Literautas - Tu escuela de escritura

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El viaje - por José TormaR.

Web: http://www.cuentoshistoriasyotraslocuras.wordpress.com

La turbulencia la hace abrir los ojos. La voz del capitán pidiendo calma mientras ascienden a altitud de crucero la tranquiliza. Sus manos sudan. El niño en el asiento de enfrente, ajeno al drama del despegue, le sonríe mientras le muestra su dinosaurio. Intenta corresponder, pero el dolor de cabeza se lo impide. Las pastillas aún no hacen efecto.

Se lleva la mano a la frente y masajea su sien. Al pequeño no parece importarle. Le muestra los dientes y hace ruidos salvajes. «Parque Jurásico si qué la armó en grande».

Siente una mano pegajosa en el brazo. Abre los ojos y ahí está el niño, con el dinosaurio.

—Es un “tirranozauro”.

—Matías, deja en paz a la señora.

—Creo que está enferma, mamá.

—Qué cosas dices, chaparro —comenta mientras lo lleva a su asiento. —Disculpe, señorita.

—No llores, ten, te lo regalo —dice el niño.

Lo toma y reflexiona. El niño no está equivocado. Lágrimas anegan su mirada y por un momento lo pierde de vista. “Matías”, el nombre resuena en sus oídos…

*****

—Tiene usted cinco semanas de embarazo —dice el doctor.

—¿Está seguro? —pregunta mientras acaricia su estómago.

Sale del médico con el corazón a punto de estallar de felicidad. Apenas puede evitar llamar a Renato, su novio, para contarle la noticia. Sabe que va a estar emocionado también ambos lo desean.

Descubrió su escondite por error, al acomodar el clóset del cuarto de visitas. Guante de béisbol, cachuchas, dos mamelucos, uno con la imagen del Checo Pérez y otro del Barça. Una cuenta bancaria para sus estudios superiores. Solo tiene mil pesos, pero la acción la enternece.

Toma la avenida y marca sin poder contenerse más.

*****

—¿Quieres que ponga más globos en la entrada? —pregunta Renato.

—Estás loco, debemos dejar lugar para los invitados.

—Solo lo mejor para anunciarle al mundo que Matías está casi listo para llegar.

—Aún no estoy convencida del nombre, ten eso en cuenta —le dice sonriendo.

El doctor le había recomendado reposo y ella, desde la silla del patio, dirigía la maniobra. La mesa de regalos estaba en la entrada. Bolsas azules con diferentes moños adornan su superficie.

*****

—Es grave —dijo el doctor—. Lo mejor que podemos hacer es trasladarlo a Monterrey, este hospital no está capacitado para lidiar con este tipo de problemas. De momento y con los medicamentos, lo tenemos controlado. Es esencial que actuemos pronto. Ahora duerme gracias a la morfina para el dolor.

El doctor guarda silencio. Los observa sin casi respirar. Nota el tremendo dolor en su mirada, en las líneas en su frente. El vientre abultado. Siete meses de embarazo según las últimas cuentas.

—Señora… —empieza, pero guarda silencio. Tras un momento, ella empezó a hablar en voz baja…

—Todo va a estar bien, te van a llevar a otro hospital, no te preocupes por mí. Arreglo tus asuntos y te alcanzo. Tengo que hablar con Carlos, a ver si me puedo hospedar con él allá. Pero son detalles, tú concéntrate en ponerte bien.

Acaricia su cabello y lo acomoda detrás de sus oídos.

*****

Un día después recibió la llamada cuando terminaba de cerrar la maleta.

—Señora Rodríguez, lamento informarle que su marido no resistió el viaje, al llegar al hospital tuvo una crisis. Todos los esfuerzos por reanimarlo fueron en vano…

No lloró. Se sentó al borde de la cama y tomó el teléfono para confirmar la reserva de los boletos. Sintió un dolor punzante en el estómago. «¿Estará todo bien?» Se preguntó. Ignoró la sensación, se ajustó la faja y salió rumbo al aeropuerto.

Tomó un par de aspirinas.

Las revisiones exhaustivas antes de abordar.

El dolor de cabeza más intenso.

—¿Cuánto tiene de embarazo? —pregunta el oficial.

Solo le entrega el documento del médico que la autoriza a volar.

En el avión, cierra la ventana y se dispone a dormir.

*****

La turbulencia pasó y ve cómo las azafatas se esmeran en dar el servicio de refrescos y refrigerios. Siente un vacío en la cabeza, señal de que el dolor se ha ido. Busca al niño en el asiento de enfrente, pero solo hay una pareja de ancianos que dormitan. Se levanta y algo cae de su regazo.

¡Es el dinosaurio de juguete!

Pregunta por el niño, pero la azafata solo la mira sin entender la pregunta.

—Es raro, pero no vienen niños en este viaje.

Toma asiento y se agarra los brazos. Uno está pegajoso. En su estómago, Matías le da una patadita y su madre sonríe.

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