Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

Volar hacia dentro - por Rodrigo M

Me cuesta respirar. Estoy sentado en un avión, rumbo a Inglaterra. Todavía no hemos despegado. El corazón me late. Me late demasiado rápido. Cada vez con más ferocidad. «No debería haberle dejado solo»

Solo vislumbro lo que está justo delante de mis ojos. Creo que a mi lado está sentada una chica. Yo estoy pegado al pasillo. «No quiero que nadie me vea así. ¿Qué pensarán de mí? Un hombre de casi treinta años, como un perro, con el rabo entre las piernas.»

Quiero esconder las manos, pero no encuentro el lugar donde ponerlas. Estoy mareado. «¿Cuándo despegaremos? Voy a morir. Puedo rezar. ¡Pero cómo voy a rezar! No creo en nada. Nada me puede aliviar.»

Ella empezó a hablar en voz baja. Es la chica de al lado. Estará hablando por teléfono.

—Perdona —escucho nítidamente.

«¿He escuchado bien? ¡Se dirige a mí! ¿Qué estará pensando?»

Giro la cabeza hacia ella. Me estampo contra sus ojos oscuros y por un momento el corazón se me para.

De repente, escucho cómo el motor arranca. Vuelvo a la realidad. Voy a morir.

—Hola, me llamo Raquel. ¿Estás bien?

«Me ha pillado. Sabe que estoy mal. ¿Qué hago? ¿Le digo que no puedo más? ¿Que nadie me puede salvar? No puedo hacer eso, ella hará de juez y dejará de hablar conmigo. —Estoy bien —respondo sin mirarle a los ojos.

—Soy médico. Sé que no lo estás pasando bien. El miedo a los aviones es más común de lo que te piensas.

Otro tortazo a mi corazón. Todo se para. Siento cómo los músculos de la cara se me relajan. —Gracias —le digo mirándola.

—¿Tienes miedo de que este avión se estrelle contra el suelo? ¿Te da miedo perder el control aquí arriba? —pregunta Raquel firmemente.

El estómago me iba a salir por la boca. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué de un momento a otro el alivio angelical se había transformado en una tortura diabólica?

Raquel no se inmutó. —No te asustes. ¿A qué le tienes miedo realmente? A este avión, o a volar.

«No entiendo nada. ¿No es lo mismo? Esta mujer está loca.»

El avión ya estaba dando vueltas por la pista. Íbamos a volar de un momento a otro. Me quedo perplejo mirándola. Otra vez, no sé dónde poner mis manos. «Pero, ¿qué está haciendo?» Empiezo a sudar. Siento cómo una terrible rabia me posee. «¿Qué ha hecho esta mujer?». Mi cuerpo da un brusco tirón hacia atrás. Es la velocidad. Estamos despegando.

«Nos vamos a estrellar. ¡No soporto a mi padre! ¿Por qué le tengo que cuidar yo? ¿He nacido para ser su esclavo? No tengo otra opción. Es mi deber.» El avión comienza a subir el morro. Quiero decirle algo a Raquel, pero tengo un nudo en la garganta. La sorpresa hace que me quede inmóvil. «No puedo hablar. Me voy a desmayar. Mi padre está enfermo. ¡Cómo me gustaría volar y ver mundo! Pero no puedo. ¿Me gusta volar?».

El avión vuela. Entonces miro a Raquel, está sonriendo. «¡Se cree que esto es un juego!» —¡No puedo hacer nada! No sabes cómo deseo vivir una vida mía. Caminar siendo libre. Soñar. Soñar mucho… Vivir lo soñado. Pero no puedo. ¡No te das cuenta! Tengo que cuidar a mi padre; está enfermo. —exclamó abochornado.

«Y qué miserable soy. No puedo ni ayudar al que me crió. ¿Cómo me quejo de semejante cosa? ¿Quién me creo que soy?»

—¿Quién soy yo?

