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La promesa - por Verso suelto
“Tú los plantas, yo los riego”. Esa era la monserga que una nube pertinaz me repetía cada noche en sueños, “Tú los plantas, yo los riego”. Era una nube blanca y bonita de formas redondeadas y aspecto algodonoso que olía a nieve recién caída.
Despierto, intentaba sin conseguirlo descifrar el significado de esa consigna, hasta que me harté.
―Está bien, pesada, tú ganas, ¡pero déjame en paz! ―, le dije a la nube.
Tengo un pequeño terreno al que íbamos toda la familia, los domingos de verano, a merendar a la sombra de una caseta que mi abuelo había levantado con cuatro palos. Con la ayuda de un par de peones planté unos pocos árboles jóvenes que compré en un invernadero. Cuando fui a ver si la nube había cumplido su promesa la tierra estaba seca, lo mismo que al día siguiente y al otro y al otro. Los pimpollos eran muy tiernos y me daba pena dejarlos morir por culpa de una nube mentirosa, así que cargué una cuba en mi camioneta y los regué antes de que se echaran a perder.
¿Qué sentido tenía que la nube me tomara el pelo de esa manera?, ¿qué ganaba ella? Quizá he sido un poco brusco y se ha enfadado, pensé. Así que una noche, en sueños, le pedí perdón por haberla llamado pesada. “Te pido perdón y te doy las gracias”, soñé. Le daba las gracias porque, al fin y al cabo, desde que planté los retoños estaba muy entretenido con el trajín de ir y venir cada dos por tres para ver si agarraban.
La nube no me contestó pero yo, lo mismo que ella, repetía a diario en mi sueño la misma letanía, “te pido perdón y te doy las gracias”; y venga mirar al cielo, y la nube sin aparecer ni por el este ni por el oeste.
Lo de la cuba funcionó mientras los retoños fueron pequeños, pero llegó un momento en que algunas hojas empezaron a secarse en las puntas. Tenía que hacer algo y lo único que se me ocurrió fue suplicar: “te pido por favor que lluevas, los hijuelos son tan tuyos como míos y no tienen la culpa de nada”, soñé lloriqueando. Entonces surgió de pronto en mitad de la noche estrellada, negruzca y espeluznante, chocó con otra nube y me despertó con un tremendo relámpago; el trueno que vino después me hizo brincar en la cama y fui corriendo a mirar por la ventana: estaba lloviendo y hacía mucho frío; me arrebujé entre las mantas con el repiqueteo del agua en el tejado y me volví a dormir para hablar de nuevo con la nube, esta vez con una sonrisa de oreja a oreja.
De lo que acabo de contar hace ya mucho tiempo, en el pueblo solo quedamos cuatro viejos: mi abuelo murió la noche de la tormenta y mis padres pocos años después. Los árboles ya son grandes y dan buenos frutos; de cuando en cuando hace calor a destiempo y se agostan y hasta hubo una vez que una plaga se llevó casi la mitad: ¡qué le vamos a hacer!, son las cosas del campo. Yo tengo muchos dolores, por la artritis, y apenas voy a verlos.
Nube cumple su promesa como puede, unos días se enfurruña y da miedo verla, otros se queda en la cama diciendo que cada uno se apañe como pueda y los más, en cambio, es dulce como en los lejanos días de nuestro primer sueño; viéndola así, flotar en el aire, me parece estar en la gloria.
Yo sigo soñando aunque cada vez cosas más raras. Ayer sin ir más lejos, mientras paseaba con Nube cielo arriba cielo abajo, ella empezó a hablar en voz baja, muy suavecito y, como quien no quiere la cosa, me dijo que qué me había creído, que yo no era más que un árbol viejo y reseco con las ramas retorcidas y que todo lo del pueblo, el abuelo, la caseta, los peones y ese señor que traía y llevaba una cuba con una camioneta lo había soñado… que hasta los domingos los había soñado… después de inventármelos claro. Y añadió: “tontorrón, ¿no te das cuenta que tú y yo solo somos dos chismes con los que juega Dios cuando está aburrido?”
