<< Volver a la lista de textos
Erika - por Kelvin I. Márquez TraverzoR.
—¿Pero cómo rayos se te ocurre decirle eso?
—Eh, que ni siquiera lo pensé. Tan solo…salió.
La respuesta más estúpida que he escuchado. Sin embargo, después de ver su expresión y recordar que se trataba de Ferdi, cuya habilidad más reconocida era la falta de tres tornillos, mínimo, me rendí.
—Nos vamos a meter en un lío, mano.
—Yo me meteré en un lio. Tú no tienes nada que ver —dijo Ferdi mientras una leve sonrisa le iluminaba el rostro.
Sé que intentaba calmarme pero no me engañaba: sus manos apenas podían estarse quietas y las gotas de sudor brillaban en su frente.
—Y aun así termino pagando los platos rotos.
Me eché hacia atrás en el asiento, teniendo una mínima esperanza de fundirme con la tela. Miré por la ventanilla pero apenas pude distinguir algo. A mi lado, Ferdi tarareaba. Entre los golpes y su balbuceo distinguí una palabra: Erika. Se detuvo un instante, como si hubiera dicho algo que no debía y luego siguió.
Pasó al menos una media hora y las ganas de mear eran ya incontrolables. Me dirigí al baño lo más deprisa que pude. Apenas terminé y salí, cuando una azafata se me acercó. Ella empezó a hablar en voz baja y cuando escuché su acento, se me puso la piel de gallina.
—¿Eres amigo de Ferdinand? —preguntó.
Asentí, mirándola a los ojos. Ahora entendía el porqué Ferdi les habló sin pensar.
—Sí.
—Fue muy grosero con mi amiga —dijo ella, levantando un poco la voz.
Al notar que iba a comenzar una discusión bastante fuerte, levanté las manos.
—Entiendo que se sintiera ofendida pero créame, no lo hizo con mala intención. El solo es un poco —me detuve un instante, pensando que palabra usar— torpe.
La azafata me miró en silencio, sin parpadear. Dejó caer las manos sobre los costados.
—¿Torpe?
—Pues sí, torpe. Y si tu amiga es bonita, así como tú, es lo más normal del mundo que haya dicho algún disparate —dije, hablando deprisa—. Siendo sincero, hasta yo estoy a punto de decir alguna burrada por tu culpa.
En ese momento la tensión se rompió. La azafata se cruzó de brazos. Durante un momento me pareció ver en sus ojos un destello de coraje pero se desvaneció casi al instante. Una sonrisa leve se le dibujó en los labios.
—Entonces tú eres el listo. Debí imaginarlo.
—¿Por qué lo dices?
—Tú lo sabes.
—¿Y cómo te llamas?
Ella dudó antes de responder.
—Katyusha.
—Mucho gusto, Katyusha. Soy Jim —dije, intentando sonar alegre.
Katyusha me miró, ahora arqueando las cejas. Sacó un papel del bolsillo de su camisa y garabateó unas palabras. Luego lo cerró y acercándose, me lo puso dentro del bolsillo de mi abrigo, mientras me miraba a los ojos. Tan cerca estaba de mí que podía contar las pecas en su rostro.
—Léelo y piensa.
Cuando volví a mi asiento, Ferdi suspiró aliviado.
—La meada más larga de toda la humanidad la has dado tú en este avión. Debes tener un record.
—No fue tanto, solo me entretuve hablando.
Ferdi se enderezó de golpe.
—¿Encontraste a algún conocido? —preguntó en voz baja.
—No. Hablaba con una azafata.
Sonreí. Ferdi no dijo más. Se echó hacia atrás y cerró los ojos. Cuando estuve seguro que no hablaría más, saqué el papel que me dio Katyusha. Era un papel común, arrancado de una libreta. Al abrirlo vi que solo había una oración escrita en un trazo bastante elegante: “Cuidado con Erika”.
«Me dijo que leyera y pensara. ¿Pero en qué…?».
En ese momento una azafata se acercó por el pasillo. Entregó almohadas a varios pasajeros y respondió un par de preguntas de otros tantos. Justo cuando iba a detenerse al lado de Ferdi, llamaron por radio.
—Erika, favor dirigirse al frente.
Y la azafata caminó deprisa. El cabello castaño le llegaba a la cintura. Pese a verla solo de espaldas, por su forma de caminar percibí que era una mujer de carácter fuerte. Se lo iba a comentar a Ferdi pero cuando lo miré, tenía las manos firmes en los reposabrazos, el rostro pálido y los ojos desorbitados.
—¿Ferdi? ¿Qué te pasa?
—Jim… es ella.
Comentarios (0)