Raquel me mira fijamente. Está conmovida. Me coge de la mano. La estaca final ha entrado en mi corazón. El avión va sobrevolando las nubes. Sonrió. Por un momento sueño. Pienso en una vida que yo quiero. Me veo volando, apacible por las nubes. Solo tengo que tomar una decisión y renunciaré a mi esclavitud. Volar no me da miedo. Tampoco este avión.

Ccomentarios (1):

Codrum

20/04/2026 a las 13:29

Hola, RodrigoM:

Soy tu compañero del número 44 y por lo tanto me toca leer tu relato y comentarlo.
Como siempre se dice por aquí, no somos profesionales y hacemos lo que podemos; así que espero que te ayude y lo tomes a bien.

La primera lectura del relato me ha parecido muy entretenida hasta cierto punto. Quiero decir que estableces muy bien el estrés, el nerviosismo. Juegas muy bien con los diálogos y con los pensamientos. Al estar narrado en primera persona estamos dentro de ese avión y dentro de esa persona. Las preguntas, nerviosas y sin coherencia, hacen que leamos más rápido y que el nerviosismo se nos pegue.
Pero en un momento se me hizo demasiado largo. Era como leer un cuestionario (si me permites la expresión). No sé qué haría yo para modificarlo, pero es la impresión que me ha dado y que espero otros compañeros no compartan.

Y lo que sobre todo no me quedó claro en la primera lectura es si huye o si va a ver a su padre. Me quedo con que huye lejos de su padre y por eso dice lo de “«No debería haberle dejado solo»” y su posterior lamento de que no puede ni cuidar a quien le crió.

En una lectura más tranquila veo que el predominio de frases cortas (3-4 palabras) da un ritmo acelerado al texto y a lo mejor es eso lo que me “cansa”: me mantienes a tope durante demasiado tiempo sin una pausa. Es como si en una serie fuera todo gancho para ver el episodio siguiente… No sé si me explico.

He visto algún cambio de tiempo verbal. Predomina el presente con la primera persona y es eso lo que engancha con fuerza.
La figura de la médico es un poco plana pero muy funcional. Me gustaría ver alguna reacción más fuerte del prota con ella. Quiero decir que de repente dices: “el alivio angelical se había transformado en tortura”, pero tan solo sabemos de ella que tiene los ojos oscuros y le para el corazón. (¿De belleza? ¿De horror?) El corazón se puede parar por varios motivos. Además, algunos de sus diálogos me sonaron un poco expositivos, como cuando dice: “El miedo a los aviones es más común de lo que te piensas”. No sé que hay que decir a alguien en ese estado, pero no creo que esa frase ayude.

También veo un exceso de frases hechas: “salir el estómago por la boca”, “nudo en la garganta”, …

Me gustó mucho “otro tortazo al corazón”. Esa frase me hizo reír y encaja perfectamente con la personalidad del protagonista.

Un detalle que no te mencioné antes: el título “Volar hacia dentro” es un acierto porque el viaje real no es el del avión, sino el psicológico hacia sus ataduras (el padre, la culpa, el deseo de libertad). Y el final, con Raquel sonriendo y el protagonista soñando con una vida propia mientras sobrevuela las nubes, me pareció esperanzador pero también un poco abierto: ¿realmente tomará la decisión o solo es un espejismo? Eso queda a interpretación, y no sé si buscabas ese efecto.

Dicho todo esto, te felicito por un texto frenético, lleno de dudas, muy rápido y original. Se lee muy fácil (salvo lo que dije antes de: demasiadas preguntas o dar un respiro al lector). El uso de frases cortas, diálogo, pensamiento, es un acierto (a mi entender).

Gracias por este vuelo hacia el miedo del protagonista.

Pd.: Si quieres contestar a algo de lo que te dije, hazlo en mi texto. Así será más fácil encontrar tu respuesta. No hace falta que comentes mi texto si no quieres.

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *