, José, gracias por sus comentarios. Él compra los pasajes con su tarjeta por internet. La tarjeta que usa durante el viaje es la corporativa que Natalia intercambió con la suya personal. Graciela la usó tal vez en el freeshop del aeropuerto, y él se la pidió en el avión. Cuando paga en el hotel, para mí quedaba claro que era la tarjeta de la empresa por el comentario del recepcionista que Jorge ignora. No quise poner que del sobre cayeron “los restos de su tarjeta personal”, porque me pareció que no dejaba ese espacio que, como lector, me gusta encontrar en un relato. Natalia sabe de la infidelidad y por eso le cambia la tarjeta y le deja la suya personal en pedacitos en un sobre. “La fruta cae cuando está madura” es la clave para entender que ella trama algo. Pero si tengo que explicarlo es porque falló algo en el cuento, sin dudas. Tomando en cuenta vuestros comentarios y sugerencias, tengo la tarea de buscar y encontrar donde esta dicho fallo. De nuevo gracias. Nos seguimos leyendo.
Hugo
22/04/2026 a las 04:27
Hola Daniel:
La consigna está cumplida: es un relato de ficción que incluye muy bien la frase, en el momento preciso, para marcar el quiebre de la relación.
Creo que todos los que tenemos algunos años hemos conocido, con más o menos matices, historias similares, pero nunca con un final así, que está tan bien logrado.
El texto está muy bien narrado, con un estilo llano y sin adjetivaciones innecesarias que distraigan nuestra atención. Buena puntuación y líneas de diálogo puestas correctamente. Todo hace que la lectura fluya con buen ritmo.
El apelativo “Papi”, “la dichosa palabra “con que Jorge se dirige a su suegro, puede tener varias interpretaciones pero fundamentalmente resulta graciosa.
La estructura se compone de tres bloques narrativos, separados espacialmente por un doble interlineado.
El primero es la introducción, que a modo tradicional nos pone en tema.
El segundo tiene dos partes. En la primera, Jorge se va de vacaciones con su secretaria y comienza el enredo con la tarjeta.
Por el pensamiento de Jorge (como el resumen de la tarjeta le llega al mail privado, Natalia nunca se va a enterar que viaja acompañado), deduzco que la tarjeta que le pide a la secretaria es la personal de él. No es la corporativa.
Pero hay un indicio de que Graciela se puede haber equivocado por estar distraída mirando el paisaje y tal vez le entregó la tarjeta corporativa y Jorge no se dio cuenta.
“Había dejado su cuenta al borde del vacío” también me indica que la secretaria pagó los gastos del viaje con la tarjeta personal de Jorge.
En la segunda parte del bloque, el narrador nos cuenta sobre Natalia y el desgaste de la relación con Jorge. Es notable como el narrador toma posición. Parece ponerse del lado de Natalia, comprenderla, y ser crítico con las actitudes de Jorge.
Al final de este bloque él le informa del viaje al que no la llevará, y ella no dice una palabra, sabe lo que tiene que hacer, no hay reproches. Piensa que “la fruta cae cuando está madura”.
Creo que este es el nudo de la historia.
El tercer bloque es el desenlace de la historia y se desarrolla en el hotel. Jorge cree estar pagando el lujoso hotel con su tarjeta personal, pero le da al conserje la corporativa que le había entregado Graciela en el avión.
De la tarjeta personal solo quedan los pedacitos que Natalia le puso en el sobre.
Deduzco que Natalia tomó la tarjeta de Jorge para cortarla en pedacitos. Jorge pensó que la tenía Graciela, porque la había usado para pagar los pasajes. Por eso se la pide con insistencia. Como Graciela estaba distraída, en vez de decirle que ella no la tenía, le entrega la tarjeta corporativa, con la que paga el hotel. A partir de ahí podemos imaginar el cambio que habrá en la vida de Jorge. Ya no habrá más “Papi”
Felicitaciones Daniel. Muy buen relato
Codrum
22/04/2026 a las 08:17
hola, Si. con tu explicacion puede quedar un poco mas claro. que la mujer la lia, quedó claro desde el principio.
gracias por pasarte por mi relato.
Antonio Buitrago
23/04/2026 a las 13:04
Me ha gustado mucho cómo arranca la historia, esa amistad de infancia tan pegada al muro bajito ya te coloca enseguida en el escenario y casi puedes ver a los críos saltándolo. Tiene algo muy cotidiano que engancha rápido.
Luego, poco a poco, vas viendo en qué tipo de adulto se ha convertido Jorge sin que lo digas de forma directa, sino a través de detalles y situaciones. Eso me ha parecido muy bien llevado, porque el personaje se va retratando solo con lo que hace y cómo piensa. Da bastante rabia, la verdad 😅, pero de esa rabia que hace que quieras seguir leyendo.
También me ha gustado mucho Natalia. Apenas habla, pero su presencia pesa un montón en todo el texto. Ese silencio suyo dice más que cualquier discusión. Y el final, con lo de la tarjeta, me parece un giro muy fino y muy coherente con todo lo que venías sembrando antes.
En general, se lee muy fluido y muy visual, como si estuvieras viendo una escena de película. Me he quedado con ganas de saber qué pasa cuando vuelva del viaje, que para mí es buena señal.
Moldy Blaston
25/04/2026 a las 20:13
Hola Daniel he tenido la fortuna de leer tu relato y te comento con tu permiso.
En mi opinión tu relato destaca por ser una excelente crónica de “karma instantáneo”, donde la estructura circular y la ironía son las protagonistas. Lo más logrado me parece que es el manejo de la tensión: permites que el lector sospeche de la jugada de Natalia mientras Jorge, cegado por su propia arrogancia, camina directo hacia la trampa. El uso de la tarjeta de crédito como elemento narrativo es brillante; pasa de ser un símbolo de “libertad” para la infidelidad a convertirse en el arma de su propia destrucción financiera y profesional.
Creo que es especialmente potente la imagen final de los pedacitos de plástico cayendo del sobre (me ha encantado), un recurso mucho más elegante y visual que cualquier carta de reproche.
Si me permites una sugerencia, creo que se podría dar aún más misterio a la venganza de Natalia si se mostrara menos de su agotamiento cotidiano, dejando que su astucia sea la que hable por ella al final.
En definitiva, es un relato de “venganza fría” muy bien ejecutado, con un ritmo que mantiene el interés hasta ese satisfactorio y amargo cierre. Enhorabuena!!!
Si quieres puedes pasarte por el mío (#43) y me comentas, sin compromiso ninguno.
Nos leemos!!!