¿Será verdad que solo somos eso?, ¿un árbol y una nube? ¡A ver si va a tener razón!
Comentarios (9):
Carmen sánchez Gutiérrez
20/04/2026 a las 20:29
Muy buen relato, muy tierno y muy bien escrito. creo que es la primera vez que te leo aunque tu nombre ya me había llamado la atención , pero prometo que no será la última.
Me parece un cuento para niños por la dulzura y sencillez del lenguaje, pero termina con una fuerte dosis filosófica para alborotar tanta suavidad.
Enhorabuena, gran trabajo.
González
21/04/2026 a las 08:18
Gran relato, bien escrito, cargado de emociones. Me gustó el modo en que fluye el lenguaje llenándolo todo, es como si no hubiera espacio vacío
Naír
21/04/2026 a las 12:55
Hola! Tu relato transmite mensajes muy bellos: qué importante es pedir perdón y dar gracias! Además, lo haces a través de algo tan bello como es la naturaleza. Me encantó la frase: “somos dos chismes con los que juega Dios cuando está aburrido”, le da un toque de ternura y, a la vez, amor, después de esas quejas y reproches del protagonista. Me transmite un mensaje de “deja de quejarte por lo que te falta y agradece lo que sí tienes”.
La historia también da un giro; para nada me esperaba que fuese un árbol, pensé que se trataba de una persona la que hablaba desde el principio; sorprendes al lector y eso a mí, personalmente, me fascina.
Quizá lo que menos me gustó es la gran cantidad de adjetivos que empleas, para la nube al principio sobre todo; aunque esto ya es a gusto personal.
Buen trabajo! Saludos!
Monica Bezom
21/04/2026 a las 20:59
Hola, Verso Suelto.
Nos traes un relato encantador. Me resultó una lectura fluida y apacible. Entiendo que el mayor acierto de la historia es su giro final. El narrador revela que es un árbol, que todo lo vivido —el abuelo, la camioneta, los domingos— podría haber sido soñado. Es un golpe bien administrado que resignifica la lectura y que me ha dejado con ganas de volver al principio. La frase disparadora está integrada con naturalidad en ese momento clave, cuando ya hay una relación construida entre los dos personajes.Destaco asimismo que la voz narrativa tiene un encanto genuino gracias al tono coloquial, con expresiones como monserga, pesada, tontorrón o venga mirar al cielo, creando una cercanía. La relación entre el narrador y la nube funciona como una amistad o pareja de largo aliento: con reproches, silencios, reconciliaciones. Eso hace respirar al texto y me ha gustado mucho.
Te apunto solo un detalle: la raya de diálogo en “―Está bien, pesada, tú ganas, ¡pero déjame en paz! ―, le dije a la nube”, la coma después de la raya de cierre no corresponde. Lo correcto sería “―Está bien, pesada, tú ganas, ¡pero déjame en paz! —le dije a la nube”, sin coma y con raya simple.
Por lo demás, un texto fresco, ágil, alegre y tierno. Me ha encantado.
Moldy Blaston
22/04/2026 a las 21:56
Hola Verso Suelto, siempre que puedo me paso a leerte y comentarte, aunque no toque.
¡Qué maravilla de relato! Me has dejado con una sonrisa y un poco de escalofrío a la vez, porque ese giro metafísico del final es brillante. Empezamos con una historia que parece una fábula de campo, casi costumbrista, y de repente nos lanzas al espacio, a lo existencial, preguntándonos qué es real y qué es sueño.
Me parece un texto con una sensibilidad muy especial que destaca por su lirismo y por cómo manejas la estructura del “pacto” entre el hombre y la naturaleza. Lo que empieza como un compromiso de jardinería acaba siendo una reflexión profunda sobre la vejez y la creación.
Lo que más me ha gustado: Me encanta cómo la nube pasa de ser “bonita y redondeada” a ser “negruzca y espeluznante” cuando el protagonista le toca la fibra sensible. Esa humanización de los elementos naturales le da mucha fuerza a la historia.
El giro final: Es magistral. La idea de que el protagonista sea en realidad uno de los árboles que creía haber plantado le da la vuelta a todo el texto. De repente, la “artritis” del viejo se convierte en las “ramas retorcidas” del árbol, y todo cobra un sentido nuevo.
En general tiene un tono de “cuento al amor del fuego”, muy auténtico, que hace que la revelación final sea mucho más impactante porque no te la esperas en absoluto.
En resumen, es un relato con una profundidad filosófica preciosa que usa la sencillez del campo para hablar de la inmensidad de la vida. ¡Un cierre de altura! ¡Enhorabuena!
Si quieres puedes pasarte por el mío (#43) y me comentas, sin compromiso.
Nos leemos!!!
Osvaldo Mario Vela
24/04/2026 a las 06:12
Hola Verso Suelto, que profundidad de sueño has logrado. Para mí, que mis primeras enseñanzas se dieron en un rancho debo decir que las nubes eran necesarios para la tierra semidesertica de nuestra heredad. Por creencias de ese ambiente seco, los viejos decían que si, volteabas a mirar una nube que prometía lluvia. La algodonosa humedad se asustaba
Y se esfumaba.
Sucedió un día que mi abuelo nos sorprendió viendo unas nubes de tormenta que avanzaban en direccion al rancho
Recuerdo la llamada de atención que nos dio y nunca la he podido olvidar.
Hey, ustedes, volteen pa’abajo que alla arriba no hay nadie a quien fregar. Mejor cuiden sus costados para evitar que, alguien los logre aquí abajo.
Los viejos sabían
bien que aconsejar.
Saludos y un abrazo.
.
JL.Martín
24/04/2026 a las 10:21
Escribir sobre los sueños, en términos literarios, da mucho juego, pues la página en blanco permite aceptar todo lo que la eches. Algunos maestros o expertos no recomiendan usar este modelo de los sueños para escribir historias, pues parece que le falta la emoción que viven o pueden vivir los personajes. Dicho esto, el contenido de tu relato es muy agradecido y me ha encantado pues has sabido trasladar al lector un sencillo pensamiento que nos transporta al lugar de la cabaña y del campo que siempre es muy bienvenido. Lo haces con fluidez y naturalidad. Espero que los árboles hayan sido frutales, para una vez adultos, te ofrezcan ricos ciruelos, higos, manzanas…
Iván Pascal
27/04/2026 a las 09:03
Buenos días, Verso suelto:
Según se dispone en las normas de funcionamiento del taller, me corresponde comentar tu texto. Tarea que hago con gusto.
La verdad es que no tengo mucho que decir. Me ha gustado mucho el empleo de la primera persona del relato. Me ha parecido un texto muy “redondo” en cuanto a la historia, que podría calificar como lírica además de onírica. Las palabras me han inspirado tranquilidad y dulzura.
Solo me queda agradecerte la oportunidad de haber leído tu texto, que me ha gustado, y desear que mis comentarios aporten un granito de arena en tu devenir literario.
Saludos
Iván
Cristina Otadui
27/04/2026 a las 10:12
Hola Verso suelto,
que bonita voz, íntima, reflexiva, con una cierta ingenuidad. Todo funciona a las mil maravillas: el paso del tiempo, la interlocución de la nube que se presenta como algo natural en la vida del narrador. A pesar de la sencillez en la forma, encuentro mucho a escarbar por detrás: la fragilidad de la vida, la impredecible naturaleza, la decisión de pasar a la acción frente a una espera pasiva y ese giro final que abre una duda sobre la realidad de las cosas y plantea la eterna pregunta de si somos parte de algo mas grande y por “algo mas grande” que cada uno imagine o piense en lo que quiera.
Me ha gustado mucho en general y en particular el lenguaje que empleas que, aún lleno de carga simbólica, es terriblemente cercano y sencillo.
Y la historia…¡estupenda!
Enhorabuena; si te apetece buscar el número 66 encontraras mi relato.
Gracias por escribir y compartir.
¡¡Nos leemos!!