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Cetrespeó - por OtiliaR.
Sentada en el avión al lado de una pareja acaramelada, la nostalgia de amor le evocó los años felices de arrumacos.
Su primer amor fue Ander. El vecino de juegos, el compañero en el instituto, el amigo que la consoló siempre que estuvo triste.
En esa época en los cines arrasaba la película “Star Wars” y Ander quedó tan enganchado con los robots que Mirari en su decimocuarto cumpleaños le regaló una réplica cuatro veces más bajita que el verdadero androide C-3PO, pero igual de dorada. La única licencia eran aquellos rayos azules que despedían los ojos mientras duraban las pilas.
―Ahora cuando te llame desde el patio, diré Cetrespeó ―le susurró abrazándola ―. Esa será nuestra contraseña.
Al igual que el paso del tiempo les convirtió en adolescentes, también transformó aquel cariño inocente en el primer amor de juventud. Juntos exploraron sus cuerpos, sintieron la pasión y entre risas nerviosas, la torpeza de la primera vez.
De pronto, como si el aire estuviera llenos de baches, el avión descendió para recuperar la altura con rapidez y, de nuevo, volver a caer. No se inmutó con las turbulencias. Acurrucada en el asiento, cerró los ojos y continuó remontándose aún más a los recuerdos.
Una tarde de enero, el padre llegó a casa con un sobre en las manos y la desesperación en la mirada.
―Lo que hemos temido durante tiempo, ha llegado. Hoy he recibido la carta ―tragó saliva para continuar hablando―: la banda terrorista me condena a muerte por ser concejal enemigo del pueblo.
Durante unos segundos se abrazaron y lloraron en silencio.
―Sabíamos que esto podía ocurrir ―continuó el padre―, por eso, con amigos he preparado una nueva vida para nosotros fuera del país. Os pido perdón por romper vuestros sueños, pero lo único importante es estar juntos y vivos.
―Papá, pero ¿Ander?, ¿y los estudios?
―Mirari, lo siento. No podemos decírselo a nadie. Recoged lo más importante, porque esta noche salimos hacia el aeropuerto.
En el avión, abrazada a su madre dejó correr las lágrimas. Ella empezó a hablar en voz baja a su hija mientras le secaba el llanto: «Mirari, ahora te parece que todo es horrible, pero no es así, lo importante es estar viva porque con tu juventud te quedan mil oportunidades de conocer el amor y ser feliz».
La borrasca que azotaba la cornisa cantábrica los últimos días dificultó el aterrizaje en el aeropuerto de Bilbao. Una fuerte racha de viento hizo que el avión al tomar tierra rebotase hacia arriba para volver, rápidamente, hacia abajo y enfilar pista. Las exclamaciones de la pareja vecina retornaron a Mirari a la aeronave.
Volvía de Londres después de veinte años. La razón no entendía los porqués del regreso, pero en el alma quedaba una infantil esperanza; quizás fuese mucho más sencillo y el objetivo fuera cerrar la historia que dejó abierta.
Había ido directa a su antigua calle. Los árboles habían desaparecido para ampliar la calzada, por donde circulaban autobuses. La fachada de su casa estaba remozaba, así como la puerta de entrada; y el ultramarinos, que había a continuación, se había convertido en un supermercado que daba la vuelta a la manzana.
Ya no era su barrio y no conocía a nadie. Decidió acercarse al ayuntamiento e informarse si Ander seguía empadronado en la ciudad.
Sus lágrimas se mezclaban con la lluvia que mojaba su cara. Acababa de cerrar la historia con Ander. La información había sido clara, hacía tres años que había fallecido. Se encaminó llena de nostalgia al Casco Viejo de la ciudad donde nació y vivió los primeros veinte años. Allí, paseando por los soportales de la Plaza Nueva, encontró el mercadillo de su niñez: monedas, cómics y toda clase de cachivaches.
Se fijó en el tenderete de juguetes de segunda mano, y en las luces azules que centelleaban llamándola. No tenía duda, era C-3PO con el barniz dorado sin brillo y su pobre cuerpo magullado.
El abrazo con Cetrespeó la removió todos los sueños de juventud que seguirían en su memoria para siempre. Luego en el avión de vuelta a casa, el hallazgo, en el interior del robot, de una nota ajada por el tiempo le mostró el pasado real.
«Mirari, cuando leas esto estaré viajando con otros gudaris hacia Iparralde. Allí, nos entrenaremos en el uso de las armas para formar un nuevo comando que luchará por una Euskalerria libre.
Perdóname, laztana. Siempre serás mi chica. Ander».
Comentarios (8):
JL.Martín
20/04/2026 a las 20:14
Excelente relato que, en mi opinión, cumple con todos los elementos que se supone debe contener. La presentación, la forma de mostrar a los personajes, el desarrollo y el nudo del conflicto y los detallados amores juveniles del pasado (que siguen vivos en el presente), tras 20 años, creando una historia emocional y una atmósfera de pasiones, que muchas veces en un alto número de novelas románticas, acaban en tragedia o en desamor. Solo una ligera duda para el lector: separar con alguna frase, los viajes de avión para no confundir pasado y presente.
Elena M.
20/04/2026 a las 20:34
He leído tu relato con tanta emoción! Consigues enganchar desde la primera frase y que el lector sienta las vivencias de la protagonista como si fueran las suyas propias. El giro final no me lo esperaba y me ha gustado mucho. Un relato muy logrado!!
Carlos Tabada
21/04/2026 a las 13:40
Hola Otilia, parece mentira que situar la historia de un amor temprano en según que lugares haga que un relato corto tenga ingredientes de tragedia griega, amor, desamor, desarraigo, retorno, muerte y por fin, un desenlace cruel y desesperanzador. En todo caso, has conseguido relatar todas esas cosas con sencillez y sin juicios de valor, más allá del despropósito de tener que emigrar por esas razones, y solo eso ya es impresionante. Si tienes curiosidad, nuestros relatos incluyen aterrizajes en Bilbao, pero no estoy seguro de que yo haya tratado éste y otros temas con el tacto con el que lo has hecho, espero que tú y otros lectores no se hayan sentido ofendidos.
Un saludo, un placer leerte
Araceli
22/04/2026 a las 17:21
Hola Otilia, este texto en forma de prosa, busca y logra transmitir un sentimiento y una atmósfera emocional. Tiene una escritura lineal que genera una emoción intensa en el lector. Con párrafos sencillos y poca metáfora, logra un generar un clima de melancolía que te envuelve y lleva a quién está leyendo a buscar en la memoria esos momentos de amor de juventudes.
Moldy Blaston
22/04/2026 a las 21:47
Hola Otilia, nuevamente te he buscado y encontrado y me ha encantado…
Tu relato me ha dejado un nudo en el estómago. Muy valiente cómo has conseguido hilar una historia tan tremenda.
Es un relato agridulce que maneja el tiempo de forma excelente. Lo que empieza como una historia de nostalgia amorosa acaba convirtiéndose en una crónica de las heridas abiertas de una sociedad.
Lo que más me ha impactado:
El símbolo del androide: Es brillante usar un juguete para conectar dos mundos. El detalle de los “rayos azules” en los ojos del robot le da un toque casi mágico que contrasta con la grisura de la lluvia de Bilbao y el final de la historia.
El giro final: Es un “doble impacto”. Primero, el dolor de la muerte de Ander, y luego, el descubrimiento de que mientras ella huía del terror, él se sumergía en él. Ese “pasado real” que ella descubre en la nota cambia por completo la percepción de su primer amor; ya no es solo una historia interrumpida, sino una historia de dos caminos que se volvieron opuestos.
La ambientación: El aterrizaje con viento en Bilbao y la descripción de la Plaza Nueva están tan bien logrados que casi se puede oler la lluvia y el salitre.
Una pequeña sugerencia, si me permites: el texto es muy potente, pero en la parte de la Plaza Nueva, el hallazgo del robot ocurre de forma muy rápida, casi como un milagro. Quizás, si se describiera un poco más esa búsqueda (el miedo a no encontrar nada, el azar de mirar ese puesto concreto), el momento del reencuentro con el juguete tendría un peso dramático todavía mayor.
En definitiva, es un relato que demuestra que, a veces, volvemos a los sitios no para recuperar lo que perdimos, sino para entender por qué lo perdimos. Una pieza muy necesaria y muy bien escrita.
Si quieres puedes pasarte por el mío (#43) y me comentas, sin compromiso.
Nos leemos!!!
Amadeo
22/04/2026 a las 22:22
Otilia.
Muy agradecido por tus comentarios sobre mi cuento.
Los tendré en cuenta, cuando a fin de mes, lo revise con los aportes recibidos.
Paso a comentar el tuyo.
Felicitaciones por tu escrito. Te “obliga” a seguir leyendo, con emociones que crecen. Te identificás con el dolor de la protagonista. Excelente e inesperado final.
Solo un mínimo detalle. Cuando comienza el recuerdo. Una tarde de enero, el padre llegó a… creo que faltaría las comillas de apertura «Una tarde de enero, el padre llegó a… Que cierra en …conocer el amor y ser feliz».
Nuevs felicitaciones.
Nos leemos.
Cordiales saludos.
Amadeo (Argentina)
Pilar (marazul)
27/04/2026 a las 15:54
Hola Otilia: la realidad siempre será la mejor fuente de inspiración para un escritor. Tu historia es bien real: el sufrimiento de muchas familias que tuvieron que huir al estar amenazadas por la banda terrorista ETA. Lo tratas muy bien, con la serenidad que da el paso del tiempo y con esa bonita historia de amor de juventud. El final, más novelesco y no por eso menos real, nos hace ver cómo el amor no entiende de ideologías. Es la ideología la que todo lo destruye. Bien escrito y bien tratado, Otilia.
Un abrazo
Otilia
30/04/2026 a las 10:21
Hola!! Me paso para agradecer a los compañeros la lectura de mi relato y sus comentarios que me animan en la tarea de escribir.
Gracias, J.L.Martín, Elena, Carlos, Araceli, Moldy, Amadeo y Pilar. Hasta la próxima escena.
Saludos.